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Vietnam: Partido contra Estado

Si Vietnam no perdió la paz, tampocó la ganó. Iniciado en 1979 y lanzado de lleno en 1986, el cambio de orientación del sistema económico no acarreó grandes trastornos en los campos productivo y político; incluso permitió al país alcanzar la autosuficiencia alimentaria, reorientar sus flujos comerciales después de 1989 e integrar el espacio regional. Sin embargo, estos relativos éxitos en materia económica no condujeron a una liberalización política ni permitieron evitar el desarrollo de nuevas desigualdades sociales. Como en China, se plantea desde ahora el interrogante acerca de la estabilidad del Estado frente a un Partido Comunista que lo cuestiona duramente.

En enero de 1999, Lê Kha Phiêu, secretario general del Partido Comunista Vietnamita (PCV) declaraba sin ambages: "La razón principal del retroceso de la actividad económica fue la ineficacia del aparato del Estado". Unos meses antes, y bajo el título de "Una vez más, no se aplica una directiva del Primer Ministro", el diario Lao-Dông (El Trabajo) publicaba un extenso "Correo del ciudadano", donde después de evocar sus actividades revolucionarias y su contribución a la lucha del país en pos de su independencia, una anciana se quejaba de haber sido despojada de su parcela de tierra por los cuadros del Comité Popular1.

La lucha contra las terribles inundaciones que afectaron a ocho millones de personas del centro de Vietnam fue el calderón de esta campaña mediática minuciosamente orquestada: a fines de 1999, proporcionó la ocasión de señalar la impericia de los jerarcas de la administración pública y, en esperado contrapunto, de subrayar hasta dónde el Partido seguía siendo, contra viento y marea, el último bastión garante de la solidaridad y de la unidad nacionales. Como el dique que resguarda tanto como une, el Partido extrae su fuerza del hecho de ser la única instancia capaz de reunir y federar2. Las fricciones que oponen el aparato del Estado al del Partido se intensifican desde hace un año, y el segundo ya no duda en poner todo en juego para desacreditar al primero; con algún éxito, por otra parte.

Después de más de diez años que el gobierno consagró a la apertura económica y a la conducción de los negocios, el Partido se vuelve a ubicar al frente de la escena y saca una suerte de balance. Sus conclusiones son inapelables: las dificultades económicas, el reciente repliegue de las inversiones extranjeras, la pobreza galopante y las rebeliones de un mundo rural agobiado por los impuestos deben ser inscritos en el pasivo de un aparato estatal que fracasó en la modernización del país.

De ahora en más, el Partido mismo retoma el timón, y lo hace saber. Su secretario general aparece puntualmente en la primera página de los diarios; es él quien recibe a las delegaciones extranjeras; él fue a negociar a Pekín el acuerdo de delimitación de la frontera terrestre sinovietnamita. Las primeras experiencias de pago a destajo fueron puestas en práctica en las empresas que dependen del Partido y fue bajo su estímulo directo que la "accionarización" de las empresas alcanzó una velocidad de crucero, luego de una vigilia de diez años.

Lejos de ilustrar un supuesto conflicto entre "conservadores" y "renovadores", este vuelco de la política vietnamita va a contracorriente de las experiencias de reforma del comunismo a las que se ha asistido en otros países. Comprender la vitalidad del Partido y su pretensión de encarnar la unidad nacional exige de todos modos una cierta toma de distancia que permita tener en cuenta la forma en que los mismos vietnamitas se representan la naturaleza y condiciones del ejercicio del poder.

Desde la instauración de una monarquía centralizada a fines del siglo XV, el Estado es un actor político esencial en Vietnam. Cierto es que la doctrina confucianista hace del soberano el Hijo del Cielo, pero también y por sobre todo su representante aquí abajo, un mediador que da cuenta de sus actos y es responsable de las catástrofes que pueden sobrevenir. El poder del monarca no era entonces absoluto, separado de todo contexto, sino por el contrario profundamente ligado a éste, y la indignidad podía conducir a la "ruptura del mandato celestial" (cach-mang, que significa precisamente "revolución"). Muy fuerte y muy actual -como lo demostraron las recientes inundaciones- este vínculo entre legitimidad política y gestión secular contribuyó grandemente a modificar la naturaleza del poder al hacerlo integrar las nociones de Estado y de práctica administrativa.

