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La ciencia ficción, reflejo del mundo actual

Frente a una "gran literatura" frívola e incapaz de comprender los cambios y procedimientos que conlleva la evolución del capitalismo moderno, la ciencia ficción se presenta, según el autor, como la única forma literaria capaz de desentrañar los misteriosos mecanismos que rigen la vida cotidiana de los hombres.

La mundialización de la economía, el rol hegemónico de la informática, el poder de una economía inmaterial, las nuevas formas de autoritarismo ligadas al control de la comunicación, todos estos temas parecen dejar indiferentes, al menos en Europa, a los escritores de la "gran literatura". En la mayoría de sus novelas, el mundo aparece inmutable. Prevalecen las historias intimistas que podrían haber ocurrido hace 50 años, o podrían producirse dentro de 50 años… Amores, pasiones y traiciones perpetúan su consumación bajo una luz tamizada, en un mundo de colores pálidos y fragancias de polvo y talco. Ciertamente hay excepciones, pero casi siempre el marco general es inmoderadamente "minimalista".

El estilo insulso, exangüe, es considerado realista. Detenta la verdad hasta el punto de convertirse en la única forma de literatura noble. Poco importa si el autor, que no tiene tiempo para perder, teclea su texto en computadora y lo envía por correo electrónico. Poco importa que el tiempo de impresión se haya reducido a más de la mitad gracias a la nueva tecnología. Esas innovaciones vulgares no se reflejan en el relato, bajo pena de contaminarlo y reducir su carga sublime. La prosa "realista" se sitúa fuera del tiempo; aquella que se mantuviese anclada sólo sería de pacotilla.

Ciertamente la literatura "noble" arrastra tras sí su antítesis, la novela negra. En ésta, la calle, el conflicto, lo urbano, lo social, juegan un rol importante. En cambio no aparecen, salvo excepciones, las estructuras planetarias del sistema, las evoluciones históricas, las mutaciones psicológicas y de comportamiento que el desarrollo tecnológico genera. Los acontecimientos se reducen al conflicto entre algunos individuos movidos por pasiones eternas: odio, venganza, amor, sed de justicia. El "maximalismo" del marco se disuelve en el "minimalismo" del tratamiento; policía corrupto o dudoso u honesto contra criminal honesto o dudoso o corrupto. No siempre, pero muy seguido. El sistema, sin embargo, es cuestionado en su conjunto. Se trata, en verdad, de un "minimalismo" más amplio o de un "maximalismo" reducido. Dos pasos hacia adelante y uno hacia atrás.

Más que nunca, el sistema ha sido diluido a escala continental y el control sobre las vidas individuales se halla en manos de un poder anónimo y lejano. Un vertiginoso volumen de intercambios decide, en el espacio de una jornada, sobre centenares de miles de existencias: cierra una fábrica en Francia, estalla una rebelión en Indonesia, una empresa italiana traslada su producción a Albania, un aventurero gana millones de dólares en Australia y los pierde en España al día siguiente; todo esto escoltado por millones de dramas que nadie se ocupa de registrar… ¿Queremos saber quién está en el origen de tantas tragedias? Se descubre que se trata de accionistas inconscientes que han confiado sus ahorros a un administrador de fondos. Este último, también, es parcialmente inconsciente: sólo conoce el mercado.

Ahora bien, el mercado no es un ente físico, es un conjunto de equilibrios regidos por normas. ¿Quienes han impuesto esas normas? Los gobiernos. Pero también los gobiernos son inconscientes, al menos en parte: toman decisiones de acuerdo con otros gobiernos, condicionados a su vez por gobiernos más poderosos. ¿A quienes obedecen estos últimos? En teoría, al mercado, en realidad, a nadie…

A esta altura, el desempleado ya sabe a quién agradecer. O quizás no lo sabe. Nadie lo sabe.

Mientras que la "gran literatura" se complace en ignorar todo esto, la literatura de "baja categoría" hizo de la actualidad su objeto predilecto. Aludo a la ciencia ficción. No a toda la ciencia ficción, porque en este terreno abunda la pacotilla. Pero por naturaleza, el género es "maximalista" y tiende a tratar muchos temas: descripción de las mutaciones a gran escala, revelación de sistemas ocultos de dominación, denuncia de los efectos trágicos o bizarros de la tecnología, invención de sociedades alternativas. Al igual que le podría ocurrir al más palurdo de los spaghetti-westerns al incluir momentos de cine de calidad, la menos legible de las novelas de ciencia ficción puede incluir grandes intuiciones. Incluso si se distrae en aventuras sin otro objetivo que la aventura misma, en descripciones psicológicas chapuceras, en simplificaciones de historietas infantiles. Pero el "minimalismo" le es siempre inaceptable. Es ajeno a su código genético.

