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La inseguridad según los medios

En su todavía flamante libro Historia confidencial. La Opinión y otros olvidos, Abrasha Rotenberg, uno de los fundadores del diario que dirigió Jacobo Timerman, dice tras describir el infierno argentino de los años 75 y 76 que "si tuviéramos el coraje de llegar hasta la verdad de nuestros sentimientos, terminaríamos por reconocer nuestra preferencia por el orden" , antes que por la libertad. No tiene demasiado sentido establecer si la afirmación es cierta en todo tiempo y lugar. Pero seguro que ayuda a entender el porqué del consenso golpista el 24 de marzo de 1976. La Opinión misma titulaba en tapa el 19 de marzo de ese año, levantando una estadística de La Prensa, "Un muerto cada cinco horas, una bomba cada tres".

A la hora de hablar sobre la relación entre inseguridad y medios, sería interesante establecer una asociación entre aquellos años de muertes políticas masivas con estos otros de abundantes muertes sociales. No está nunca de más recordar a qué maravillosas soluciones se llega cuando la única demanda social que triunfa "en el caos" es la de reestablecer el orden a cualquier precio. Por supuesto, esto no significa que la inseguridad deba ser leída como "un invento de los medios" , o un reclamo "derechista" al que se debe satanizar.

El problema en Argentina es que la discusión viene acelerada, histerizada y a menudo vendida como puro género dramático por parte de los medios. En el vértigo que reemplaza al debate, nunca queda claro si cuando los políticos se subordinan a la llamada "opinión pública" están hablándole a la sociedad real -en todo lo que tiene de trama compleja- o a los mecanismos convulsivos de titulares catástrofe y encuestas de resultados obvios. ¿Qué puede responder sobre la inseguridad un ciudadano desamparado, legítimamente angustiado, después de semanas de titulares que machacan con muertes, hasta que un hecho político destacado o algún escándalo vuelven a hacer desaparecer a la inseguridad de las tapas?

Los medios, aun con sus matices y complejidades (no se puede mezclar a Telefé y Crónica TV con Página 12 o Clarín), no son por ahora un escenario confiable para la discusión. No pueden serlo en primer lugar por la falta de estadísticas seguras que ayuden a entender qué distintos tipos de delincuencia predominan y qué estrategias se necesitan para cada caso. La orfandad de datos rigurosos permite que el Presidente pueda chicanear a la oposición cuando ésta plantea tibiamente, casi disculpándose, el problema de la pobreza, aludiendo primero a un latiguillo conocido ("eso es faltarle el respeto a los pobres" ) y después a una generalización de lo más alegre: entre los delincuentes, dijo semanas atrás, hay tantos chicos de clase media como de clase baja.

Por falta de rigor, de estadísticas, por no incorporar en la discusión a sujetos sociales inmensos, por no abarcar los escenarios que deberían incorporarse, por falta de valentía en los discursos públicos, por la tendencia de los medios a buscar lo fácil -el impacto, la chicana, la lágrima, el miedo- el debate sobre la inseguridad en Argentina está forzado a desenvolverse en el aire o en la mera ideologización que aparentemente se quiere evitar. La actual es una discusión dogmática, prejuiciosa, condenada a instalarse convulsivamente y a limitarse al instante supremo de la muerte. Nunca terminamos de saber a ciencia cierta ni los antes ni los porqués ni las estrategias reales que deberían implementarse para combatir la inseguridad. Como en tantos otros asuntos, la dinámica de los medios nos condena a cadena perpetua en el presente y a debatirnos al infinito en la peor de las opciones: los mato o me matan.

Autor/es Eduardo Blaustein
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 1 - Julio 1999
Páginas:26
Temas Deuda Externa, Mundialización (Economía), Narcotráfico, Derechos Humanos, Estado (Justicia), Estado (Política), Políticas Locales, Seguridad, Periodismo
Países Argentina