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Los triunfadores de entonces son los derrotados de hoy

Hoy día Pinochet está ya condenado por el mundo definitivamente, aunque el pinochetismo siga empecinado en conservar su poder y los privilegios mal habidos. En cambio las figuras de Schneider y Prats representan el alma digna, patriótica y humana de las Fuerzas Armadas.

Terminamos de leer la "La Conjura" con la convicción de que Mónica González ha escrito un libro significativo sobre el mayor drama de Chile en la historia del siglo XX.

Es útil y sobrecogedor. Sería deseable que muchos se adentraran en sus páginas para que conocieran la verdad. Porque hemos vivido veintisiete años bajo el reino de la mentira o de la verdad a medias. Han acostumbrado a mucha gente al eufemismo o al silencio, como una manera de imponer el olvido. Hay que vencer el miedo, recuperar la memoria perdida, prohibida o desfigurada. Es una tarea indispensable, salvadora, esta de restaurar la conciencia democrática, humanista en Chile.

Aquí está descrita buena parte de la verdad sobre la conspiración. En rigor empezó mucho antes de que Allende triunfara en las urnas. En el Salón Oval de la Casa Blanca el 5 de septiembre del 70 Richard Nixon azuzado por Kissinger, dio la orden de aplastar a cualquier precio el nuevo gobierno. El 22 de octubre envían desde Washington a un general dinero y armas para matar a Schneider, Comandante en Jefe del Ejército. En esta obra se confirma el origen foráneo de la asonada. Hay, habrá muchos otros testimonios al respecto. Patricia Verdugo presentó sus "Pruebas a la vista"1. Documentó que en el mes de octubre del 73 Sergio Arellano Stark encabezó la Caravana de la Muerte, símbolo de lo que fue el terror de Estado. Lo apodan "Lobo", lobo feroz. Es uno de lo que el 10 de septiembre del 73 terminó de convencer a Pinochet que se subiera al carro. Resulta sintomático que el dúo siniestro desemboque junto como responsable de la Caravana de la Muerte, que veintisiete años más tarde conducirá al desafuero del senador vitalicio.

Siendo el último en incorporarse al asalto, ya en el poder Pinochet madrugaría a todos los que le antecedieron en el complot. Luego reescribirá la historia para aparecer como padre de la conspiración.

Aquí está contado a fondo, en detalle lo que sucedió aquel día once. La conspi-ración exige la cabeza de dos dignos comandantes en jefe, Schneider y Prats.

En la prensa he leído que se presentó un libro sobre "El Ejército de Chile en el siglo XX". El comentario periodístico mercurial2 subraya que la obra "se destaca por la sobriedad y por la nula exaltación de personas, con la emblemática figura del ex comandante en jefe, hoy senador desaforado Augusto Pinochet". Es un pequeño y tímido progreso en comparación con la alabanza delirante al Capitán General durante veintisiete años. Se subraya que en las 144 páginas "no se hace ninguna mención de los hechos del 73". O sea, se pasa del elogio grotesco del máximo responsable al silencio. El día que se pase del silencio a decir toda la verdad en voz alta, explicando que los generales Schneider y Prats tuvieron toda la razón será un gran día para el país y para el Ejército.

No sabemos cuando llegará ese día en que el Ejército reivindique sus patrióticas figuras, su espíritu constitucionalista, reconociendo que de haber compartido su pensamiento el Ejército se habría evitado el mayor de sus errores.

El libro "La Conjura" se desarrolla como una serial abundante en información, en parte desconocida y teñida de sangre. En contraste con la galería de la infamia resalta la grandeza moral de un hombre que representó los mejores valores de la humanidad. Allende sostiene "no tengo pasta de mártir" pero dará su vida por ideales y principios democráticos. Anuncia "voy a llamar a plebiscito y convocar a la DC al gobierno. Voy a llamarla al cogobierno". En vista de ello los golpistas aceleraron la catástrofe.

Fue un drama para el mundo entero

Mónica González pone a la luz la tramoya de la confabulación. Descubre multitud de hechos ocultos. Arranca máscaras. Deja al desnudo el quién es quién, el cómo y el cuándo, lo que hicieron los de Washington y los de acá, como tejieron paso a paso la telaraña infernal.

Fabricaron e hicieron estallar la bomba atómica que pulverizó la democracia y los derechos humanos en Chile. García Márquez dijo que la tragedia indescriptible no sólo afectó a los chilenos sino a todo el mundo. La respuesta no fue sólo la indignación de unos pocos días. Fue la condena universal que perduraría en el tiempo. Todo lo que aconteció después, incluso lo de Londres es parte de aquello. Porque hemos entrado a una época en que los crímenes contra la humanidad son imprescriptibles, inamnistiables y perseguibles en cualquier punto del globo terrestre.

En la presentación de la obra se dice que "La Conjura" es un libro imprescindible y paradójico por que la voz estentórea de aquellos vencedores de septiembre terminarán siendo escuchada a la postre como la de los verdaderos vencidos.

Y cada día estarán más derrotados. La condena deriva de un imperativo moral irrenunciable. Surgen preguntas pertinentes:

¿Si los golpistas hubieran podido visualizar el futuro, lo que sucedería 25 años después, lo de Londres, el desafuero, el vuelco mundial en el juzgamiento de los crímenes contra la Humanidad, habrían dado el golpe?

Hubo en las Fuerzas Armadas soldados, oficiales, incluso generales inteligentes, lúcidos, nobles que se opusieron a los conspiradores y advirtieron que se embarcarían en la peor de las locuras. Así se los dijo clara y oportunamente Prats. Les vaticinó todo lo que sucedería. El no se equivocó. Los del golpe cometieron el más abominable de los delitos no sólo contra el pueblo sino contra el Ejército mismo.

La sentencia ya está dictada

Una segunda pregunta surge: ¿Por qué prevalecieron los que empujaron al despeñadero al país y las Fuerzas Armadas y se desoyó la opinión sensata, prudente, humana, democrática y constitucionalista de los comandantes en jefe?

Hoy día Pinochet está ya condenado por el mundo definitivamente, aunque el pinochetismo siga empecinado en conservar su poder y los privilegios mal habidos. En cambio las figuras de Schneider y Prats representan el alma digna, patriótica y humana de las Fuerzas Armadas. Algún día el Ejército honrará a esos comandantes en jefe. Esperamos que en los cuarteles se difunda su legado, sus principios rectores como filosofía esencial de Fuerzas Armadas obedientes al poder civil, profesionales, no delibe-rantes, incorporadas a un siglo XX, fieles a la divisa del "Nunca Más".

Mónica González realiza con "La Conjura" un aporte sobresaliente. No tiene nada de extraño. Al fin y al cabo, ha dedicado buena parte de su vida a la causa de los derechos humanos. No olvidaremos sus libros anteriores, Bomba en una calle de Palermo, Los secretos del Comando Conjunto, Chile entre el sí y el no. La Conjura representa una victoria de la verdad valerosa y necesaria. Ojalá la lean civiles y uniformados. Si le prestan atención contribuirán a que el siglo XXI no padezca otros fatídicos 11 de septiembre.

  1. La caravana de la muerte Pruebas a la vista. Patricia Verdugo, Editorial Sudamericana, septiembre 2000; 262 páginas.
  2. El Mercurio, 14-09-2000, cuerpo C página 4.
Autor/es Volodia Teitelboim
Publicado en Artículos locales de la edición Chile
Edición Octubre 2000
Temas Historia, Derechos Humanos, Justicia Internacional
Países Chile