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El 31 de diciembre, Panamá recupera su canal

A fines de 1999, Estados Unidos devolverá al Estado panameño el canal abierto entre 1903 y 1914. Los miles de soldados estadounidenses que "protegen la vía navegable" , se retirarán de una zona de 1.474 km. cuadrados sobre la que Washington ejercía una soberanía absoluta. Confrontado con una nueva página de su historia, Panamá vacila entre el temor y el alivio: deberá administrar el pasaje interoceánico y reconvertir la Canal Zone. Pero Washington, que invadió Panamá en 1989, no abandona la totalidad de sus prerrogativas sobre el territorio panameño.

Extraño país. En ciertos aspectos, la capital se parece a Miami. Se agolpan los bancos: el World Trade Center no desentonaría en una foto de familia del Gotha de las finanzas internacionales; el dinero fluye a borbotones. Cada noche, la larga Avenida Balboa, que costea la bahía de la Ciudad de Panamá, se engalana con una falsa apariencia de Montecarlo. Al volante de automóviles de cincuenta mil dólares, la juventud dorada se dedica a carreras infernales, sin que la policía siquiera se inmute. Mientras tanto, las escuelas están en ruinas y en los hospitales no hay ni algodón ni alcohol. Los guardias de seguridad plantados frente a los centros comerciales cobran unos 180 dólares mensuales. Una vendedora gana menos de 250 dólares, el mismo salario que más de la mitad de las personas que tienen un empleo. En San Miguelito, en la periferia de la capital, se vuelve a reconocer a América Central. Y es aún peor en Colón, segunda aglomeración del país, sobre la costa caribeña. Casas de madera, vagamente coloniales, totalmente derruidas. Guirnaldas de ropa cuelgan de los balcones, manzanas separadas por callejuelas nauseabundas, hedor de indigencia y orín, amontonamientos de basura nunca recogida. Delincuencia endémica, atmósfera de trampa tropical. Una ciudad entera abandonada.

De regreso a Panamá City, en un edificio de lujo. Frente a un enorme cristal ahumado, un hombre macizo contempla la bahía que se extiende hasta el distrito de las altas finanzas. Desvía la mirada, y a lo lejos, a la derecha, fija la vista en la alargada silueta del Puente de las Américas, tendido en equilibrio por encima de la entrada del canal. Gestos de fastidio. El hombre es estadounidense. Sin temor al pleonasmo, se presenta como republicano y conservador. Y este Canal, que hay que devolver a fin de año, se le queda atragantado. "En 1977, fue un grave error de Estados Unidos haber aceptado la transferencia…". Se encoge de hombros. Como quien no quiere la cosa, deja que aflore todo lo malo que piensa de los panameños. Y vuelve al Canal. "Resulta triste ver arriar la bandera sobre esta obra fantástica. Y no era colonialismo. La prueba es que la única parte desarrollada del país es precisamente la zona estadounidense…"

Desde que en aquel 15 de agosto de 1914 un vapor de 10.000 toneladas, el SS Ancon, realizó la primera travesía desde el Atlántico hasta el Pacífico, Panamá es ante todo un canal. Y casi un protectorado. Fue una "rebelión espontánea" , custodiada por los buques de guerra de Theodore Roosevelt, lo que convirtió a esta provincia colombiana en un Estado independiente, inventado de pies a cabeza, el 4 de noviembre de 1903. Dos semanas después de la secesión, y a cambio de 10 millones de dólares, el tratado Hay-Brunau-Varilla le concedía a Estados Unidos el uso a perpetuidad de un canal aún sin excavar y de una zona de ocho kilómetros en cada una de sus márgenes, así como la "total soberanía" sobre el conjunto.

Se sabe, aunque no siempre demasiado bien, la continuación. Este Estado dentro del Estado que es la canal zone resulta ofensivo al sentimiento nacional. En la misma medida en que resulta irritante la arrogancia de los zonians, los amos coloniales que se han instalado allí. Sus cincuenta y tres iglesias y templos, sus confortables residencias blancas rodeadas de césped prolijamente cortado y de inmensos campos de golf, los clubes con barbacoa y los automóviles rutilantes contrastan por demás con el deterioro piojoso de los barrios circundantes. ¿Cómo soportar a esos gringos que lavan a sus hijos con agua mineral mientras se ve a los propios morir de deshidratación en los tugurios del barrio curiosamente bautizado Hollywood, un apestoso amontonamiento de casas de madera, con resabios de especias y sudor, ubicado en los límites de la zona?

