Le Monde diplomatique ÍndicesBúsquedaEste cdAyuda  
Home

La estrategia israelí en dificultades

"Primero seguridad, después paz" era una de las consignas con que Ariel Sharon, candidato del Likud, ganó las elecciones en Israel. Con el correr de los días, los israelíes descubren que han votado al Sharon de siempre, un "halcón" para quien la paz no figura entre las prioridades. En cuanto a la seguridad, se aleja cada vez más al ritmo de los atentados y represalias, que se multiplican en medio de la escalada ofensiva israelí contra los palestinos. Para llevar a cabo su plan, Sharon encuentra como límite la posible reacción de países árabes como Egipto y Jordania, y el cuidado de Estados Unidos de no alienarse el apoyo de los gobiernos árabes moderados, vitales para su estrategia regional.

Los carteles electorales referidos al "nuevo Sharon", que decían "Sólo Sharon traerá la paz", y cubrían las paredes de Israel, casi han desaparecido, arrancados o borrados por la lluvia. Aquí y allá, todavía se ven algunos, con el retrato de un hombre sereno y dueño de sí. El peatón que le lanza una mirada se pregunta: "¿Y dónde está la paz, tan prometida?".

En esta primavera que anuncia un verano tormentoso, la opinión pública se inquieta por el futuro de las relaciones con los palestinos y los países vecinos, después del bombardeo de una estación de radares siria en el Líbano, el 15 de abril pasado. Los israelíes ya tienen la sensación de que eligieron al "viejo Sharon", y de que se propone seguir haciendo lo que hizo durante toda su vida: batallas y guerras, destrucción y matanzas.

Inauguró su carrera en octubre de 1953 con la matanza de Kibié, una aldea de Cisjordania donde la unidad que comandaba hizo saltar casas con sus habitantes, provocando 70 muertes. Siguió con las ejecuciones sumarias de cientos de "personas buscadas" en Gaza, a comienzos de los años ´70; después con la invasión al Líbano y las matanzas de Sabra y Chatila.

Sharon mismo se preocupa ahora por dar a entender que no ha cambiado. En una entrevista reciente1, le hicieron una pregunta sobre el futuro de las relaciones con los árabes, bajo la forma de un versículo del Libro de Samuel, de la Biblia: "¿La espada siempre devorará?". Contestó con desprecio: "Un pueblo normal no hace esas preguntas". "¿Usted no quiere ser un De Gaulle israelí?", insistió el periodista. "¿Con qué objetivo?", contestó Sharon. "La cuestión no está en traer un documento cualquiera. Puedo traerle uno en una semana, ¿pero adónde nos va a llevar? A ninguna parte". Y afirmó que se prolonga la guerra de independencia de Israel, iniciada en 1948.

Ariel Sharon establece tres objetivos para el pueblo de Israel: hacer venir un millón de judíos en doce años, desarrollar el sur de Israel y Galilea y relanzar la enseñanza de los valores sionistas. La paz no figura entre sus prioridades. "No creo que haya que proponerse un objetivo tan pretencioso. Podemos conformarnos con un acuerdo de no beligerancia por un largo período indeterminado". No hay duda de que Sharon quiere para su país que se convierta en una Esparta moderna. Por lo menos tiene el mérito de la franqueza. Quisiera hacer volver a Israel al período anterior a los acuerdos de Oslo , cuando la paz no estaba en el orden del día y el esfuerzo prioritario era la colonización de los territorios ocupados. Incluso afirmó que se oponía al desmantelamiento de una sola colonia, aun la más remota. Según él, todas tienen "una importancia enorme para la defensa nacional".

Un plan en dos etapas

Sharon se niega a crear un Estado viable al lado del Estado de Israel. Al firmar los acuerdos de Oslo, la dirección palestina aceptó un compromiso doloroso conformándose con el 22 % de la Palestina histórica (Cisjordania y la Franja de Gaza ocupadas por Israel en 1967). Sharon no está dispuesto a darles más que un 40% de esa superficie, islotes separados vinculados mediante túneles. Israel conservaría el control de Jerusalén y el valle del Jordán, allí donde el futuro Estado palestino podría absorber una gran cantidad de refugiados. Y el control de las fronteras exteriores quedaría en manos de Israel.

