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Novelas contra el olvido de la guerra de España

A setenta años de su inicio, la guerra civil española sigue suscitando polémicas. Ante todo en España, donde la dictadura franquista y después la transición democrática resultaron en la liberación tardía de la palabra. También en Francia, entre otras razones por los campos de concentración del Sur.

Los historiadores hicieron mucho para rescatar la memoria de la guerra de España, pero los escritores también contribuyeron a ello. Lo prueban cuatro novelas de reciente aparición, emblemáticas de temas de actualidad, a un lado y otro de los Pirineos. La de Javier Cercas, Soldados de Salamina 1, que tuvo un éxito considerable, se estructura en torno de la reconstrucción de la vida de uno de los fundadores de la Falange, lo que conducirá al narrador tras los pasos de un republicano, Miralles, que combatió durante toda la guerra de España en la división Lister 2. Ese personaje dará su pleno sentido a la búsqueda del autor y al libro mismo. 

La novela de Andrés Trapiello, Días y noches 3, se basa en el descubrimiento de los escritos de un militante de la Unión General de Trabajadores (UGT, sindicato socialista), que forman la esencia misma del libro. El hombre consigna allí su vida y la de su entorno, desde enero de 1939, comienzo de la retirada hacia Francia, hasta junio de 1939, fecha en que se embarca rumbo a México. Por último, en Tiempo perdido 4, el novelista italiano Bruno Arpaia pone en escena a otro republicano, Laureano, también socialista y exiliado, precisamente en México. Éste responde a las preguntas del narrador, que en principio fue a entrevistarlo sobre su encuentro con Walter Benjamin, y evoca la revolución de Asturias de octubre de 1934, premisa de la Guerra Civil, tema central, junto al exilio de Benjamin en Francia, de la siguiente novela, La última frontera 5.

"Lo que no he dicho a nadie es que yo escribo para dejar una huella, porque todos vamos a morir y es triste partir sin dejar siquiera una sombra", afirma el personaje, Justo García 6. La voluntad de conservar intacta la memoria de la guerra de España está en el centro de esta novela y habita las otras tres por medio de la palabra transmitida a un tercero. La cercanía de la muerte motiva a Justo a escribir y libera la palabra del Laureano de Tiempo perdido ("tengo la impresión de que, una vez que haya muerto, la revolución de Asturias desaparecerá"), como del de Ultima frontera: "he visto cosas que estoy seguro nadie más podrá contar. Entonces, qué me importa lo demás, yo las cuento. Al menos, mientras estoy vivo insisto, avanzo". Laureano asigna entonces a su interlocutor la misión de hacer perdurar esa memoria: "Luego, acabar con todos esos recuerdos, decidir qué hacer con ellos, eso será asunto vuestro. Yo me habré cobrado revancha sobre el tiempo. Y eso, muchacho, para mí vale mucho". Así, la muerte no habrá vencido a los que Franco había puesto precisamente en la categoría de "vencidos", en la que permanecieron a causa del olvido que los cubrió: el narrador de Soldados de Salamina está firmemente convencido de que mientras él siga "contando su historia, de alguna manera Miralles seguirá viviendo".

Deuda e ingratitud  

El combate contra el olvido resulta aun más necesario, en la medida en que es una compensación por lo que los hombres y las mujeres actuales deben a los republicanos españoles. El narrador, que parte a visitar a Miralles en su casa de retiro en Dijon, piensa: "Entre toda esa gente no hay una sola persona que conozca a ese viejo medio tuerto y al que le queda poco de vida, que se esconde para fumar y que en este preciso momento está comiendo sin sal a unos kilómetros de aquí; sin embargo no hay una sola que no le deba algo". A esa temática de la deuda se opone en efecto la de la falta de reconocimiento, particularmente denunciada por Javier Cercas. Lo escandaloso de esa oposición perenne halla en Miralles la vehemencia necesaria para la denuncia: "he pasado tres años combatiendo por toda España, ¿sabe? ¿Y cree usted que alguien me lo ha agradecido?  [...] Nadie. Nadie me agradeció nunca haber desperdiciado mi juventud para defender vuestro país de mierda. Ni una sola palabra. Ni un gesto. Ni una carta. Nada". Esas frases son un ataque directo a la transición democrática española, pero otros pasajes de la novela también critican duramente la actitud de otros países, esta vez por intermedio del narrador.

