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Balance de la era Aznar

Presidente de España desde 1996, José María Aznar había decidido retirarse de la política después de las elecciones legislativas del 14 de marzo. Pensaba hacerlo en el clímax de un itinerario que muchos consideraban un éxito indiscutible. Las encuestas daban como ganador a su sucesor Mariano Rajoy, pero los atentados del 11 de marzo en Madrid y la manipulación gubernamental de la información provocaron un vuelco en los ciudadanos que prefirieron al candidato del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) José Luis Rodríguez Zapatero.

Los ocho años de gobierno de Aznar corresponden con fidelidad a la opción política atlantista y al modelo liberal conservador, que en su segundo mandato, en el que dispone de mayoría absoluta, se radicalizan y extreman. El rasgo más característico de lo acontecido en el ámbito economico -que es al que se le atribuyen mayores logros- es la financiarización, desde una opción conservadora, de la vida económica. En este punto España sigue la tendencia general de las economías occidentales, pero a un ritmo y con una intensidad excepcionales. La incorporación española a los mercados financieros, el crecimiento y la internacionalización de la Bolsa de Madrid son impresionantes, y Aznar completa la transformación de una economía real de volúmenes medios y decurso normal en una economía financiera agresiva y voraz, lo que se traduce en un crecimiento superior a la media comunitaria (en los últimos años un 2,3%, cuando Francia y Alemania apenas se despegan del cero). Pero además lo hace en el marco del equilibrio que garantizan los preceptos de Maastricht: inflación controlada, déficit presupuestario inferior al 3% y deuda por debajo del 60% del PIB.

Estos logros no se han derivado sólo ni principalmente de las virtudes del modelo, sino de dos inyecciones masivas de capital que no se repetirán: las ayudas comunitarias de casi el 1% del PIB anual español (más de 8.000 millones de euros al año) y el producto de las privatizaciones, que en el mandato de Aznar han rozado los 40.000 millones de euros. Dicho sea de paso, esas privatizaciones le sirven a Aznar para poner al frente de las empresas a una escuadra de hombres suyos: Francisco González en Argentaria, Juan Villalonga en Telefónica, Alfonso Cortina en Repsol, César Abierta en Tabacalera, Miguel Blesa en Caja Madrid, Xavier Irala en Iberia, etc.

A estos decisivos aportes deben agregarse la importante amputación de los gastos sociales y la drástica reducción de la financiación pública en capítulos tan determinantes como Investigación y Desarrollo, donde el porcentaje inversor francés, por lo demás criticado por insuficiente, está punto y medio por encima del español. Las centrales sindicales y el profesor José Barea, responsable durante varios años de la Oficina de Control Presupuestario, sostienen que existe un déficit oculto de las cuentas españolas proveniente, sobre todo, de saldos no declarados de Radio Television Española y del Departamento de Infraestructuras Ferroviarias, que se aproximan al 2% del PIB. De tenerse en cuenta, estos déficits situarían a España fuera de los criterios del euro.

Costo social del crecimiento 

La vivienda ha sido el gran soporte de la expansión económica de España en estos años. El "boom del ladrillo" se ha apoyado fundamentalmente en los bajos tipos de interés (del orden del 2%), posibilitados por la existencia del euro y la política monetaria de la Unión Europea (UE). Claro que ello ha supuesto un incontrolable crecimiento de los precios del metro cuadrado construido que, desde que gobierna el PP, se han más que duplicado -la cifra que se maneja es el 130%- lo que ha tenido una notable repercusión en el presupuesto de las familias, donde el capítulo vivienda sobrepasa el 40% de la renta total familiar y en algunas zonas, como Madrid, llega al 60%. Todo lo cual se ha traducido en un insoportable endeudamiento familiar que queda reflejado en el volumen hipotecario de los ciudadanos, que excede los 500.000 millones de euros. Por el contrario, la construcción de viviendas de protección oficial para las personas de niveles de ingresos modestos ha disminuido en más del 30%, pasando de 67.000 en el año 1995 a menos de 42.000 en 2003, incumpliendo así la promesa contenida en el programa electoral del PP de construir 420.000 unidades durante su segundo mandato.

