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Las entidades caóticas ingobernables

Son muchos los países pobres donde los territorios inmersos en la violencia no cesan de aumentar. En Africa, Asia, América Latina, se multiplican los conflictos bajo la dirección de grupos armados de identidad política a menudo confusa. Las estructuras del Estado se desploman prácticamente en todas partes y la población queda abandonada a la hiperviolencia y el caos social.

Durante el período de la guerra fría (1947-1989), existía la certeza de que los conflictos internos de los países en vías de desarrollo eran consecuencia de la rivalidad política entre las dos superpotencias. Todo enfrentamiento interno armado era sospechoso de ser alentado por alguna ideología foránea. Se consideraba que los países de Africa, América Latina y Asia eran los tableros donde capitalismo y comunismo se enfrentaban por el control del mundo por intermedio de sus peones.

La guerra fría llegó a su fin, pero no cesaron los conflictos civiles en los países del sur. Por el contrario, redoblaron su intensidad. Desde la caída del muro de Berlín, en noviembre de 1989, surgieron o recrudecieron más de veintitrés conflictos internos en regiones en las que existen más de cincuenta grupos armados1. Esos grupos violentos son muy activos en Argelia, Senegal, Angola, Burundi, Congo-Brazzaville, Liberia, Guinea-Bissau, Ruanda, la República Democrática del Congo (ex Zaire), Sierra Leona, Somalía, Sudán, Líbano, Turquía, Colombia, México, Perú, Afganistán, India, Sri Lanka, Birmania, Camboya, Filipinas, Indonesia, Timor Este, Bougainville, la ex Yugoslavia, el Cáucaso, Tayikistán y otros países2.

Dejando de lado sus características específicas, estos enfrentamientos armados tienen en común el hecho de que son conflictos de depredación nacional, generados por una extrema exclusión social que exacerbó los resentimientos políticos, étnicos y religiosos hasta convertirlos en verdaderos huracanes de odio, donde se pierde el respeto a los más elementales principios de humanidad y la guerra civil se confunde con la criminalidad.

En muchos países (Angola, Somalía, Sierra Leona), estos conflictos de destrucción nacional pasan por períodos de violencia intermitente interrumpidos por sucesivas treguas armadas, jalonadas a su vez de rebrotes de los combates. Grupos rebeldes se disputan el monopolio de la violencia, que antes era patrimonio exclusivo de gobiernos corruptos. Cuando esto sucede, el Estado-nación en vías de desarrollo hace implosión y se transforma en una entidad caótica ingobernable (ECI).

Las ECIs se caracterizan por la incapacidad del Estado para mantener el territorio nacional y la población bajo su control. Sectores enteros de la economía, ciudades, provincias y regiones caen bajo el yugo de los nuevos señores de la guerra, narcotraficantes o mafias. La legalidad, el orden público y los atisbos de sociedad civil se volatilizan. La población se vuelve ciudadana de la Cruz Roja Internacional, de organismos de caridad, organizaciones humanitarias (como Médicos Sin Fronteras o Acción Contra el Hambre) y de las oficinas de las Naciones Unidas. Ésa es actualmente la situación en Afganistán, Somalía, Sierra Leona, Liberia, Tayikistán, Camboya, Ruanda, Burundi, Kosovo, Bosnia, el Kurdistán iraquí, Chechenia, Haití, Albania o la República Democrática del Congo. Empieza a serlo en Colombia.

Un fenómeno reciente

Las ECIs constituyen un fenómeno reciente, producto de la falta de viabilidad nacional de los países en vías de desarrollo, que se encuentran indefensos ante un sistema económico mundial indiferente a las ventajas competitivas que hasta hace poco los hacían viables: su abundante mano de obra y sus recursos en materias primas.

La competencia que exacerba la globalización impuso una revolución tecnológica que favorece la selección de toneladas de materias primas, en el preciso momento en que se produce una explosion demográfica urbana en los países subdesarrollados. Al privilegiar los precios más bajos, esta selección perjudica a las empresas de menor rendimiento tecnológico, que se basan en la abundancia de mano de obra y representan en muchos países el primer peldaño hacia la industrialización3.

A fin de siglo, la cantidad de materia prima por unidad de producción industrial no representa más que las dos quintas partes de la utilizada en 1930. Cuarenta años atrás, uno de cada cuatro salarios correspondía a un obrero, mientras que en la actualidad la relación es de uno de cada siete. En los países en vías en desarrollo se producirá una verdadera explosión demográfica urbana: para el 2020, su población se habrá duplicado. Para absorber la población activa de los países pobres habría que crear dos mil millones de nuevos empleos en los próximos años, tarea imposible como consecuencia de las nuevas tecnologías que desindustrializan y desproletarizan4. La revolución tecnológica y la explosión demográfica van a un choque frontal, que acelera el efecto de caos5.

En el curso de los últimos treinta y cinco años (1964-1999), este modelo darwinista no permitió que aumentara el ingreso per cápita en los países que actualmente se encuentran inmersos en la violencia. Tuvieron un aumento de renta per cápita promedio inferior al 3%, que es el crecimiento mínimo para salir de la pobreza. En Argelia, por ejemplo, el ingreso medio anual per cápita sólo aumentó un 0,5% en treinta años; un 0,2% en Angola, al igual que en Perú, Colombia y Congo-Zaire; un 1,8% en México; 1% en Sierra Leona y 0,1% en Somalia y Sudán6.

