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Un movimiento contra el orden mediático

En el curso del año 2003, la cobertura acrítica de la invasión a Irak y las impopulares políticas de desregulación de la Comisión Federal de Comunicaciones favorecieron la emergencia en Estados Unidos de un movimiento que combate la creciente concentración de los medios de información. Sus activistas han hecho de la cuestión de los medios de comunicación un motivo político central de la campaña presidencial.

¿Hay empresas de prensa que representan una amenaza para la seguridad global? Desde el 11 de septiembre de 2001 la distorsión de los hechos por los periodistas estadounidenses contribuyó ampliamente al apoyo popular a la guerra. Según una encuesta realizada por la Universidad de Maryland en octubre pasado, el 60% de los estadounidenses -y un 80% de los que miran Fox News- creían al menos una de estas tres falsedades: 1) se descubrieron armas de destrucción masiva en Irak; 2) existen pruebas de una alianza entre Irak y Al-Qaeda; 3) la opinión pública mundial apoya la intervención militar estadounidense en Irak. Cuanto más miraban Fox News los telespectadores interrogados, más susceptibles eran de creer esas afirmaciones 1. Según Jeff Cohen, que dirige un observatorio de los medios de comunicación estadounidenses, Fairness and Accuracy in Reporting (FAIR), esta encuesta demuestra que "cuando la mentira es suficientemente gigantesca y suficientemente repetida, termina por ser recibida como verdad". Estas manipulaciones tienen como consecuencia la legitimación de la política exterior de George W. Bush ante sus connacionales, de quienes depende su permanencia en la Casa Blanca.

El periodista progresista John Nichols llega a considerar que "si nuestros medios de comunicación estuvieran apegados a la verdad, ni George W. Bush sería presidente ni estaríamos en guerra contra Irak". No hace mucho tiempo este argumento hubiera sonado como retórica vacía. Pero el año 2003 marcó un hito en la impugnación del orden mediático. Hoy John Nichols dirige Free Press, un movimiento en plena expansión que apunta a reformar los medios de comunicación y cuestiona el funcionamiento del periodismo estadounidense. Bernie Sanders, diputado por Vermont en la Cámara de Representantes, destaca que "hoy, por primera vez en la historia de Estados Unidos, la cuestión de la apropiación de los medios de comunicación por parte de empresas privadas entró en el debate político". Maurice Hinchey, también miembro del Congreso, añade que la reforma de los medios de comunicación "representa el problema más grave al cual se enfrenta hoy el pueblo de Estados Unidos. Debemos reapropiarnos del debate, están en juego los fundamentos de la democracia". Pero, ¿cómo hacer reaccionar a un país donde diez megaempresas dominan el negocio de la información? 2. ¿Qué puede lograr un movimiento decidido a transformar los medios de comunicación?

Fundamentalismo desregulador

En 2003 la convergencia de dos acontecimientos favoreció la toma de conciencia y la movilización de millones de estadounidenses: la cobertura acrítica de la guerra en Irak y la muy impopular decisión de la Federal Communications Commissión (Comisión Federal de Comunicaciones, FCC) de acelerar la desregulación de los medios de comunicación. En noviembre de 2003 una conferencia sobre reforma de los medios organizada en Madison por Free Press atrajo a más de 2.000 personas -algo nunca visto-, entre ellas a Jesse Jackson, candidato demócrata a las elecciones presidenciales en 1984 y en 1988; Bernie Sanders, John Sweeney, dirigente de la AFL-CIO, y al historiador popular Studs Terkel. Así como hace treinta años los ecologistas hicieron del medio ambiente una cuestión política, los activistas de los medios hoy están politizando la cuestión de los medios de comunicación. Su campaña ya tiene efectos concretos, aunque sería difícil encontrarlos registrados en la televisión o la gran prensa estadounidense.

Desde hace tiempo la FCC regula el sector de comunicaciones en Estados Unidos. Por regla general sus decisiones, redactadas en términos técnicos, no son objeto de análisis público, dado que las empresas informativas prefieren no informar sobre las normas que las gobiernan. Pero recientemente, bajo el impulso del fundamentalista del libre mercado Michael Powell (hijo del secretario de Estado Colin Powell), la FCC fue demasiado lejos al avalar una legislación que permitía a los grandes conglomerados de la información aumentar aun más su parte de mercado. Cuando no viajaban a Las Vegas, Hong Kong o Río, con todos los gastos pagos por los lobbies de la comunicación (2.500 de esos viajes en ocho años...), los miembros de la FCC se entrevistaban con los dirigentes de la industria que debían regular. Para Charles Lewis, dirigente del Center for Public Integrity (CPI), queda claro que "la FCC pactó con el sector privado".

