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Argentina: un callejón con salida

Para la mayoría de los argentinos ya no se trata solo del aumento imparable del desempleo, la pobreza y el analfabetismo; del retroceso profundo en ciencias y tecnología; de la decadencia universitaria, la inseguridad, la corrupción sindical, política e institucional, del marasmo provincial o cualquiera de los datos económicos y sociales que definen una crisis grave, sino de la inminencia de un cuadro terminal, definitivo: la disolución nacional, un destino de colonia sin control sobre su presente y su destino.

Un Estado que no puede tomar elementales decisiones económicas y financieras sin la aprobación de organismos supranacionales; que ha malvendido todos sus bienes estratégicos; que no se atreve a modificar su sistema tributario; que se muestra impotente para poner coto a la gangrena del contrabando en gran escala; que va perdiendo el control de su territorio porque no le responden sus fuerzas de seguridad; que está obligado a la impasibilidad ante la decadencia de la industria nacional y es incapaz de brindar a sus ciudadanos servicios culturales, de educación y salud; que no puede disponer de su presupuesto y su moneda en orden al interés nacional y el futuro, ya no es el Estado de un país soberano, sino un administrador colonial.

El debate actual sobre la dolarización, una medida cuasi irreversible (e inevitable a término, de continuar por este camino) que supondría la desaparición de la última herramienta de soberanía económica y el fin de la participación en el Mercosur1 es la prueba de que el país se aproxima a un punto crucial de su historia.

La sensación de callejón sin salida no es fruto del escepticismo y la melancolía propios del tango, sino un dato de la realidad. "Me temo que Argentina está bloqueada", estima Paul Krugman, el prestigioso economista estadounidense2. Y no es la única opinión foránea. Luego de la visita del presidente de la Rúa a Estados Unidos, presentada sin mayor fundamento por los medios argentinos como altamente exitosa, Lacey Gallagher, directora para América Latina del banco Crédit Suisse-First Boston, declaró: "Creo que los recientes ajustes de gastos del gobierno argentino no son suficientes para alcanzar las metas del Fondo Monetario Internacional (FMI)"3, opinión compartida por un informe de la Fundación Capital, cuyo balance "coincide con declaraciones hechas por empresarios en Nueva York, después de oír el discurso de De la Rúa"4.

Nótese que las opiniones negativas provienen de los dos extremos del arco: Krugman forma parte del creciente grupo de críticos a la globalización -en particular sus efectos sobre los países en desarrollo- que advierten sobre el peligro de una crisis mundial, mientras Gallagher y la Fundación Capital sugieren que el ajuste practicado por el gobierno argentino es insuficiente.

No merece la pena detenerse sobre estas últimas, porque aunque autorizadas, expresan la ortodoxia neoliberal al uso. La de Krugman, en cambio, interesa por venir de quien viene y porque coincide con las voces que en Argentina advierten que el camino actual conduce hacia una crisis mayor. "El gobierno argentino ha insistido en que reduciendo el gasto y aumentando impuestos se restaurará la confianza y habrá reactivación, pero el efecto actual (…) ha sido el opuesto: con menores ingresos, los consumidores gastan menos y la reactivación ha sido postergada (…) actualmente la economía argentina es la que va peor de todas las más grandes en América Latina", afirma el profesor del MIT5.

Los empresarios argentinos han sacado las mismas conclusiones por una vía concreta: su propia inminente ruina6. Los trabajadores y desempleados, docentes, funcionarios y jubilados; los jóvenes condenados a errar por la vida, lo saben desde hace tiempo sin necesidad de leer los periódicos.

Pero a pesar de medio siglo de arbitrariedad política, despilfarro económico y decadencia social y cultural, el país sigue teniendo posibilidades. Conviene recordar ahora algo ya señalado en esta columna: "En 1984, en el pico de la crisis mundial de la deuda provocada por la cesación de pagos mexicana, la revista de negocios estadounidense Business Week dedicó su portada a Raul Alfonsín, preguntándose si ese flamante Presidente democrático pagaría la deuda externa. Con cierta angustia, la revista aseguraba que ese país enorme, excedentario en alimentos y energía, con una población culta, integrada y sin problemas religiosos, raciales o lingüísticos, un inmenso territorio aún por ocupar y explotar, una industria ligera desarrollada y otra pesada de apreciable desarrollo -incluyendo el nuclear- provisto de un sistema educativo público y científicos y técnicos de alto nivel, "podría poner un vallado (fences) alrededor de sí mismo y mandarnos al infierno"7.

