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Recuadros:

Autopistas que no son tales

Algo huele mal en las rutas argentinas: autopistas que no merecen ese nombre, servicios casi inexistentes, peligro para conductores y peatones. Los ciudadanos comienzan a quejarse, pero ningún viento parece soplar para revertir la estafa y el fraude imperantes.

En Francia, los ciudadanos también se quejan de las altas tarifas, pero al menos pagan por auténticas autopistas. Para ir de París a Burdeos (650 km.) pagan 43 pesos; a Deauville (200 km) 15 pesos; a Ginebra (550 km) 37 pesos; a Marsella (1.000 km) 45,5 pesos. Sin mencionar que quien circula por territorio galo tiene siempre la alternativa de usar gratuitamente rutas nacionales o provinciales en excelente estado. Pero esto no ocurre en la privatizada red vial argentina. Cuando no parecen directamente importados del Beirut de los "80 o del Sarajevo de los ´90, los caminos alternativos para Pilar, Escobar o Campana están atiborrados de lomos de burro en su mayor parte inexplicables y resultan más aptos para que el conductor deje allí sus nervios, su tiempo y parte de su auto para llegar a destino… a menos que acceda a pagar la tarifa estipulada por el monopolio del peaje.1

En Alemania, el peaje en las autobahn está prohibido por ley. En Australia (¿la Argentina que no fue?), el ministerio de Transporte y Servicios Regionales asegura que todas las obras se liciten. La mayoría de ellas son financiadas con fondos de los gobiernos municipales, estaduales y/o federales. El peaje se aplica sólo en los accesos urbanos donde el nivel de tráfico lo justifica, por ejemplo en la entrada a Sidney desde Canberra. El cálculo del costo de los caminos entre ciudades (interurbanos) se hace mediante el shadow tolling: el gobierno (municipal, estadual y/o federal) paga la obra al contratista de manera proporcional al tráfico que registra.

La ley nacional de tránsito argentina Nº 24.449 define en su artículo 5 que una autopista "es una vía multicarril sin cruces a nivel con otra calle o ferrocarril, con calzadas separadas físicamente y con limitación de ingreso directo desde los predios frentistas lindantes; una semiautopista es un camino similar a la autopista pero con cruces a nivel con otra calle o ferrocarril; la banquina es la zona de la vía contigua a una calzada pavimentada, de un ancho de hasta tres metros, si no está delimitada". En síntesis: una verdadera autopista debe contar con calzadas divididas que separen los vehículos que circulan en direcciones opuestas, tener los cruces a distinto nivel y carecer de curvas peligrosas, además de banquinas amplias en todo el trayecto, teléfonos de socorro y áreas de descanso arboladas y equipadas cada tantos kilómetros, entre otras exigencias.

Ergo: en Argentina las autopistas son un recurso escaso, si no inexistente. No así los peajes, que se aplican a través de la ley 17.520 en rutas nacionales entregadas en concesión a consorcios privados. En 1990, el entonces ministro de Obras y Servicios Públicos, Roberto Dromi, renegoció los contratos y concedió en peaje 9.000 km de rutas nacionales a un grupo de empresas constructoras.

Cualquier obra pública es presentada ante los ciudadanos como "inversión de riesgo", sobre todo si se trata de justificar su privatización. Pero cuando, como en el caso de las rutas, la comprobación es tan flagrante como que "en 31 años de vigencia de la ley del peaje no se construyeron obras nuevas por este sistema, salvo en la región metropolitana o con fuertes subsidios"2 la pregunta estalla: ¿cuán riesgoso es ese riesgo? y además ¿a dónde va el dinero desembolsado en todas y cada una de las argentinas cabinas de peaje?

El precio de la ruta

Buenos Aires, esquina de Austria y Juncal. Los 30 pesos que semanas atrás llenaban el tanque de un coche mediano ya no bastan. En la Argentina productora de petróleo y orgullosa de su bajo índice inflacionario, los combustibles subieron un 30% en seis meses. La costa atlántica es el destino elegido. Salida por la semiautopista Buenos Aires-La Plata que, valga la precisión, no llega a la capital provincial sino a sus afueras. Inmerso en el eterno karma del ciudadano argentino de conformarse con lo "posible" en lugar de convivir con lo "debido", el memorioso conductor recuerda, ya en la autovía, los arduos tiempos en que debía armarse de paciencia y coraje para transitar por el acceso sudeste; traga saliva, busca cambio en sus bolsillos y se apresta a pagar los dos peajes de 1,90 pesos que lo separan de la rotonda Gutiérrez, antes de La Plata. Según los tramos, la ruta consta de 4, 3 o 2 vías y una discontinua banquina. Un cartel anuncia : "a 300 metros, área de servicios". En realidad se trata de una estación de servicio dotada de su respectivo convenience store. Las áreas de descanso públicas, dotadas de bancos, árboles y baños gratuitos -que no tienen relación costo/beneficio alguna- no existen.

