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La izquierda discute actualizarse

El Frente Amplio del Uruguay (FA) se ha embarcado en un debate sobre su identidad ideológica y proyecto programático, luego de una sorpresiva propuesta de su presidente, Tabaré Vázquez, quien sostuvo que el FA " perdió la posibilidad de acceder al gobierno nacional por lo que hizo durante la campaña electoral en sí (…) sino por lo que no hizo a lo largo de los años anteriores al período electoral".

Habiendo descrito los esfuerzos malgastados en "el penoso lujo" de "un internismo estéril", Vázquez afirmó: "Como presidente me comprometo y los convoco a comenzar a trabajar ahora mismo para que esta historia no vuelva a repetirse"1. Es probable que así resulte, pues el acontecer político uruguayo contemporáneo está signado por el rápido crecimiento del FA que, con especial éxito entre los votantes más jóvenes, pasó del 21% del electorado en 1989 al 40% en 1999, cuando no conquistó la Presidencia porque poco antes se había reformado la Constitución e introducido el balotaje para posibilitar un acuerdo de los dos partidos de derechas (Blanco y Colorado) en la segunda vuelta de la elección presidencial, cosa que efectivamente ocurrió.

El FA surgió a fines de 1970, como una suerte de "frente popular" con aspiraciones de "frente antimperialista de liberación nacional". Lo integraban los partidos de la izquierda clásica, movimientos de "la nueva izquierda", incluyendo algunos afines a las antiguas organizaciones guerrilleras, la democracia cristiana y sectores escindidos de los partidos Blanco y Colorado. Aunque influenciado por la Unidad Popular chilena, llegó a ser un movimiento con identidad propia y sobrevivió a la dictadura, de la que emergió a la vez como el partido de la resistencia y de la izquierda tradicional, con programa y discurso oficial bastante congelados. Cuando el "socialismo real" se evaporaba, sufrió la única escisión importante de su historia, al abandonarlo los grupos que formaron el llamado "Nuevo Espacio". El temporal fue capeado gracias a una estructura flexible que permitió la coexistencia de sectores distintos (e incluso duramente enfrentados, como el Partido Comunista y sus escisiones), que no obstante compartían una identidad afirmada en la memoria de lucha: ésta es la base de la tradición política frenteamplista, clave de su supervivencia en aquella hora difícil y factor principal de su desarrollo posterior.

En 1989 el FA conquistó la Intendencia de Montevideo, con un candidato de última hora y casi sin pasado político, el destacado oncólogo y dirigente de fútbol Tabaré Vázquez. En él encontró la izquierda a un candidato con notables dotes de comunicador, capaz de lograr una gran adhesión personalizada. El partido de la tradición frenteamplista devino también el partido de Tabaré, que favorecido por el proceso económico y social se perfiló además como el del cambio posible. En efecto, la apertura de la economía, la relativa disminución del papel del Estado y las tendencias hacia una mayor desigualdad inflaman las memorias de aquel "Uruguay batllista", cuando el temprano Estado de Bienestar asociado al nombre del Presidente Batlle y Ordóñez (tío abuelo del Presidente actual) era el orgullo nacional. Ahora que el comunismo o la revolución no inquietan ya a casi nadie, el partido del cambio es visto simultáneamente como el partido del batllismo añorado.

El crecimiento electoral del FA ha sido paralelo a un doble estancamiento: poco ha aumentado la proporción de personas que se consideran de izquierda y la izquierda ha propuesto muy poco de nuevo. Su discurso programático dejó de lado sin mayor examen sus propuestas clásicas (nacionalizaciones, reforma agraria) y aceptó a regañadientes parte de las tesis hoy dominantes. El desdibujamiento ideológico, sumado a la proximidad del gobierno asordina las polémicas y concentra las energías en las luchas por cargos.

Vázquez dice que "el proceso ideológico de la izquierda uruguaya durante los últimos años ha estado pautado, más que por una auténtica y rigurosa actualización a partir de su propia e intransferible tradición, por una suerte de continua revisión programática para superar contingencias ineludibles e inmediatas." Y plantea el siguiente interrogante: "¿cómo prepararnos para triunfar en las próximas elecciones nacionales y gobernar el país?"

