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La opción del caos

El asesinato del jeque Ahmed Yassin, jefe espiritual y fundador del movimiento radical palestino Hamas, perpetrado el 22 de marzo por el ejército israelí, entierra definitivamente la Hoja de Ruta y la posibilidad de un alto el fuego. Mientras tanto, Israel reivindica los asesinatos selectivos como un “derecho natural” y anuncia su voluntad de matar al líder de la Autoridad Palestina, Yasser Arafat, y a todos los los jefes de Hamas, cuyos representantes prometieron desatar una venganza feroz. Nuevamente triunfa el bando de la muerte.

Eyad Serraj es una de las personalidades más respetadas de Gaza. Psiquiatra, Serraj ayuda a los niños traumatizados por la violencia, a las mujeres víctimas de la violencia conyugal, a los hombres que enloquecieron a causa de la guerra. Fue siempre un defensor de los derechos de la persona y conoció la prisiones de la Autoridad Palestina. El pasado 22 de marzo, a raíz del asesinato del jeque Ahmad Yassin, líder espiritual de la organización islamista Hamas, a quien conocía muy bien, envió el siguiente mensaje: Yassin "había aceptado terminar el conflicto por medio de la construcción de un Estado palestino al lado de Israel, abandonando el sueño de un Estado islámico que ocupara toda Palestina. Su principal objetivo era terminar con la ocupación. El verano pasado había jugado un papel central en la firma de un alto el fuego unilateral de dos meses. (...) El asesinato programado de Yassin es uno de los últimos clavos en el féretro de la Autoridad Palestina, que Sharon destruyó meticulosamente. (...) El único bando que triunfa es el de la muerte". Se trata de un descenso a los infiernos, que arrastra a Palestina, a Israel y quizás a toda la región. 

Hace tres años, con la promesa de brindar a su pueblo la seguridad y la paz, Ariel Sharon ganó las elecciones y envió a Ehud Barak a los subsuelos de la historia. Traumatizados por el comienzo de la segunda Intifada a fines de septiembre de 2000 -provocada por la visita de Sharon a la Explanada de las mezquitas- los israelíes siguieron al viejo líder de la derecha. Querían creer en sus promesas y preferían enterrar la larga historia de un hombre comprometido en numerosos crímenes de guerra, entre los que figuran como símbolos la invasión del Líbano en 1982 y las masacres de los campamentos de Sabra y Chatila. Por entonces, la Intifada no había producido aún ningún atentado suicida...

Pero el jefe del Likud tenía otras prioridades que la seguridad de los israelíes. Pensaba que los acuerdos de Oslo eran "la mayor catástrofe jamás sufrida por Israel" y que había que liquidar, uno a uno, todos sus logros. El dirigente de 2000 ya no es el ardiente general que lanzaba sus tanques a la toma de Beirut. Había sacado conclusiones de sus errores de 1982. Haría todo lo posible para mantener la unidad de los israelíes y para preservar las relaciones estratégicas con Estados Unidos. Pero ello no implicaba renunciar a sus objetivos.

En el plano diplomático Sharon mostró cierta flexibilidad, afirmando que estaba dispuesto a hacer "dolorosas concesiones" y consultando regularmente a los dirigentes estadounidenses. Cuando éstos, a raíz de la guerra contra Irak, el 30 de abril de 2003 hacen pública la Hoja de Ruta, elaborada en el marco del Cuarteto (Estados Unidos, Rusia, Unión Europea y Naciones Unidas), Sharon se suma a la idea sin ningún entusiasmo.

Ese plan preveía la creación de un Estado palestino en tres etapas, que debían concluir en 2005. En la primera fase se requería:

  • A los palestinos, que reconocieran nuevamente el derecho a la existencia y a la seguridad del Estado de Israel, que renunciaran a toda forma de violencia y que realizaran una profunda reforma de la Autoridad Palestina, designando un Primer Ministro dotado de amplios poderes;

  • A los israelíes, comprometerse a apoyar la creación del Estado palestino, levantar los toques de queda, restaurar la libertad de circulación, cesar los ataques contra la población palestina y las confiscaciones y destrucciones de viviendas, retirar progresivamente sus fuerzas de los territorios reocupados el 28 de septiembre de 2000, congelar la expansión -incluso "natural"- de las colonias judías y desmantelar las llamadas colonias ilegales (creadas sin autorización explícita del gobierno, aunque cabe recordar que todas las colonias son ilegales para el derecho internacional).

La Autoridad Palestina se comprometió en la realización de las reformas exigidas, designando un Primer Ministro y ejerciendo un control extremadamente estricto de sus finanzas, pero ninguna contrapartida se produjo del lado de Sharon. Su negativa a retirar las tropas israelíes hasta las líneas anteriores a la Intifada y a desmantelar la mayoría de las colonias "ilegales", sumada al mantenimiento del bloqueo de la población palestina, no dejó ningún margen de maniobra al primer ministro Mahmud Abbas (Abu Mazen), uno de los dirigentes palestinos más moderados. Éste, obligado a renunciar, sería reemplazado el 10 de septiembre de 2003 por Ahmed Qorei (Abu Ala). El alto el fuego decretado el 29 de junio de 2003 por todas las organizaciones palestinas, incluidas Hamas y la Yihad Islámica, no resistió a la prosecución de los asesinatos selectivos. En síntesis, el Primer Ministro israelí alimenta deliberadamente la escalada de la violencia, y al terrorismo de Estado responde el terrorismo de los atentados suicidas.

