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El debate identitario en la India

Se acentúa en India la tendencia a sustituir un nacionalismo constitucional por un nacionalismo fundado en la raza y en la sangre, en momentos en que el partido laico Janata Dal se alía al Bharatiya Janata Party, de núcleo hinduísta. Este nacionalismo es un instrumento de las castas superiores, implícitamente favorecidas en el proceso de construcción de la India moderna, para preservar una hegemonía cada vez más cuestionada por los "intocables" y las mujeres.

Durante este mes y el próximo, cuando los votantes indios vayan a las urnas para elegir a un nuevo parlamento, aún no habrán dejado de padecer las consecuencias de un monzón devastador. Sin embargo, la administración del agua, el deterioro de las infraestructuras, las penurias alimenticias que en numerosas regiones son perpetuas, la brecha de desarrollo que separa al norte y el sur del país no estarán en juego en el escrutinio, ni aparecen en los programas de los partidos políticos,.

La política india, alejada desde hace años de las promesas y del impulso transformador de la independencia, se deja ganar por un profundo cinismo y se reduce cada vez más a simples luchas por el poder y el control de los aparatos represivos del Estado. En un país estructurado sobre un sistema de castas que sigue siendo rígido a pesar de cierta movilidad social1, el problema clave consiste en asegurar la igualdad y la justicia y en crear una democracia moderna donde la identidad social pueda diferenciarse de la individual. Pero este problema se ha visto enmascarado por los debates identitarios sobre los cuales se focaliza la política desde hace años y que dominaron la última campaña electoral.

A partir de 1989, la puesta en marcha de un programa de "discriminaciones positivas" que asigna cupos en la administración pública para las "otras clases atrasadas" (Other Backwards Classes, OBC), en virtud de las recomendaciones del informe Mandal2, suscitó violentas protestas entre los miembros de las castas altas, algunos de los cuales llegaron a inmolarse con fuego.

Tales reacciones revelan la orientación implícitamente favorable a las castas altas que impera en las estructuras administrativas y también en el núcleo de la construcción de la India moderna. Al mismo tiempo, delatan la pobreza de los dicursos académicos y políticos según los cuales el problema de las castas constituiría un fenómeno estrictamente religioso, opinión compartida por las élites intelectuales mejor intencionadas. El origen de esta actitud puede encontrarse en la idea que se hacían al respecto los colonizadores británicos, cuyo punto de vista ha sido interiorizado por la intelligentsia occidentalizada.

Más sorprendente resulta la dimisión de los dirigentes del país frente al problema de las castas. Con las notorias excepciones del Mahatma Gandhi, de Ram Manohar Lohia y de Bhimrao Ramji Ambedkar3, ni uno solo de ellos se tomó el trabajo de cuestionarlo. Siendo así, el dominio de las instituciones y del imaginario por parte de las castas altas se efectuó en nombre del nacionalismo, mientras que las reivindicaciones de las castas medias y bajas fueron condenadas como un particularismo "castista" . El informe Mandal trasladó esta contradicción latente al dominio público, sobre todo en el norte del país. Ya había tenido lugar una nivelación de las castas en el Sur, donde las castas altas tenían menos influencia y donde tradicionalmente hubo manifestaciones en contra de la dominación de los brahmanes tamules4 (debido a una política de asignación de cupos en las administraciones locales que favoreció especialmente a los intocables).

Desde 1989, la política de "discriminación positiva" preconizada por el informe Mandal cuenta con partidarios y adversarios en el conjunto del tablero político. No obstante, las fuerzas políticas e intelectuales que le son favorables no han sabido proponer una idea alternativa de la India y de su democracia. La intensidad de los discursos identitarios explica sin duda que algunos hayan llegado a dejarse atraer por las sirenas del autoritarismo y de un nacionalismo excluyente. Así lo ilustra la reciente alianza entre una fracción de la dirección del partido "laico" Janata Dal y el muy nacionalista Partido del Pueblo Indio (Bharatiya Janata Party, BJP), cuyo objetivo es impedir el ascenso al poder de Sonia Gandhi, la viuda de Rajiv Gandhi, asesinado en 1991, por ser de origen italiano.

Hace sólo algunos meses, el Janata Dal cumplió un papel activo en la caída del gobierno BJP de Atal Bihari Vajpayee y denunció a este partido como un peligro para la "democracia laica" y la justicia social. Hoy, ese mismo BJP lleva adelante una campaña electoral identitaria instrumentada sobre los orígenes de Sonia Gandhi, y sobre la reciente "victoria" india contra Pakistán en Cachemira.

El BJP tiene una idea propia sobre India y su identidad. El fondo ideológico de su política se define en concordancia con el ideario de la Rashtriya Swayamsewak Sangh (Asociación de Voluntarios Nacionales, RSS), rama fundacional de toda una familia de organizaciones políticas y culturales consagradas a la causa del Hindutva (literalmente hinduidad). El Hindutva se arraiga en la noción de la pureza racial mítica de una supuesta nación hindú. Dentro de su proyecto hegemónico, el Hindutva sigue una trayectoria doble: por un lado, lo religioso se carga de significaciones políticas nacionalistas y por el otro, lo político se inviste de sacralidad. No se trata en este caso de una evolución "natural" del hinduismo, y sería profundamente falso describirlo como un fundamentalismo hindú. Es cierto que el Hindutva manipula la polisemia de los símbolos y la flexibilidad de las prácticas hindúes, pero de hecho utiliza la religión como criterio de pureza racial5.