Éste evoca, por ejemplo, "esos momentos inconcebibles durante los cuales la civilización entera depende de un solo hombre"; para condenar el "trato que le reserva la civilización". La oposición deuda/falta de reconocimiento, ausente en las novelas de Bruno Arpaia, puede leerse entre líneas en Días y noches, de Andrés Trapiello: "Viví momentos de una importancia capital para la humanidad y luché por lo que consideraba justo, la Justicia, la Libertad, el Hombre. Cada vez que las naciones del mundo piensen en la Justicia, en la Libertad, en el Hombre, estarán obligadas a acordarse de nosotros". El lector sabe que no puede estar de acuerdo con esa afirmación, dado que las "naciones del mundo" no se portaron mejor con los republicanos españoles luego de la Segunda Guerra Mundial que antes de ella. Sabe también que hicieron algo aun peor, al esforzarse todo lo posible por olvidarlos. Comparemos la convicción de Justo en 1939 con el balance de Miralles en 2001: "Nadie se acuerda de ellos, ¿sabe usted? Nadie. Nadie recuerda siquiera por qué murieron y por qué no tuvieron nunca ni mujer, ni hijos, ni habitación soleada; nadie, y aun menos aquellos por los que ellos habían peleado. Ninguna calle miserable de ningún pueblo miserable de ningún país de mierda tiene ni tendrá nunca el nombre de alguno de ellos".

"¡Y a la mierda la transición!", concluye un lector del diario donde oficia el narrador de Soldados de Salamina, a raíz de uno de sus artículos. Pero el olvido es también imputable a Francia, al modo en que trató a los republicanos españoles, y que es mejor disimular. Desde 1936 hasta los acontecimientos posteriores a 1945, como lo muestran Andrés Trapiello y Bruno Arpaia, abundan las razones para ese ocultamiento.

El papel de Francia

Mientras que hombres y mujeres luchaban por "la Justicia, la Libertad, el Hombre", otros, en Francia y en Inglaterra, optaban, en agosto de 1936, por la política criminal de la no intervención: "Sería una farsa, si no hubiera resultado una tragedia. [...] Hasta los niños se daban cuenta de que Mussolini y Hitler, con esa porquería de la no intervención...", fulmina Laureano. Por su parte, Justo afirma categórico: "si perdemos, será en parte a causa de Francia y de Inglaterra".

A comienzos de 1939 se impuso la retirada, esa palabra cargada de lágrimas para todos los republicanos españoles, ese largo cortejo de miles de mujeres, hombres y niños rumbo a la frontera francesa, que las sombrías descripciones de los novelistas hacen revivir en toda su desesperación. Se nos aparecen otra vez las fotos de Robert Capa. Y estamos junto al poeta Antonio Machado, entrevisto por Miralles, sombra simbólica entre esas sombras anónimas. Machado, que morirá en Collioure en febrero de 1939.

Descripción sombría que el lector puede creer insuperable. Sin embargo, desde la llegada a la frontera, los españoles van a sufrir una humillación tras otra. La primera será tener que entregar sus armas; las demás se sucederán en el mundo donde deberán vivir en adelante. Y cada nueva humillación barrerá la precedente con una brutalidad que irá in crescendo hacia el horror.

Los primeros rostros que Justo descubre en Francia son los de los gendarmes: "ladrones desvergonzados", seres desprovistos de humanidad: "Tres años de guerra revolucionaria para que un gendarme rosado y perfumado, alimentado a hígado de pato, te diga: ‘no es problema nuestro'". Muchas páginas de ese libro son una acusación implacable al modo en que fueron recibidos en Francia: "El último hallazgo de los franceses es hablar de nosotros no como refugiados, sino como invasores"; "Muchas personas del pueblo [...] tomaron partido por nosotros, pero las autoridades se pusieron del lado de los fascistas".

La virulencia del vocabulario está a la altura del recibimiento. Justo habla de "canallas", y Laureano de "hijos de puta", sin recurrir a medias tintas. Las que, por otra parte, no corresponderían a esa actitud indigna, tan emblemática de lo que les reservaría la memoria en el futuro.  