Pero nada logra modificar la posición de Sharon, que sigue empecinado en alcanzar su objetivo: hacer capitular a la población palestina y lograr que abandone toda forma de resistencia. Para eso hay que golpear, y golpear fuerte, que es lo que hace el ejército israelí: destrucción sistemática de la infraestructura, bombardeos indiscriminados sobre los campamentos de refugiados, demolición de casas, ataques contra hospitales y aniquilamiento de todo lo que hace a la vida material y social de los palestinos. El blanco prioritario es la Autoridad Palestina y su presidente, Yasser Arafat. A cada atentado suicida de Hamas sucede una escalada contra la Autoridad Palestina, mientras que quienes reivindican la acción siguen libres en Gaza.

Fue recién después de haber vaciado de toda su sustancia a la Autoridad Palestina que, durante el verano de 2003, el gobierno israelí decidió luchar contra Hamas. Pero todas las facciones palestinas acuerdan una tregua para tratar de reanudar las conversaciones de paz. Entonces, el 21 de agosto de 2003, Ismail Abu Shanab, uno de los principales dirigentes del movimiento islamista, es víctima de un asesinato selectivo, acto considerado como una "violación grave" de la cuarta convención de Ginebra y que puede ser objeto de procesos penales. Y la violencia recomienza... 

El primer ministro Sharon aún espera imponer a los palestinos la "solución a largo plazo" que sostiene desde 1998: un puñado de bantustanes rodeados por un férreo cerco de colonias judías 1. En ese marco, los palestinos administrarían sus propios asuntos sin gozar de ningún tipo de soberanía y bajo el mando de dirigentes locales: de esa forma, el gobierno israelí retoma el viejo sistema colonial de gestión de la población "autóctona". La "enorme" concesión que aceptaría hacer Sharon consiste en que se llame "Estado" a esa entidad desprovista de toda independencia.  

Para aplicar su programa, el gobierno de Sharon está edificando un "muro de seguridad" no destinado a separar a los palestinos de los israelíes, sino a encerrar en guetos a la mayoría de la población de Cisjordania. Ese muro, que entra profundamente en territorio palestino, destruye el ecosistema de manera irreversible, confisca el agua, aísla Jerusalén y el valle del Jordán y en 2005 habrá logrado dividir Cisjordania en tres zonas inaccesibles entre sí 2.

A pesar de esa estrategia israelí, Estados Unidos acentúa su apoyo a Sharon, mientras que la Unión Europea se limita a elevar piadosas condenas verbales, alimentando así la desesperación de los palestinos librados a su suerte, sin ninguna protección frente a las repetidas e impunes violaciones del derecho internacional.

Luego de haber enterrado la Hoja de Ruta, Sharon agita la idea de una retirada total de Gaza. Procura así tranquilizar a los israelíes que quieren acabar con la guerra y están a favor de la evacuación de los territorios ocupados y de las colonias. La Franja de Gaza, donde residen unos miles de colonos israelíes junto a más de un millón de palestinos, siempre fue una pesadilla para los ocupantes. Sharon estaría dispuesto a evacuarla, pero quiere demorar el asunto (la retirada no sería antes de 2005) para obtener nuevas concesiones del presiente estadounidense George W. Bush (el reconocimiento del control israelí sobre las grandes colonias).

Ese plan provoca tensiones en la coalición gubernamental y encuentra oposición en algunos militares, que temen repetir la experiencia de la tumultuosa retirada del Sur del Líbano en mayo de 2000: Hamas podría aparecer entonces como el gran triunfador de esa evacuación. La preocupación se hizo aun mayor cuando todas las fracciones palestinas decidieron negociar una toma de control de Gaza y cuando el jeque Yassin se mostró dispuesto a detener las operaciones militares a partir de ese territorio si la retirada israelí era total 3. La partida era por lo tanto complicada y Ariel Sharon la complicó aun más haciendo asesinar al fundador del movimiento islamista. En realidad eso no le preocupa, pues sabe que sólo podrá imponer sus puntos de vista si la situación empeora. Mientras tanto, israelíes y palestinos seguirán pagando el precio de esa locura, que podría extenderse más allá de las fronteras de Medio Oriente. Eyad Serraj ya había prevenido: "El único bando que triunfa es el de la muerte". 

  1. Véase Leila Farsakh, "¿Un apartheid israelí?", Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, noviembre de 2003.
  2. Véase Matthew Brubacker, "El muro de la vergüenza", Informe-Dipló, 20-11-02.
  3. Declaración reproducida en el sitio del brazo armado de Hamas el 17 de marzo de 2004.
Autor/es Alain Gresh
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 58 - Abril 2004
Páginas:7
Traducción Carlos Alberto Zito
Temas Conflictos Armados, Justicia Internacional, Estado (Política), Geopolítica
Países Israel, Palestina