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Recuadros:

Vietnam, escritores contra tabúes

Dos guerras sucesivas de 1946 a 1975, contra Francia y luego contra Estados Unidos, marcaron el alma de una nación. Hace tiempo, bajo el impulso del Partido Comunista, la literatura vietnamita se alimentaba del realismo socialista, concentrándose en la patria, el pueblo y en las horas heroicas de los conflictos. Pero los tiempos han cambiado. Hanoi, desde la década de los ‘90, se ha convertido en el corazón de un resurgimiento literario que renace con otros valores artísticos que, sin dudas, significó un golpe definitivo a la literatura oficial.

Más de dos tercios de los vietnamitas nacieron después de 1975. El heroísmo del pasado, aunque todavía cercano, ya no es la única referencia, aun cuando se inscriba en la historia de un país que luchó, a lo largo de los siglos, por su independencia y su unidad. "La fe en una doble emancipación; social -a través del marxismo-leninismo- y nacional -a través de la guerra, en el corazón de la literatura oficial- fue reemplazada por la ausencia de ideales en la juventud de la posguerra" 1, estima Doan Cam Thi, crítica literaria residente en París.

Tanto en el Partido Comunista (PC) como en su periferia, los antiguos miembros de la resistencia se muestran preocupados. Pero esos cambios no suelen sino ocultar el surgimiento de sociedades más complejas. La dicotomía oficial -lo bueno y lo malo- se diluye con el correr del tiempo. Cam Thi retoma así, a propósito de Vietnam, la expresión de Karl Marx sobre los países "tan faltos de héroes como de acontecimientos". En un relato muy breve, Do Khiêm, cuya vida transcurre entre Francia, Estados Unidos y Vietnam, cita a Kiêu, la desdichada heroína de una gran novela clásica vietnamita del siglo XIX: "No acabo de desenredar la madeja, que los hilos vuelven a enredarse". Pero Do Khiêm, cuyos escritos son muy apreciados por los jóvenes círculos literarios vietnamitas, lo hace para afirmar lo contrario: "Nadie me ata" 2.

Después de las guerras de Indochina, una generación de talentosos escritores se interesó por la miseria de los combates y un futuro victorioso que desilusiona. La mayoría eran oriundos del Norte y provenían de las filas del bando de los vencedores. Nguyên Huy Thiêp, Bao Ninh (véase El dolor de la guerra, en esta página), Duong Thu Huong y Pham Thi Hoai eran sus jefes de fila. Su mirada respecto de la guerra y la sociedad que surgió de ella dominó los escritos de la época de las primeras reformas, decididas por el Partido Comunista en 1986 y la apertura de Vietnam al resto del mundo. Algunos también describieron las heridas que dejó la brutal reforma agraria de 1955-1956 3, en el norte del país, o las posteriores olas de represión.

Nuevos literatos y censura

En los años '90, Hanoi fue el corazón de un resurgimiento literario cuyo eco se propagó al exterior, dado que algunos escritos estaban prohibidos y sólo circulaban en forma clandestina, aunque a veces lo hicieran copiosamente. El surgimiento de esta generación de escritores significó sin dudas un golpe definitivo a la literatura oficial, alimentada de realismo socialista. Representó el fin de un mito o de una hipocresía. Vietnam vivió convulsiones, no una revolución. Frente a una ola de nuevos escritores que son a la vez investigadores, los literatos oficiales tuvieron como única respuesta la censura o la reescritura, especialmente la practicada a través de los manuales de historia.

