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Ese viento punitivo que sopla desde Estados Unidos

Las doctrinas neoconservadoras que desde los años 80 erosionan las poderosas estructuras de bienestar social de países desarrollados como Estados Unidos, Gran Bretaña y otros Estados europeos, alimentan también la tendencia a proponer la "tolerancia cero" , los toques de queda, el tratamiento de los menores de edad como adultos en su relación con la justicia y hasta la pena de muerte como solución a los problemas de inseguridad urbana y rural. Mientras continúan los enormes reagrupamientos industriales y bancarios, la globalización de la riqueza y la miseria extremas, los responsables políticos de casi todos los países rivalizan por ser los más duros en materia de lucha contra la delincuencia. Los medios de comunicación, por su parte, contribuyen a esta manera sesgada de definir las amenazas que pesan sobre la sociedad. Las soluciones propuestas se inspiran en el ejemplo estadounidense, que generaliza el control social y aumenta la tasa de encarcelamientos. En Argentina, una virulenta campaña mediática insiste en el alto nivel de inseguridad reinante, en especial en áreas como Gran Buenos Aires y Capital Federal. La visión predominante es puramente represiva y no tiene en cuenta que la inseguridad crece junto con la desprotección social y que los cuerpos seguridad están seriamente cuestionados por sus vinculaciones con el delito. En Brasil, la "guerra" contra la delincuencia -en realidad contra los pobres- es literalmente a muerte desde hace años. Por todas partes la campaña se presenta como lucha contra el delito, pero en la cacería los principales sospechosos resultan los adolescentes y los habitantes de asentamientos y villas miserias.

Desde hace unos años se expande por Europa uno de esos pánicos morales capaces de influir en las políticas estatales y de rediseñar la fisonomía de las sociedades a las que afecta. Su objeto aparente es la delincuencia de los "jóvenes" , la "violencia urbana" , los "desórdenes" , cuyo crisol serían los "barrios sensibles" y sus habitantes, culpables de "atropellos a la civilización" . La significación de estos términos es tan difusa como los fenómenos que supuestamente designan, ya que nada prueba que sean propios de "jóvenes" , de ciertos "barrios" y todavía menos "urbanos".

Se trata de una constelación de términos y tesis procedentes de Estados Unidos sobre el crimen, la violencia, la justicia, la desigualdad y la responsabilidad que penetraron el debate europeo y que deben lo esencial de su poder de convicción a su omnipresencia y al renovado prestigio de sus propagandistas1. La banalidad de estos análisis disimula un envite que tiene poco que ver con los problemas a los que ostensiblemente se refiere: la redefinición de las misiones del Estado, que debería retirarse de la arena económica, reducir su rol social y ensanchar y endurecer su intervención penal. Este proceso está en vías de ejecución en casi todo el mundo.

El Estado-providencia europeo debiera reducirse y ser más riguroso con su distraída grey aumentando la "seguridad" , definida en términos físicos y no de riesgo de vida (salarial, social, médica, educativa) y elevada al rango de prioridad en la acción pública. Desaparición del Estado economico, reduccion del Estado social, fortalecimiento y glorificación del Estado penal: el "coraje" cívico, la "modernidad" política y hasta el "progresismo" aconsejarían la adopción de tópicos y dispositivos de seguridad trasnochados2.

Habría que reconstruir eslabón a eslabón la larga cadena de instituciones, agentes y soportes discursivos (notas de asesores, informes de comisión, misiones de funcionarios, intercambios parlamentarios, coloquios de expertos, libros, conferencias de prensa, artículos periodísticos y reportajes de tv, etc.) a través de la cual el nuevo sentido común penal incubado en Estados Unidos se internacionaliza. Se trata de una noción que apunta a criminalizar la miseria -y por esa vía a normalizar la precariedad de los asalariados- a semejanza de la ideología económica y social fundada en el individualismo y la mercantilizacion, de la que es traducción y complemento en materia de "justicia".

El origen de esta red de difusión ideológica es el complejo formado por los órganos del Estado estadounidense oficialmente encargados de poner en práctica y en vitrina el "rigor penal" , en particular el Departamento de Estado (que a través de sus embajadas milita a favor de políticas penales ultrarrepresivas, especialmente en materia de estupefacientes), los organismos parapúblicos y profesionales vinculados con la administración policial y penitenciaria, así como las empresas privadas que participan de la economía de la cárcel: de salud penitenciaria, de construcción, de tecnologías de identificación y vigilancia, etc.3

Tolerancia cero

En este terreno, como en tantos otros, el sector privado aporta una contribución decisiva a la concepción y realización de la "política pública" . El rol eminente que incumbe a los centros de reflexión (think tanks) neoconservadores en la constitución e internacionalización de la nueva doxa punitiva pone en evidencia los vínculos orgánicos -tanto ideológicos como prácticos- entre el debilitamiento del sector social del Estado y el despliegue de su brazo penal. El Manhattan Institute, organismo fundado por Anthony Fischer (mentor de Margareth Thatcher) y William Casey, director de la CIA durante la presidencia de Ronald Reagan, se encargó de difundir Losing Ground, de Charles Murray, biblia de la cruzada reaganista contra el estado social, donde se sostiene que las políticas de ayuda a los sectores de menores recursos son los responsables del ascenso de la pobreza en EE.UU.