Como corresponde al modelo conservador, la gran revindicación de Aznar ha sido la de haber reducido los impuestos y gracias a ello haber creado empleo. Pero en ambos casos se ha tratado más bien de un recurso de publicidad política que de una práctica real, pues si bien las tres reformas fiscales que han tenido lugar en sus ocho años de gobierno han rebajado los tipos impositivos, se trata de una disminución ampliamente compensada por el hecho de que las tarifas del Impuesto sobre Ingreso de Personas Físicas (IRPF) no se han actualizado con la inflación, con lo que el resultado efectivo. según el sindicato Comisiones Obreras (CCOO), ha sido que la carga fiscal ha aumentado en 2,3 puntos en términos reales, situándose en el 35,9%.

En cuanto al desempleo, es cierto que ha disminuido de manera notable, del 23% en 1995 a cerca del 11% en 2003, aunque continúa superando en tres puntos al desempleo medio europeo, que es del 8%. Esta notable creación de puestos de trabajo, de casi 4,5 millones, se ha pagado al alto precio de precarizar sustancialmente la estructura laboral, en la que hoy más del 32% de los empleos son precarios, con lo que ello supone en términos de estrés para el trabajador y de fragilización del mundo del trabajo. Sindicatos y trabajadores han intentado oponerse a esta operación, lo que ha dado lugar en los últimos tres años a importantes movilizaciones y choques con el gobierno, cuando éste ha querido abaratar el despido, endurecer las condiciones para percibir el subsidio de desempleo y suprimir palautinamente el Plan de Empleo Rural (PER) en favor de los jornaleros de Andalucía y Extremadura, imponiendo por decreto una reforma laboral, conocida como el decretazo. Lo que provocó la huelga general. Otro triste récord bajo el gobierno del PP es el de los accidentes de trabajo, que con cuatro muertes diarias coloca a la siniestralidad laboral española a la cabeza de Europa.

Pero la regresión social operada por Aznar no queda confinada en la precariedad y en la siniestralidad sino que se extiende a prácticamente a toda la vida social. Tal vez por esta razón el Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales ha tenido en ocho años cuatro titulares distintos, que no han podido o a los que no se les ha dejado (caso de Manuel Pimentel) enderezar la situación. Sólo dos datos muy reveladores: España es el país de la UE que menor ayuda ofrece a las familias necesitadas y el que destina un porcentaje más bajo del PIB al gasto social. Por lo demás, algunas medidas muy exhibidas en los periódicos, como desgravar con 100 euros mensuales las declaraciones de las trabajadoras con hijos menores de tres años, son simplemente ridículas. El caso de las políticas sociales concebidas para la tercera y la cuarta edad es patético, pues sólo un 3% de una población en continua expansión, cuyo volumen de más de 7 millones de personas excede el del grupo de edad de los menores de 16 años, recibe ayuda directa y cotidiana del Estado. Lo mismo podría decirse de la protección a los discapacitados: sólo en 2003, a causa del Año Europeo de las Personas con Discapacidad, se pusieron en marcha dos leyes para mejorar la situación de algunos grupos de ciudadanos entre los 3,5 millones que padecen minusvalías. En cualquier caso, España es el país de la UE que menos empleo ofrece a los discapacitados.

La violencia domestica es un problema mayor en España. Casi dos millones de mujeres son víctimas de trato violento y cada año aumenta el número de personas matadas por su pareja: 70 mujeres y 13 hombres sucumbieron en 2003. Aumenta sensiblemente la protección sin que se consiga reducir, más bien al contrario, el número de víctimas. La creación de casas de acogida, promovidas por el gobierno con la colaboración de las comunidades autónomas, que han atendido a cerca de 150.000 mujeres en dos años, no ha producido los efectos esperados. El reforzamiento de las medidas legislativas, sin un aumento consecuente de los presupuestos para su puesta en ejecución y sin un notable incremento de la eficacia judicial, son responsables de que el 70% de los juicios por malos tratos violentos acaben sin sentencia condenatoria. Ante la ausencia de una protección a posteriori eficaz, las campañas animando a las víctimas a que denuncien a sus agresores se traducen en que sólo una de cada tres personas muertas por violencia familiar en 2002 habían denunciado a su agresor.

