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Las Vegas, "ciudad del pecado"

Juegos de azar y prostíbulos legales, facilidades extremas para casarse y para divorciarse, dieron a Las Vegas su reputación pecaminosa desde 1931. Tradicionalmente controlada por el hampa, en los últimos 15 años multiplicó y amplió su clientela turística mediante la implantación de cadenas de hoteles casino a todo lujo. El intendente Oscar Goodman, elegido en 1999, hizo su carrera como abogado de las familias del crimen organizado.

Las Vegas, ciudad que se autodefine como "fabulosa" en el cartel luminoso que desea la bienvenida a sus treinta y tres millones de visitantes anuales, experimenta un crecimiento espectacular. Su población aumentó en un 50% en el transcurso de la última década. Una ola sin precedentes de creación de empleos acompañó, en efecto, la última mutación de la capital mundial de la diversión, que cuenta con 1.300.000 habitantes.

El azar llevó en 1829 a un viajero llamado Rafael Rivera a descubrir, en medio del inmenso desierto de Nevada, un oasis al que dio el nombre de Las Egas (los prados). En las décadas subsiguientes, la región fue una escala en el camino de los pioneros en busca de yacimientos mineros, y un refugio para los mormones1. A fines del siglo XIX, la elección de Las Vegas como punto de paso de la vía férrea que une las dos costas de Estados Unidos impidió que a la joven ciudad le tocara la misma suerte que a las ciudades fantasmas de la región.

Las Vegas debe su reputación de "ciudad del pecado" (sin city) a la legislación permisiva que introdujo el estado de Nevada en materia de juego, prostitución y divorcio. En efecto, desde 1931, mientras que en el puritano Estados Unidos seguían prohibidos, se legalizaron allí los juegos por dinero. En cuanto a las "casas cerradas", operan libremente en trece de los diecisiete condados del Estado2.

Y las facilidades para el divorcio hacen de Las Vegas la capital de las uniones y separaciones instantáneas. En una u otra de las doscientas cincuenta "capillas de casamiento" (incluidas las drive in, donde uno puede casarse sin salir del auto), pastor, testigos, músicos, e incluso -especialidad del terruño- sosías de Elvis, están permanentemente a disposición. Cada cinco minutos, promedio, se celebra un casamiento; cada cuarenta y cinco minutos se pronuncia un divorcio.

La construcción del hotel Flamingo por el gangster Benjamin "Bugsy" Siegel en 1946 fue el punto de partida de Las Vegas moderna3. Controlada por el hampa e inmortalizada por Hollywood, la ciudad pasó a ser leyenda y se convirtió en símbolo del glamour estadounidense, el lugar de los espectáculos y andanzas de estrellas como Frank Sinatra o Elvis Presley.

A partir de los años ´60, el estado de Nevada, preocupado por dar nuevo lustre a su blasón, declaró la guerra a la mafia. En un gesto célebre, el departamento de control de juegos impidió que Frank Sinatra -sospechoso de vinculaciones con el mundo del crimen organizado- comprara un casino. Otros inversionistas -en especial la cadena de hoteles Hilton, así como el excéntrico multimillonario Howard Hughes- hicieron su entrada en masa. La mafia, debilitada desde entonces, está lejos de haber sido eliminada. Oscar Goodman, intendente electo de Las Vegas en 1999, hizo su carrera y su fortuna como abogado de las "familias" del crimen organizado.

Si es cierto que la ciudad cultiva sistemáticamente, desde su creación, la imagen de un auténtico Far West poblado por rudos pioneros, también debe su prosperidad al gobierno de Estados Unidos. La construcción de la muy cercana represa hidroeléctrica Hoover Dam, uno de los proyectos más espectaculares del New Deal, transformó hondamente al sudoeste estadounidense. El dominio de las aguas del río Colorado permitió impedir la sequía -física y financiera- de Las Vegas. El Mead, creado en la huella del mismo proyecto, es el lago artificial más grande del país y alimenta las gigantescas fuentes, piletas y otros proyectos acuáticos que abundan en el desierto de Nevada.

