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Lumpenpolítica

Urgido por la necesidad de encontrar la manera de denominar a los grupos marginados del proceso de producción capitalista, carentes de toda conciencia obrera, incultos y embrutecidos y por tanto fácil presa de la demagogia o el mesianismo, Carlos Marx acuñó hace un siglo y medio el término lumpenproletariat, lumpenproletariado. "Lumpen" significa "harapo": trozo que cuelga roto de un traje u otra prenda; andrajo, guiñapo, pingajo, según María Moliner. El éxito del término y su uso extensivo han alterado y precisado su sentido. El harapo se ha desprendido de su prenda original; es un trozo aislado, abandonado; su destino, ya cerrado, es la suciedad y el mal olor. La alteración de significado va más allá: nadie asocia "lumpen" con un trozo de género, sino con el modo o condición social de ciertas personas o grupos. "Actualmente se usa para designar a los grupos sociales más marginados" (Moliner). La precisión se da en que "lumpen" es un modo y condición, pero ha devenido una conducta social. En definitiva, decimos de alguien que es lumpen ya no tanto por su pertenencia de clase, sino por su conducta asocial, apartada y carente de toda norma, ética o estética, en definitiva incomprensible y peligrosa para el ciudadano común y el conjunto. El apócope se ha desprendido de proletariat y es de uso variable. Puede aplicarse por ejemplo a "política": lumpenpolítica.

Hace un par de meses, un grupo de honestos y dignos trabajadores del ingenio Ledesma, en la provincia argentina de Jujuy, viajó a la Capital Federal para reclamar por sus miserables salarios atrasados y otras reivindicaciones. Entrevistado en un programa radial1, uno de ellos dijo de pronto una de esas frases que impresionan por su sencillez e implacable lógica: "Tanto hablar del año 2000 y nosotros vamos hacia atrás, hacia el siglo pasado… en Jujuy los trabajadores cocinamos con velas". El colombiano Gabriel García Márquez ya lo había anticipado hace unos años: "los latinoamericanos nos habremos salteado el siglo XX; entraremos al siglo XXI directamente desde el XIX"2.

La profecía se cumple, y cómo. "En 1999, casi 4,5 millones de trabajadores latinoamericanos se agregaron a la legión de los desocupados. Así, el desempleo urbano en América Latina abarca a 18 millones de trabajadores". Víctor Tokman, director general de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), señaló que "el número de desocupados hubiera podido ser mayor si no hubiese sido que tres millones de personas abandonaron el mercado laboral desalentados por la falta de oportunidades"3. El informe de la OIT agrega que descendió el nivel de cobertura social de los trabajadores y el salario real industrial; destaca el aumento del trabajo en negro y precario y subraya que no incluye a los trabajadores autónomos.

Estas cifras están lejos de reflejar la realidad latinoamericana en la era de la globalización salvaje. Son sólo datos disponibles sobre desempleo urbano en un continente que no dispone de censos ni estadísticas confiables y donde la mayor parte de la población vive en el campo, a pesar de la existencia de algunas megaciudades. Si esa es la situación de los trabajadores industriales urbanos, ¿alguien puede imaginar la de las decenas de millones de campesinos y nómades del campo latinoamericano; la de los millones de habitantes de favelas, chabolas y villas miseria, ni urbanos ni campesinos, parásitos de esa zona neutra donde la ciudad se alarga y el campo termina, donde nada se produce ni existe otro horizonte que la caridad o el delito? Si según Unicef en Argentina "hay 252.000 niños menores de 14 años que trabajan, con riesgos para su salud y escolaridad"4, ¿cuántos miles, millones, hay en los países más pobres de América Latina?

Pero sobre todo: ¿cuál es la tendencia? ¿Se trata acaso de un fenómeno en proceso de reversión, o es que se agrava? Una medición oficial del mes de agosto pasado indica que en la Capital Federal y el gran Buenos Aires había entonces 466.500 pobres más que el año anterior, de los cuales 137.850 indigentes (sumadas, 900.000 personas que no tienen ingresos para su alimentación básica ¡en un país subpoblado y con excedentes históricos agroalimentarios!). "En Argentina habría más de 12 millones de personas que viven en hogares pobres (…) los más perjudicados por la pobreza y la indigencia son los niños, en especial los menores de cinco años: el 45,3% de los niños vive en hogares pobres"5. Da escalofríos pensar en la situación de países como Nicaragua, Guatemala, Ecuador, incluso Brasil…

El retroceso de las clases medias es más difícil de cuantificar, pero evidente: caída libre del nivel de ingresos y de la cobertura social, grave deterioro de los sistemas educativos y de salud, precariedad laboral, falta de horizontes para los jóvenes (incluso para los diplomados), inseguridad urbana, angustia por la vejez…6. Hay incluso un factor sin cuantificación posible, pero real, palpable: las humillaciones, angustias e incertidumbres cotidianas que soporta el conjunto de los ciudadanos. En Argentina las cosas han llegado a tal punto que cabe hablar de alienación, tanto en el sentido marxista como en el simple y llano de María Moliner: "transformar la conciencia de un individuo o colectividad de modo que pierda su propia identidad". Un ciudadano globalizado de estos parajes vive en permanente inquietud, toda seguridad ha desaparecido, ya no puede confiar siquiera, como sus abuelos, en que sus sacrificios se verán compensados en el porvenir de sus hijos. Decenas de ciudadanos mueren o sufren graves lesiones por atropellos de autobuses en el enloquecido tránsito de Buenos Aires: no cobrarán el seguro porque el gobierno protege a las compañías por decreto. Miles de honestos trabajadores han aportado durante años para sus jubilaciones: un decreto recorta sus derechos o los priva de ellos. Recurren a la justicia, que les da razón: otro decreto paraliza la ejecución de los fallos. El sistema bancario practica la usura más descarada: los periódicos comentaron como un hecho positivo la eventual rebaja de un 10% ("consensuada con los bancos", eso sí) de los intereses que cobra por las tarjetas de crédito. Ocurre que el 10% es, grosso modo, lo que se cobra actualmente por la totalidad del servicio en Europa y Estados Unidos. En Argentina, un país sin inflación y dolarizado, los intereses de las tarjetas suelen trepar ¡al 49%! Y no bajan del 27%…7. ¿No representa una forma de alienación celebrar como una conquista lo que no es más que la certificación de una estafa? Desproporciones equivalentes se observan entre lo que los bancos pagan por los depósitos (aquí sí se ajustan a las tasas internacionales, cuando no las reducen) y lo que cobran por prestar dinero. Los ciudadanos sufren apagones, violencia y extorsión policial, desidia e ineficacia en los servicios; pagan las tarifas más altas del mundo por autopistas que no son tales; la misma compañía telefónica les cobra el doble la misma llamada desde Buenos Aires que desde Madrid y no encuentran eco en los entes que deberían defenderlos…