La humillación alcanza el paroxismo cuando los tres personajes son internados en campos de concentración 7. En Argelès (Miralles, Laureano), en Saint-Cyprien (Justo) y en Septfonds (Laureano), padecen "condiciones de vida inhumanas", como se subraya en Soldados de Salamina. La pluma de Justo, impregnada de vehemencia desde su llegada a Francia, podría servir de expresión común a los tres personajes: "¡Esos cabrones! Habían cercado una gran parte de la playa, al menos uno o dos kilómetros, con una doble línea de alambre de púas, y allí nos encerraron".

La escritura permite la descripción minuciosa de la vida en esos campos de concentración, "espiral de degradación". El relato de su internación es más sumario en el caso de Laureano y de Miralles, pero igualmente duro: el primero explica que su único horizonte era "el fango y la suciedad, el frío y el hambre". Esos campos de concentración son para ellos un motivo de rebelión. Esos "morideros", para Miralles, esos "gigantescos depósitos de cadáveres", para Justo,  transformaron a los vencidos en subhombres, muchos de los cuales "comenzaron a no querer ya vivir". Algunos, desesperados, se adentraron en el mar para dejarse tragar por las aguas. Justo expresa un sentimiento de verdadero asco: "Algún día se escribirá la verdadera historia de los franceses, cómo se comportaron con la población refugiada, cómo nos mintieron, engañaron, injuriaron, vilipendiaron y maltrataron, antes, durante y después de la guerra".

Otras críticas surgirán entonces 8. La del enrolamiento en las Compañías de trabajadores extranjeros (9) y en la Legión Extranjera. Miralles se enrolará en esta última, Laureano en un regimiento de ingenieros, del que luego desertará. Esa ocasión le permite recordar que los alemanes enviaron "miles de españoles a Mathausen", "sacados, ya bien empaquetados por Pétain y compañía, de los campos de concentración diseminados por toda Francia". Por su parte, Justo se embarca en el Sinaia, primera nave que partió hacia México 10, tierra de asilo para muchos republicanos españoles, donde Laureano desembarcará posteriormente. 

Miralles hará la guerra junto al general Leclerc y entrará a la París liberada el 24 de agosto de 1944 en uno de los tanques que llevaban por nombre Guadalajara o Teruel. Fueron los primeros que entraron en la capital francesa y su hazaña recién comenzó a reconocerse hace muy poco 11. Luego, apenas terminaron los combates, Miralles y todos sus compatriotas fueron olvidados.

Laureano piensa: "Se dice que hace falta mucho tiempo para que un mundo desaparezca. Pero el nuestro se derrumbó de golpe. Desde entonces ya no hay lugar para gente como nosotros". Ya no hay lugar porque no quisieron que ese mundo sobreviviera, ni siquiera en el recuerdo de sus actores. Andrés Trapiello suma en efecto otra justificación a esa voluntad de olvido: en el barco que los lleva a México, Justo comprende que les van a pedir que dejen atrás aquello por lo que lucharon: "Es como si trataran de disolver hasta el último de nuestros recuerdos. ¿Pero qué tenemos más precioso que nuestros recuerdos? Nunca antes esa verdad fue más evidente: el pasado, sea como fuere, era mejor. ¿Cuántos éramos los que hubiéramos querido no dejar nunca España? La guerra era una agonía, pero mientras duró había esperanzas". Matar esa guerra de España es también impedir que esa magnífica esperanza de un mundo diferente y esa espléndida fraternidad sirvan para otras rebeliones. 

En Tiempo Perdido, Laureano se rebela: "¿Sabe lo que creo? Que éste es verdaderamente un siglo de mierda, pues devoró lentamente todos los ideales, hizo que se consumieran en las tragedias de los primeros cincuenta años, quemados como en una hoguera, y luego, con esta falsa paz, logró que nadie tenga ya ganas de buscar otros. El resultado lo tiene ante sus ojos: nada en que creer, nada que esperar...". Sin embargo, quiere transmitir la necesidad del combate: "¿Usted cree que los libros y los profesores alcanzarán para derrotar esa enfermedad que afecta a todo el mundo, ese podrido deseo de olvidar? Créame [...]: no van a alcanzar... Entonces qué mierda, yo cuento... Luego será asunto vuestro, de los jóvenes, y adiós". 