Sobreviene el general Omar Torrijos. Llegado al poder en 1968 gracias a un golpe de Estado que desplaza a la oligarquía, nacionalista intransigente inspirado en el coronel Gamal Abdel Nasser (que había nacionalizado el canal de Suez) y apoyado en los consejos de prudencia de Fidel Castro, el general se lanza a un tenaz combate para poner fin al estatuto colonial impuesto en parte de su país. Le encanta repetir a quien quiera escucharlo: "No quiero entrar a la historia, quiero entrar a la zona del Canal"1. Frente al Congreso de los Estados Unidos, Henry Kissinger toma nota de tal determinación: "Un bloqueo de las negociaciones con el Estado panameño llevará fatalmente al surgimiento de una guerra de guerrillas frente a la cual la vía navegable será muy vulnerable".

Pese a los alaridos del senador republicano Ronald Reagan (en la campaña electoral de 1976: "¡Nosotros construimos el Canal, lo pagamos y lo vamos a conservar!"), el presidente James Carter firmó con Torrijos, el 7 de septiembre de 1977, los acuerdos que habrán de llevar sus dos apellidos: "Carter-Torrijos" . Prevén para el 31 de diciembre de 1999 la transferencia a Panamá de la soberanía sobre la vía navegable, así como el retiro gradual de las bases militares estadounidenses instaladas en su zona de protección.

Estados Unidos conserva dos prerrogativas hasta que expire el contrato: el derecho de hacer funcionar el Canal, disponiendo de las aguas y las tierras necesarias, y la responsabilidad primordial de su defensa. La administración de la vía interoceánica y sus instalaciones, confiada a la Comisión del Canal de Panamá, organismo público estadounidense regido por la legislación de Estados Unidos y dirigido por nueve miembros (cinco estadounidenses y cuatro panameños, todos nombrados por las autoridades de Estados Unidos, que también tienen el poder de revocarlos), será reemplazada el próximo 31 de diciembre, pasada la medianoche, por la Autoridad del Canal de Panamá, panameña en su totalidad. Para los panameños, una fecha simbólica: la emancipación, después de casi un siglo de tutela impuesta por el Tío Sam.

Transición en la Canal Zone

El sol ya ha invadido el cielo cuando, a las 07.30 horas exactas, un automóvil blanco de la Comisión se detiene cerca de los hangares del puerto de Cristóbal (lado Atlántico). Bajan tres hombres y abordan una embarcación que se dirige hacia las 55.000 toneladas de un petrolero. Llegado de Venezuela, su destino final es California. A las 08.15 los tres pilotos, ya a bordo, saludan el comandante del petrolero. Avisan al coordinador del puerto que van a zarpar. La enorme masa se pone en movimiento. A las 08.50 entran en escena los remolcadores Harding y Mehaffey. Como perros guardianes apostados en la popa y la proa de estribor, dirigen lentamente el navío hacia las primeras esclusas, las de Gatún2. Igual que los 13.000 barcos que transitan por el Canal cada año (unos 37 por día), en doce horas y a lo largo de ochenta kilómetros, el petrolero desembocará en el otro océano, evitando así un formidable rodeo de 14.800 kilómetros a lo largo de las costas del continente sudamericano, además del peligroso estrecho de Magallanes.

Canal Zone. Balboa. Una ciudad como no existe otra en toda la región. Alrededor de los edificios públicos (Balboa High School, Post Office, Railway Station, una estación en desuso transformada en centro comercial, cuartel de bomberos), los barrios de pequeñas casas blancas de una o dos plantas, con techos de tejas rojas. Calles amplias, céspedes impecables, calma inusitada, todo sugiere orden y precisión. En lo alto de la colina, el imponente edifico de la Administración del Canal domina todo el conjunto. Por algunos meses, la bandera de barras y estrellas ondeará junto a la panameña.

En el interior, en su espaciosa oficina, Jaime Bocanegra, gerente de la Oficina de administración de la transición, es consciente de la envergadura de la tarea que espera a sus conciudadanos. Un mal funcionamiento del canal afectaría el comercio mundial. Hasta ahora, su administración se caracterizó por una eficiencia muy estadounidense. Tan poco sensible a los grandes debates geopolíticos como a la soberanía nacional panameña, la comunidad marítima y comercial no oculta que le teme a la era posgringos. "El Canal es una gran responsabilidad para Panamá", admite Bocanegra. Poco dado al doble discurso, precisa su pensamiento: "Estamos algo asustados. Esto se puede comparar con el día del casamiento. Casarnos nos hace felices, pero al mismo tiempo sentimos miedo ante esa nueva vida…". Sin embargo, no le falta optimismo ante la cita fijada por la historia: "Lo vivimos como un desafío. Vamos a demostrar que estamos a la altura".