Sólo la ciencia ficción presenta descripciones realistas (¡sí, realistas!) del mundo en el que vivimos. ¿Qué otro género literario consagró una novela a los mecanismos de las crisis económicas? Ninguno. Pero examínese Depression or Bust (1974) de Mark Reynolds. Un fulano anula su compra de una heladera, lo que desencadena la quiebra del concesionario, luego del fabricante, y, etapa tras etapa, la caída de toda la economía de los Estados Unidos. La historia tiene como únicos personajes a la crisis y la fragilidad general del sistema. No se trata quizás de una literatura muy sutil, pero no se puede relegar al campo de lo efímero y lo despreciable. Los temas son tan fuertes que no es posible marginarlos.

Remontémonos a Hell's Pavement de Damon Knight (1955). Una sociedad imaginaria, relativamente cercana a la nuestra en el tiempo, descubre el remedio definitivo contra el crimen. Los criminales comprobados son condicionados para sufrir alucinaciones en el momento en que intentan cometer un delito. El invento cae en manos de algunas sociedades multinacionales, que lo adaptan a su propio objetivo: el mayor crimen, el que provoca alucinaciones, deviene la compra de productos de empresas competidoras. Resultado: el mundo entero se reparte en zonas de influencia, donde cada sociedad multinacional ejerce su dominación al imponer a los ciudadanos las alucinaciones que le convienen.

¿Esto les hace sonreír? Yo no sonrío. Vivo en un país -Italia- donde un movimiento político nació en un abrir y cerrar de ojos gracias al sólo hecho de que su líder -Silvio Berlusconi- era el jefe de una red de canales de televisión…

Siempre en el registro de las alucinaciones: un autor italiano de ciencia ficción, Vittorio Curtoni, escribió hace unos veinte años una serie de relatos sobre una guerra futura. Los protagonistas recurrían a armas psicodélicas, lo que generaba una humanidad impotente para distinguir lo verdadero de lo falso, incapaz de reconocerse en un todo solidario…

Los que recuerdan todavía el maremoto de desinformación difundida por las fuentes más confiables durante la guerra del Golfo y la guerra de Kosovo, comprendieron de qué se trata: los recién nacidos arrebatados a sus incubadoras por los hombres de Saddam Hussein, los 700 chicos kosovares secuestrados para dar su sangre a los soldados de Milosevic… Tantas falsas informaciones, que nos llevan a pensar que la guerra de alucinaciones ya comenzó.

Un último ejemplo. Aludí a la dificultad de identificar hoy a quienes manejan los hilos del poder. Sobre este tema, hay un relato delicioso de Jack Vance, Dodkin's Job (1964). En una sociedad rígida de clases, un obrero se disgusta ante las órdenes irracionales que le son impuestas, e intenta descubrir de quién emanan. Luego de una larga investigación, descubre que no emanan de nadie… Peor aún, un viejo guardián de los palacios del poder es quien se encarga de tipear en una antigua máquina de escribir un borrador, del cual luego el sistema se apodera, deforma y transmuta en exigencias absurdas.

A primera vista, sólo una broma. En realidad, una parábola sobre el debilitamiento de la democracia que se manifiesta en las formas modernas de sociedad, cuando el poder se ejerce sin control.

A través de la metáfora la ciencia ficción supo percibir, mejor que cualquier otra forma de narración, las tendencias evolutivas (o regresivas) del capitalismo contemporáneo. Esto le permitió a menudo traspasar los límites corrientes de la literatura y deslizarse en las costumbres, los comportamientos, las maneras comunes de hablar, en la vida cotidiana, para decirlo así. El movimiento cyberpunk, todavía activo hace una decena de años, es el ejemplo principal. Por primera vez en la historia, y mucho antes del actual desarrollo de Internet, muchos escritores adoptaron como tema de sus novelas esta forma de relación entre el hombre y la máquina que es la informática.

¿Se trataba de novelas "fantásticas", alejadas del realismo considerado como la forma de literatura privilegiada? Permítanme dudarlo. Cuando se impuso Internet, las obras de William Gibson, Bruce Sterling, Rudy Rucker y otros brindaron los términos adecuados para describir la nueva realidad y un mapa de su potencial porvenir. Mejor aún, mostraron a los opositores la vía de la resistencia, cultural y práctica, frente a las amenazas contenidas en el surgimiento de una red de comunicación omnipresente y capaz de reproducir las relaciones de dominación en el terreno engañoso de lo inmaterial.