Cuando esta Comisión se aprestaba a hacer pública su política de desregulación, dos millones de estadounidenses -una cifra sin precedentes- escribieron a la Comisión: el 99% de estos correos expresaba su oposición a la desregulación encarada. Teniendo en cuenta la opinión de la gente, dos de los cinco directores de la FCC, Michael Copps y Jonathan Adelstein, votaron contra esas propuestas. Sin embargo los otros tres, Michael Powell, Kevin Martin (ex responsable de la campaña de George W. Bush) y Kathleen Abernathy (ex ejecutiva en la industria de las telecomunicaciones) prefirieron ignorar la preocupación popular. El 2 de junio de 2003 la FCC tomaba pues la decisión de autorizar a los diarios a poseer emisoras de televisión en una misma ciudad, y permitía a los difusores adquirir también más cadenas locales y nacionales. Para Adelstein, se trató del "más arrasador y destructivo retroceso en la defensa de los consumidores en la historia de la teledifusión estadounidense".

Los progresistas no fueron los únicos en discrepar. Aunque favorables al principio de la desregulación, funcionarios electos republicanos tomaron en cuenta la reacción popular y revisaron su posición inicial. En 1997 Trent Lott, senador conservador de Mississipi, había apoyado el nombramiento de Powell en el seno de la FCC. No obstante, el 6 de junio pasado declaró que "una concentración excesiva ya no somete a las empresas a las leyes de la competencia. Nada las incita a desarrollar nuevos productos, a reducir sus tarifas o a permitir la expresión de puntos de vista diferentes. En algunos mercados, publicistas y consumidores ya están bajo la influencia de un único gigante de los medios de comunicación. Esta situación no puede sino agravarse con la reciente decisión de la FCC. En algunas regiones ya hay imperios de prensa monopólicos. Facilitar la concentración de los medios de comunicación quizá beneficie a conglomerados instalados en Washington o Nueva York, pero no beneficia a los consumidores de medios como ustedes y yo".

En septiembre de 2003 la Cámara de Representantes y el Senado, controlados por los republicanos, invalidaron la decisión de la FCC. Entonces intervino la Casa Blanca para que el Congreso aceptase un "compromiso" que legalizara las adquisiciones realizadas por la News Corporation de Rupert Murdoch (proprietario de Fox News) y por Viacom (que posee CBS y UPN). El "compromiso" votado por el Congreso también permitirá que una empresa posea varios medios de comunicación diferentes, así como las más grandes cadenas de televisión y los más grandes diarios de un mercado determinado 3. La voluntad de los ciudadanos estadounidenses, e incluso la del Congreso, fue burlada en nombre de acuerdos firmados tras bambalinas.

Pero la lucha contra la FCC recién comenzaba y el Congreso pronto volvería sobre el problema de la regulación. En efecto, las medidas previstas por Powell tuvieron como inesperada consecuencia colocar a los medios de comunicación en el centro del debate político y obligar a los candidatos de las elecciones de noviembre de 2000 (Presidencia, Congreso) a pronunciarse. Jeff Cohen, que desde hace quince años estudia los medios de comunicación, considera que "por primera vez la FCC debe enfrentar una oposición tan unida, coherente y eficaz".

Como comprendió el senador Lott, los estadounidenses se interesan por la televisión, la radio y la prensa. Y están preocupados por el déficit de calidad y diversidad que constatan. Por ejemplo, Bernie Sanders observa que las reuniones políticas que tratan este asunto atraen a más gente que cualquier otro tema.

Combate por la información

No sin razón. En cuanto encienden la televisión o la radio, los estadounidenses sufren las consecuencias de la concentración. La ley sobre telecomunicaciones de 1996 desreguló de tal manera el mercado de la difusión radiofónica que el número de proprietarios de estaciones disminuyó un 34% en siete años. Actualmente Clear Channel cuenta ella sola con más de 1.200 radios. En algunas ciudades una única empresa posee la totalidad de las estaciones locales y los habitantes tienen dificultad para encontrar algo interesante para escuchar. Las cadenas televisivas están en la misma situación. Según Adelstein, "alrededor del 14% de los programas difundidos por la televisión local son infocomerciales 4. Esta potenciación de la publicidad es debilitante para la democracia".

