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Reseñas de libros

Marx en la Argentina. Sus primeros lectores obreros, intelectuales y científicos

De Horacio Tarcus

Editorial:
Siglo XXI
Cantidad de páginas:
542
Lugar de publicación:
Buenos Aires
Fecha de publicación:
Agosto de 2007
Precio:
65 pesos
Este estudio documenta meticulosamente quiénes y cómo leyeron a Carlos Marx en Argentina entre 1870 y 1910 y por qué lo leyeron así. En el curso de esos cuarenta años, y más allá de múltiples tensiones y polémicas internas, predominó una lectura en clave determinista, evolucionista y cientificista acorde con la emergente Segunda Internacional.
La recepción de Marx se registra a través de la prensa de la época, se inicia en comunidades de exiliados –los franceses de la Comuna de París en los ‘70, los alemanes que huían de las leyes antisocialistas de Bismarck en los ‘80– configurando una subcultura socialista en el seno de una cultura obrera predominantemente anarquista.
La obra de Marx es objeto de estudio y discusión por parte de un sector de intelectuales y profesionales. En 1893 se publica por primera vez en el país el Manifiesto comunista, y en la misma década se crea el Partido Socialista Argentino.
Además de historiar acontecimientos colectivos y polémicas doctrinarias, este estudio nos presenta una galería de personajes muy diversos, aunque convergentes en su interpretación “objetivista” de Marx y en su hostilidad a su dialéctica. Entre ellos Raymond Wilmart, el emisario en Buenos Aires de la Asociación Internacionalista de Trabajadores (AIT) liderada por Marx, con quien mantuvo correspondencia desde Argentina, adonde había llegado a los 22 años en 1872. Pronto consideró al Río de la Plata territorio no apto para la implantación del socialismo, pero adscripto a la oposición sarmientina civilización-barbarie, se enroló al mando del general Mansilla para combatir al jefe federal Francisco López Jordán. Germán Avé Lallemant era un científico alemán que se radicó en San Luis, y acometió un análisis de la estructura de clases en Argentina con criterio marxista. Juan B. Justo, además de fundar el Partido Socialista, fundó también su órgano oficial, La Vanguardia. No se identificaba como marxista, pero es el autor de la primera traducción en el país del primer tomo de El Capital, publicada entre 1897 y 1898. Alentó una actitud antifilosófica, haciendo una apología del “sentido común” y del “realismo ingenuo”. El médico José Ingenieros empezó animando junto con Leopoldo Lugones una vertiente libertaria dentro del socialismo, para volcarse más adelante a la sociología científica. En 1902 se desafiliaría del Partido Socialista, considerando incompatibles con la política su “ciencia” psiquiátrica y criminológica: “El determinismo niega la libertad, la biología niega la igualdad, el principio de lucha por la vida niega la fraternidad”.
El positivismo había sepultado a la praxis revolucionaria. Sin referirse a ello, Tarcus traza el germen del prolongado desencuentro entre la teoría revolucionaria de Marx interpretada desde el cientificismo, y las experiencias y evolución de las masas en América Latina.
Autor/es de esta reseña Marta Vassallo
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 100 - Octubre 2007