A 1000 metros del peaje final otro cartel para alertar sobre el "ingreso de camiones" (¡!). Luego, el conductor accede a un curioso tramo de transición hacia la "nueva" ruta 2. Un híbrido, un camino en regular estado por el cual además de los autos transitan ciclomotores con conductores sin casco, humeantes autobuses en penoso estado, ciclistas flirteando peligrosamente con autos que al menos cuatriplican su velocidad y peatones huérfanos de cruces a su medida que deben calcular con la mayor precisión el momento justo para llegar a destino sanos y salvos. De pronto, un cartel impone reducir la velocidad a 40 km/hora porque a la altura de "El Pato", en el km 39, ¡hay una escuela!3

Metros más adelante comienza la concesión de la ruta 2 otorgada a la empresa Covisur. No se observan drásticas diferencias con el reciente recorrido, salvo el comienzo de peligrosos retornos4, un pasto mejor cortado y poco más. De iluminación nocturna ni hablar. En el primer peaje de la ruta 2 se abonan 9 pesos. Por esa suma seguramente se puede acceder a baños dignos. ¿Los hay? "En esta mano, no. Enfrente, o bien a un kilómetro de aquí, en el ACA (Automóvil Club Argentino)", contesta la persona encargada de cobrar. Hasta aquí, son 115 los kilómetros recorridos y ningún puente peatonal a la vista. La autovía 2 mantiene cruces a nivel y atraviesa impunemente pueblos y ciudades (tiene doce cruces urbanos), obligando al conductor a frenar violentamente su marcha y a los lugareños a arriesgar su físico y hasta su vida cada vez que intentan cruzar la ruta. En el cruce de Chascomús, el promedio de velocidad de los autos oscila entre 130 y 140 km/h. No hay puentes peatonales. Uno de los accidentes más lamentables allí ocurridos lo sufrió un niño, Adrián Mansilla, que terminó con una pierna amputada5. Sin embargo, Covisur no olvidó construir una estación Shell, en medio de la ruta ni una YPF en Dolores que, gracias al ingreso de vehículos por las dos calzadas, logran una mayor recaudación. La disposición central de estas estaciones es extremadamente peligrosa, porque al salir de allí irremediablemente los vehículos ingresan de lleno en la vía rápida.

A principios de 1999 y durante el feriado de semana santa los lugareños protestaron, reclamaron por su seguridad y por su economía. Se sienten atrincherados. Como lo explica la moza del bar "Marijó" de Castelli, "la gente viaja mucho a La Plata y a Maipú, por comercio, para ir a los hospitales… Antes que por el puente, reclamaban la rebaja o la anulación de las tarifas". Desde el 10-1-97 en el peaje de Conesa de la ruta 11 los camiones pagan entre 12 y 16 pesos. En la ruta 2 abonan 18, 21 o 35 según su tamaño. ¿Alguien calculó el impacto económico de semejantes tarifas?

El Centro Argentino de Ingenieros Agrónomos (Cadia), considera ilegales los peajes de las rutas 2 y 11, porque "afectan directamente a sus socios, al sector productivo y a la sociedad en su conjunto". Para ellos el punto crucial es el inciso a del artículo segundo de la ley provincial 9254. Este indica que "el nivel medio de las tarifas no podrá exceder el valor económico medio del servicio ofrecido", es decir el beneficio económico que reciben los usuarios como resultado de las mejoras realizadas por el concesionario. La ley dispone que la tarifa de peaje establecida debe ser menor que el beneficio económico del usuario. Según Ricardo Lasca, director de Cadia, "cuanto menos se lleve la tarifa del peaje del beneficio del usuario, más se reducirá el costo del transporte. Esto permitirá bajar el precio correspondiente, el valor de los fletes del transporte de cargas y los pasajes del transporte de personas (…) la tarifa de peaje, que debe ser una contraprestación, es decir un pago por un ahorro recibido, en realidad ahora actúa como un impuesto. (…) Antes, la relación era de un peso cada 100 kilómetros; hoy es de 1,89 promedio por la misma cantidad de kilómetros, y a veces supera los dos y tres pesos6.