En la mayoría de los casos, la censura sólo se ejercía a posteriori. Los editores debían asumir su responsabilidad antes de publicar una obra, con el riesgo de que la retiraran de circulación. Prueba de ello es la prohibición, poco después de su publicación, de Récit de l'an 2000 editado por Thanh Niên (Juventud). Bui Ngoc Tân cuenta allí las duras condiciones de su detención, treinta años atrás, en el marco de una campaña contra los revisionistas. El libro fue destruido, por orden de las autoridades, unas semanas después de salir a la venta. En cambio, en marzo de 2005, Chinatown, una novela de Thuân, joven escritora de la diáspora vietnamita en Francia, fue publicada en Vietnam, donde se vendió como pan caliente. La iniciativa fue tanto más interesante cuanto que la obra aborda el sensible tema de la humillación sufrida por la comunidad china tras estallar la guerra fronteriza entre China y Vietnam, en 1979. Antes, el tema parecía tabú.

Este avance aún no dice cómo se escribirá la página en blanco abierta con el cambio de siglo. Los autores del período de las primeras reformas cuestionaron, con fuerza y talento, el mito de la historia oficial y el realismo socialista. Con excepción de Duong Thu Huong, combatiente por los derechos humanos 4, tal vez tengan menos propuestas respecto del futuro. Por su parte, el PC "padre de la victoria" pretende renovar su incuestionable legitimidad apoyándose en tres pilares: la expansión económica, la lucha contra los "fenómenos negativos" -corrupción, degradación de las costumbres-, y el retorno a los valores nacionales o, si se prefiere, históricos. Reemplazar la "solidaridad internacionalista" en plena desaparición por la imagen de Confucio tal vez tranquilice a una población que, alimentada durante mucho tiempo de eslóganes vacíos, ya no presta atención. Pero las aspiraciones están en otro lado y se anuncia un recambio.

Incluso en los pueblos más recónditos del país, proliferan los cibercafés. Una juventud a veces ociosa descubre un mundo sin fronteras 5. La red permite viajar a otras partes, en búsqueda de otras referencias. Derriba numerosos obstáculos. Algunos diarios organizan chats bastante concurridos con autores de todas partes, incluso los de la diáspora. Desaparecen las fronteras y, en la búsqueda de valores, la "horizontalidad" -dicen- se impone poco a poco sobre la "verticalidad". Buscan respuestas en el horizonte, más allá de la costumbre que pretendía que el buen mensaje sólo proviniera de arriba.

A cada uno lo suyo. "El gobierno quiere abrir las puertas a los jóvenes poetas y escritores, pero impone límites. Desearía, según la tradición, que se escribiera sobre los héroes de la guerra, pero no podemos hacerlo, no la vivimos. Nosotros hablamos de sexo", cuenta Lynh Barcadi, seudónimo de una joven poetisa que, en Ciudad Ho Chi Minh, forma parte de un grupúsculo femenino bautizado "mantis religiosa", por el nombre de la hembra que supuestamente se come al macho después de copular.

"Los jóvenes abordan tabúes: la regresión de la lucha de clases, la droga, la degradación de la instrucción pública, la homosexualidad", explica una crítica de arte saigonesa, seducida por tanta audacia. Más allá de su evidente "compromiso", Cam Thi evoca, por su parte, una literatura "intimista y digna de interés, puesto que el ‘yo' es parte integrante del mundo (...) Sin cerrar los ojos a los problemas de la sociedad, (los jóvenes escritores) nos hablan de sus vidas, sus preocupaciones, sus sueños, sus sufrimientos; describiendo un mundo opaco, sumergiéndose en las zonas oscuras del inconsciente, desconciertan a muchos lectores y generan malestar".

Ly Doi es el vocero de un grupo de jóvenes "antipoetas" -así se definen- denominado Mo Miêng ("Abrir la boca"), fundado en el año 2000 en un suburbio saigonés. En un breve texto difundido el año pasado en internet va aun más lejos: "Tengo sentimientos no por la tradición, sino por los espacios inmensos. Tengo sentimientos por mi propia época, no tengo ningún lazo con las demás. No respondo a ningún principio, ningún partido político, ninguna religión, ninguna ideología, ninguna organización; respondo a mí mismo. Tengo sentimientos por la libertad primitiva y por mi verdadero rostro. Quiero declarar la guerra a todo lo que provenga del orden comercial: los museos, los críticos, los historiadores de arte, los estetas y lo que algunos llaman las ‘fuerzas culturales'. Estoy convencido de que el verdadero arte no ha nacido, ya que la verdadera libertad y la verdadera justicia no fueron instauradas. La libertad no nació, la obra maestra de la libertad tampoco".