En el nivel técnico, las preocupaciones carecen sin duda de fundamentos. En 1979, entre el 60 y el 65 por ciento de los trabajadores del canal eran panameños, pero los puestos de responsabilidad estaban en manos de los estadounidenses. Veinte años más tarde, el administrador (la máxima autoridad) es panameño, así como la casi totalidad de la estructura ejecutiva, administrativa y técnica. Todos los ejecutivos de cierto nivel se han formado en Estados Unidos. De los 7.929 trabajadores, sólo el 6,8% era todavía estadounidense y a fines de 1999 no serán más del 2 o el 3 por ciento.

De hecho, los políticos locales no inspiran una confianza desmedida. Luego de la detención del general Noriega, en diciembre de 1989, los mismos panameños bromeaban: "¡Los gringos atraparon a Alí Baba, pero nos dejaron a los cuarenta ladrones!"¿El Canal seguirá funcionando con la misma eficacia, o se convertirá en una vaca lechera rehén de las luchas y apetitos políticos, en detrimento de su mantenimiento y conservación?3 Por cierto, en mayo de 1996, en una sesión convocada por la Organización de las Naciones Unidas (ONU), las organizaciones políticas y sociales panameñas prometieron mantener la vía interoceánica apartada de los intereses partidarios y sectoriales. También en este punto Bocanegra adopta un tono tranquilizador: "La ley prevé que en la junta directiva de la Autoridad del Canal, sólo dos personas tengan un vínculo político directo: el presidente -con rango de ministro de Estado y nombrado por el Presidente de la República- y un miembro designado por la Asamblea legislativa. Los otros nueve son nombrados por nueve años. Es una garantía de independencia, su posición está garantizada."

Sin embargo, a nadie se le escapó que al anunciar la elección de los directores que administrarán el Canal a partir del 1º de enero del 2000, el presidente de la República, Pérez Balladares, nombró entre los once miembros a cuatro personas que pertenecen a su familia o a la de su mujer… "a diferencia de los Estados donde administración pública y negocios están separados, aquí se confunden. ¿Quién va a dirigir el Canal? Los políticos. No es precisamente el mejor de los métodos. De ahí vendrán nuestras dificultades" , señala irónicamente el señor Juan Materno. El hombre no es un opositor "primario" . Fundador junto con el general Torrijos del Partido Revolucionario Democrático (PRD, en el poder), renunció en el período Noriega. Desde entonces no volvió a sus filas, herido por su corrupción y su desvío neoliberal.

La extrema derecha conservadora estadounidense, que goza de un apoyo importante en el Congreso, especialmente a través del senador republicano Jesse Helms, peleó hasta último momento para impedir la devolución. En vano. El 1º de abril de 1999, cerca de la entrada al Canal, la bandera estrellada fue arriada lentamente en el patio de una de las joyas de la US Army: Fort Sherman. Unico centro de entrenamiento para combates en la jungla del ejército estadounidense, su extensión permitía las maniobras de batallones de quinientos hombres. Allí tuvo lugar la formación de casi 100.000 soldados que participaron, entre otros, en el frente del Pacífico en la segunda guerra mundial, en el conflicto de Vietnam, en la guerra del Golfo y… en la invasión de Panamá. El 8 de enero de 1998, el embajador de Estados Unidos le entregó al ministro de Relaciones Exteriores panameño Ricardo Arias la llave de Quary Heights, cuartel general del Southern Command (Comando Sur), sede de todas las operaciones de Washington en América Latina. Un hecho por demás simbólico.

Catorce bases, más de diez mil soldados en 1979. ¿Para defender al Canal? Seguro que no. "La presencia de Estados Unidos en nuestro territorio siempre tuvo por objetivo proyectar su poderío militar en todo el continente" , explica con calma -pero sin demasiada simpatía- Daniel Delgado, ex-oficial de la fuerza de defensa panameña, disuelta por Estados Unidos luego de la operación "Justa Causa" (así se llamó la invasión), en 1989. Howard y Albrook (bases aéreas), Rodman (marina), Fort Amador y Fort Kobb (brigada de infantería 193), la isla de Galeta (centro de espionaje continental)… Durante décadas, con el pretexto de proteger la vía navegable, estas instalaciones funcionaron como centros de experimentos de armas y de tecnologías militares4, como bases de apoyo para los golpes de Estado, operativos contrainsurgentes, intervenciones secretas o no en Colombia, en Bolivia, en Granada, en América central…