Un ciudadano argentino, latinoamericano, que trabaja y paga sus impuestos es un paria en una República inexistente. ¿Y qué hacen mientras tanto sus representantes? Lumpenpolítica. El nuevo gobierno argentino no vaciló en ordenar la represión, que provocó al menos dos muertos, sobre un grupo de trabajadores de la provincia de Corrientes que llevaban meses sin cobrar sus salarios. En esa provincia había dos gobernadores, uno de ellos encarcelado y dueño de una estancia del tamaño de la Capital Federal. Lautaro García Batallán, uno de los más estrechos colaboradores del ministro de Interior que ordenó la represión, Federico Storani, fue promovido a ese puesto luego de renunciar, hace unos meses, a la presidencia del bloque oficialista de legisladores de la ciudad de Buenos Aires, implicado políticamente en un caso de prevaricación documentado por la televisión. Este mismo gobierno implementó un duro plan fiscal que exime a las grandes empresas y al sistema financiero y piensa encargar al Servicio de Informaciones del Estado ¡la tarea de perseguir evasores! Suponiendo que eso fuese constitucional, ¿qué necesidad tiene, si la mayor parte de los impuestos son indirectos y los directos solo los pagan los que están en nómina o no tienen casi posibilidades de evadir?

La ex ministra peronista María Julia Alsogaray reconoció impávida que durante su función cobró 10.000 dólares mensuales "en negro" y un miembro radical de la Auditoría General de la Nación, Enrique Paixao, debió renunciar porque cobraba una jubilación de privilegio. Ambos casos expresan una práctica generalizada. En un estilo que recuerda a la mafia, el ex presidente Carlos Menem amenazó con "hablar" si la justicia sigue persiguiendo a su ex colaborador Carlos Alderete…8. Son sólo ejemplos que podrían repetirse casi hasta el infinito9, porque abarcan a toda la clase política y a todos los gobiernos, con las raras excepciones de siempre, aunque éstas terminen haciéndose cómplices por omisión si no se apartan a tiempo.

En este contexto, las sociedades latinoamericanas, sus Repúblicas, tienen ahora mismo dos espejos en los que mirarse: Colombia y Venezuela. En uno, la decadencia institucional y política prácticamente ha acabado con la República y casi ha desagregado el país, que se desangra; en el otro se ha abierto una etapa imprevisible, luego de que el sistema de partidos políticos hiciese implosión10 El capitalismo salvaje genera sin cesar grupos sociales marginales con destino lumpen y mantiene una clase política lumpen que le resulta estrictamente funcional. A menos que algún gobierno, presionado por su sociedad, se atreva a cambiar el rumbo de manera radical, la combinación de esos dos factores marcará tarde o temprano una crisis grave, si no el fin, de las repúblicas democráticas.

  1. "Malas lenguas", conducido por Walter Isaía, radio La Tribu, 88.7.
  2. Carlos Gabetta, Qué hacemos con este país, Ed. Contrapunto, Buenos Aires, 1988.
  3. "Panorama Anual Laboral de América Latina 1999", Organización Internacional del Trabajo (OIT). La cita de Tokman, tomada de Ismael Bermúdez, "Más desocupación en América Latina", Clarín, Buenos Aires, 15-12-99.
  4. Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, Informe Anual 1999.
  5. Siempro (Sistema de Información, Monitoreo y Evaluación de Programas Sociales), de la Secretaría de Desarrollo Social, agosto de 1999. Citado por Ismael Bermúdez en Clarín, Buenos Aires, 21-12-99.
  6. "La pobreza suma a más personas de clase media (el 89% de los nuevos pobres pertenece a ese sector)", La Nación, Buenos Aires, 29-12-99.
  7. Marcelo Bonelli, Clarín, 26-12-99.
  8. Pablo Calvo, "Amenazas para defender a Alderete", Clarín, Buenos Aires, 29-12-99.
  9. Carlos Gabetta, "República o país mafioso", Le Monde diplomatique, ed. Cono Sur, octubre de 1999.
  10. Luis Bilbao, "La revolución pacífica", Le Monde diplomatique, ed. Cono Sur, noviembre de 1999.
Autor/es Carlos Gabetta
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 7 - Enero 2000
Páginas:3
Temas Agricultura, Corrupción, Deuda Externa, Mundialización (Economía), Neoliberalismo, Privatizaciones, Derechos Humanos, Estado (Justicia), Estado (Política), Políticas Locales, Educación, Salud, Seguridad
Países Estados Unidos, Argentina, Brasil, Guatemala, Nicaragua, Colombia, Ecuador, Venezuela