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El bug 1, fantasma del año 2000

Estalle o no, la falla informática ligada al año 2000 ya nutre toda clase de fantasmas. Los más temerosos construyen refugios con abundantes raciones de supervivencia, otros se tranquilizan incredulidad mediante. ¿Pero por qué no aprovechar este momento único para volver a examinar colectivamente las lógicas sociales que operan en "la sociedad de la información" ?

El bug informático del año 2000 (que los anglófonos apodaron rápidamente "Y2K" , por "year 2000 ") hizo su aparición en la información destinada al público masivo mil días antes del momento en que amenaza con golpearnos. Desde entonces, el problema es sistemáticamente presentado como de índole exclusivamente técnica. Se dice una y otra vez que con el objetivo de economizar una memoria informática por entonces muy costosa, los primeros programadores se vieron obligados a abreviar de cuatro a dos las cifras correspondientes a los años; y que a partir de ahí, por un efecto de arrastre, esta técnica se volvió habitual.

Pero esta explicación soslaya dos preguntas esenciales. ¿Por qué esta reducción fue tomada con mayor "naturalidad" que otras por los programadores? ¿Acaso la forma en que la sociedad encara el tema del bug no refleja también una actitud cultural? Desestimar estas preguntas equivale a correr el riesgo de no saber extraer los aprendizajes del bug.

Los programadores e ingenieros están familiarizados con tipos de datos que se comportan de manera variada. No hay una trampa técnica específica en la escritura de las fechas. Si se toma en cuenta la complejidad y lo masivo de los datos y procedimientos procesados por computadoras en los últimos años, es dudosa la afirmación según la cual el problema se origina en la ceguera de unos técnicos que no estuvieron a la altura de prever el año 2000. El equívoco es colectivo y no puede ser reducido a una serie de errores individuales.

Pero la sociedad "moderna" se complace en una imagen racional de sí misma y de su porvenir, y ve en sus conquistas técnicas el signo de una ruptura decisiva con el pasado. Nuestra persecución fanática de lo nuevo se expresa en la construcción de unos períodos cada vez más imbricados, en que los siglos ceden su lugar a "décadas" y "generaciones" que duran sólo unos pocos años. La escasez de memoria era un problema temporario, mientras que las capacidades de cálculo crecían a un ritmo extraordinario: la famosa ley de Moore2 se manifiesta en ¡una duplicación cada 18 meses de la potencia de las computadoras! No es de extrañar, que en un tal contexto, la reducción de los años a dos cifras pudiese considerarse un tema menor.

Tanto más porque había que ir siempre adelante: "Si funciona, no toques nada "servía como principio de sensatez informática. Resultado: una acumulación de programas basados en elementos que, en el momento de su concepción, nadie imaginó que servirían más de diez años. Por otra parte, con el fin de conjurar las angustias propias de la delegación de responsabilidades sociales a los técnicos, los directivos creyeron que era bueno desembarazarse de ellos: los departamentos de informática, cuyo poder crecía en el seno de las empresas, fueron puestos en vereda. Y a los técnicos en informática "superados" se los despidió en masa. Es así que muchos sistemas se basan en restos de códigos antiguos, escritos en una lengua olvidada y que no habían sido concebidos para permanecer…

Pero si admitimos que éstas son las preguntas planteadas por el bug, deberíamos revisar el modo de desarrollo de los sistemas informáticos y los intereses a los que responden, así como la ecuación estipulada entre progreso técnico y avance social.

El bug instala la amenaza de un desperfecto simultáneo y aleatorio de sistemas informáticos de comunicación, de automatización y de archivo en todo el mundo; a partir de esto surgen libretos catástrofe como para hartarse. Es engañoso referirse al bug como un problema técnico, objetivo. Aunque la causa próxima del bug sea técnica, su eventual consecuencia es un caos social generalizado.

El Departamento de Defensa de Estados Unidos estableció, a fines de 1998, que su agencia de armamentos especiales había certificado la mayor parte de sus sistemas informáticos sin efectuar los tests requeridos. Lo cual no impidió que el oficial de la agencia que tenía a su cargo el problema, proclamara que a partir de abril de 1999, los sistemas estarían "100% compatibles con el año 2000 ". Y que agregara: "Soy optimista en relación al bug en esta agencia3."En enero de 1997 -demasiado tarde para evaluar y reparar unidades que enlazan varias decenas de miles de sistemas-, había diez veces más personas en el equipo del procurador que tuvo a su cargo la encuesta sobre el comportamiento sexual del presidente Clinton que en el del Consejo de la Presidencia para el ingreso al año 20004.

