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Liberalización económica, autoritarismo político

El tránsito en Vietnam de la economía socialista planificada a la de mercado capitalista, no reconocido en los discursos oficiales, ha generado un ciclo de crecimiento económico, la formación de una nueva clase de notables y una secuela de corrupción.

Para describir la liberalización económica, los vietnamitas no utilizan la traducción a su idioma de la palabra "transición". Prefieren la expresión Doi moi, que significa "renovación". Las medidas tomadas a partir del VIº Congreso del Partido Comunista Vietnamita (PCV) en diciembre de 1986, progresivamente reforzadas en el curso de los años siguientes, permitieron en efecto una transición relativamente indolora de la economía socialista planificada hacia una forma de economía mixta, caracterizada por un crecimiento sostenido sin desequilibrios de mayor amplitud. Sin embargo, persiste el desfasaje entre el discurso oficial y la nueva realidad. Desestimando los hechos, las reformas se presentaron siempre como una etapa en la transición hacia el socialismo. Según los documentos del VIº Congreso del PCV, debían establecer "los fundamentos necesarios para la aceleración de la industrialización socialista durante la etapa siguiente"1. Aunque se haya abandonado el dogma del "salto de la etapa capitalista", afirmado desde la creación del PCV en 1930, el objetivo final se mantiene en principio inalterado.

Pese a las circunlocuciones ideológicas, la nueva política se tradujo en un conjunto de decisiones que confluyen en un mismo sentido de liberalización y apertura económica: rehabilitación de las empresas privadas, tanto en la agricultura como en la industria y el comercio; reducción del sector público, tanto a nivel del número de empresas como del personal empleado; descentralización del crédito gracias a la multiplicación de las instituciones crediticias (incluyendo bancos de capital extranjero), estímulo a las inversiones extranjeras directas, con una preferencia por la participación en el seno de empresas que reúnan socios vietnamitas y extranjeros a fin de favorecer la transferencia tecnológica.

Paralelamente, se llevó a cabo una vigorosa acción macroeconómica que permitió estabilizar la moneda, contener la inflación y mantener el déficit público dentro de límites aceptables. A título de ilustración, la producción y el consumo de electricidad se duplicaron entre 1987 y 1994, en correspondencia con una tasa de crecimiento promedio anual del 10%. En cuanto a la tasa de crecimiento del producto bruto interno (PBI), se mantuvo por encima del 8% anual entre 1992 y 1998 (6% en 1999).

La capacidad de Vietnam para superar la casi total desaparición de sus mercados en Europa Oriental constituye sin dudas su logro más espectacular. Según las estimaciones del Ministerio de Comercio, la participación de países de moneda no convertible en las exportaciones vietnamitas no superaba en 1992 el 4% para los productos de la industria ligera y artesanales (contra el 100% en 1988) y el 1% para los productos agrícolas y forestales (contra el 30% en 1988).

Por lógica, la reorientación de sus circuitos comerciales condujo a Vietnam a presentar su candidatura ante la Asociación de las Naciones del Sudeste Asiático (ANSEA), transformándose oficialmente, en 1995, en su séptimo país miembro. Hoy en día, Hanoi sigue una estrategia de integración regional y relativa apertura internacional. Comercia principalmente con sus vecinos -empezando por Japón- que son también los primeros inversionistas en el país. Los intercambios con los países occidentales se intensificaron a partir de la retirada de Camboya en 1989 y el levantamiento del embargo estadounidense en 1994 (la Unión Europea, por su parte, representa hoy el 15% de los intercambios).

La apertura económica y la transición hacia una economía de mercado desataron un ciclo de crecimiento. En el plano agrícola, el país alcanzó la autosuficiencia alimentaria y se elevó al rango de tercer exportador mundial de arroz. También en la industria, tanto en la confección como en ciertas actividades de ensamblado, pasó a ser un exportador con quien se debe contar en lo sucesivo.

Claro que en esta evolución hay un porcentaje de recuperación: la actividad, trabada durante mucho tiempo por el régimen de economía planificada, atesoraba reservas de crecimiento que se pusieron de manifiesto apenas los frenos se soltaron. Sin embargo, la recuperación no alcanza a ser una explicación suficiente: pasaron cerca de quince años desde el lanzamiento del Doi moi y el crecimiento continúa sin verse desmedidamente afectado por la crisis que golpeó a los vecinos asiáticos de Vietnam. Además, el déficit comercial, que empezó a adquirir una envergadura preocupante, se redujo en 1997 y 1998.

