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Fusiones de empresas, festín de depredadores

El indecente estruendo publicitario provocado por las batallas bursátiles entre la BNP (Banque Nationale de Paris) y la Société Générale, tanto como la de Elf y TotalFina (petróleos), parece haber anestesiado el espíritu crítico de los medios, en verdad beneficiados con el maná. Extasiados ante la llegada a Francia de los capitalistas anglosajones "asesinos", los comentaristas avalaron el concepto de "creación de valor", o sea la confiscación por los accionistas de la riqueza creada por los asalariados y por el conjunto de la nación. Esto no inquieta demasiado a los dirigentes políticos, que renunciaron a su papel de garantes del bien común.

La loca carrera hacia las fusiones-adquisiciones, iniciada en Estados Unidos, invade al conjunto de los países industrializados1. Cerca de 2.500 operaciones transfronterizas de este tipo habrían sido llevadas a cabo, sólo en el primer trimestre de 1999, por un monto total de 411 mil millones de dólares, un 68% más que en el primer semestre de 19982.

El 11-8-99, la compañía canadiense Alcan, la francesa Pechiney y la suiza Alusuisse anunciaron su intención de crear el primer grupo mundial de aluminio y de embalaje, que aventajaría a la estadounidense Alcoa. Ese mismo día, Alcoa replicó lanzando una propuesta de recompra a su compatriota Reynolds. Aceptada ocho días más tarde, reubicó al nuevo grupo en el primer lugar.

Ese mismo día se supo que tres de las más grandes entidades bancarias japonesas, el Industrial Bank of Japan, el Dai-Ichi Kangyo Bank y el Fuji Bank, conformarían un holding común a partir del otoño boreal del 2000. Será el primer grupo bancario del mundo con un activo total de 140,9 billones de yens, unos 140 billones de dólares.

En Francia, el proyecto SPB (BNP- Société Générale-Paribas) -surgido luego de que la BNP tomara el control del 65% de los títulos de Paribas y de 36,8% de los de la Société Générale- se ubicaría en el tercer lugar a nivel mundial (después del Deutsche Bank alemán), con un balance total de 957 mil millones de dólares. Eso representaría el 42% de los activos consolidados de los once primeros bancos comerciales franceses, lo que inevitablemente conducirá a los ocho restantes a fusionarse a corto plazo en tres o cuatro entidades, o bien a ser absorbidos por predadores extranjeros.

Para justificar el ritmo infernal de las concentraciones, los gerentes generales invocan la "creación de valor". En verdad, esta expresión significa la confiscación, exclusivamente en manos de los accionistas, del valor creado por otros: dentro de las empresas en sí mismas, por las diferentes categorías de asalariados y, fuera de éstas, por el entorno socio-económico y por los servicios públicos, especialmente el sistema educativo y el dispositivo de investigación3.

Los ejecutivos montaron un enorme operativo propagandístico, que costó varios centenares de millones de francos: 175 millones sólo para la publicidad (160 para la fusión BNP/Société Générale y hasta hoy 15 para Elf/TotalFina). Este maná fluyó bajo la forma de anuncios publicitarios en beneficio de gran parte de la prensa escrita (lo que ciertamente no reforzó su sentido crítico) y también como abultados honorarios destinados a múltiples parásitos: bancos asesores especializados en fusiones y adquisiciones, agencias de publicidad y de relaciones públicas, estudios contables, asesores de todo tipo y estudios de insaciables abogados de negocios.

En el sector bancario, se observa una situación similar en Malasia. El Primer Ministro Mohamad Mahatir desplegó una estrategia de gran envergadura para fusionar en sólo seis entidades financieras a los 21 bancos comerciales más importantes. Como en Francia, se trata de impulsar a "campeones nacionales", supuestamente capaces de resistir los asaltos de los bancos transnacionales. La operación busca asimismo fortalecer a la burguesía nacional vinculada con el partido en el poder, la Organización Nacional de Malasios Unidos (UNMO). En la política de las altas esferas el dinero crece y se multiplica con mayor facilidad.

El corolario de estos juegos de destreza financiera de las empresas es la eliminación sistemática de mano de obra. Las transnacionales no sólo dejaron de crear empleos, sino que los destruyen masivamente. Dada su manera de "crear valor" para beneficio de los accionistas, se puede considerar su estrategia como una auténtica declaración de guerra de clases. El semanario Newsweek publicó hace tres años4 un artículo destacado, cuyo título era "The Hit Men" ("Los asesinos"), expresión inicialmente utilizada por la policía de Chicago para designar a los gangsters de Al Capone. El texto describe la importancia de los crímenes llevados a cabo por estos "asesinos" emboscados en el seno de las empresas gigantes: "Usted pierde su empleo, la cotización de las acciones de su ex-empleador llega a las nubes y el directivo se hace otorgar un jugoso aumento de sueldo. Algo no funciona correctamente cuando las cotizaciones no dejan de trepar en Wall Street, mientras en las veredas adyacentes se amontonan los cadáveres de los trabajadores echados a la calle por las grandes firmas como AT&T y el Chase Manhattan".

La "democracia del mercado"

La indignación moral no permitió al autor entender que, por el contrario, todo "cierra" para el sistema: es la dinámica misma de la acumulación capitalista la que está actuando. Los directivos "asesinos" de aquellas empresas que entre 1990 y 1996 despidieron a 350.000 empleados, percibían cada uno un salario anual básico de 1,835 millones de dólares. Con su stock de opciones y demás ventajas, su renta anual supera los 5 millones de dólares.