La situación es ahora mucho más comprometida y el margen de maniobra menor, porque desde que en 1983 se recuperó la democracia, una clase política entre caníbal y compinche, incapaz de articular una mínima medida de saneamiento por debilidad ante el chantaje, pero capaz de unirse en bloque cuando los reclamos sociales cuestionan sus privilegios, se apañó -con la complicidad empresaria y sindical- para cuadruplicar la deuda, enajenar los bienes estratégicos y malherir al mercado interno.

Pero es justamente esta situación terminal la que permite vislumbrar una salida: el país, tal como los argentinos lo conocen y lo han construído o soñado, ya no da más de sí. Ningún país desaparece, pero puede transformarse, devenir otra cosa, renunciar a un futuro promisorio resignándose a un presente pobre, caótico, inmoral y desesperanzado. Es por eso que tanto en la Alianza actualmente en el gobierno como en la oposición, en los sectores empresario y sindical y por supuesto en el conjunto de la sociedad, comienza a distinguirse con nitidez una línea transversal que separa el interés nacional y social de la especulación, la corrupción y la rapiña globales.

Esas fuerzas deberán reunirse desdeñando etiquetas, tradiciones y fidelidades ya sin sentido, porque cualquier cambio de orientación necesita de apoyos políticos y sociales por ahora inexistentes y porque el gobierno actual vacila, cree ganar tiempo, cuando en realidad éste corre en contra del interés nacional. Todo puede ser reconsiderado o recuperado desde la legalidad democrática, siempre que exista una sociedad mayoritariamente unida detrás de objetivos políticos claros.

A las potencialidades del país se suma una coyuntura internacional que comienza a cuestionar seriamente los efectos de la globalización en curso. Hasta el Banco Mundial vio resquebrajada su cohesión ante la extensión de la pobreza8. La puja por los mercados mundiales hace del Mercosur un socio codiciado9 lo que le da excepcionales ventajas para negociar, siempre que hable con una sola voz y tenga claros sus objetivos. Brasil parece orientarse en este sentido (ver portada), pero Argentina sigue siendo un lastre.

¿Sabrá la sociedad argentina ponerse a la altura de las circunstancias? La democracia y la nación dependen de una propuesta unificadora más sólida que la reconquista de Malvinas y menos banal que un campeonato de fútbol, capaz de generar el sentimiento de pertenecer a una nación orgullosa de su cultura latina y americana e inserta en el mundo en pie de igualdad. De despertar la ilusión del futuro.

  1. Ver págs. 6-7 de esta edición. Le MondeDiplomatique, Ed. Cono Sur se ha ocupado sistemáticamente de todos estosproblemas. Ver el apartado "Argentina" en pág.20.
  2. Paul Krugman, "A reluctant lesson from Argentina that Keynes was right", The New York Times, 5-6-00.
  3. O Estado de São Paulo, 13-6-00
  4. Ibid.
  5. Paul Krugman, art. cit.
  6. El denominado "Grupo Productivo" de la Unión Industrial Argentina (UIA) presentó al gobierno un plan de reactivación que de aplicarse supondría un giro significativo en la política actual. "Declaración de Tigre: Estamos en el mundo y debemos cuidar la Nación", 23-6-00. Un documento similar,"Medidas de coyuntura para reactivar la economía", fue dado a conocer por la UIA en la misma fecha.
  7. Carlos Gabetta, "República o paísmafioso", Le Monde diplomatique, Ed. Cono Sur, octubre 1999. La cobertura de Business Week apareció el 14-2-84.
  8. El último informe del Banco Mundial (WorldDevelopment Report), muy crítico, provocó el alejamiento de altos funcionarios y debió ser reescrito. Joseph Kahn, "Redrawing themap", The New York Times, 26-6-00. Ver también William Pfaff,"The mistakes of market ideology are increasingly apparent", International Herald Tribune, 10-6-00.
  9. Claudio Remeseira, "EE.UU. contra Europa en Argentina", La Nación, Buenos Aires, 18-6-00 y Araceli Viceconte, "Alemania impulsa una alianza estratégica con Latinoamérica", Clarín, Buenos Aires, 20-6-00.
Autor/es Carlos Gabetta
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 13 - Julio 2000
Páginas:1, 3
Temas Deuda Externa, Mundialización (Economía), Neoliberalismo, Estado (Política), Geopolítica, Mercosur y ALCA, Movimientos Sociales, Políticas Locales, Educación, Seguridad
Países Estados Unidos, Argentina, Brasil, Alemania (ex RDA y RFA), Inglaterra