Una frustración y un engaño

En el recorrido programado, el destino es Pinamar. En caso de seguir a Mar del Plata, se deberían abonar 5 pesos adicionales en Maipú; en total 14 pesos por 400 km. Una vez en Dolores, se toma la ruta provincial 63, seguida de la 11, donde se paga un peaje de 8 pesos; luego la 56. Nada sorpresivo, pero sí escandaloso: la ruta 11 no tiene banquina en varios tramos, ni señalización adecuada, ni iluminación. La concesionaria de la 11 desde septiembre de 1990 es Caminos del Atlántico. Recién el 30-12-99 inauguró unos pocos kilómetros de doble calzada. Una regla de oro del sistema de peaje reza que a lo sumo (nótese bien: a lo sumo) lo que se cobra al usuario por transitar una ruta debe ser equivalente al ahorro que significa para éste optar por el camino arancelado. Por ahorro se entiende ganancia de tiempo, garantía de mayor seguridad, rapidez en el tránsito (que debe fluir sin interrupciones), menor gasto de combustible y otros insumos del auto, menor uso de frenos etc.

El 15 de marzo pasado, el gobierno nacional anunció una rebaja de 8% en los peajes en las rutas 3, 5, 7, 8, 9, 11, 33, 34, 36, 38, 193, 205, 252, A-005, A-009 y A-012. Esta reducción sabe a un demagógico e ínfimo ajuste. Consultado acerca de por qué no se modificarán los peajes en la ruta 2, el flamante ministro de Infraestructura y Vivienda, Nicolás Gallo, encontró una increíble explicación. Previa aclaración de que es una ruta provincial, afirmó: "esa autovía está dedicada principalmente al turismo y no a la producción"7. Esta explicación, además de absurda, es ofensiva ¿Acaso los habitantes de todas las ciudades y pueblos lindantes con la ruta 2 son turistas? ¿No se trata de hecho de una de las grandes zonas productivas del país? ¿Y aquellos cuyo ingreso depende del turismo?

Posturas como ésta explican por qué a lo largo de cientos de kilómetros argentinos de negro y no siempre homogéneo asfalto, aleatorias banquinas e iluminación, escasos si no inexistentes teléfonos de auxilio y escatimada señalización, el capitalismo ha mutado en una versión alucinante: el usuario financia al capitalista. ¿Degeneración o absurda panacea? En todo caso, concretísima realidad, como la ley 11.430 que determina que "la presencia de animales debe ser denunciada ante las autoridades municipales o policiales". ¿No debería ser tarea del concesionario asegurar que ningún animal no alado ponga en peligro la vida de los conductores y sus acompañantes? ¿No cobran por brindar justamente ese tipo de servicios?

El argumento del costo, esgrimido por las empresas, no es válido. Según un estudio de una comisión especial de la Cámara de Diputados, entre 1990 y 1997 el índice de rentabilidad promedio de las concesionarias (medida de la relación entre ganancias y capital propio), ha sido del 26,4% anual, cuando otras empresas de servicios públicos, han obtenido 10,7% (telefónicas), 12,2% (gasíferas) y 4,5% (enérgéticas), índices ya considerables8.

Todo el viaje, una metáfora de la Argentina actual, genera indignación: pagar, conformarse, comprobar que la queja no trasciende, resignarse con lo que se da y verificar las promesas incumplidas, la desvergonzada estafa. Durante el fin de semana del 9-10-99, unos experimentados ladrones se llevaron la recaudación del peaje de Conesa en la provincia de Buenos Aires (unos 650.000 dólares), horas antes de que el ex Ministro de Seguridad, Carlos Soria, inaugurara la garita de la policía. Más allá del incidente, en el que afortunadamente no hubo víctimas, más de un ciudadano vivió el episodio con un sabor de revancha. "Que vean cómo se siente ser estafados" fue la reflexión de mucha gente que sólo pretende reglas de juego claras, libres de corrupción. El pacto social de cualquier República que se precie.

