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Las democracias "de la tercera ola" en dificultades

Mientras que en el noreste de Asia el nivel de desarrollo alcanzado y la cohesión política permiten una estabilidad de conjunto a pesar de las dificultades, en el sudeste las crisis de los Estados generan un cuadro de descontrol y fragmentación política, agravado por las exigencias de los organismos crediticios internacionales desde el exterior y el espectro del retorno de la violencia militar en el interior. Los casos más ilustrativos son los de Filipinas e Indonesia, con escasas posibilidades para los sistemas democráticos.

En el período que va desde la caída de Marcos en Filipinas en 1986 hasta la del presidente indonesio Suharto en 1998, no menos de cinco países asiáticos pasaron por exitosas transiciones democráticas. Sin embargo, cuatro años después del desmoronamiento financiero de la región1, estas democracias denominadas "de la tercera ola" se ven afectadas por fuertes tensiones y múltiples crisis políticas. Algunas de ellas tambalean. Es el caso de Indonesia, golpeada por luchas comunitarias, el deterioro del sistema político, el ascenso del islamismo y el espectro del retorno de las fuerzas armadas. Es también, en menor medida, el caso de Filipinas, donde el derrocamiento del rutilante demagogo "Erap" Estrada por parte de una coalición que reivindica su pertenencia al People's Power, fortaleció la influencia de las élites oligárquicas y militares.

Aunque menos dramático, el cuadro político es apenas más favorable en el noreste de Asia. En Taiwan, el primer presidente que alternó al largo reinado del Kuomintang (KMT), Chen Shui-bian, en minoría en la asamblea, se debate frente a adversarios que llegan a cuestionar su legitimidad. En Corea del Sur, pese al prestigio que sigue teniendo a nivel internacional, la popularidad del presidente Kim Dae-jung se desvaneció con la nueva crisis financiera y la ruina de los chaebols (conglomerados), mientras que su apertura hacia el Norte suscita un escepticismo cada vez mayor. Finalmente, la democracia parlamentaria japonesa atraviesa la fase más difícil de su historia desde 1945.

Pero en el noreste asiático el estadio de desarrollo alcanzado y la fuerza de las burocracias nacionales permiten una cierta estabilidad de conjunto, calificada a veces en Japón de pilotaje automático. El caso del sudeste asiático es muy distinto: allí la crisis del Estado representa una amenaza para el conjunto de la sociedad.

Un "peronista" filipino

En Filipinas, los actuales sobresaltos traducen el desgaste de las instituciones políticas y administrativas confrontadas al receso económico y al abismo que sigue existiendo entre las élites urbanas y el resto de la población, muy pobre aún. El reemplazo de Joseph Estrada, inevitable por su creciente descrédito, no se llevó a cabo por la vía constitucional. Este actor de cine y talentoso tribuno elegido en 1997, "peronista" por instinto pero sin la menor base partidaria o sindical, supo federar los diversos motivos de descontento de una población que acababa de salir de una larga cura de "austeridad FMI" cuando fue golpeada por la crisis regional. Entre sus promesas, figuraba la lucha contra la corrupción, en especial contra una policía sospechosa de complicidad con la mafia local. Durante los dos primeros años de su mandato, no aplicó prácticamente ninguna medida social, sino al contrario, quebró la frágil paz que sus predecesores habían logrado establecer con las diferentes facciones islámicas.

Por cierto que la señora Corazón Aquino y su sucesor Fidel Ramos no habían resuelto mejor los problemas socio-económicos del país: desigualdad, corrupción, persistencia de una oligarquía terrateniente y de negocios con sus milicias armadas, que compiten por sí mismas en las redes de tráfico mafioso. Pero al menos supieron instaurar una convivencia pacífica entre los diferentes actores políticos, incluidos los rebeldes comunistas e islamistas. En muchos casos lo hicieron mediante un compromiso que no fue político sino de interés, por ejemplo, cuando los incorporaron a la administración pública. Si bien favorecían a las grandes familias oligárquicas, las instituciones democráticas permitieron una suerte de compromiso histórico con el ocasional reparto de las prerrogativas locales del poder para acallar las protestas más violentas.

Al quebrar los acuerdos con los diversos frentes insurgentes, Estrada dio mayor cabida a la solución militar, pero sin contar con los correspondientes recursos. La catástrofe que rodeó el caso de la toma de rehenes occidentales del año pasado en Jolo2 -ofensivas militares ineficaces, sospecha de pago de rescates, presiones externas- incitó a los rivales de Estrada dentro del establishment: el ex presidente Fidel Ramos, un sector de los jefes militares asociados al jefe de estado mayor Angelo Reyes y la vicepresidente Gloria Macapagal Arroyo, hija de un ex Presidente de la República. De allí la orquestación de manifestaciones y agitación, confinadas al micromundo político de Manila-Makati y sus teléfonos celulares, que el 20-1-01 llevarían a la obligada renuncia del Presidente, luego de su arresto por corrupción.