La inmigración es en España, como en otros países europeos, la gran asignatura pendiente. En 1996, el PP inició su gestión de gobierno con medio million de extranjeros y hoy la concluye con más de 2.500.000. Las numerosas medidas de restricción y control introducidas por las cuatro reformas acometidas por Aznar no han conseguido impedir que casi 900.000 inmigrantes sean clandestinos. Los dolorosos sucesos de El Ejido, en enero de 2000, donde un trabajador degolló a dos agricultores y donde pocos días después un magrebí mató de una puñalada a una mujer en un mercado, desencadenaron una reacción de una extrema violencia por parte de la población local contra los inmigrantes y en general contra los extranjeros, a la par de un fuerte endurecimiento del arsenal legislativo. Se modifica la Ley de Extranjería, se introduce el concepto de "efecto de llamada" según el cual se eliminan todos los supuestos que incitan a la inmigración y se refuerzan ciertas disposiciones del Código Penal y de la Ley de Enjuiciamiento Criminal para poder expulsar a los extranjeros condenados, aunque lo hayan sido con penas inferiores a 6 años.

Pero este tratamiento policial de la inmigración -que pasa de la competencia del Ministerio de Trabajo a la del Interior-, las dos grandes regularizaciones de inmigrantes clandestinos, el acordonamiento de Ceuta y Melilla, el sistema de vigilancia electrónica en el Estrecho de Gibraltar y en Canarias, no han logrado frenar los cientos de pateras que todos los meses depositan su patética carga de inmigrantes muertos y de inmigrantes vivos en las costas españolas, cuya trágica opción oscila entre la explotación laboral y la delincuencia individual o colectiva. Estamos donde estábamos porque sólo una decidida voluntad política y un ambicioso proyecto conjunto europeo y norafricano podrán acometer con realismo la respuesta a tan escandaloso e insostenible estado de cosas.

Errores diplomáticos 

La política exterior es el sector en el que la acción personal de Aznar es más desafortunada y produce mayores destrozos. Después de la acertada gestión de los ministros de Asuntos Exteriores de UCD, Marcelino Oreja y Pérez Llorca, durante la primera fase de la democracia, en la que España se configura como un país esforzado y meritorio; después de los 12 años socialistas y el tino y la eficacia responsables de la acción internacional (Fernando Morán, Francisco Fernández Ordóñez y Javier Solana), añadidos al saber hacer internacional de Felipe González, confieren a España un perfil exterior de país importante, bien por encima de lo que corresponde a su realidad político-económica e incluso a su dimensión cultural. Los políticos españoles gozan de alta valoración en los foros internacionales y sus candidatos para puestos en las organizaciones intergubernamentales y en la UE disfrutan de un prejuicio favorable. España tiene una reconocida voz propia que con frecuencia inclina hacia sus posiciones la balanza de las decisiones.

A partir del año 2000, pero sobre todo en los tres últimos años de su segunda legislatura, Aznar despilfarra este capital de predilección y de prestigio, echando por la borda 20 años de logros y simpatías. Esta tendencia a romper con el patrimonio de política exterior heredado de sus antecesores aparece apenas asume el poder en 1996, cuando comienza a establecer une relación privilegiada con el primer ministro británico Anthony Blair, a costa de su entendimiento con Francia y en detrimento de la colaboración con el eje franco-alemán. La concreción de este giro se manifiesta en las cartas públicas firmadas con el líder británico relativas a las reformas económicas europeas; en la orientación que intenta imprimir a la Internacional de los Demócratas de Centro (IDC) cuando es elegido su presidente, y en la declarada hostilidad al régimen cubano, contrariamente a la contemporización de los socialistas. Aznar practica en política exterior un presidencialismo directo patente ya con el ministro de Exteriores José Piqué y francamente desbordado cuando nombra a Ana Palacio para ese puesto, a la que reduce a la función de una administrativa de confianza.

Su acercamiento al presidente de Estados Unidos George W. Bush, iniciado cuando éste hizo su primera gira europea en junio de 2001 -que comenzó por Madrid- se convierte en alineamiento absoluto a partir de los atentados del 11 de septiembre. Su apoyo incondicional a las guerras de Bush; su defensa de la legalidad de la invasión de Irak sobre la base de la sola resolución 1441; su participación el 17 de marzo en la reunión de las Azores, junto a Bush y a Blair, para bendecir el desencadenamiento de las hostilidades; las 13 visitas de Aznar a Estados Unidos; sus conferencias en las universidades estadounidenses en apoyo a la guerra y su intervención de tintes electoralistas en el Congreso estadounidense a favor de Bush, constituyen una clara incorporación al equipo internacional del Presidente de Estados Unidos. Pero además la concepción y promoción de la Carta de los Ocho, firmada por Blair, el primer ministro de Italia Silvio Berlusconi y cinco países del Este, que proclama su apoyo total a Bush y encarna la "nueva Europa" que postula Donald Rumsfeld frente a la "vieja Europa", liderada por Alemania y Francia, es expresión de esta misma tendencia. La antagonización con el núcleo duro de la UE ha continuado en el debate sobre la Constitución, donde Aznar, acompañado por Polonia, ha bloqueado todo posible acuerdo al obstinarse en mantener la distribución de poder del Tratado de Niza (diciembre de 2000) y ha descalificado a los dos grandes países por no haber respetado el Pacto de Estabilidad.