Para lograr sus fines, el Primer ministro tiene un plan en dos etapas. La primera, en continuidad con su predecesor, Ehud Barak, se resumiría así: "Ataques militares contra Arafat para debilitar y reducir su prestigio a los ojos de su pueblo"2. No se trata de ataques espectaculares, que serían contraproducentes y generarían críticas en el terreno internacional. El plan se realizaría a diario: destrucción de posiciones y de bases de las fuerzas palestinas mediante disparos desde carros de combate o topadoras; un tirador de élite asesinando a un militar o activista de la Autoridad palestina o del Fath, la columna vertebral del régimen; aplastamiento de decenas de casas en un campo de refugiados de Gaza; devastación de campos, derribamiento de árboles, bloqueos de ciudades y aldeas, lo que vuelve insoportable la vida cotidiana. La imaginación destructora no tiene límites… Sharon les dijo a los militares: "No hablen, actúen, todos los días". Estos operativos se inscriben en la duración. Paralelamente, se desarrolla una campaña de propaganda contra Yasser Arafat, con el objetivo de desacreditarlo y socavar su legitimidad. Este ataque empezó después de que Arafat se negara a avalar la orden de Camp David, en julio de 2000. Sharon calificó a Arafat como "jefe terrorista". Los ministros extremistas, que abundan en el equipo de gobierno de Sharon, llaman abiertamente a "liquidar a Arafat". Otros proponen no dejar que el jefe palestino vuelva a las zonas autónomas. Desde hace semanas ya no tiene derecho a utilizar su helicóptero, y se ve obligado a usar el del rey jordano Abdallah.

En noviembre de 2000 Sharon había puesto de manifiesto su pensamiento profundo sobre Arafat: es "un asesino, un mentiroso y un enemigo feroz", y añadía que "la idea de hacer la paz con los palestinos es absurda". Sus palabras se publicaron diez días antes de las elecciones3, y Sharon no las desmintió.

La segunda etapa del plan Sharon tendrá lugar cuando la Autoridad palestina esté al borde de la caída. Entonces Sharon le impondrá a Arafat o a quien lo suceda el acuerdo de larga duración con que sueña. Y a las diversas objeciones responde: "Los palestinos no van a tener otra opción, mientras yo sea Primer ministro de Israel". Sharon cree siempre que con la fuerza se puede rehacer el mundo. En 1982, cuando la invasión al Líbano, quería aniquilar a la OLP y crear en los territorios ocupados un liderazgo de colaboradores ("las Ligas de las aldeas"). Esta estrategia fracasó. Arafat volvió a su país y se convirtió en jefe de la Autoridad palestina. De nuevo el mismo Sharon ensaya soluciones de fuerza.

Para llevar a cabo su plan, Sharon tiene que tener en consideración varios factores: la escena política interna, Europa, el mundo árabe y el amigo americano. La mayoría de los israelíes apoyan a su Primer ministro. Según una encuesta, el 63 % de las personas interrogadas están convencidas de que no se puede llegar a un acuerdo de paz con los palestinos4. Hasta la oposición de izquierda, el Meretz, se muestra leal, y su dirigente Yossi Sarid no olvida evocar "la culpa de Arafat", que habría rechazado las generosas propuestas de Camp David. La casi totalidad de los responsables políticos e intelectuales aceptan esta posición, sostenida por Barak.

Sin embargo, uno de los comentaristas políticos más apreciados en Israel, Shimon Schiffer, del diario Yedioth Aharonoth, que acompañó a Barak en todos sus desplazamientos y conoce el reverso de su política, confió en el curso de una conversación que el ex Primer ministro laborista infligió daños irreversibles a la causa de la paz, dejando tras de sí "una tierra quemada". Además creó en los israelíes el sentimiento de que los palestinos son "extremistas que sólo buscan la confrontación". Gracias a su politica, Barak unió a la sociedad en contra de una verdadera paz con lo palestinos.

El 28 de septiembre de 2000 Sharon hizo una visita provocadora a la explanada de las mezquitas. Al día siguiente cientos de policías disparaban balas verdaderas contra jóvenes palestinos que protestaban arrojando piedras: catorce muertos y quinientos heridos en dos días… Empezaba la Intifada.

Sharon se ha procurado algunas "hojas de parra" en su gobierno, la más célebre de las cuales se llama Shimon Peres. Lo utiliza para la escena internacional. Como Sharon elude encontrarse con dirigentes extranjeros, Peres cumple con éxito esa función. ¿Quién se atrevería a criticar a un Premio Nobel de la Paz? Sin embargo, en Israel hay quienes le reprochan a Peres ser funcional a la política de Sharon, amortiguando las críticas y los temores del exterior. ¿Trata simplemente de prolongar su vida política o de evitar que Sharon tome decisiones catastróficas? Por supuesto que puede renunciar en cualquier momento, si se trata de evitar un acto demasiado dañino, pero Sharon ya dijo: "Si Peres se va, me da igual".