A principios de los ´90 el mismo instituto lanzó desde un número especial de su revista City su campaña acerca de la "inviolabilidad de los espacios públicos" y la teoría según la cual al luchar contra los pequeños desórdenes cotidianos (propios de las clases pobres) se obliga a retroceder a las grandes patologías criminales. El actual alcalde de Nueva York, Rudolph Giuliani, hizo de la ciudad el escaparate mundial de la teoría de la "tolerancia cero" . Nunca probado empíricamente, este postulado funcionó como coartada para la reorganizacion policial impulsada por William Bratton, promovido a jefe de policía municipal de Nueva York. El objetivo es aplacar el miedo de las clases medias y altas, que son las que votan, mediante el permanente hostigamiento de los pobres en los espacios públicos, haciendo intervenir a las fuerzas del orden en problemas menores como la ebriedad, el ruido, la mendicidad, atentados a las costumbres "y otros comportamientos antisociales vinculados con los sin techo" . A esta política se atribuye la disminución de la criminalidad en Nueva York en los últimos años, disimulando que el retroceso en la criminalidad había comenzado tres años antes y que también se registra en ciudades de EE.UU. que no la aplican.

En Gran Bretaña, el Adam Smith Institute, el Center for Policy Studies y el Institute of Economic Affairs (IEA), tradicionales difusores de las concepciones neoliberales en materia económica y social, adoptaron con naturalidad las tesis punitivas estadounidenses. En la práctica las introdujo John Major y ahora han sido retomadas y ampliadas por Anthony Blair.

A fines de 1989, por iniciativa del magnate mediático australiano Rupert Murdoch, el IEA organizó una serie de encuentros y publicaciones en torno del "pensamiento" de Charles Murray. Por entonces Murray conminaba a los británicos a que redujeran drásticamente su Estado providencia con el fin de frenar la emergencia de una supuesta "underclass" (subclase) de pobres alienados, disolutos y peligrosos, parienta de la que "hace estragos" en las ciudades de Estados Unidos, como consecuencia de las medidas sociales instauradas durante "la guerra contra la pobreza" de los años ´60.

Actualmente es difícil que un funcionario europeo hable de seguridad sin recurrir a alguna consigna de origen estadounidense: tolerancia cero, toque de queda, violencia juvenil. Incluso en la forma vergonzante que utiliza el primer ministro francés Lionel Jospin: los 20 mil adjuntos de seguridad y los 15 mil agentes de mediación que serán enviados a los "barrios problemáticos" franceses durante 1999 representan la décima parte de los empleos para jóvenes que promete el gobierno. La penalización de la miseria conduce a los encarcelamientos masivos, efecto policial de la "tolerancia cero" (ver recuadro "Menos empleos…"en pág. 29).

El nuevo sentido común penal se articula en torno del incremento de la represión de los delitos menores y las simples infracciones, el agravamiento de las penas, la erosión de la especificidad del tratamiento de la delincuencia juvenil, el apuntar a poblaciones y territorios considerados "de riesgo" y la desregulacion de la administración penitenciaria. Todo en perfecta armonía con el sentido común neoliberal en materia económica y social, al que completa y consolida evacuando toda consideración de orden público y cívico para extender el modo de razonamiento economicista, el imperativo de la responsabilidad individual -cuyo reverso es la irresponsabilidad colectiva- y el dogma de la eficacia del mercado al terreno del crimen y el castigo.

  1. Sobre la difusión de esta nueva vulgata planetaria cuyos términos fetiche resuenan en todas partes ("globalización" , "flexibilidad" , "multiculturalismo" , "comunitarismo" , "minoría" , "ghetto" , "etnicidad" , "fragmentación" , etc.) ver Pierre Bourdieu y Loíc Wacquant, "Les ruses de la raison impérialiste" , Actes de la recherche en sciences sociales, Nº 121-122, París, marzo de 1998
  2. Régis Debray, "Républicains, n´ayons pas peur!", Le Monde, París, 4-9-98.
  3. Steven Donziger, "Fear, Politics and the Prison Industrial Complex" , The Real War on Crime, Basic Books, Nueva York, 1996.
Autor/es Loïc Wacquant
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 1 - Julio 1999
Páginas:24
Temas Deuda Externa, Mundialización (Economía), Narcotráfico, Derechos Humanos, Estado (Justicia), Estado (Política), Políticas Locales, Seguridad, Periodismo
Países Estados Unidos, Argentina, Brasil