Esto explica la cantidad de personas que se preparan para afrontar las consecuencias del bug. Salvo muy raras excepciones, políticos y periodistas se burlan de este "pánico" popular y condenan la "histeria" de los preparativos. "A pesar de que el problema Y2K está resuelto, advirtió el senador estadounidense Robert Bennett en diciembre de 1998, el pánico (…) podría llegar a provocarnos problemas equivalentes"5. Los riesgos frecuentemente citados son la retención de capitales, el retiro bancario masivo, la resistencia al pago de impuestos o el rechazo a tomar préstamos. Si el problema del año 2000 se verifica relevante, muchos gobiernos temen trastornos cívicos.

Ansiedades y precauciones

Tales espectros se presentan en forma casi sistemática como la acción de masas irracionales y desinformadas. Sin embargo, las élites no son inmunes a la ansiedad. La Reserva Federal estadounidense imprime billetes suplementarios por un valor de 50.000 millones de dólares -generando un aumento cercano al 30% en el volumen de la moneda en circulación- en previsión de una importante retracción de la moneda. En enero de 1999, el Grupo de coordinación global 2000, consorcio que reúne a cientos de organismos financieros, anunció un informe evaluativo de los preparativos de varios países para el bug. Ante el temor de que precipitara un retroceso masivo en las inversiones cuyos efectos serían probablemente más devastadores que los problemas potenciales que estaba destinado a compendiar, anuló su difusión6. Este giro inesperado es sólo una instancia visible de las crecientes vacilaciones en torno a un tratamiento abierto del problema, cuya elocuente evidencia está en el funcionamiento a puertas cerradas de las comisiones legislativas, en la supresión gubernamental de los informes de preparación, en el secreto que rodea a los preparativos policiales contra eventuales perturbaciones, en algunas tentativas de cooperación militar.

Los responsables oficiales del "año 2000"tienen un rol doble y conflictivo. Deben dedicarse a las cuestiones técnicas que les competen, pero sin hacer olas7. Estos intereses contradictorios traban otros esfuerzos llevados adelante contra el bug. Muchos fabricantes de insumos, editores de software o consultores ven en la adaptación una fuente de enormes beneficios. No dudan en exagerar los temores. Otros fabricantes más serenos prevén una baja de sus ingresos para el período en que sus clientes esperen que pase la tormenta y posterguen sus inversiones. El hecho de que el Congreso de Estados Unidos haya decidido limitar la responsabilidad jurídica de los fabricantes sólo consigue exacerbar estas tendencias.

La incertidumbre se ha convertido en una lógica social difusa, cuya influencia aumenta a medida que se acerca el día D. Al final, el bug dará menos la medida del fracaso técnico de las instituciones que de los fracasos sociales que pondrá de manifiesto. Las instituciones que quedarán en evidencia por su utilización de la técnica como instrumento de dominación y de expropiación serán, probablemente, las que tendrán más dificultades para reponerse.

Es en esta perspectiva que se revela la ironía milenarista del año 2000. Dado nuestro apuro por proclamarnos modernos, posmodernos, hipermodernos y más, hemos buscado relegar a la Edad Media el pensamiento apocalíptico, esa creencia en un resquebrajamiento decisivo del curso de las cosas. Al hacerlo, olvidamos cuán maleable puede ser la idea de un momento decisivo. Debemos reconocer que los discursos milenaristas ligados al apocalipsis tienen muy poco que ver con la religión. El enceguecimiento que conduce al bug hace posible que nuestro pasaje hacia el siglo XXI sea un "apocalipsis técnico" , marcado por el regreso del pasado.

Como en todos los apocalipsis, el acontecimiento en sí mismo no tendrá lugar. Pero, al hacer de un punto en el tiempo un momento de reflexión simultánea sobre las promesas y los riesgos de nuestro modelo de desarrollo tecnológico, puede liberar fuerzas capaces de transformar la sociedad.

  1. Palabra inglesa que designa una falla en un programa informático, que lo lleva a funcionar con anomalías.
  2. Derivada del nombre de Gordon Moore, co-fundador del fabricante de microprocesadores Intel, y formulada en 1965.
  3. USA Today, Arlington, 27/29-11-98.
  4. Caperso Jones, "The Global Impact of the Year 2000 Software problem" . Software Productivity Research. Burlington, 23-1-97.ftp://ftp.spr.com/articles/y2k52.pdf
  5. Declan McCullagh, "Bankers: Prepared for a Panic? ", Wired News, San Francisco, 3-12-98. http://www.wired.com/news/news/business/story/16618.html
  6. B. J. Feder, "Group Rethinks Publicly Rating 30 Nations´ Year 2000 Readiness" , The New York Times, New York, 27-1-99.
  7. En "Microsoft Releases Year 2000 Product Ratings" , ZDNet (San Francisco), 15-4-98, M. J. Foley reseña que sólo un tercio del software de Microsoft estaba exento de este bug. En Internet:: http://www.zdnet.com/sr/breaking/980413/980415a.html
Autor/es Ted Byfield
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 3 - Septiembre 1999
Páginas:24
Temas Tecnologías
Países Estados Unidos