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Recuadros:

Duro combate para la alcaldesa de Eberswalde

No todo en Alemania es condescendencia o subestimación hacia la xenofobia o el fenómeno neonazi. En un pueblo de la ex RDA una valiente funcionaria ha declarado la guerra a la extrema derecha, aplicando criterios de democracia de base y movilizando a la juventud.

No hay que dejarse engañar. El llamado del gobierno alemán para establecer un "pacto contra la extrema derecha" coincide con una escasez de mano de obra en los oficios de alta tecnología. Dado el envejecimiento de su población, la República Federal tiene necesidad de "inmigrantes útiles". Pragmático, ese repentino despertar de los responsables nacionales no deja de ser sin embargo un estímulo para todos aquellos que luchan desde hace años contra el avance de los neonazis. Las diversas organizaciones antirracistas que se fueron constituyendo a medida que los cabeza-rapadas ocupaban las calles de Alemania del Este forman una contracorriente donde ahora puede apoyarse el poder público.

Es lo que sucede en Eberswalde, pequeña ciudad de la región de Brandenburgo, a cincuenta kilómetros de Berlín. El 24-11-1990, cerca de medianoche, una horda de unos treinta skins armados de cuchillos y de palos de béisbol se dirigió al "Hüttengasthof", el único bar de Eberswalde que recibía extranjeros, con la intención de "reventar negros". Se topan con el angoleño Amadeu Antonio, al que muelen a golpes. A unos metros de distancia, en el puesto de guardia de una fábrica química, tres policías contemplan la escena sin intervenir. La ambulancia llega tres horas después. Amadeu Antonio fue el primer trabajador extranjero asesinado en la ex-RDA desde la reunificación. Sus asesinos serían condenados a penas de dos a cuatro años de prisión.

"Es increíble que haya ocurrido algo así", se indigna Uta Leichsenring, una mujer pequeña y rubia de unos cincuenta años, plena de energía, designada prefecto de policía de Eberswalde un año después del crimen. En la RFA hay sólo ocho mujeres que ocupan un puesto equivalente. Su jurisdicción comprende un total de 322.000 habitantes, y cuenta con mil empleados a sus órdenes. Esta experta en computación, que llegó a la política a través del Movimiento de Ciudadanos, trata de aplicar en su trabajo con policías acostumbrados a estructuras autoritarias los principios de una "democracia de base", apostando más a la persuasión -incluso durante las entrevistas a solas- que al poder de mando.

Su entrevista con los que no socorrieron a Amadeu Antonio -dos de los cuales siguen en servicio- debe haber sido particularmente electrizante. "Por entonces no disponían siquiera de un teléfono celular. Y sobre todo, tenían miedo", explica Leichsenring. Una indulgencia que sorprende, sabiendo que la prefecto no sólo destituyó en 1994 a ocho policías acusados de haber torturado a vietnamitas revendedores de cigarrillos, sino que hizo todo lo posible para que fueran condenados, a pesar de las presiones administrativas y… sindicales. El año pasado, luego de que un asiático fuera derribado de su bicicleta y una africana sistemáticamente insultada durante su trayecto en autobús, la prefecto escribió una carta abierta a los 46.000 habitantes de su ciudad: "¿Por qué no intervinieron? Les pedimos que muestren un poco más de coraje cívico".

Leichsenring se muestra severa con sus conciudadanos. Sabe que la xenofobia proviene del corazón de la sociedad, que durante mucho tiempo la mayoría silenciosa ha tolerado y hasta aplaudido actos criminales1. Explicar la xenofobia solamente por el desempleo no le parece suficiente. Es cierto que el 20% de los habitantes de Eberswalde ya no tiene trabajo. El antiguo complejo químico fue demolido. La fábrica de grúas redujo su plantel de 3.000 a 160 empleados. Y la vieja cervecería está en ruinas. Pero "nada justifica la violencia", estima la señora Leichsenring.

Por ese motivo lanzó los "pactos contra la extrema derecha", una "red para la tolerancia" y patrullas de jóvenes policías en las zonas ocupadas por los jóvenes neonazis, como el barrio de Leibniz, una de las dos tristes zonas de monobloques de la ciudad. La otra está ocupada por los punks. Y ambas comunidades de jóvenes están en guerra, como lo muestran los graffiti de las paredes. A un "mueran los tiques" dirigido contra los anarquistas de izquierda, responde un "¡fuera nazis!". Pero a diferencia de los izquierdistas que se reúnen en el club "Exil", los skin no tienen dónde ir. "Se repliegan en las salas del fondo de ciertos cafés, porque no se animan a mostrarse", subraya Leichsenring, que ve en ello el resultado de su acción: "saben que los tenemos en la mira".

