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La Semana Santa de Kirchner

"Trajano había llegado a ese momento de la vida, variable para cada hombre, en el que el ser humano se abandona a su demonio o a su genio, siguiendo una ley misteriosa que le ordena destruirse o trascenderse."

Marguerite Yourcenar, Memorias de Adriano.

 
El tema de la renegociación de la deuda es al gobierno de Néstor Kirchner lo que la rebelión "carapintada" de Semana Santa de 1987 fue para Raúl Alfonsín: una prueba crucial, un asunto en el que se juega su destino político personal, en la medida en que de su resolución depende el rumbo de la Nación y el estado de la sociedad en los próximos años.

El problema de la deuda externa, del mismo modo que "el problema militar" durante la gestión de Alfonsín, es hoy el principal de los numerosos que enfrenta el país, el punto de partida para reconstruir o el insalvable escollo ante el que acabarán estrellándose todos los esfuerzos e ilusiones. En el plano político, se trata del asunto sobre el que la ciudadanía se forjará una imagen definitiva sobre su líder.

A pesar de la estrechez económica (casi una pamplina, comparada con la actual) y de las reiteradas claudicaciones ante la presión militar y del establishment de derechas -en particular las "instrucciones a los fiscales" y la ley de "Punto Final"- en abril de 1987 Alfonsín era todavía, tanto en el país como en el exterior, el gran líder demócrata que había derrotado limpiamente en las urnas al peronismo y que por primera vez en la historia latinoamericana había juzgado a los responsables de una dictadura.

El cumplimiento de las condenas decididas por la Justicia y la depuración de las Fuerzas Armadas eran la clave para normalizar el funcionamiento institucional del país. La deuda externa, aunque se había multiplicado por seis durante la dictadura, era de unos 45.000 millones de dólares, la cuarta parte de la actual, en un contexto económico y social mucho menos apremiante, aunque delicado. Pero las Fuerzas Armadas, que habían interrumpido sistemáticamente la continuidad institucional desde 1930, estaban controladas por una cofradía mafiosa, corrupta y pervertida que había marginado o expulsado a sus miembros más honestos y capaces, cometido crímenes horrendos, sumido al país en el caos y la bancarrota, desprestigiado a la institución y perdido una guerra. Todos sus miembros, por acción u omisión, "reivindicaban lo actuado", se negaban a rendir cuentas ante la Justicia y la sociedad y pretendían seguir siendo los árbitros armados de la Nación.

Pero resultaba evidente que esa actitud era papel mojado, un puro y residual mecanismo de defensa, un sobresalto de orgullo sin respaldo alguno: esas Fuerzas Armadas, que habrían ofendido y avergonzado al general San Martín, eran escarnecidas por la sociedad. Fue así que en Semana Santa de 1987 un pequeño destacamento se alzó en armas contra el gobierno, reclamando "la reivindicación de lo actuado", la revocación de las penas impuestas a militares y el final de las "persecusiones".

Fue el momento clave de la transición democrática, porque lo que ese grupo de sublevados trataba de frenar era justamente el proceso de recuperación de las instituciones y su pleno funcionamiento. "Poner en caja" a los militares, además de imprescindible, era altamente simbólico: después de todo lo ocurrido, era imposible volver a los carriles normales sin cerrar la etapa anterior delimitando al menos las responsabilidades mayores y apartando de la vida pública a una serie de personajes. Era perentorio demostrar la autoridad del poder civil y el cumplimiento de las leyes.

Es por eso que la sociedad reaccionó de inmediato: decenas de miles de ciudadanos, en todo el país, se lanzaron a las calles en respaldo del gobierno constitucional; el Presidente recibió una suma de apoyos internos jamás reunida 1 y la práctica totalidad desde el exterior: los presidentes o jefes de gobierno Ronald Reagan, François Mitterrand, Felipe González, Fidel Castro...

El desenlace de la historia es conocido y de triste recuerdo para los ciudadanos. Ante una enorme multitud reunida en Plaza de Mayo y desde un balcón presidencial ocupado por el gobierno y toda la oposición democrática, Alfonsín decidió deshonrar y poner en peligro los atributos presidenciales y de comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, yendo en persona a parlamentar con los rebeldes y concediendo lo que pedían. Retornó luego a la Plaza a pronunciar la frase que lo apartaría definitivamente de la sociedad y lo convertiría en un cadáver político: "La casa está en orden... Felices pascuas" 2.

Semana Santa de 1987 fue un momento único, concentrado y dramático, un Aleph, una oportunidad desaprovechada por pequeñez intelectual y cobardía política, al cabo del cual la sociedad y sus dirigentes tomaron rumbos distintos. Su desenlace explica lo que vino después: la revancha del establishment especulador, el menemismo, la farandulización de la política, la corrupción desbocada, el Pacto de Olivos, el desguace del país... No podía ser de otro modo, porque decepcionando a la sociedad, Alfonsín y su gobierno habían elegido volver al clientelismo, el pasteleo comiteril, la componenda con el mundo de los negocios y los dirigentes sindicales y la utilización de las fuerzas de seguridad y militares como recaudadores y espías de la política. El país mafioso existe desde siempre, pero nunca se había instalado en todos los resortes del poder como logró hacerlo después del quiebre de Semana Santa de 1987.