Si bien no se puede hablar de un complot militar, hay que subrayar que esta destitución no habría sido posible sin los relevos militares de Ramos y Reyes. Los correligionarios de la nueva presidenta Gloria Arroyo sostienen que estos acontecimientos constituyen una reencarnación de la marcha hacia la democracia de la familia Aquino y del People´s Power. Las Fuerzas Armadas, por su parte, optaron por la solución que evitaba la violencia, tanto con los rebeldes como con los opositores de Manila. Durante los motines en apoyo a Estrada, calificados por la Presidente como "tentativa de golpe de Estado", y que causaron 6 muertos y más de 100 heridos en Manila el pasado 1º de mayo, sus voceros reafirmaron su apoyo total a la Presidente, confrontada en la última semana de mayo con el secuestro de 20 turistas por la guerrilla musulmana de Abu Sayyaf.

Igualmente turbulento, o más, aparece el proceso inaugural de la democracia indonesia. Resultado de la unificación por la fuerza en la era de la revolución nacional indonesia, y luego de la dictadura del general Suharto, hoy por hoy los diversos componentes del archipiélago deben aprender a vivir juntos sin reservas y sin el arma de los recursos financieros que el gobierno central de Jakarta poseía en la era Suharto. Estallido o recurso a la fuerza: ésa es la disyuntiva a la que se enfrentan las fuerzas armadas y el nuevo poder político. Esto fue igualmente cierto en Timor, así como en las Molucas, en Aceh y en Irian Jaya. Entretanto, la política de "transmigración" de la era precedente, método de gestión de los excedentes demográficos javaneses al tiempo que herramienta política del poder central, se vuelve en contra de sus actores: en Borneo, los dayaks quieren expulsar a los inmigrantes madureses3 ; en las Molucas, por el contrario, son las ligas islámicas las que quieren incentivar el flujo de inmigrantes para reducir a la mayoría demográfica, lo cual ya es el caso en Irian Jaya, donde los papúes sin embargo mantienen una concepción de la soberanía basada en el suelo sagrado y no en el número. El gobierno de Abdurrahman Wahid -"Gus Dur"- adoptó leyes de descentralización extremadamente favorables para las localidades -e incluso para las regiones autónomas- previendo dejarles la mayor parte de los ingresos procedentes de los recursos naturales (petróleo en Aceh, minas en Irian Jaya). Estas medidas debilitan las finanzas de un país más que nunca sometido al imperativo de pago de su deuda externa y no bastan para saciar la sed de independencia de una parte de los interesados, que tienen en su línea de mira el ejemplo de Timor occidental.

Después de la era de los patrimonios procedentes en su totalidad de "Bapak" Suharto y los suyos, el cambio de régimen provocó un debilitamiento total del poder ejecutivo, por lo demás bicéfalo: es muy bajo el grado de cohesión existente entre Wahid, místico sufista cultivado y dispuesto a toda clase de arabescos verbales con tal de superar las crisis (si es necesario mediante una fuga hacia delante), y Megawati Sukarnoputri, vicepresidenta sin el menor brillo, a no ser el de su herencia familiar4, más nacionalista y también mucho más próxima a los medios militares.

En Jakarta reina la democracia parlamentaria, así como en muchas localidades donde las leyes sobre descentralización abren una etapa de abundancia financiera. Facciones locales, políticos turbios, ligas callejeras -en especial islámicas- que pasan a ocupar el primer plano: la primavera democrática de Indonesia, atractiva por su libertad de expresión, también se ve carcomida por la omnipresencia de costumbres políticas de las que Suharto fue tan sólo el símbolo más visible.

Por último, las fuerzas armadas indonesias, consideradas capaces de cualquier cosa, se revelaron ante todo como un monumento a la indecisión, dentro de la gran tradición de las catástrofes post autoritarias. Ninguno de sus generales se impuso, ninguna de sus intervenciones fue decisiva, mientras que su retirada de Timor constituye un acontecimiento histórico. La fuerza militar, acusada de todo tipo de tráficos, está al mismo tiempo subfinanciada y subequipada, a pesar de que los desafíos que plantea el archipiélago son mayores que nunca.

Según los defensores de los pobres y del movimiento social, la joven democracia indonesia gasta más en su espectacular funcionamiento que en la redistribución entre las clases populares: a decir verdad, se podría agregar que esas clases vivían bastante mejor en tiempos de Suharto… Pero para el FMI y los restantes acreedores, Indonesia es demasiado dispendiosa e insuficientemente severa en materia de reestructuración de bancos y empresas en dificultades. La contradicción es prácticamente insoluble, puesto que para reestructurar habría que poder revender: pero los inversores extranjeros (o los chinos de Indonesia) se evaporaron. Desde 1998, los únicos compradores potenciales siguen siendo los mismos: los antiguos propietarios que pusieron a cubierto, en Singapur o en alguna otra parte, una buena parte de sus dividendos.