El cuerpo de los agentes del Estado -los mandarines- se conformaba en esa época por medio de concursos, organizados con regularidad, en los que todos y cada uno podían participar, sin distinción de fortuna ni de rango. Todo el sistema tenía su fuente en el nivel de las decenas de miles de aldeas que cubrían el país, y cada cual poseía una posibilidad real de integrar una máquinaria burocrática que, por sí misma, aseguraba un porvenir brillante y permitía escapar al penoso mundo del trabajo arrocero. Así conseguía el Estado captar lo mejor de una sociedad rural que pesaba mucho en la definición del poder.

Esta sigue siendo hoy en día la base política e ideológica del régimen. Resultado de la guerra y de los desplazamientos de la población después de 1975, la gran mayoría de los actuales funcionarios son personas nacidas en el campo. El secretario general, los ministros, los presidentes de los comités populares, los delegados locales y el conjunto de los funcionarios saben de qué hablan cuando evocan el mundo rural y sus dificultades. Esta inscripción rural del poder, que a veces es objeto de burlas fuera de lugar, es digna de destacarse en el sudeste asiático, donde la élite política y económica de origen urbano está ampliamente desconectada de la base sociológica del país que se supone debe representar.

Pero aquellos concursos de mandarines eran instrumentos temibles de selección en función de la cultura y la instrucción. Las pruebas no trataban sobre conocimientos técnicos o administrativos, sino sobre un saber académico integrado por composiciones literarias, retórica china y poesía antigua. Lejos de ser un inconveniente, esta formación despegada de lo real cumplía una función clave en la definición de la doctrina: el hecho de exigir a los futuros servidores del Estado que conociesen perfectamente la cultura clásica, de difícil acceso para el hombre común, permitía dar una unidad real de pensamiento a una clase dirigente que no disponía de ningún otro vínculo unificador. La adquisición de un saber común fusionaba a los agentes del Estado que, de un extremo al otro de un país muy extenso y culturalmente muy diverso3, compartían de pronto los mismos valores y el mismo corpus de referencias confucianas.

De origen campesino, el poder se legitimaba por la posesión de un saber clásico y federativo que permitía dar coherencia a una élite en perpetua formación. En otras palabras, la "pureza de la doctrina" fue la condición para la integración de las clases populares en los mecanismos del poder.

Esta situación no provocó ninguna escisión entre el mundo sapiente y el mundo popular. A diferencia de los chinos, los mandarines vietnamitas regresaban a su pueblo natal al terminar su carrera. Allí enseñaban la cultura clásica a las generaciones jóvenes, las preparaban para los concursos de reclutamiento de la función pública, alimentando así una relación muy fluida entre los estratos altos y bajos de la sociedad, entre el mundo del arrozal y el del pincel. También contribuían a redefinir el paisaje cotidiano de los aldeanos: las estelas, las pagodas, los diques, la casa comunal y el templo a Confucio fueron múltiples puntos de apoyo y de relevo de esta cultura fundamentalmente mixta.

Esta cultura mixta fue reforzada por la política voluntarista del Estado centralizador, especialmente en el campo de las creencias y prácticas religiosas. Los cultos populares (generalmente animistas y ligados a los ritmos agrarios) fueron erradicados en provecho de un panteón nacional oficial dedicado a los grandes generales vencedores de los chinos, a los dignatarios de alto rango y a las divinidades ligadas a la historia del país en su conjunto. Garantía de la unidad, y en función de ese objetivo contenedora de la diversidad, la propaganda del Estado bajaba a la aldea.

