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Menos empleos y más cárceles

Los encarcelamientos masivos constituyen una tendencia concomitante con el repliegue del Estado social, la aplicación de dispositivos cada vez más fuertes de control de la población, la creciente desprotección social y la tolerancia cero policial. También en esto Estados Unidos es un país líder.

El economista Jorge Beinstein1. establece que entre 1975 y 1997 la suma total de reclusos en ese país ascendió de 380 mil a 1.800.000, con una tasa de crecimiento anual del 8% en los años ´90. Pero si a los reclusos se suman todas las personas bajo custodia judicial, es decir las que se encuentran en libertad vigilada y condicional, eran 3 millones en 1985 y más de 5,5 millones en 1996. Excluyendo a los presos alojados en cárceles locales, en 1930 había en EE.UU. 104 reclusos por cada 100 mil habitantes. Esta cifra aumentó moderadamente, de acuerdo con el crecimiento demográfico, hasta mediados de los años ´70, momento a partir del cual se inició un ascenso vertiginoso, que en 1998 culmina con 679 presos por cada 100 mil habitantes. Jean Clair da una cifra coincidente: uno de cada 150 estadounidenses está en la cárcel2. En relación a su peso en la población total afroamericanos y latinoamericanos ocupan las cárceles en un porcentaje abrumadoramente mayor.

Es interesante señalar la relación de estos encarcelamientos masivos con el empleo: mientras Lois Wacquant señala que la décima parte de los nuevos empleos juveniles prometidos por el gobierno francés para 1999 corresponden a puestos de seguridad (ver pág. 24), Beinstein indica que este fenómeno elimina una alta proporción de marginales de las estadísticas de empleo: en EE.UU., la tasa de desocupación de octubre de 1998 subiría de 4,6 a 5,6% si la cantidad de presos se hubiera mantenido dentro del promedio de las dos décadas anteriores a la explosión carcelaria.

El brasileño Argemiro Procopio subraya lo "grotesco" del aumento de las cárceles respecto de los delitos vinculados con el narcotráfico: "Las bandas usan la seguridad de las prisiones como cuarteles generales y centros de inteligencia en la creación de estrategias de distribución, razon por la cual las penitenciarías son exactamente calificadas como universidades del crimen. Cuantas más cárceles, más narcotráfico"3. Y destaca el sombrío simbolismo de los 3700 presos en la provincia de Buenos Aires alojados en fábricas desactivadas (donde en un tiempo hubo gente trabajando productivamente ahora hay delincuentes presos), debido al hacinamiento de las carceles de la región, mientras el gobierno argentino propone como remedio destinar 80 millones de dólares a la construcción de 18 nuevos presidios.

Beinstein indica que la administración pública de EE.UU. ha elaborado fichas criminales de unas 30 millones de personas, reunidas en un megabanco de datos accesible no solamente a agencias de seguridad, sino también a diferentes servicios sociales y organizaciones empresariales que los utilizan en su proceso de selección de personal.

Otro dato significativo es que la desregulación convierte al sistema penal estadounidense en un área de lucrativos negocios. En 1990 las cárceles privadas alojaban a 15 mil detenidos; en 1996 a 80 mil, el 5% del total de reclusos del país. En los Estados del sur 17 firmas gestionan unos 130 establecimientos penitenciarios. Todas cotizan con éxito en la Bolsa.

  1. Jorge Beinstein, La larga crisis de la economía global. Aparecerá próximamente en Buenos Aires, Ediciones Corregidor.
  2. Jean Clair, "De Guernica à Belgrado" , Le Monde, París, 21-5-99.
  3. Argemiro Procopio, O Brasil no mundo das drogas, Editora Vozes, Petropolis 1999 (ver "Los libros del mes" , pág. 39).
Autor/es Marta Vassallo
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 1 - Julio 1999
Páginas:29
Temas Deuda Externa, Mundialización (Economía), Narcotráfico, Derechos Humanos, Estado (Justicia), Estado (Política), Políticas Locales, Seguridad, Periodismo
Países Estados Unidos, Brasil