El ejército está sujeto al mismo dilema. Cuando resulta demasiado ineficaz en su intervención como para prevenir el desembarco de elementos islamistas en las Molucas, recaen sobre él sospechas de sabotaje. En cambio, si reinicia sus acciones contra la lucha armada en Aceh se lo acusa de sabotear la paz. Finalmente, la opinión pública internacional pide al país que acepte autonomías e independencias de toda índole, mientras los organismos financieros internacionales critican las transferencias de los recursos que son el único factor capaz de hacer económica y políticamente viables estas autonomías: tanto en Batam como en el caso de la concesión minera Freeport de Irian Jaya, se le pidió al gobierno central que recusara las reivindicaciones locales sobre las empresas multinacionales…

Wahid, políticamente incorrecto

El 30 de mayo pasado, pocos días después de que Wahid amenazara con imponer un Estado de emergencia que le permitiría disolver el Parlamento, éste votó por 365 contra 4, el comienzo del proceso de destitución del Presidente, por su presunta implicación en dos escándalos financieros, mientras fuera sus partidarios se enfrentaban con la policía antimotines. La autoridad de Wahid como líder de la primera liga islámica indonesia, sus posiciones ecuménicas al punto de ser a veces paradojales (por ejemplo, el acercamiento a Israel…), su talento para el discurso y el doble lenguaje (ilustrado por la telenovela judicial interminable e inconclusa de la familia Suharto) constituían una garantía contra la guerra civil. Políticamente incorrecto por la forma desordenada que adopta su poder cotidiano, "Gus Dur" es el personaje más interesante de todo el espectro islámico internacional y el más capaz de instaurar la concordia entre las comunidades. Políticamente correcta a los ojos de la comunidad internacional, la señora Megawati no podría contener una avanzada islamista radical, que es también una respuesta al riesgo de descomposición de la nación indonesia. Megawati está además estrechamente ligada a la tradición centralizadora y nacionalista de Indonesia y rápidamente funcionaría, en este plano, como rehén de las fuerzas armadas.

La actitud de la comunidad internacional resulta inconsecuente. Al iniciar un proceso de transición democrática en el marco de una grave crisis económica, Indonesia necesitó apoyo financiero así como un constante apoyo humanitario. Si bien a partir de junio de 1998 el FMI pareció alinearse con este punto de vista, el acentuado carácter condicional de su acción se pone en evidencia por las reiteradas suspensiones de sus entregas, como es de nuevo el caso desde febrero de 2001.

Los organismos financieros internacionales en cambio tienen miedo de tener que pagar la factura de la democracia local: más de 300 gobiernos y asambleas territoriales creados por la ley sobre descentralización obtendrían importantes beneficios fiscales, garantizados en particular por los recursos naturales. Pero es políticamente inconcebible que se lleve adelante semejante experiencia democrática, a mitad de camino entre la república indonesia jacobina y las secesiones locales, sin importantes pérdidas en serie en el plano financiero. En el año 2000, el alza de la cotización del petróleo permitió equilibrar el presupuesto público. El clima de incertidumbre política excluye, por el contrario, la posibilidad de un reinicio de la inversión privada internacional.

Sin una ayuda más claramente política, la experiencia indonesia corre el riesgo de quedar atrapada en sus propias contradicciones: teniendo en cuenta, además, el potencial nacionalista y la mayoría islámica, así como la debilidad de los políticos civiles más destacados, es previsible que no sea la democracia políticamente correcta y financieramente conforme a los criterios internacionales la que salga ganando. ¿Habrá que lamentar entonces haber presionado tanto con reformas exigentes a una joven democracia?

  1. Sobre la crisis asiática, véase el Nº 47 de Manière de voir, "La mondialisation contre l'Asie", 9-10-1999.
  2. Solomon Kane y Laurent Passicousset, "Islam contestataire aux Philippines", Le Monde diplomatique, París, julio de 2000.
  3. Frédéric Durand, "Héritage empoisonné pour l'Indonésie", Le Monde diplomatique, París, abril de 2001.
  4. La vicepresidenta es hija de Sukarno, padre de la independencia indonesia.
Autor/es François Godement
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 24 - Junio 2001
Páginas:14, 15
Traducción Patricia Minarrieta
Temas Conflictos Armados, Militares, Terrorismo, Deuda Externa, Neoliberalismo, Estado (Justicia), Estado (Política), Geopolítica, Políticas Locales, Islamismo
Países Corea del Sur, Filipinas, Indonesia, Japón, Singapur, Israel