En Eberswalde al menos, los cabezas rapadas, las botas y las camperas negras no saltan a la vista como en las calles de Schwedt2, Wurzen o Frankfort del Oder. Nada que ver tampoco con Delitzch, en Sajonia, ciudad que otorgó a un club de skins una subvención de 37.000 dólares y contrató a un neonazi notorio como "trabajador social". De moda hasta las recientes declaraciones gubernamentales, el concepto de "integración de los jóvenes de extrema derecha" generó a menudo un gran despilfarro de dinero. Peor aún: contribuyó a reforzar las "zonas nacionales liberadas" (ver pág. 13), expresión que apareció por primera vez en 1991 en un documento de la dirección del NPD que definía su estrategia en los nuevos Länder: "Debemos crear zonas donde ejerzamos el poder y podamos estar como peces en el agua". En Francfort del Oder, el cancionista neonazi Jörg Hähnel hizo una gira por los asilos de ancianos para ofrecer canciones "típicamente alemanas" en medio de aplausos. Actualmente representa al NPD en el Consejo Municipal de Francfort.

La prefecto Leichsenring está lejos de haber ganado su combate. Si bien obtuvo la medalla Théodor Heuss3 por su "red para la tolerancia", su labor no logró impedir que los skins se cobraran este año una nueva víctima: un joven punk de 22 años Falko Lüdtke, empujado bajo las ruedas de un taxi durante una riña. La ciudadana Leichsenring participó en las manifestaciones de protesta, pero su acción no logró tampoco prevenir el incendio del club de cultura africana "Palanca", en marzo pasado. Uno de los incendiarios explicó que se proponía expulsar a los extranjeros de su ciudad. Eberswalde solo tiene un 1% de extranjeros, entre ellos unos cuarenta africanos, angoleños o mozambiqueños. Los instrumentos de música y los trajes que los miembros del club deseaban hacer conocer a los alemanes, desaparecieron. Pero el propietario del inmueble puso gratuitamente a disposición de los africanos un nuevo local.

El profesor Norbert Jung, de 57 años, miembro del Instituto Universitario Técnico, es el eje de la "red para la tolerancia". "Me resisto a los esquemas simplistas con los que los políticos y los intelectuales del Oeste pretenden explicar el éxito de la extrema derecha entre los jóvenes del Este. Unos acusan a la educación antifascista de la RDA. Otros, fundamentalmente el criminólogo Christian Pfeiffer, acusan a la educación colectivista de los jardines de infantes. Siendo yo mismo un producto de ella, estimo humillantes esas tesis". Para este biólogo, el mal tiene su origen en la pérdida de autoridad de padres y educadores. "Los jóvenes saben que los nuevos maestros son los del Oeste, e interpretan la democracia como un permiso para hacer cualquier cosa". Más aún teniendo en cuenta que el revoltijo de valores y las frustraciones provocadas por la reunificación refuerzan el atractivo de las ideas simples de la extrema derecha, que propone a la juventud estructuras nacionalistas, autoritarias y jerárquicas en reemplazo del marco del antiguo régimen: las "camaraderías" de hoy parecen sucedáneos de la Juventud Alemana Libre de ayer.

"Los jóvenes no son tontos. Comprueban la falta de adecuación entre el humanismo y la solidaridad que se les enseña y el individualismo desenfrenado que implica una sociedad regulada por el señuelo de la ganancia", señala Jung. Pero el inmigrante o el que reclama asilo, al igual que el que no tiene techo, blancos predilectos de las agresiones, se hallan en la parte más baja de la escala social. A la búsqueda de un chivo emisario de sus frustraciones, e impregnados del nuevo darwinismo social reinante, esos jóvenes se siente autorizados a despreciar, y hasta a eliminar esos "parásitos sociales".

Quizás un día un joven como Gordon Reinholds, miembro recientemente promovido del NPD, se ponga en contacto con "Exit", programa de reinsersión destinado a todos aquellos que desean abandonar la extrema derecha. Esa es la esperanza de Kai Jahn, trabajador social de Eberswalde, pero por ahora, el Gordon en cuestión -un lindo muchacho de ojos azules y cabello rubio crecido- sigue siendo un militante ejemplar, comprometido de cuerpo y alma en la "resistencia nacional". Trabaja de doce a catorce horas diarias y viaja a diario de Eberswalde a Köpenick, barrio oriental de Berlín donde tiene su sede la dirección del NPD. Antes era carpintero, primero aprendiz y luego con un empleo fijo. Al caer el muro tenía once años. A los catorce comenzó a leer los Landserhefte, revistas racistas que glorificaban a los soldados de la Wehrmacht.

Gordon considera escandaloso que el canciller Gerhard Schröder quiera traer expertos en computación extranjeros. "Ya hay demasiados extranjeros en Alemania. Una vez fui a Francfort, al Oeste. En medio de todos esos inmigrantes ya no me sentía más en mi propia casa. Si se fueran todos a sus países, no tendríamos más desempleo". Luego, despotricando contra capitalistas y especuladores que viven gracias al trabajo de la gente sencilla, lanza: "Los hombres no están para servir a la economía, sino la economía para servir a los hombres".