  1. El sistema de peaje está difundido en Francia, España e Italia, pero sólo un tercio de la red se costea por este sistema. Guillermo Laura, 10.000 kilómetros de autopistas por 10 centavos, Ed. Realidad Argentina, Buenos Aires, 1999.
  2. Guillermo Laura, op. cit.
  3. "Según la policía de la provinica de Buenos Aires, si ellos exigieran a rajatabla en la ruta 2 bajar la velocidad a 40 km/h en cada una de las doce zonas urbanas, habría muchos accidentes de cola". En G. Laura, op cit.
  4. A las 23.30 hs del 20-12-99, un camión con acoplado opta por girar en un retorno a la altura de Chascomús. Inevitablemente, el vehículo ingresa por la vía rápida por la que transitaba un Renault 19 que fue obligado a cambiar raudamente de mano. El modo en que está diseñada la autovía obliga en permanencia a quebrantar las reglas del tránsito. En una verdadera autovía no existen cruces ni retornos al mismo nivel.
  5. "La ruta 2 tuvo ya un anticipo del caos vehicular de Semana Santa", La Nación, Buenos Aires, 1-4-99.
  6. Luis Moreiro, "Denuncian la ilegalidad de la tarifa", La Nación, Buenos Aires, 1-3-99.
  7. Radio Mitre, informativo de las 13 hs, 7-01-2000.
  8. "Una rebaja utópica", Página 12, Buenos Aires, 6-1-00.

¿Por qué se paga?

La que los argentinos llaman "la Panamericana", aunque no figura así en ningún cartel de señalización, se parece bastante a una autopista (5 vías rápidas, colectoras, puentes, teléfonos de auxilio…). El cliente paga 1,40 o 1,50 pesos por recorrer una obra edificada sobre el cadáver de la anterior. No es nueva, sino mejorada. Así, por ir a Boulogne (a 23 km de la capital) ab1ona 1,40 pesos; a Escobar (43 km); Pilar (60 km) o a Campana (70 km) apenas 10 centavos más. Luego de 12 prolijos kilómetros por la Panamericana, ingresamos al Camino Parque del Buen Ayre, para ver por qué tipo de servicio los ciudadanos pagan 2 pesos. Son tres vías, más una banquina. Al llegar a las cabinas de peajes en dirección al acceso oeste, no hay baños. Se encuentran en la mano de enfrente. Mejor entonces administar bien la fisiología, a menos de correr el riesgo de ser atropellado, en plena urgencia, por algún vehículo. En el acceso Oeste seguramente habrá baños. Error: el peaje brilla al sol (un puesto manual y otro automático), pero los baños no existen. Previo desembolso de 1,50 pesos se puede transitar por alguno de los tres carriles que poco después, a la altura de Moreno, se reducen a dos, sin banquina. Esta última reaparece en la otra calzada, dirección Buenos Aires. Ocurre que es vital para la facturación. Lo dice un cartel propio del subdesarrollo (aunque tarifado): "los días feriados y domingos la banquina está habilitada". En nombre de la recaudación se infringen las reglas, apelando a la única manera de agilizar el tránsito frenado por las cabinas de cobro. En los días de semana, son frecuentes las colas, pero por otra razón: como el tránsito es menor… hay menos empleados y menos pasos habilitados.

El acceso oeste, por el cual se pagan 3 pesos (1,50 al ingresar y 1,50 al salir) carece de áreas de descanso y de banquinas en varios tramos, aunque existen carteles que rezan "Prohibido transitar por banquinas"… En cambio es generoso en carteles indicando números de teléfono para pedir auxilio mecánico, pero no en cabinas: al parecer se estima que sólo merecen ayuda aquellos que pueden pedir auxilio desde su celular. Allí termina la concesión y comienza la de la ruta 7, un clásico panorama rutero argentino: una sola calzada de doble mano, cuyo primer destino es la ciudad de San Andrés de Giles, a 33 km, para poder ingresar a la cual hay que abonar 3,60 pesos2

Y a seguir pagando… Las ocasiones sobran. Por ejemplo, una de las autopistas más caras del mundo, en relación precio/km, es sin duda la cortísima Arturo Illia (1 peso por 4,5 km dirección Zona Norte-Av. 9 de julio) que desde el norte desemboca en la avenida 9 de julio. Otro caso es la ruta 3: por ejemplo para llegar a San Miguel del Monte se abona en Cañuelas ¡4,40 pesos por 35 km!

  1. Con el sistema PASE se paga 1,10 pesos. Para lograr tamaño beneficio el usuario deberá desembolsar previamente 35 pesos para contar en su auto con el dispositivo que permita el paso automático.
  2. Entre 1990 y mediados de 1998, las tarifas de los peajes aumentaron 69,3% en promedio, aunque en algunos casos, como las rutas 12 y 16 (atraviesan Corrientes, Chaco y Misiones), los incrementos llegaron al 100% ; "Una rebaja utópica", Página 12, Buenos Aires, 6-1-00.


Autor/es Carol Abousleiman
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 10 - Abril 2000
Páginas:26, 27
Temas Privatizaciones
Países Argentina, Australia, Alemania (ex RDA y RFA), Austria, España, Francia, Italia