Miembros de la extrema izquierda europea, admitieron haber creado la red European Counter Network (ECN) bajo la influencia de los relatos cyberpunk; ellos fueron los primeros en utilizar la rapidez del nuevo sistema de información para coordinar sus acciones. Los centros sociales de los jóvenes revoltosos se llenaron de modems y computadoras, regularmente destruidas durante las razzias policíacas. Los piratas informáticos llevaron a cabo batallas individuales titánicas contra los grandes grupos económicos, dificultando el acceso a la Red y su dominación.

Ya habíamos visto a la literatura popular influir en la vida (ver el folletín del siglo XIX o las repercusiones sociales de las novelas de Eugenio Sue), pero nunca de forma tan masiva y sistemática. Al punto que el cyberpunk no se extinguió por debilidad, sino por volverse superfluo, dada su expansión fuera del área narrativa. No creo que otras corrientes literarias puedan enorgullecerse de un final tan glorioso.

A la realidad por lo fantástico

Uno siente que lo fantástico, y en particular la ciencia ficción, es el único medio, desde el punto de vista literario, para describir de forma adecuada el mundo actual. Porque es un mundo donde lo imaginario adquirió una importancia excepcional. Si debiéramos reformular la teoría del valor (¡y cuán necesario sería!), habría que agregar la información a los factores detectados por las diversas escuelas económicas. Las nociones de cantidad de trabajo involucradas en las mercaderías, de penurias de bienes, de diferencia entre la oferta y la demanda, ya no alcanzan. La demanda de una mercadería aumenta con su prestigio y su valor crece en consecuencia.

El capitalismo tradicional se contentaba con la publicidad. De ahora en más, va más allá: hacia la imaginación, los sueños, las visiones del mundo más íntimas. El crecimiento de la comunicación se lo permitió al imponer modos de vida, crear necesidades allí donde no existían, aumentando la sed de afirmación del individuo. No se capta nada de la sociedad contemporánea si no se tiene en cuenta la rápida colonización del imaginario llevada a cabo estos últimos años. Antes se desempeñaba un rol productivo un cierto número de horas por día y el resto del tiempo se dedicaba al ocio y al descanso, es decir a uno mismo. Las actividades de esparcimiento, todas relativas a la comunicación, prolongan el campo de la productividad en desmedro del ocio y del tiempo de descanso. Casi todos los programas televisivos entrañan incitaciones a la compra, ya sea en publicidad explícita o en referencias a modos de vida considerados como los mejores para todos.

La imagen ya causó verdaderos trastornos sociales: la carrera en pos de las mercaderías occidentales luego de la caída del muro de Berlín, la llegada masiva de albaneses a Italia atraídos por la fascinación de las ondas televisivas captadas del otro lado del Adriático… Pero si la información es una cosa, la manipulación es otra. Ahora, la comunicación capitalista apunta directamente al inconsciente. La producción simbólica, antes ajustada a la evolución de los siglos, se tornó frenética. Se alienta descaradamente la pérdida de identidad.

Por otro lado, información y comunicación se deslindan cuando los grandes temas están en juego. Inmensas tragedias se reducen a expeditivas secuencias de imágenes, tan veloces que nada queda. Ver un noticiero televisivo de CNN es no ver nada. Uno termina con una serie de nociones sin utilidad, porque carecen de contexto, de un análisis, una reflexión. Es verdad que la profundidad es el gran enemigo de quienes controlan las existencias de los otros (incluso bajo forma anónima). El sistema subsiste sólo porque los subordinados viven en la trivialidad. De ahí la exigencia de introducir en su intimidad, hasta en su psiquismo, informaciones y representaciones falsas que no les permitan darse cuenta de su condición.

La ciencia ficción, lo fantástico, la literatura centrada en lo imaginario, tienen el poder de agudizar el ingenio contra ese tipo de agresiones. Lo utilizan menos de lo que sería deseable y a veces ni lo usan. La ciencia ficción estadounidense contemporánea es sólo la sombra de lo que fue: estandarizada, pobre, se reduce a menudo a formas bastardas de vulgarización científica, nulas tanto literaria como intelectualmente. Ciertamente, la renuncia a la ambigüedad y a la provocación le fue nefasta.

Sin embargo, no hay que esperar a que la corriente dominante (tan indiferente a la sociedad que lo rodea, que hizo de la ausencia de compromiso y del replegarse en uno mismo, un criterio de calidad) guíe la resistencia contra la colonización del imaginario. Es necesario para eso una narración "maximalista", consciente de sí misma, que perturbe y no consuele. La ciencia ficción lo era. Puede volver a serlo.

Autor/es Valerio Evangelisti
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 14 - Agosto 2000
Páginas:34, 35
Traducción Yanina Guthmann
Temas Literatura
Países Estados Unidos, Albania, Australia, Indonesia, Francia, Italia