Gracias a la formación de una auténtica matriz aldeana, el campo vietnamita de alguna manera se estatizó desde adentro. Lejos de conducir a la formación de una clase intelectual autónoma o de lo que hoy llamaríamos una "sociedad civil", alternativa al poder central, las virtudes federativas de la doctrina estuvieron por el contrario muy fuertemente ligadas al servicio del Estado. En un contexto distinto, esta fuerza del poder central explica con qué facilidad se impondrían más tarde el culto a los soldados liberadores y la gloria del Estado comunista.

El período colonial quebró el vínculo entre nociones que funcionaban por pares: más que los trastornos políticos y las violencias guerreras de este siglo, lo que en verdad constituye la gran fractura del mecanismo de la autoridad es la desaparición brutal de los antiguos equilibrios (saber/poder, ciudad/campo, sapiente/popular). Se suprimieron los concursos, los mandarines fueron ubicados bajo tutela y el letrado repentinamente reemplazado por el intelectual, formado en las escuelas coloniales y en la escritura romanizada. El poder cambiaba de mano, dejaba el campo para instalarse en la ciudad, dentro de la maquinaria colonial, mientras que la esfera del saber se mantenía al margen de la política. La matriz aldeana se volvía completamente inoperante.

La partición entre el aparato del Estado y el del Partido es una de sus consecuencias. A partir de la muerte de Hô Chi Minh, cuya aura permitió por sí misma, por poco tiempo, la acumulación de las presidencias del partido, del gobierno y de la República, las instituciones se escindieron en dos bloques distintos. El Estado y el Partido figuran ahora lado a lado, desde las más altas instancias nacionales hasta la más insignificante aldea de montaña: uno actúa, el otro ilumina; aquí la práctica del poder, allá su doctrina. Por otra parte, la ruptura del lazo entre saber y poder se expresa en las estadísticas contemporáneas: sólo un tercio de los funcionarios de los distritos y sólo el 3,5% de los funcionarios comunes poseen un nivel de formación universitaria.

Por primera vez en su historia, el poder central tuvo que descender directamente a la aldea para imponerse. Convertido en unilateral, ese movimiento desde lo alto hacia abajo adoptó además una forma doble: la de la burocracia (hoy son 17.000 los funcionarios en los distritos y 220.000 en las comunas, contra tan sólo un millar de mandarines en el pasado), y la de la doctrina: unos cincuenta miembros del Partido por comuna.

Escisión institucional, desdoblamiento del dispositivo, fractura de lo que antes estaba unido: la ruptura con respecto al pasado es enorme. No obstante, la política actual de los dirigentes vietnamitas puede interpretarse como un intento -por otros medios y en otro contexto- de reencontrar las virtudes políticas de la matriz antigua, cuya temible eficacia fue demostrada por la historia. Dentro de esta estrategia, la renovación de la doctrina es esencial, y la política iniciada desde hace un año lleva su marca, por ejemplo en el estímulo a favor de la doble pertenencia: un servidor perfecto que sea a la vez funcionario del Estado y miembro del Partido. De ahora en más el Partido es omnipresente. Se compromete abiertamente en los grandes asuntos internos, por ejemplo la lucha contra la corrupción (que permite, de paso, desacreditar el aparato del Estado) pero también en la escena internacional.

De todos modos, lo que permite al Partido presentarse con sus mejores atavíos es el frente económico. En 1986, una de las condiciones para la apertura del país era que el poder público -el gobierno- pudiese permanecer en el corazón del sistema financiero. Bien acotada por el Estado, administrador de la canasta, la inversión extranjera (la cuarta parte de las entradas del presupuesto nacional) vino entonces a sustituir la ayuda soviética y el stock de bienes de consumo sureños heredado de los estadounidenses, ambos en proceso de agotamiento.