Verdadera operación de relevo, esas palabras son de una indiscutible actualidad en momentos en que España enfrenta por fin su historia reciente, herida que aún no cicatrizó, cuando varias asociaciones realizan un trabajo considerable para que se vuelvan a abrir las fosas comunes 12. En momentos también en que periodistas recogen la palabra de los últimos republicanos y de sus hijos en Francia 13, mientras que otros publican testimonios 14. Pero el entusiasmo francés por reconocer la deuda existente con los republicanos españoles es aún muy pálido y marginal.

Las novelas aquí evocadas brindan claves para comprender las causas de ese ocultamiento perenne. En todo caso, en Francia y en España desempeñan un papel en el combate contra el olvido y reivindican una literatura comprometida, no muy de moda en Francia en los últimos años. Hacen revivir la lucha de esos hombres y esas mujeres por un mundo mejor. En el epílogo de Días y noches, el narrador concluye: nuestras vidas actuales, menos heroicas, se elevan al contacto con las de personas que lucharon por ideales que a pesar de todo siguen siendo justos y bellos". Lamentamos llegar a la última página de cada una de esas novelas, pero entonces comprendemos lo que jamás se le perdonó a los republicanos españoles: haber ido, como el personaje de Miralles, "adelante, adelante, siempre adelante"; haber sido, en suma, vencedores.

  1. Javier Cercas, Soldados de Salamina, Tusquets, Barcelona, 2001. Sobre esta novela, ver Albert Bensoussan, "¡Por aquí no hay nadie!", Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, enero de 2003. 
  2. Enrique Lister (1907-1995), general republicano comunista.
  3. Andrés Trapiello, Días y noches, Espasa Calpe, Madrid, 2000.
  4. Bruno Arpaia, Tiempo perdido, Ediciones B, Madrid, 1999.
  5. Bruno Arpaia, La última frontera, Lumen, Barcelona, 2003.
  6. Las citas de las novelas están traducidas de la versión en francés, al no disponer ni la autora del artículo ni el traductor de los textos del original español (n. de la r.).
  7. Véase Geneviève Dreyfus-Armand y Emile Témine, Les Camps sur la plage, un exil espagnol, Autrement, París, 1995.
  8. En Días y noches se toca el tema de la represión stalinista contra el Partido Obrero de Unificación Marxista (POUM) y contra la Confederación Nacional del Trabajo (CNT). La verdad sobre esa represión sólo fue conocida por la mayoría del público en 1995 a través de la película de Ken Loach, Tierra y Libertad (inspirada en Homenaje a Cataluña, de George Orwell, 1938).
  9. Véase Rouges, Maquis de France et d'Espagne. Les guérilleros (Dir. Jean Ortiz), Atlantica, Biarritz, 2006.
  10. Se redactó un diario de a bordo. Su facsímil fue publicado en 1999 por el  Fondo de Cultura Económica de México. Tres de esos textos, traducidos al francés, fueron publicados en el n° 5 de la revista Aden ("Aux côtés de la République espagnole (1936-1939)", Nantes, 2006.
  11. Véase Denis Fernández Recatalá, "Los españoles que liberaron París ", Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, agosto de 2004.
  12. Emilio Silva y Santiago Macías, Les Fosses du franquisme, prólogo de Patrick Pépin, Calmann-Lévy, París, 2006.
  13. Gabrielle Garcia e Isabelle Matas, La Mémoire des Républicains espagnols. Paroles d'exilés en Ille-et-Villaine, Editions Ouest-France, "Ecrits / Société", Rennes, 2006; Patrick Pépin, Histoires intimes de la guerre d'Espagne, 1936-2006. La mémoire des vaincus, Editions Nouveau Monde, París, 2006.
  14. Antoine Gimenez & Les Giménologues, Les Fils de la nuit. Souvenirs de la guerre d'Espagne, L'Insomniaque & les Giménologues, Montreuil-Marsella, 2006.
Autor/es Anne Mathieu
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 90 - Diciembre 2006
Páginas:32,33
Traducción Carlos Alberto Zito
Temas Historia, Derechos Humanos, Estado (Política), Literatura
Países España, Francia