Si bien la política del Doi moi no se calcó de las reformas chinas de fines de los años ´70, las similitudes entre los dos países resultan lo bastante numerosas como para que se pueda hablar de un modo asiático de transición. En ambos casos, reformas económicas no riman con reformas políticas ni llevan a cuestionar el poder autoritario.

Una economía mixta

La influencia del Partido Comunista se hace sentir en la economía, donde ahora coexisten el sector privado y el público. Al paso de los años, apareció una verdadera clase de notables que concentran puestos de responsabilidad en ambos sectores. Son, por ejemplo, director de un taller de la empresa pública (o directora, ya que muchas veces el dueño es una mujer) y secretario del sindicato o del partido de un taller, en retiro o en actividad. A menudo dirigen simultáneamente su unidad de producción privada, cuyas dimensiones alcanzan, en el mejor de los casos, a un centenar de trabajadores.

Los obreros que trabajan allí (en un taller situado generalmente en la casa del patrón, o a domicilio) reciben un pago a destajo según una tarifa más o menos uniforme. Su estatuto es eminentemente precario, ya que depende del ritmo de los pedidos. Sólo los mejor posicionados pueden acumular un puesto estable en el sector público y otro en el privado. Habida cuenta del nivel de los salarios, sólo ellos pueden vivir correctamente; luego vienen los que logran estabilizarse al menos en uno de los dos sectores; por último, los que están en situación verdaderamente precaria, que sólo ocasionalmente logran empleos en el sector privado.

En este nuevo capitalismo vietnamita, la acumulación del capital financiero supone una acumulación previa de capital relacional, que pasa a su vez por la inserción en la red político-sindical, es decir, en la red estatal de la que forman parte las empresas públicas. Tanto en los países de Europa del Este como en China, las privatizaciones a menudo beneficiaron a los antiguos funcionarios de las empresas públicas. En Vietnam, donde todavía no están realmente a la orden del día, se observa un fenómeno del mismo tipo, aunque más patente: como la empresa pública suscita la creación de una miríada de pequeñas unidades privadas a su alrededor, el número de beneficiarios es más elevado. Así se constituye progresivamente una casta burguesa.

Ese capitalismo engendra su cortejo de flagelos sociales: corrupción, contrabando, prostitución, juego e incluso, más recientemente, droga. La prensa y los discursos oficiales retoman este tema de manera insistente. De hecho, la corrupción afecta al núcleo del Estado porque implica que ni siquiera sus propios agentes respetan las reglas que dictan. Se manifiesta desde el desvío de una parte (quizá un cuarto) de la producción de las minas de hulla nacionales de Hong Gai2 hasta el fraude fiscal generalizado, pasando por las construcciones ilícitas en pleno centro de la capital.

El fraude fiscal y aduanero es masivo, hasta el punto de que los recursos del Estado se revelan insuficientes para garantizar un funcionamiento satisfactorio de los servicios públicos básicos, como la salud y la educación. No pudiendo acceder con sus sueldos a los abundantes bienes de consumo que ya pueden conseguirse, la distancia entre las necesidades y los recursos de que disponen empuja a los funcionarios a buscar ingresos complementarios3. La remuneración de los funcionarios es un problema de fondo. En su informe político presentado en la apertura del VIIIº Congreso del Partido, el ex secretario general Do Muoi subrayaba la necesidad de "seguir mejorando la escala salarial, de modo que los funcionarios puedan vivir de los ingresos provenientes de su salario".

En suma, la sociedad vietnamita se encuentra en una situación en la que el Estado no cumple realmente su rol y frente a disfuncionalidades de todo orden. Como las leyes ya no significan nada, o no demasiado, cada cual es libre de inventar un procedimiento propio para llegar a sus fines. El antiguo sistema ya no funciona pero el "mecanismo de mercado", que se ha convertido en el principio cardinal, tampoco funciona correctamente.

  1. Citado por Vo Nhan Tri, Vietnam's economic policy since 1975, Institute of Southeast Asian Studies, Singapur, 1990.
  2. Economic Times, abril de 1995.
  3. El poder de compra de los sueldos habría disminuido en un 30% entre 1993 y 1996 según el Ministerio de Trabajo, de inválidos de guerra y asuntos sociales. Vietnam Investment Review, 4/10-11-96.
Autor/es Michel Herland
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 8 - Febrero 2000
Páginas:16
Traducción Patricia Minarrieta
Temas Corrupción, Mundialización (Economía), Neoliberalismo, Derechos Humanos, Estado (Justicia), Estado (Política), Políticas Locales
Países Guyana, Camboya, China, Japón, Singapur, Vietnam