Desde su creación en 1925 y en virtud de su concepción de la nación hindú, el RSS se opone a la idea de una India laica. Es importante señalar que las nociones de secularism y de communalism tienen un significado distinto al occidental. El secularism no evoca tanto la separación entre el espacio público y la religión como la multiplicidad socio-cultural y el pluralismo. Esta multiplicidad refleja claramente las realidades sociológicas del país. El communalism, por el contrario, remite a una comunidad religiosa imaginada en tanto que nación fundada sobre la raza. En una nación multicomunitaria como la India, esta última noción entrará necesariamente en conflicto violento con el secularism. La división del país acontecida en 1947 fue precisamente el resultado de un enfrentamiento de este tipo.

El compromiso sin fisuras de la dirección del Partido del Congreso a favor del secularism, en el contexto de una multiplicidad de creencias y prácticas religiosas, llevó a la India independiente a constituirse en un sistema político laico. El Congreso se esforzó entonces por tranquilizar a la población musulmana, comprometiéndose a no interferir en los asuntos "internos" de la comunidad. Pero con la progresiva renuncia del Estado a su rol de árbitro en favor de las capas sociales débiles (y de las mujeres, en el caso de los musulmanes), esta política mostró rápidamente sus limitaciones. Si en tiempos de Nehru las autoridades no vacilaron en introducir reformas en lo referente a la comunidad hindú (matrimonio, herencia, etc.), se mostraron reticentes a la hora de aplicarlas en la comunidad musulmana.

Esta actitud paradójica por parte del Estado, generó serios problemas de credibilidad que el RSS intentó explotar, con poco éxito bajo Nehru, pero posteriormente con un público en aumento6.

Aprovechando el descrédito que recae sobre el Partido del Congreso e incidiendo sobre un complejo de persecución de los hindúes que se remonta a conflictos identitarios medievales, el BJP se encontró, después de su ascenso al poder en marzo de 1998, en una situación inédita, que habilitaba al gobierno para intentar sustituir la India laica por una India esencialista hinduista7. De ahí el debate sobre los orígenes de Sonia Gandhi, transformado en arma política por el BJP y sus aliados. La maniobra es clara: se trata de reemplazar un nacionalismo democrático y constitucional por un nacionalismo asentado sobre la raza y la sangre. Hay proyectos en curso que apuntan a una enmienda constitucional, con el fin de reservar las altas funciones políticas y administrativas a indios "de pura cepa" . Lo que es peor, eminentes progresistas (liberales) parecen haber interiorizado la fatalidad de una política fundada sobre el derecho de la sangre. Según su lógica, el hijo o la hija de Sonia y Rajiv Gandhi tendrían derecho a acceder a las funciones políticas supremas, pero no así "Sonia" , la italiana.

El conflicto entre una India laica, capaz de integrar su pluralidad y derribar los efectos de las políticas de casta, y una hinduidad regresiva, sigue siendo el dilema central de la democracia. La victoria de la segunda sólo agravaría el descontento y las fracturas de la sociedad. Falta saber si el Partido del Congreso, comprometido con una política de tolerancia y de reacomodación a partir de la evidencia de una base social heterogénea, sabrá encontrar los medios para integrar las diversas expectativas de la población y renovar la idea misma de la democracia india.

  1. El sistema de castas hindú se divide en cuatro castas (varna) principales, a las que se agregan los "intocables".
  2. La Constitución india reconoce la necesidad de una discriminación positiva de las clases menos privilegiadas distintas de las Scheduled castes (clases repertoriadas) y las Scheduled Tribes (tribus repertoriadas). La comisión Mandal, en su informe de 1980, aconsejó reservar el 27% de los puestos administrativos a las OBC, que representan el 52% de la población y no incluyen a los intocables.
  3. Ram Manohar Lohia, dirigente socialista muerto en 1967, intentó erigir la cuestión de las castas en un problema propiamente político en lugar de convertirlo en una cuestión de reforma social. Bhimrao Ramji Ambedkar, (1891-1956), político y jurista, nació en la casta de intocables de los Mahars, en Maharashtra; dirigió el comité encargado de redactar la Constitución y militó a favor de los intocables, al precio de fuertes desacuerdos con el Mahatma Gandhi.
  4. Casta superior (sacerdotes y religiosos).
  5. El personaje más destacado en la historia del RSS, S. Golwalkar, era un admirador de Hitler. Dirigió el RSS entre 1940 y 1974.
  6. El RSS fue prohibido después del asesinato del Mahatma Gandhi. El BJP, continuador del RSS, fue creado en 1951. Véase Teesta Setalvad, "Les nationalistes hindous, une menace pour la démocratie" , Le Monde diplomatique, París, junio de 1997.
  7. Christophe Jaffrelot, "L' Inde entre les mains du nationalisme hindou" , Le Monde diplomatique, París, junio de 1998; y del mismo autor, The Hindu Nationalism Movement and Indian Politics, Viking, New Delhi, 1993
Autor/es Purushottam Agrawal
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 3 - Septiembre 1999
Páginas:18, 19
Traducción Patricia Minarrieta
Temas Sexismo, Discriminación, Derechos Humanos, Estado (Justicia), Estado (Política), Políticas Locales, Sectas y Comunidades
Países India, Pakistán