Pero si el desarrollo económico llegó a la cita, la estrategia política se encamina hacia el fracaso. Las inversiones del exterior cayeron en un 40% (1997-1998), el crecimiento se ahoga y el rendimiento fiscal sigue siendo muy débil. El Estado se empobrece: sus ingresos pasaron del 30% al 20% del PBI en 1997. Peor aún, como más de la mitad de la producción industrial y ocho sobre diez empleos corresponden al sector privado, el aparato del Estado ha perdido el control de la economía real.

La naturaleza del desarrollo económico también debe ser observada. El sistema informal (un tercio del PBI y un cuarto del empleo), útil en su tiempo, se ha convertido en obstáculo para la integración regional. Desde 1995, Vietnam es miembro de la Asociación de las Naciones del Sudeste Asiático (ANSEA) y en 1998 se unió a los veinte países miembros del Foro de Cooperación Económica en el sudeste asiático. En el 2003, los países de la ANSEA inaugurarán un mercado aduanero común al que Vietnam, que tendrá que adherirse tres años después, ya sabe que no podrá hacer frente: las importaciones fraudulentas juegan en contra de todas las tentativas de desarrollar una industria competitiva. En efecto, los productos del contrabando cuestan más baratos que las mercancías locales. Sobre los 24.000 vehículos importados en 1996, un tercio provienen del contrabando; en 1998 la fábrica de automóviles Mekong cerraba sus puertas, mientras que Ford y BMW enfrentaban graves dificultades.

La economía paralela hace que los productos vietnamitas no resulten competitivos y que la integración económica sea muy peligrosa. No obstante, el anclaje en el sudeste asiático es un imperativo político, dado que constituye un sólido contrapeso con respecto a China, cuyas "zonas francas" destinadas al comercio privado constituyen auténticas ciudadelas en avanzada hacia los mares del Sur. La cuestión económica toca muy de cerca la de la independencia nacional.

El repliegue del poder público y las amenazas regionales han permitido justificar el regreso del Partido a la conducción de los asuntos, adjudicándose el buen rol: después de una década de laisser-faire y de flexibilidad culpable, conviene desde ahora unir doctrina y práctica del poder a fin de sanear las estructuras económicas y preparar el porvenir. Descuidada durante demasiado tiempo, la doctrina se vuelve de pronto custodia de la independencia nacional.

  1. Elegidos cada cinco años por los Consejos Populares, los Comités Populares constituyen el ejecutivo local (provincias, distritos y comunas).
  2. "Nguôn suc manh cua Dang"("La fuente de la fuerza del Partido Comunista"), artículo publicado en la edición semanal del muy oficialista diario Nhân Dân (El Pueblo), Hanoi, 2-1-2000.
  3. Viêt-Nam se extiende a lo largo de 3260 km y comprende 54 etnias diferentes.

La vanguardia de la clase trabajadora

Herland, Michel

Así como el "socialismo de mercado" de Deng Xiaoping tuvo por objetivo la reforma de la economía sin atentar contra el monopolio del poder del Partido Comunista Chino (PCC), la función de la política de liberalización decidida en 1986 en Vietnam por la mayoría en el seno de la dirigencia política, fue evitar una crisis del régimen. Claro que el objetivo primordial era la conservación del poder, incluso al precio de la abjuración ideológica más flagrante, aunque nunca confesa. En ausencia de una tradición democrática, el pueblo espera hoy de sus gobernantes la prosperidad, así como después de la segunda guerra mundial esperaba la independencia. En Vietnam, como en China, liberalización económica y autoritarismo político van a la par.

En esta "República socialista" que sigue siendo Vietnam, el Partido Comunista Vietnamita (PCV) cumple una función determinante (ver "Vietnam: Partido…" en esta página). Según el artículo 4 de la Constitución de 1992, "el Partido Comunista de Vietnam, vanguardia de la clase trabajadora, fiel representante de la clase obrera, del pueblo laborioso y de la nación entera, iluminado por la doctrina marxista-leninista y el pensamiento de Ho Chi Minh, es la fuerza directriz del Estado y de la sociedad". De manera que de entrada la soberanía popular se ve limitada por la preeminencia acordada al Partido.