Estos jóvenes escritores rozan el nihilismo, por supuesto. A veces son más bien groseros, pero no vulgares. Manejan la provocación con un claro deseo de burlarse, con el fin de hacer "caer las máscaras" y ofrecer así una bocanada de aire fresco. "La provocación en el lenguaje no es lo esencial. Lo esencial es recurrir a un lenguaje popular, un lenguaje corriente; lo esencial es la honestidad", explica Ly Doi. Estos estudiantes que deben su saber a la universidad pública reivindican su marginalidad y escriben utilizando el habla popular del Sur, sin ocultar sus groserías. Sus escritos pretenden ser la expresión de los suburbios populares de los que provienen, una literatura de bui doi, de "polvo de la vida", pero de bui doi dotado de un sólido bagaje cultural e histórico.

Vacilante, su enfoque es una búsqueda de lo diferente, tanto en el pensamiento como en la expresión. Están influenciados por uno de sus mayores, que se proclama "ciudadano del mundo", Trân Quôc Chanh, niño rebelde de la escena literaria saigonesa, autor de un poema -"Bien pensantes, ¡váyanse a cagar!"- que hizo ruido en el mundillo literario vietnamita. Es el rechazo a las reglas. Tal vez sean también el reflejo de una juventud que busca combatir el vacío, el aburrimiento, la angustia, de un modo que no sea refugiándose en la droga, el sexo o el dinero. "Un deseo de vivir simplemente, aunque más no sea de vivir de otra manera, de pensar distinto de sus predecesores", resume Cam Thi. Los jóvenes no son sólo drogadictos que deben volver al camino correcto o que buscan dinero.

Poder político vs. sociedad

En el PC, antiguos miembros de la resistencia se dan cuenta de que un partido a la vez actor y árbitro provoca una situación ambigua y sin visión. A falta de contrapesos y diálogo, el movimiento no ofrece un verdadero proyecto. Un buen conocedor francés del Vietnam actual evoca "el extraordinario vacío dejado por los ‘nuevos pensadores' capitalistas-marxistas vietnamitas en materia de ideología, mensaje, moral y ética, atascados como están en su sistema". El repliegue sobre la tradición y la exaltación del nacionalismo no bastan para cubrir el déficit. Más bien tenderían a ponerlo de relieve, a profundizar la brecha entre el poder político y una sociedad enfrentada a una situación totalmente nueva: el Vietnam unificado e independiente debe dirigir, por primera vez desde el siglo XIX, no sólo su convivencia con China sino su lugar en el seno de la mundialización.

En À nos vingt ans (Nuestros veinte años), relato-novela publicado en francés en 2005, Nguyên Huy Thiêp evoca a una juventud descarriada que sólo el retorno a la naturaleza y las tradiciones puede salvar. Producto de un desengaño personal, este relato es de un interés limitado: el autor se pone -o trata de hacerlo- en la piel de un adolescente de buena familia que se sumerge en el mundo de los drogadictos y gángsters. Logra salir recién después de haber sido llevado a una isla de la bahía de Along, donde es obligado a desintoxicarse antes de ser recogido por pescadores que le devuelven el gusto por la vida. La noticia de la muerte de su padre, conocido escritor y de conducta más bien irreprochable, provoca entonces el saludable clic del arrepentimiento. Todo vuelve así al orden.