Un momento histórico

Con matices, la historia política de Kirchner es similar a la de Alfonsín. Expresa a las mejores tradiciones de su partido, pero ha sido elegido Presidente por el conjunto de la sociedad. Fue un hombre de su propio partido el que intentó deslegitimarlo no presentándose en la segunda vuelta electoral y es su propio partido el que carga con la mayor responsabilidad por la situación actual del país, del mismo modo que el radicalismo cargaba con el lastre de una dirigencia cazurra y de haber apoyado a la dictadura. Si hoy el mandato de Kirchner es legítimo además de legal, se debe a que, como Alfonsín en sus primeros tiempos, su gestión parece firmemente encaminada en el sentido de las necesidades y deseos de la sociedad, que lo respalda con más del 80% de su confianza.

Pero la Semana Santa de Kirchner está a la vuelta de la esquina. Puede ser un momento preciso, como el día de este mes de marzo en que debe girar al FMI una parte importante de las reservas con o sin la aprobación de su estrategia de pago por el organismo o, más probablemente, un largo Vía Crucis en el que deberá optar a cada paso por la resignación o la firmeza. La sociedad lo estará observando, esta vez no en Plaza de Mayo, sino a lo largo del camino.

Metáforas pascuales aparte, la alternativa es simple: si el gobierno cede a las exigencias del FMI y los acreedores privados, ninguno de los graves problemas económicos y sociales que convulsionan al país podrá resolverse y muy probablemente siquiera paliarse. Es incluso dudoso que, en el hipotético caso de que obtenga todo lo que se propone ante los acreedores, el margen de acción resultante sea el que necesite para sacar al país de la crisis. Algunas proyecciones razonables 3 muestran claramente que aun mejorando mucho las actuales metas de refinanciación (quitas importantes, períodos de gracia, rebaja de intereses, etc.), la economía tiene para al menos una década de recomposición.

En cuanto a las posibilidades reales de lograr un trato favorable -mucho más incluso que al que se aspira actualmente- no hay dudas de que éstas existen. Es cuestión de responsabilidad y firmeza, de apoyarse en la ciudadanía y desestimar tanto a consejeros interesados como a la presión mediática del establishment. El gobierno puede esgrimir una batería de argumentos históricos y legales de mucho peso (ver páginas siguientes), pero sobre todo cuenta con que, por muchas razones que es imposible detallar aquí, pero que es posible encontrar en la prensa de cada día, ni las grandes potencias, ni los organismos financieros internacionales, ni el conjunto de la economía, las finanzas y la politica mundiales se pueden permitir hoy por hoy que Argentina deje de pagar, siquiera por un tiempo.

En el problema de la deuda el país se juega el futuro y Néstor Kirchner su destino político y personal. Es singular, pero propio de ciertos momentos de la historia, que un simple mortal concentre tanto poder y responsabilidad. En la historia de todos los pueblos hay momentos en que un hombre, llegado a la cúspide por un cúmulo de circunstancias, decide el destino de todos por mucho tiempo, si tiene el genio y la convicción necesarios. Si Winston Churchill hubiese asumido una actitud timorata en lugar de prometer a sus compatriotas sangre, sudor y lágrimas e instarlos a combatir a los nazis "en el aire, en la tierra, en los mares...", quién sabe cuál hubiese sido el desenlace de la guerra y, sobre todo, el destino de Inglaterra. Más lejos en el tiempo, pero entre nosotros, cabe recordar la magnitud de las dificultades y peligros de la guerra de la Independencia, las trabas y reticencias que debió enfrentar San Martín en su propio país y el tipo de reacción que esas dificultades generaron en el Libertador: "Ya no queda duda de que una fuerte expedición española viene a atacarnos. (...) La guerra se la tenemos que hacer del modo que podamos. Si no tenemos dinero, carne y un pedazo de tabaco no nos han de faltar. Cuando se acaben los vestuarios nos vestiremos con las bayetitas que nos trabajan nuestras mujeres, y si no andaremos en pelota, como nuestros paisanos los indios. Seamos libres y lo demás no importa nada" 4.

Hoy no parece en absoluto necesario llegar a esos extremos. ¿Pero y si lo fuese?

  1. Baste decir que la CGT peronista, que en total realizó 13 paros generales contra el gobierno radical, se ofreció a realizar uno "total e indefinido" hasta que los sublevados se rindiesen...
  2. Alfonsín no sólo perdió el respeto de los ciudadanos, sino también el del establishment, que poco después lo obligó a alejarse mediante el famoso "golpe de mercado" de 1989. El radicalismo, que parecía haber iniciado un proceso de renovación, involucionó rápidamente hacia las viejas prácticas comiteriles y la corrupción, y acabó, poco más de una década más tarde, en el esperpéntico gobierno de Fernando de la Rúa y en su práctica desaparición de los registros electorales.
  3. Ver Manuel Figueroa, "Reflexiones sobre criterios y metodologías en la negociación de la Deuda Pública", 25-2-04, en nacypop@ciudad.com.ar
  4. Orden General del 27-7-1819, dirigida a "Los compañeros del ejército de los Andes".
Autor/es Carlos Gabetta
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 57 - Marzo 2004
Páginas:2,3
Países Argentina