Entre el Partido y el pueblo se interpone una organización de masas, el Frente de la Patria, que reagrupa, además del PCV, a otras organizaciones como la Unión de Mujeres, los sindicatos y agrupaciones de carácter religioso. El Frente de la Patria desempeña un papel importante para las elecciones a la Asamblea Nacional, ya que debe aprobar la nominación de los candidatos -a sabiendas, no obstante, de que algunos de ellos son designados de antemano a nivel central, por el Partido o el gobierno. En las últimas elecciones, de julio de 1997, hubo 141 candidatos designados "centralmente" contra 525 designados localmente. El control de las candidaturas es a priori total e inyectar una débil dosis de democracia depende de la buena voluntad del régimen.

En 1997 se introdujo cierta libertad de elección, de dos maneras: primero, seleccionando una cantidad de candidatos1 mayor que los escaños a cubrir2; segundo, aceptando entre los seleccionados a un reducido número de "autodesignados", es decir, personas que habían sometido su candidatura al Frente de la Patria sin ser presentadas por organización alguna (sobre once candidatos fueron elegidos tres). Por último, aunque Vietnam vive bajo un régimen de hecho de partido único, no necesariamente todos los candidatos "oficiales" a la Asamblea Nacional son miembros de ese partido. En las últimas elecciones, había 106 candidatos en esta situación.

El PCV controla todos los puestos clave en las instancias políticas, la administración y el sector productivo estatal, pero no reúne más de dos millones de miembros, sobre casi 80 millones de habitantes. Por otra parte, su implantación en el sur del país sigue siendo muy débil (1% de la población contra un 9% en el norte).

Finalmente, el ejército sigue siendo una fuerza con la que se debe contar. Todavía agrupa cerca de medio millón de hombres3 (420.000 en el ejército, 42.000 en la marina y 30.000 en la fuerza aérea). La mayor parte de su equipamiento, de origen soviético, data de los años 80. El nombramiento en septiembre de 1998 del teniente general Le Van Dung como jefe de estado mayor confirma la preocupación del Partido por no perder el control sobre el aparato militar. En efecto, el general Dung fue durante mucho tiempo el lugarteniente del general Le Kha Phieu en el servicio político del ejército4.

El Partido posee en exclusividad la hegemonía sobre la vida política, como lo prueba la suerte reservada a los escasos opositores. A pesar de algunos tímidos progresos en el plano de las libertades individuales, está lejos de haberse alcanzado la libertad de expresión. Los artículos 69 y 70 de la Constitución establecen una distinción entre la libertad de creencia y religión, presentada como absoluta, y las libertades de expresión, información, asociación y manifestación, enmarcadas por la ley.

El poder sigue siendo sumamente susceptible: reprime sin miramientos a toda persona cuyos escritos o declaraciones le resultan indeseables. Recordemos las desventuras de la escritora Duong Thu Huong, autora de Más allá de las ilusiones, excluida del Partido Comunista en 1990 e impedida de expresarse durante muchos años; la condena en el mes de agosto de 1993 de catorce opositores acusados de haber querido derribar el gobierno; el encarcelamiento del venerable budista Thich Quang Do en 1994 (liberado recién a fines de 1998), etc.

  1. 666
  2. 450
  3. Contra un millón de hombres en 1987.
  4. El PCV celebró su VIIIº Congreso en 1996. En ocasión del plenario del Comité Central que tuvo lugar a fines de 1997, se atendió al reemplazo del secretario general Do Muoi, dimitido desde varios meses antes por el general Lê Kha Phiêu.


Autor/es Philippe Papin
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 8 - Febrero 2000
Páginas:14, 15
Traducción Patricia Minarrieta
Temas Conflictos Armados, Agricultura, Deuda Externa, Mundialización (Economía), Neoliberalismo, Estado (Política), Políticas Locales
Países China, Vietnam