En ocasión del trigésimo aniversario de la victoria de 1975, Thiêp escribió que "hoy, para suplir la pérdida de los valores tradicionales, se persigue un modo de vida materialista, violento, hedonista" 6. Y agregó que "la corrupción es un flagelo que no se puede controlar" y que "estos desvíos contaminan el espíritu de la juventud". Sin embargo, esta visión simplista no aporta una verdadera respuesta, porque el retorno a la naturaleza y al orden tradicional, también predicado por el poder, es utópico. Se contradice con la eclosión de la nueva generación de escritores cuyas preocupaciones son de un orden muy diferente.

Vietnam es un país cuya dinámica se reactiva después de treinta años de guerra, una década de extravíos y otra de vacilaciones. Un artista de la diáspora vietnamita en Estados Unidos, Dinh Q. Lê, explicó así el derrotero de los vietnamitas: "Lucharon durante muchos años. No tenían idea alguna de cómo dirigir un país. Por eso, avanzan, se asustan, y vuelven a avanzar. Pero también se encuentra en esta sociedad algo que la distingue en el sudeste asiático: un impulso de autosuperación, de hacer algo con su vida" 7

  1. Au Rez-de-chaussée du Paradis. Récits vietnamiens 1991-2003, Philippe Picquier, Arles, 2005.
  2. Ibídem.
  3. La reforma agraria según el modelo chino, iniciada en 1953 en la República Democrática de Vietnam (Norte), provocó descontento e incluso revueltas en las regiones rurales, que fueron duramente reprimidas.
  4. Desde su llegada a París, en febrero de 2006, en ocasión del lanzamiento de Terre des oublis (Tierra de olvidos), Huong permaneció allí para "terminar obras inconclusas desde hace veinte años". En Hanoi, señaló que "la ayuda a los presos políticos y el combate por la democracia consumen todas mis energías" (entrevista concedida a Focus Asie du Sud-Est, Bangkok, julio de 2006, www.focusasie.com).
  5. Entre los sitios literarios vietnamitas en la red: en inglés, Vietnamlit (Estados Unidos); en vietnamita, Talawas (dirigido por Pham Thi Hoai, escritora residente en Berlín) y Evan (Hanoi).
  6. Publicado en Remue, revista dirigida por François Bon.
  7. International Herald Tribune, París, 9-6-05.

El dolor de la guerra

“Hambrienta, víctima de varios brotes seguidos de malaria, la tropa estaba anémica, y el cuerpo de los hombres se cubrió de úlceras, que se veían a través de la ropa, gastada y rota. Parecían leprosos, en lugar de la heroica vanguardia. Tenían el rostro musgoso, apagado y
afligido, desesperanzado. Era una vida asquerosa (...).”

“Cierto había guerra y eran tiempos anómalos. Las grandes cuestiones, el importante deber de la lucha y sus sagrados cometidos, habían pasado a ser lo más trascendental
de su vida. Mientras las cuestiones minúsculas, esas penas y alegrías exquisitamente
afiligranadas del destino humano (...) parecían menos importantes. Se daban con tan
poca frecuencia que había quienes la consideraba un mal augurio, como si forzosamente la felicidad tuviese que invocar su propia forma de castigo en la guerra (...).”

“Los que sobrevivieron continúan viviendo. Pero la voluntad, esa voluntad ardiente que una
vez fue la salvación de Vietnam, ya no existe. ¿Dónde está la recompensa del progresismo
que nos corresponde en pago de la consecución de los sagrados objetivos de la guerra?
Nuestros esfuerzos por hacer historia para las grandes generaciones no han servido de nada.
¿En qué se diferencia el aquí y ahora de la vida vulgar y cruel que vivimos durante la guerra?”  

“No era a los jóvenes a quienes les gustaba la guerra, sino a los otros, los políticos, hombres de mediana edad barrigudos y paticortos. No a la gente normal y corriente.”?

Extractos de Bao Ninh, El dolor de la guerra, Ediciones B, Buenos Aires,
septiembre de 2005.


Autor/es Jean-Claude Pomonti
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 102 - Diciembre 2007
Páginas:34,35
Traducción Gustavo Recalde
Temas Estado (Política), Literatura
Países Vietnam