Los programas de ajuste estructural del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (FMI), que disponen una liberalización rápida, precipitada, de las economías basadas en la producción de materias primas, no hacen más que agravar la situación. Las economías de los países subdesarrollados reproducen lo que ya existía, es decir, la exportación de materias primas apenas transformadas, y no obtienen a cambio más que inversiones volátiles del casino financiero internacional, que nunca tienen por objeto modernizar la producción7. Es a este tipo de economías no viables que los gurúes del neoliberalismo se atreven a llamar "mercados emergentes".

Este ajuste sin modernización no hizo emerger nada, sólo consolida el modelo exportador menos competitivo de la economía mundial. Condena a los países en vías de desarrollo a seguir exportando materias primas y productos de escasa tecnología a precios cada vez más bajos, y a importar más y más productos manufacturados y servicios con tecnología de avanzada a precios muy altos. De este modo, los ajustes que imponen el Banco Mundial y el FMI, con su enorme costo social, acentúan la inviabilidad e inestabilidad de los países pobres.

En un plazo de veinte años, la población de los países en vías de desarrollo llegará a la cifra de 6.600 millones de personas y será principalmente urbana8. A menos que se produzca un abrupto descenso de la tasa de natalidad y de la migración hacia las ciudades -a lo que debería sumarse un desarrollo sin precedentes de los recursos en las áreas de alimentos, agua y energía- gran parte de la población del planeta vivirá inmersa en un peligroso desequilibrio físico-social: ciudades deterioradas en las que escaseará el agua y en las que los alimentos y la energía resultarán demasiado caros para el salario medio. Lo más probable es que estas lamentables ciudades se conviertan entonces en verdaderos infiernos humanos, en bombas de tiempo ecológicas, en una amenaza para la estabilidad política y ecológica del mundo.

Este desequilibrio entre la escasez de recursos y la importancia de la población desheredada podría compararse con la fragilidad de las placas tectónicas terrestres. Sabemos que en algún momento se va a producir un gran temblor, pero nadie puede prever con exactitud cuándo y mucho menos si la violencia adoptará la forma de guerras ideológicas, religiosas o étnicas, o si simplemente operará como una combinación de anarquía y delincuencia común.

En el umbral del tercer milenio, muchos países de bajos ingresos se encuentran en un precario equilibrio sobre las gigantescas fallas sísmicas que creó el actual desorden económico. Se trata de prácticamente la totalidad de Africa; la mayor parte de los países de América Central; los países andinos más importantes, como Colombia, Perú y Bolivia y sobre todo China, India, Paquistán y Bangladesh, donde a los más bajos consumos de agua, energía y alimentos por habitante se suma la tasa más elevada de natalidad urbana9. De prolongarse esta situación, cabe temer que se agraven las tensiones socio-políticas y que en el siglo XXI estalle una serie de guerras de depredación nacional, lo que daría lugar al surgimiento de nuevas entidades caóticas ingobernables.

En el caso de estos países, el desafío del futuro no será lograr el desarrollo, como Corea del Sur, Taiwán o Singapur, sino la mera supervivencia10.

Esta conclusión puede parecer extraña, ya que siempre se pensó que los Estados-nación podrían desarrollarse. La experiencia del siglo XX nos demuestra lo contrario y nos lleva a imaginar lo que era impensable. La mayor parte de los países mal llamados "en vías de desarrollo" no están en condiciones de alcanzar a los nuevos países industrializado, sino más bien en vías de convertirse en economías inviables y de sumarse al grupo de entidades caóticas ingobernables. La suerte, sin embargo, no está echada: la historia no ha terminado. Acaba de comenzar.

  1. Véase Jean-Marc Balencie y Arnaud de La Grange, Mondes rebelles. Guerres civiles et violences politiques, Michalon, París, 1999.
  2. "Informe de las Naciones Unidas sobre la situación social en el mundo" , Nueva York, 1993. "Informe sobre el comercio y el desarrollo" , Conferencia de las Naciones Unidas para el Comercio y el Desarrollo (CNUCED), París, 1996.
  3. Peter Drucker, "The Changed World Economy" , Foreign Affairs, Nueva York, primavera de 1996.
  4. Ignacio Ramonet, Geopolítica del caos. Prólogo de Manuel Vázquez Montalbán, Temas de debate, Madrid, mayo 1999.
  5. Informe sobre el desarrollo humano, Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), Economica, París, 1998.
  6. Susan George y Fabrizio Sabelli, Faith and Credit, Penguin Books, Nueva York, 1994.
  7. World Urbanization Prospects: The 1994 Revision, Naciones Unidas, Nueva York, 1995.
  8. PNUD, op. cit. Ver también Lester Brown, L´Etat du monde, La Découverte, París, 1998.
  9. Oswaldo de Rivero, El Mito del Desarrollo, Mosca Azul, Lima, 1998.
  10. Osvaldo de Rivero, El Mito del Desarrollo, Mosca Azul, Lima, 1998
Autor/es Oswaldo Rivero
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 2 - Agosto 1999
Páginas:5, 6, 7
Traducción Cecilia Beltramo
Temas Tecnologías, Conflictos Armados, Movimientos de Liberación, Terrorismo, Corrupción, Deuda Externa, Mundialización (Economía), Narcotráfico, Neoliberalismo, Estado (Justicia), Estado (Política), Medioambiente
Países México, Afganistán, Albania, Angola, Argelia, Burundi, Congo, Guinea, Liberia, Ruanda, Senegal, Somalia, Sudán, Zaire, Haití, Bolivia, Colombia, Perú, Bangladesh, Birmania (ver Myanmar), Camboya, China, Corea del Sur, Filipinas, India, Indonesia, Singapur, Taiwán, Turquía, Yugoslavia, Líbano