La ruptura de la concordia en el seno de la Europa institucional y de su difícil proceso de integración, en el momento en que la ampliación fragiliza notablemente el proyecto originario y amenaza con producir una involución de la Europa política hacia un simple espacio de intercambios económicos provechoso únicamente para las multinacionales, es de una dramática irresponsabilidad. Sobre todo cuando tanto entreguismo no ha tenido ninguna contrapartida positiva para España o para sus empresas en Irak ni tampoco en Gibraltar, donde el contencioso que la opone al Reino Unido sigue bloqueado desde 1984, sin que haya sido posible avanzar siquiera sobre la tímida hipótesis de una soberanía compartida. Por lo demás, la arrogancia de Aznar y sus intempestivas declaraciones, en ocasiones verdaderos hostigamientos verbales -por ejemplo cuando amenazó a Marruecos por el fracaso del acuerdo pesquero con la UE o en ocasión del lamentable episodio de la isla Perejil, etc.- han puesto en peligro la integridad de unas relaciones capitales para España. A ese tipo de conducta pertenece el de la penosa entrevista que le hizo el diario Le Monde el pasado 9 de marzo, en la que despreció a Chirac, atacó al Consejo Europeo, exaltó el modelo estadounidense, ignoró a Francia, dio lecciones a todos y enalteció sus propias ideas y convicciones. Fue una pena que nadie le preguntase cómo conciliaba sus opiniones con la presencia dominante de las empresas francesas en la economía española o con la decisiva contribución de Francia en la lucha contra el terrorismo de ETA.

Los modos abruptos de Aznar y su autocomplacencia en los comportamientos más antipáticos se han ido agudizando a lo largo de sus dos mandatos, para alcanzar al término de los mismos cotas insoportables, rayando en la grosería. Presumir públicamente de la dimensión de sus atributos viriles, sea cual sea la circunstancia en que se hace, no es de recibo en un político europeo, como no lo es el desprecio descalificatorio frente a toda opinión que disienta de la suya.

Debe y haber 

Esta degradación de su comportamiento durante su primera legislatura, esta deriva caricaturesca, ha venido acompañada de la recuperación de la parte más rancia y reaccionaria de la derecha conservadora española. En especial en torno a dos temas: la religión y la patria. La reintroducción de la enseñanza de la religión en los programas de bachillerato y la exaltación de los valores de la unidad indeclinable de España como un bloque político y cultural único han situado a los españoles ante el dilema de las dos Españas que creían superado, y han alumbrado una contienda ideológica y una crispación ciudadana que habían desaparecido. Y ése es seguramente el debe más gravoso de su largo mandato.

En su haber debe anotarse, como queda dicho, el crecimiento económico en la perspectiva hoy dominante de la economía financiera al uso con las servidumbres y deterioros ya apuntados: paralización de las reformas estructurales, tímidamente iniciadas por los socialistas; aparición de carencias importantes como la baja productividad y el déficit exterior, sin olvidar el endeudamiento de las familias y la burbuja de la construcción. En el haber debe figurar igualmente la reducción del paro gracias a la creación de empleo aunque con un grave deterioro de su calidad al haber hecho de la precariedad el componente esencial del mundo del trabajo. Finalmente, su aportación mayor tal vez sea la de haber creado un partido tan poderoso y compacto. La pregunta todavía sin respuesta es cómo explicar que una personalidad menor y casi insignificante, sin carisma propio, sin capacidades técnicas y profesionales relevantes, sin una relevante implantación social previa y con modestos recursos económicos, haya logrado imponerse y representar a la clase dirigente española y montar una maquinaria eficacísima para la conquista y administración del poder. Sin la brillantez ni la seducción de Blair, sin la impresionante estructura de influencia y apoyo de Berlusconi, Aznar ha sabido encarnar la dimensión hoy determinante en los partidos: la de implacable jefe de banda.

Autor/es José Vidal-Beneyto
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 58 - Abril 2004
Páginas:4,5,6
Temas Estado (Política), Políticas Locales
Países España