Este Estado extenso y poco poblado se nutre generosamente del presupuesto militar del Ministerio de Defensa: desde la base de Nellis hasta las vastas zonas de maniobras militares, pasando por la misteriosa "área 51", cuyo acceso está vedado y nutre los fantasmas de los amantes de la serie televisiva "Expedientes X", la presencia del ejército se hace sentir apenas uno se aleja de los accesos a la ciudad. Incluso el aeropuerto internacional de Las Vegas -decimotercero a nivel mundial y séptimo de Estados Unidos por el número de pasajeros- fue construido en 1926 para cubrir las necesidades del ejército.

Desde fines de los años ´70, empezó a desmoronarse el rol casi monopólico de la ciudad en materia de juego. En 1978, la ciudad de Atlantic City, en el estado de New Jersey, autorizó los juegos por dinero. Diez años después, una ley federal permitió a las reservas de indios fundar casinos. Esta evolución vino a sumarse a los efectos de la recesión económica de los años 1979-1982, por lo que Las Vegas decidió diversificar sus fuentes de ingresos.

En 1984, la ciudad consigue convencer al Citybank, primer banco del país, de que establezca allí uno de sus principales centros de cómputos. Para lo cual hubo que modificar primero la legislación, con vistas a permitir abrir filiales a bancos establecidos en otros Estados del país. Y para no inquietar a sus clientes el banco, que cuenta con 1700 empleados, consiguió que en la dirección postal del establecimiento no se mencionara el sulfuroso Las Vegas, sino el idílico "The Lakes, Nevada".

También otras empresas establecieron allí sus departamentos informáticos o de servicio a los clientes. Es que la implantación en Nevada ofrece múltiples ventajas: ausencia de impuestos, clima permisivo, abundancia de mano de obra, bajo costo de vida y, sobre todo, la "mentalidad 24/7"4. En una ciudad que está abierta las veinticuatro horas del día los siete días de la semana, los empleados tienden a mostrarse "flexibles" en extremo. En una ciudad que no duerme nunca y donde los relojes no existen, nadie se resiste a trabajar de noche ni a hacer horas extras. Pocas son las empresas que tienen un horario de cierre y los empleados se definen ante todo en función de sus horarios de trabajo: daytime shift (desde mediodía hasta las 8 de la tarde), swingshift (desde las 8 de la tarde hasta las 4 de la mañana), o graveyard shift (literalmente, turno de cementerio, desde las 4 de la mañana hasta el mediodía).

El 22 de noviembre de 1989, fecha de inauguración del gigantesco hotel Mirage, con 3.044 habitaciones, el primer hotel-casino que ve la luz del día en catorce años, marcó el puntapié inicial de una nueva era. La apuesta del agente Steve Wynn, financiado por los junk bonds (bonos basura) emitidos por su acólito Michael Milken5, resultó fructífera. La filosofía del agente era la que sigue: Las Vegas debe ofrecer toda clase de distracciones y servicios, incluidas las capillas de casamiento, con el fin de incitar a sus clientes a pasar allí el mejor momento de sus vidas6. Otra innovación: a la entrada del hotel, hay un volcán que entra en erupción cada media hora y cuyo objeto es seducir a los niños de todas las edades.

En la década siguiente se transformó el Strip, arteria principal de la ciudad, que se extiende alrededor de cinco kilómetros, pues la fórmula del Mirage sirvió de modelo a otros "mega-hoteles temáticos". Desde el Mandalay Bay (3.300 habitaciones), donde se pretende recrear un paraíso tropical, con su laguna, su pileta con olas y su playa de arena, al faraónico Luxor (4.427 habitaciones), pasando por el impactante MGM Grand (5.005 habitaciones), que reivindica el título de hotel más grande del mundo, o el París-Las Vegas (2.916 habitaciones y 295 suites), homenaje de la ciudad de neón a la Ciudad Luz, los grandes grupos hoteleros supieron condensar la historia y la geografía, insertando al mismo tiempo una generosa dosis de mitología.

El París-Las Vegas, por ejemplo, (valuado en 790 millones de dólares), inaugurado en septiembre de 1999, ofrece un condensado de una Francia revisitada y corregida por Hollywood. El vocabulario francés de los 4.000 empleados del hotel (a quienes se llama "ciudadanos", como en los buenos tiempos de la Revolución) se reduce a la palabra Bonjour, que usan en toda ocasión. Los más osados llegan a agregar un aproximativo comment ça va?. Agentes de policía con quepis, acordeonistas y un repartidor de baguettes encaramado a un triciclo rojo deambulan bajo un falso cielo desapacible. Los carteles señalan le car rental o les show tickets. Las reproducciones "auténticas" no son menos impresionantes: una media torre Eiffel de 164 metros de alto (desde cuya cúspide se puede observar Las Vegas), dos tercios de Arco de Triunfo, el Hotel de Ville, la Opera, el Puente Alejandro III, etc.