Philippe Jaffré, presidente de Elf, reunió en Londres a sus accionistas extranjeros el 11-8-99, para ganarse ante ellos la reputación de Hit Man: "Desde que estoy a cargo, reduje en un 15% el número de asalariados franceses del grupo. Admito que he tenido algunos problemas con los sindicatos, pero lo he logrado. Y seguiré haciéndolo"5. En la avalancha de propaganda que organizó para el SBP, el presidente de la BNP, Michel Pébereau se cuidó mucho de comprometerse en lo más mínimo en materia de empleo. Y la prensa francesa, beneficiaria de su generosidad, prefirió extasiarse ante la llegada de la "democracia del mercado" anglosajona antes que formular preguntas molestas. Idéntico mutismo de parte del entonces ministro de Economía y Finanzas Dominique Strauss-Kahn, cuyo apoyo al SPB no era ningún misterio, aunque su gobierno proclama oficialmente la prioridad del empleo, especialmente en el marco de la ley sobre las 35 horas6.

¿Qué hacer con la enorme cantidad de capital excedente disponible en una situación de sobreproducción? ¿Dónde puede ser invertida y con qué margen de ganancia? Los megabancos estadounidenses están familiarizados con este dilema después de años de explosión de los mercados financieros. Por ejemplo, en su último informe de rendimiento trimestral, el Citicorp y el Chase Manhattan hacen alarde de tasas de retorno sobre sus propios fondos ¡del 24%! La estrategia más apropiada de las firmas gigantes para impedir la disminución de sus márgenes de ganancia es recurrir a las fusiones-adquisiciones que, desde principios de la década, han movilizado más de 7 billones de dólares (más que el producto bruto interno de EE.UU.) así como a la diversificación, además de la recompra de su propias acciones.

La prodigiosa expansión de los fondos de pensión aceleró este fenómeno. De acuerdo al estudio de consultores InterSec Research, sus activos a escala mundial alcanzaron 11 billones de dólares, y deberían llegar a 15 billones de dólares en el 2003. Aproximadamente el 10% de las carteras de los fondos de pensiones estadounidenses se invierte fuera de EE.UU. Se han convertido así en protagonistas importantes de las fusiones-adquisiciones en el mundo entero.

Esta dinámica depredadora fue facilitada por el frenesí de desregulación y privatización promovido por la Organización Mundial del Comercio (OMC), que funciona como un mero apéndice del poder financiero transnacional, del mismo modo que el Fondo Monetario Internacional. Del mismo modo, la instauración del euro estimuló la lógica de concentración al reducir a su mínima expresión a las soberanías nacionales. Christian Noyer, vicepresidente del Banco Central Europeo, se complació en recalcarlo: "El surgimiento en Europa de un mercado unificado va a derivar en una concentración en el sector financiero, y un día u otro, esto se hará a través de las fronteras."7.

Mediante esta solución de última instancia que son las fusiones-adquisiciones (los depredadores terminan por devorarse entre sí debido a que las presas son cada vez más escasas), el mundo de las finanzas trata de protegerse de las tendencias deflacionistas mundiales, es decir de la caída generalizada de los niveles de los precios de las materias primas y de los bienes manufacturados. Así, la industria automotriz sólo es utilizada en los dos tercios de su capacidad, lo que no impide la creación de nuevas unidades de producción. Por ejemplo en Brasil, donde Ford va a recibir 730 millones de dólares de dineros públicos por instalar una nueva fabrica. Según The Economist, la capacidad industrial excedentaria de China sería del 40%8. La sobreproducción mundial hace bajar los precios y los países y las empresas siguen produciendo con márgenes de ganancias que rozan el 0%9.

La escala sobre la que se despliega la concentración del capital se burla de las posibilidades existentes de control democrático, desde ya poco utilizadas. En efecto, los medios y los economistas bienpensantes, casi en su totalidad, no se ofuscan en lo más mínimo por el hecho de que el destino de una empresa y de sus asalariados sea decidido por accionistas como los fondos de pensiones, cuyas sedes están a miles de kilómetros. En cambio, se ofenden si los gobiernos, en principio garantes del bien publico, osan opinar sobre el tema. Daniel Bouton, presidente de la Société Générale, se atrevió a declarar, sin provocar el menor escándalo o siquiera una sonrisa: "Existe algo de absurdo en esta repentina caza de brujas en contra de los accionistas extranjeros"10. Efectivamente, para las pequeñas camarillas de dirigentes que implementan estrategias de fusiones-adquisiciones en provecho propio y de una minoría de inversores muy poderosos, cuando se trata de "crear valor", un accionista "pesa" mucho más que millones de simples ciudadanos.

  1. Ignacio Ramonet, "Firmes géantes, Etats nains", Le Monde diplomatique, París, junio de 1998.
  2. De acuerdo con un informe del estudio de consultoría KPMG Corporate Finance, citado en Le Monde, París, 20-8-99.
  3. Jean Paul Fitoussi, "La valeur et l'argent", Le Monde, París, 5-6-99.
  4. Newsweek, Nueva York, 26-2-99.
  5. Citado en Le Canard enchaîné, París, 18-8-99.
  6. Dominique Strauss Kahn renunció el 2-11-99 en medio de acusaciones por haber presentado falsas facturas como abogado de negocios durante la entrada de la ex Compagnie Générale des Eaux en el seno de una filial de mutual estudiantil Mnef.
  7. Le Monde, París, 23-7-99.
  8. The Economist, Londres, 20-2-99.
  9. Ver Jorge Beinstein, "Deuda, periferia y crisis global", en Le Monde diplomatique, ed. Cono Sur, septiembre de 1999.
  10. Le Monde, París, 17-8-99.
Autor/es Frédéric F. Clairmont
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 7 - Enero 2000
Páginas:26, 27
Traducción Dominique Guthmann
Temas Neoliberalismo, Nueva Economía, Estado (Política)
Países Estados Unidos, Brasil, China, Malasia, Francia