En la conferencia de prensa del NPD contra el proyecto de prohibición de ese partido, el 7 de septiembre pasado en Berlín, los afiches clamaban: "El trabajo primero para los alemanes"; "Por la economía del pueblo, contra la globalización"; "Trabajo en lugar de ganancias". Un ex dirigente del Partido del Socialismo Democrático (PSD, ex-comunista), el profesor Michael Nier, toma la palabra. En su nuevo puesto de consejero del NPD, suministrará las bases teóricas de la crítica del capitalismo, con consignas de antaño. "Ugo Voigt, el secretario general del partido, es un ex general y yo soy un ex comunista. Pero estamos de acuerdo en un punto: los socialdemócratas al igual que los democristianos han abandonado a la gente sencilla. El NPD es el único partido que la defiende".

En el NPD, el ex comunista se encontró con el ex terrorista y teórico de la Fracción del Ejército Rojo, el abogado Horst Mahler, que acaba de afiliarse para protestar contra el proyecto de prohibición del partido. Citando a Marx, Lenin y Gramsci, Mahler despotrica contra la dictadura del dinero, la globalización y "los carteles de intereses particulares que han acaparado al Estado y traicionado al pueblo. Ya no hay más ni izquierda ni derecha. Lo que cuenta es el medio y el NPD es el partido del medio".

Los extremos se tocan y se comprende por qué Gordon Reinholds se siente en su casa y por qué Uta Leichsenring aún no ganó su batalla.

  1. En 1991, una muchedumbre había aplaudido a los incendiarios de los albergues de solicitantes de asilo en Rostock y Hoyerswerda.
  2. "Schwedt, ancienne cité modele de la RDA, entre nostalgie et optimisme", Le Monde diplomatique, enero1998.
  3. Primer presidente de la República Federal Alemana (1949-1959).

Los Alemanes que resistieron a Hitler

Cerca de 700 mil alemanes resistieron a Hitler entre 1933 y 1945. Sólo entre 1943 y 1944, más de 8.000 de entre ellos fueron condenados a muerte. Durante los doce años de dictadura, el número de ejecuciones alcanzó a 53.000. Sin embargo, de esta resistencia al nazismo, la memoria colectiva sólo parece recordar el atentado del 20-7-1944.

Pero dos obras ofrecen una visión de conjunto de este movimiento: el libro del germanista e historiador Gilbert Badia1 y el del escritor Günter Weisenborn2, publicado en Alemania en 1953 y ahora traducido al francés.

Badia rectifica una visión trunca, presentando mejor las redes de resistencia comunista, como la de Saefkow-Jacob Bästlein, o la actividad de emigrados políticos, principalmente en Francia. Rehabilita también redes como la Orquesta Roja3 o el Comité Nacional Alemania libre. Según Badia, el fracaso de la resistencia alemana se explica por su falta de cohesión, la eliminación sucesiva de distintas redes -comenzando por la resistencia obrera, desmantelada en 1936- y sobre todo por la seducción ejercida por el Führer: la delación acechaba.

En 1951, el escritor Günter Weisenborn se alzó contra un articulo publicado en la revista alemana Stern titulado "Agentes rojos entre nosotros". Denunciando una acción de difamación contra sus amigos asesinados, condenó los métodos de investigación de la revista, fundados en documentos de la Gestapo. Dos años más tarde publicó La révolte silencieuse. Compte-rendu de la résistence du peuple allemand, que había comenzado a redactar a partir de documentos recogidos en respuesta a un llamado realizado junto a la gran escritora Ricarda Huch.

Para Weisenborn el ocultamiento de los "héroes silenciosos" se explica tanto por la actitud del Reich, que sofocaba toda información, como de los aliados, que confiscaron los documentos y los hicieron desaparecer en sus archivos.

La guerra fría convirtió en enemigos a los resistentes de entonces. "Después de la guerra, todas las celebraciones dieron cuenta esencialmente de la acción del grupo del 20 de julio y no se tuvo de los otros grupos más que informaciones parciales. A nivel internacional, además, se comenzó a atacar el recuerdo de la resistencia, calumniando y deformando a placer. Así, el historiador Gerhard Ritter, en 1954, calificó a los miembros de la Orquesta Roja de "traidores a la patria". En efecto, como recuerda Alfred Grosser en su prefacio, contrariamente a los resistentes franceses que combatían al enemigo de su nación, los alemanes debían "traicionar" a su propia nación para obedecer a su conciencia.

  1. Gilbert Badia, Ces allemands qui ont affronté Hitler, Éditions de l"Atelier, París, septiembre 2000,
  2. Günter Weisenborn, Une Allemagne contre Hitler, traducido por Raymond Prunier, prefacio de Alfred Grosser, Éditions du Félin, París, octubre 2000.
  3. Organización de espionaje dirigida por el judío alemán Leopold Trepper. Ver Gilles Perrault, La orquesta roja, Emecé, Buenos Aires, 1970.


Autor/es Brigitte Patzöld
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 17 - Noviembre 2000
Páginas:14, 15
Traducción Carlos Alberto Zito
Temas Ultraderecha, Políticas Locales
Países Alemania (ex RDA y RFA), Francia