De modo que en pocas horas y sin dejar Las Vegas, se puede visitar la corte del rey Arturo y sus caballeros de la Tabla Redonda, deambular por un Foro romano, "conocer" París, Nueva York o Montecarlo, e incluso surcar en una góndola -conducida por un gondolero que canta y luce un pañuelo rojo, camisa marinera roja y sombrero de paja- las aguas del gran canal de Venecia. En el programa figuran además números de circo, montañas rusas y entretenimientos de todo tipo. A la noche, se puede elegir entre una batalla entre el hechicero Merlín y un dragón, una batalla naval, el abordaje de un barco por piratas. El gigantismo, la variedad y la orgía de efectos especiales que asaltan simultáneamente todos los sentidos permitieron a la ciudad recuperar su lugar de capital mundial de la diversión.

Este new look vino acompañado por un amplio emprendimiento de "limpieza". Hay que ir al barrio viejo de la ciudad (downtown) para encontrar el ambiente de otros tiempos, el de una ciudad osada cuyos decorados recuerdan la avalancha en busca del oro. En cuanto al Las Vegas de los habitantes autóctonos, sórdido y minado por problemas sociales tales como el suicidio o el alcoholismo, se mantiene fuera del campo de visión de los turistas7. Continúa sin embargo la afluencia de residentes, estimulada por las 50.000 nuevas habitaciones de hotel que se sumaron en diez años, que hizo de Las Vegas la irrefutable capital de los grandes salones y las conferencias. Entre ellos el Comdex (salón de la microinformática) o el Consumer Electronics Show (gran misa de la electrónica para el gran público) que se llevan a cabo anualmente, llenando los hoteles de la ciudad.

Todos los juegos

Pese a la diversificación económica, el juego en todas sus formas sigue constituyendo la principal fuente de ganancias. Cada uno de los treinta y tres millones de visitantes anuales deja un promedio de 500 dólares en las mesas de juego. Los hoteles y casinos compiten en imaginación para despojar de sus economías a los visitantes. Las máquinas tragamonedas (familiarmente llamadas one-armed bandits, bandidos mancos) están en todas partes, salvo en los hospitales y las escuelas. Y tanto en el aeropuerto como en las estaciones de servicio, se trata de alimentar la ilusión de que el jackpot está al alcance de la mano. En las habitaciones de hotel, una cadena de televisión explica los rudimentos de los numerosos juegos que el establecimiento ofrece -black jack (o 21), ruleta, dados, baccarat, keno, etc.- seduciendo con la posibilidad de obtener ganancias fabulosas. Todos los eventos deportivos proporcionan la ocasión para levantar apuestas, administradas por los casinos. Para entrar a los restaurantes o a las salas de espectáculos, hay que atravesar la obligada sala de juegos.

Pero Estados Unidos es pleitero y para prevenirse contra la acusación de alentar el crimen, los casinos toman sus precauciones: los carteles publicitarios que alaban los méritos de tal o cual juego, contienen, como en el caso del alcohol o el tabaco, la advertencia (apenas legible) de que el exceso de juego puede traer consecuencias nefastas. Y en cada retiro de fondos, el ticket emitido por la máquina expendedora de billetes invita a los "jugadores compulsivos" a consultar a un psiquiatra.

No es de extrañar que una economía tan particular posea sus propias reglas. En el reino del artificio, la verdad de los precios nunca corre. Las tarifas más que razonables de los hoteles, restaurantes y centros de atracciones están destinadas a atraer al parroquiano. Los establecimientos se desquitan ampliamente gracias a las ganancias que sus mesas de juego les procuran. Una de las palabras más utilizadas es "comp", abreviatura de complimentary: como en los tiempos de la mafia, algunos clientes consiguen alojamiento y comida gratis. Cuando los montos de las apuestas son considerables, el alcohol corre por cuenta de la casa, lo que ofrece la doble ventaja de mantener a los apostadores en su mesa de juego y de oscurecerles el entendimiento.