A pesar de este contexto favorable a Sharon, la moral de la población israelí es baja. A los puntos neurálgicos de las escaramuzas en Cisjordania y Gaza se ha llevado a reservistas para que enfrenten a los jóvenes palestinos que protestan, arrojan piedras y a veces disparan, mientras que en el sur del Líbano las tropas israelíes estaban constituidas por conscriptos y soldados. En el Líbano hay un movimiento de madres de soldados, que luchó por sacar a sus hijos del atolladero del norte. Hoy son los mismos reservistas los que lideran el movimiento de protesta. Decenas de miles de asalariados resultan financieramente perjudicados al ser llamados bajo bandera; muchos estudiantes se ven penalizados, mientras decenas de miles de alumnos de escuelas rabínicas, exonerados del servicio militar, reciben además una ayuda que les permite estudiar la Torah. Pero solo una pequeña minoría se plantea cuestiones políticas: "No entendemos por qué nos mandan a los territorios a que nos juguemos la vida. Nadie que llegue a los territorios, especialmente a la Franja de Gaza, puede comprender qué lógica retorcida llevó a crear colonias en medio del territorio palestino, cuando es evidente para todo el mundo que este territorio nunca será parte del Estado de Israel"5.

La presión externa

En el exterior, Sharon no teme a los europeos, a quienes califica de "cobardes". Manipula su sentimiento de culpa, cuyo origen se remonta al genocidio de los judíos durante la segunda guerra mundial.

Según constata con desaliento la señora Shulamit Aloni, ex ministra y pacifista convencida: "Nunca nos van a llevar a un tribunal internacional porque somos judíos, y los europeos y los cristianos tienen un sentimiento de culpabilidad ante nosotros. Somos las víctimas irrevocables y como tales todo nos está permitido".

En el mundo árabe, a Sharon sólo le preocupan las reacciones de Jordania y Egipto. Un golpe importante asestado a la Autoridad palestina obligaría a estos dos países a romper relaciones con Israel por un período corto o largo, lo que haría retroceder a Israel veinticinco años.

Queda Estados Unidos, a quien nadie puede ignorar. El presidente George W. Bush y su administración se ocupan de manera obsesiva del problema iraquí, y por consiguiente deben evitar sobresaltos en los países árabes moderados, sobresaltos que conmoverían todavía más la coalición hostil a Saddam Hussein. Así que no pueden dejar las manos libres a los israelíes contra los palestinos. La apuesta es demasiado alta como para dejar que los protagonistas actúen solos. Tanto más cuanto que es conocido el antiamericanismo de Sharon: cuando era ministro de relaciones exteriores llegó a decir a propósito de Kosovo: "Israel no debe legitimar la intervención agresiva de la OTAN encabezada por Estados Unidos…[porque podría ser la próxima víctima de ese tipo de intervención]"6.

Cuando se reunió en la Casa Blanca con el presidente Bush el 20 de marzo pasado, Sharon le prometió no "sorprenderlo", es decir, no tomar ninguna decisión importante sin consultarlo. Esto funcionó hasta el operativo lanzado por el ejército israelí en Gaza el 17 de abril último y las declaraciones de un general, que afirmó que "si hace falta nos vamos a quedar aquí días, semanas o meses". Esta violación flagrante de las fronteras de la zona A hizo montar en cólera a los responsables de la Casa Blanca. Bastó con dos llamados telefónicos a Sharon para que las fuerzas israelíes se retiraran. Mediante su intervención, George W. Bush y Colin Powell indicaron a Sharon que la opción militar contra los palestinos sólo podía desplegarse en un contexto diplomático coercitivo. Una lección que el nuevo Primer ministro tendrá que meditar…

  1. El suplemento semanal de Haaretz, 13-4-01.
  2. Yeditoh Aharonoth, 13-4-01.
  3. The New Yorker, 22-1-01.
  4. Yedioth Aharonoth, 30-3-01.
  5. Jerusalem, semanal de Yedioth Aharonoth, 20-4-01.
  6. "Le Kosovo vu d'Israel", Le Monde diplomatique, París, mayo de 1999.
Autor/es Amnon Kapeliuk
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 23 - Mayo 2001
Páginas:24, 25
Traducción Marta Vassallo
Temas Conflictos Armados, Minorías, Ultraderecha, Estado (Justicia), Estado (Política), Geopolítica, Políticas Locales, Seguridad
Países Estados Unidos, Egipto, Cisjordania (ver Autoridades Palestinas), Gaza (ver Autonomías Palestinas), Israel, Jordania, Líbano, Palestina