En busca de una renovación

Es más fácil responder a la primera parte de la pregunta que a la segunda. Al ordenamiento de las estructuras de dirección, ya garantizado por el liderazgo de Vázquez, habrá que sumar una reformulación más cuidadosa del programa y una presentación menos confusa que la del último tramo de la campaña electoral del '99, cuando las contradicciones de la izquierda en torno a su única propuesta concreta de envergadura -el restablecimiento del Impuesto a la Renta- le hicieron perder no pocos votos. El triunfo del FA, que tiene dirigentes capacitados, es altamente probable en el 2004, sobre todo si el panorama económico nacional no mejora sustancialmente.

En cambio, parece mucho menos fácil prepararse para gobernar si se pretende hacerlo como izquierda. Desde fines de los '80 ha habido en el Uruguay variados intentos de renovación de la izquierda, pero todos fracasaron porque fueron encarados como actualizaciones a partir de "un corrimiento hacia el centro". Renovación, en sentido estricto, no existió.

A diferencia de otras épocas, el impacto de modelos y debates externos es escaso en la izquierda uruguaya. Probablemente la mayor influencia provenga del Partido de los Trabajadores del Brasil (PTB), pero no constituye un estímulo mayor para el debate, debido posiblemente a que su trayectoria es vista en gran medida como un éxito con escasos problemas. La experiencia cubana tampoco, porque la solidaridad con Cuba es palabra de orden para el frenteamplismo militante y eso anula la crítica. A pesar de que la historia del FA ha gestado un neto rechazo a la socialdemocracia, su postura actual está cerca de una socialdemocracia keynesiana clásica, que sintoniza con el país batllista y acerca incluso a sectores empresariales que claman por políticas de reactivación. Quizás se vaya haciendo más frecuente la referencia al socialismo francés, que ha marcado claramente su distancia de la "tercera vía"; invoca los valores clásicos de la izquierda; reivindica un mayor protagonismo estatal y además gobierna con bastante éxito mediante una coalición que incorpora a casi toda la izquierda.

Vázquez planteó siete ejes para la discusión: a) mundialización de los problemas, globalización de la economía e integración regional; b) un nuevo pacto social por el crecimiento económico, el progreso humano y el desarrollo sustentable; c) Estado y Mercado; d) educación, tecnología, trabajo y empleo; e) Democracia y Ciudadanía; f) la liberación del individuo como horizonte de la izquierda; g) una causa común para todos los progresistas uruguayos.

Semejante agenda abre posibilidades contrapuestas. En un ambiente participativo y fermentalmente propositivo, podría desbordarse la mecánica fijada para la discusión, que prevé talleres cerrados y plazos cortos. De acuerdo al cronograma, no cabe esperar, tras años de adormecimiento ideológico, una reflexión en profundidad, ni que emerjan aportes muy nuevos.

Hay en danza dos urgencias compatibles, aunque no idénticas. Por un lado, la de modernizar el discurso para garantizar la victoria electoral. Por otro, la urgencia de capacitarse para gobernar de otra manera un país deprimido, donde combinar "crecimiento con equidad" requerirá cambios apenas planteados hasta hoy. Los previsibles conflictos inherentes a semejante actualización, en un clima de escaso interés por las ideas, hacen poco probable una conclusión fecunda del debate iniciado.

Sin embargo el FA, sorpresivo ejemplo de conversión de un frente popular aparentemente anacrónico en un partido original, aglutinador de todas las esperanzas de cambio progresista, puede volver a sorprender.

  1. Discurso de Tabaré Vázquez ante el Plenario Nacional del Frente Amplio, Montevideo, 2-9-00.
Autor/es Rodrigo Arocena
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 17 - Noviembre 2000
Páginas:24
Temas Deuda Externa, Mundialización (Economía), Estado (Política), Políticas Locales
Países Brasil, Cuba, Uruguay