Ese debilitamiento encontró su mejor ilustración en la cobertura de la guerra de Irak. Antes de la invasión a ese país los medios de comunicación no dieron espacio a la silenciada mayoría de estadounidenses que se oponían a atacar Irak antes de que finalizaran las inspecciones y sin contar con un amplio apoyo internacional y de la ONU. Aun hoy estos mismos medios de comunicación se niegan a reconocer el alcance de las devastaciones causadas por la invasión y rara vez informan sobre las pérdidas civiles en Irak o Afganistán. Como admite Colin Powell, "No nos interesamos por el número de muertos enemigos".

Más grave aun, los grandes órganos de prensa cooperan con el Pentágono para edulcorar la guerra y difunden un mínimo de imágenes de soldados estadounidenses muertos y "cajones de transporte" que repatrían sus cuerpos. Lo mismo sucede con los heridos graves, de los que poco se habla. Amy Goodman, presentadora del programa radial Democracy Now difundido por la red Pacifica, afirma que "si los estadounidenses vieran durante una semana lo que ve el resto del mundo -y no hablo solamente de Al Jazeera, hablo también de la diferencia entre CNN y CNN Internacional 5- no apoyarían la guerra. Pero la mayoría de nuestros reportajes se asemejan a publicidades de material militar. Los medios de comunicación suenan a zafarrancho de combate. Y sus mentiras destruyen vidas humanas". Para John Stauber, coautor de Weapons of Mass Deception y redactor en el sitio PRwatch.com, "la población no hubiera aceptado la guerra sin la complicidad de los medios de comunicación".

Una evidente señal de la creciente desconfianza en la cobertura estadounidense de la guerra es que desde el inicio de las operaciones militares muchos telespectadores en busca de información más equilibrada se inclinaron por la BBC. En la conferencia de Madison, la representante Tami Baldwin se lamentó: "Como miembro del Congreso estadounidense, para obtener información confiable y sólida tengo que consultar la prensa extranjera -y no solamente a propósito de Irak-". Según Jesse Jackson, la manera en que la población de cada país reacciona frente a la guerra depende mucho de la prensa nacional: "Subestimamos la importancia del poder de los medios de comunicación en nuestra lucha. ¿Por qué las manifestaciones contra la guerra reunieron más gente en Europa? Porque los europeos están mejor informados que nosotros. Aquí, Fox News y Clear Channel organizan incluso reuniones de apoyo a la guerra. Nuestros medios de comunicación están en connivencia con el ejército. Ya no tenemos acceso a la verdad".

Por ahora los activistas decididos a transformar la información se concentran en Irak y en la FCC, pero su objetivo no consiste solamente en anular las leyes votadas en 2003. "No basta volver sobre las decisiones de la FCC -advierte John Nichols-, eso nos dejaría siempre ante una guerra ilegal cubierta por medios de comunicación parciales." Para Robert McChesney, universitario y director de Free Press, es urgente cuestionar los "medios de comunicación monopólicos", reorganizar este sector para lograr una esfera pública más democrática. Quebrar el control de los monopolios es el objetivo prioritario. Después será necesario obtener subvenciones gubernamentales más importantes para la televisión pública y para los medios de comunicación asociativos.

La amplitud de las protestas del año pasado contra la FCC inducen al optimismo. Tanto Free Press como las organizaciones nacionales FAIR, Media Access, Media Channel y los centenares de agrupaciones locales que están emergiendo saben que nada les será regalado. Pero los acontecimientos del año pasado galvanizaron a los dirigentes del movimiento, más que nunca dispuestos a combatir.

  1. Harold Meyerson, "Fact Free News", The Washington Post National Weekly Edition, 20-10-03. En ese entonces, un 48% de los estadounidenses creían que Estados Unidos había comprobado la existencia de una estrecha relación entre Irak y Al-Qaeda; un 22% que Estados Unidos había descubierto armas de destrucción masiva en Irak; un 25% que casi todos los países del mundo habían apoyado la operación militar iniciada por el presidente Bush.
  2. Véase "La voz monocorde de los medios estadounidenses", por Eric Klinenberg, en Le Monde diplomatique edición Cono Sur, abril de 2003.
  3. Ex PDG de General Electric, Jack Welch estimó que esta concentración no planteaba ningún problema y como prueba afirmó que NBC (que pertenece a General Electric) "a veces parecía estar en manos de los comunistas, pero yo no podía intervenir". (Business Week, Nueva York, 8-3-04).
  4. Anuncio publicitario maquillado como boletín informativo.
  5. CNN Internacional difunde programas informativos menos centrados en la actualidad estadounidense y en chismes de celebridades, pero también menos chauvinistas que CNN.
Autor/es Eric Klinenberg
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 58 - Abril 2004
Páginas:36,37
Traducción Teresa Garufi
Temas Movimientos de Liberación, Estado (Política), Medios de comunicación, Monopolios
Países Estados Unidos