Los jugadores chicos reciben el bombardeo de pequeñas rebajas y "ofertas especiales", pero son sobre todo los high rollers, los que juegan altas sumas quienes, una vez verificada su solvencia, reciben toda clase de atenciones. Los regalos (bebidas, comidas, habitaciones o suites gratuitas, viajes) están a la medida de las sumas que pueden llegar a perder. Los personajes con portafolios hipertrofiados reciben un tratamiento VIP (very important personality): recepcionistas, salas a las que no puede acceder el común de los mortales. Por otra parte, el personal es siempre solícito y hasta obsecuente, dado que -en una ciudad donde la mayoría de los asalariados recibe el salario mínimo- depende sobre todo de las propinas.

Más allá de los muros de los hoteles-casinos, Las Vegas parece una gran obra en construcción permanente. Renovación, liftings y nuevos edificios están continuamente a la orden del día. La "destrucción creadora" a lo Schumpeter adquiere allí un sentido literal. Hoteles relativamente recientes, pero que no obstante forman parte de la mitología del show business, son arrasados sin miramientos para ser reemplazados por otros más grandes, más lujosos y mejor adaptados al momento actual. Es así como el Bellagio sustituyó al Dunes, el Venetian al Sands, o el Mandalay Bay al Hacienda. Más aún, en un mundo donde el "marketing de acontecimientos" sabe sacar provecho de todo, el dinamitado de los grandes hoteles constituye en sí mismo un soberbio espectáculo de fuegos artificiales que atrae su propia cosecha de turistas.

El benjamín de los hoteles de Steve Wynn marca el punto culminante de la carrera del hombre que supo ser el más poderoso de Las Vegas, pero también el inicio del derrumbe de su imperio. El Bellagio, que toma su nombre del pueblo italiano situado a orillas del lago de Como, costó la bagatela de 1.600 millones de dólares y actualmente tiene 8.000 empleados. El hotel representa una nueva etapa en el desarrollo de los hoteles-casinos temáticos: sin luces de neón, sin niños, un lujo inaudito. Los restaurantes y boutiques son los más elegantes del Strip.

Una "galería de arte" anuncia, en el más puro estilo de Las Vegas: "Now appearing: van Gogh, Monet, Cezanne and Picasso". Por doce dólares, se puede visitar la habitación exclusiva que alberga el museo privado del agente. Pero el imperio Wynn se desploma bajo el peso de la deuda, y los principales accionistas de la sociedad Mirage Resorts acusaron al agente por abuso de bienes sociales y mala gestión. Hace algunos meses, Wynn tuvo que renunciar a su puesto de presidente, y vender sus partes al gigante MGM. Una gran batalla bursátil está en curso.

  1. Secta cristiana rigorista fundada en el siglo XIX en Estados Unidos. Perseguida durante mucho tiempo, fundamentalmente por sutradición de poligamia, hoy en día abolida, la iglesia mormona tiene su base en Salt Lake City, "tierra prometida" situada en el vecino Utah. Una importante comunidad mormona sigue viviendo en el estado de Nevada. Aunque la secta prohíbe tanto el alcohol como el juego, sus interesesfinancieros -de consideración- incluyen casinos y cadenas hoteleras.
  2. El condado de Clark, sitio donde se encuentra la ciudad de Las Vegas, es uno de los que en teoría prohiben la prostitución.Sin embargo, hay "casas cerradas" (cat houses) muy cerca, en el condado de Nye.
  3. Siegel fue asesinado en 1947. El film Bugsy de y con Warren Beatty cuenta la vida del gangster y la génesis de la moderna Las Vegas. Casino, película de Martin Scorsese presenta magistralmente el reino de la mafia. Oscar Goodman, el actual intendente de la ciudad, representa e lrol que ejercía en ese tiempo: el de abogado del hampa.
  4. Andrés Martínez, 24/7: Living It Up and Doubling Down in the New Las Vegas, Villard Books, Nueva York,1999.
  5. Véase "Michael Milken, ange et martyr", Le Monde diplomatique, París, 8-1993.
  6. Pete Earley, Super Casino: Inside the New Las Vegas, Bantam, New York, 2000.
  7. David Littlejohn (bajo la dirección de), The Real Las Vegas: Life Beyond the Strip, Oxford University Press,1999.
Autor/es Ibrahim Warde
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 14 - Agosto 2000
Páginas:30, 31
Traducción Patricia Minarrieta
Temas Corrupción, Consumo, Prostitución
Países Estados Unidos, Francia