A pocos meses del 31 de diciembre, quedan todavía en Panamá 3.600 soldados estadounidenses. También algunos problemas no resueltos en los polígonos de tiro de Emperador (2.556 hectáreas), Balboa Oeste (3.727 hectáreas) y Piña (2.556 hectáreas). En vísperas de la partida, y sin tener en cuenta el artículo IV de los Acuerdos, que obliga a "eliminar todo lo que representaría una amenaza para la vida, la salud y la seguridad humanas" , casi un tercio de estas extensiones (3.280 hectáreas) aún está sembrado de municiones y explosivos no desactivados5. El teniente coronel Reynold Hoover, a cargo de la neutralización del material explosivo, afirma que un intento de limpiar totalmente la zona podría causar daños irreparables a la flora, la fauna y la vida de la selva. Ahora es Delgado, en la actualidad secretario general del ministerio de Relaciones Exteriores, quien estalla: "¡Nos hablan de medio ambiente y pretenden que hay que proteger esta selva magnífica, pero durante ochenta años le arrojaron sus granadas y sus bombas! No se puede aceptar. Hay que limpiar esta zona. Es una amenaza para la gente y una limitación para los proyectos que quisiéramos desarrollar en el futuro" . Washington no se da por enterada. Esa limpieza costaría unos 150 millones de dólares. Estamos en Panamá, no en California. Allí, después del cierre (iniciado en 1988) de 22 bases, nadie se resistió a pagar los 2.500 millones de dólares necesarios para el mismo operativo6.

Panamá se prepara para recibir un saldo de aproximadamente 23.074 hectáreas, 870 instalaciones de todo tipo y las últimas 4.000 viviendas abandonadas por los militares y los técnicos estadounidenses. Para fines de este año, el último soldado del "imperio" habrá abandonado Panamá. "Será una gran fiesta. La fiesta de Bolivar, de José Marti, de Omar Torrijos, de todos los patriotas latinoamericanos" , declara esta vez con júbilo Delgado. ¿Cómo explicar entonces el desencanto que se manifiesta en tantos rostros panameños?

El hombre vive en un barrio modesto pero para nada miserable. Un dejo de amargura cambia su rostro: "Yo trabajaba como cocinero, por 500 dólares mensuales, en una cantina militar de los gringos. Cuando se cerró la base, perdí mi empleo. Por suerte, conseguí otro en la famosa cadena de restaurantes Niko Café. Pero ahora sólo gano 220 dólares. Ya no puedo pagar el alquiler de mi departamento" . Muchos tuvieron que abandonar sus trabajos en las bases -empleados, jardineros, lavanderas- y no en todos los casos pudieron reinsertarse. La partida de los boys significa además la pérdida de un segmento de población que ganaba altos salarios y no vacilaba en gastar. Las cajas registradoras de los supermercados y los vendedores de automóviles notan la diferencia; los vendedores de bienes raíces se mesan los cabellos: si un departamento en un barrio agradable se alquila en 700 dólares, para un oficial gringo eran 1.500. Hoteles y restaurantes se lamentan de la desaparición de turistas un poco especiales: esos estadounidenses que venían a visitar a sus amigos militares a orillas de este Canal exótico. Los que más despotrican son los taxistas, que se quedan sin generosas propinas…

El malestar se había vuelto perceptible desde 1995. "Se hicieron muchos estudios, y todos decían que los panameños no deseaban la partida de las bases" , recuerda Fernando Kant, militante del movimiento popular Papá Egoro7. Una sonrisa algo cansina aparece en su rostro, y piensa en voz alta. "Quizás sea porque durante toda nuestra vida republicana nos acostumbramos a vivir bajo el paraguas de Estados Unidos…"Ese año todavía quedaban en la zona 8.800 soldados estadounidenses, que generaban 22.000 empleos e inyectaban más de 350 millones de dólares en la economía8. El Local 907, vinculado con el sindicato estadounidense AFL-CIO, que representa a los 3.200 asalariados panameños de las bases militares, organiza campañas virulentas denunciando las consecuencias "dramáticas" de la partida de las tropas de Estados Unidos. De pronto, Panamá titubea, incapaz de definir si desea ser totalmente independiente o seguir siendo una colonia. Como en otras partes, los "defensores de la soberanía" se enfrentan con los "colaboradores".

Los "gringos" no quieren irse

La ocasión es demasiado perfecta. Desde la operación "Causa Justa" , el tema de la una eventual prolongación de la presencia militar estadounidense más allá del año 2000 fue recurrente. El gobierno de Balladares, aunque emanado del PRD, un partido tradicionalmente anti-imperialista, vería con buenos ojos que Estados Unidos mantuviese algunas instalaciones (¡con la condición de que no sean demasiado visibles!). Por su lado, y aunque las condiciones geopolíticas han cambiado (las guerrillas centroamericanas se han transformado en partidos socialdemócratas y sesionan en sus respectivas Asambleas), el Pentágono quisiera conservar algunas instalaciones destinadas al entrenamiento para el combate en la jungla, para el cual la topografía y la vegetación de Panamá son ideales. Además, aunque ya no es indispensable, este asentamiento favorece su proyección y capacidad operativa en la región.

Luego de un acuerdo informal entre el ministro de Relaciones Exteriores panameño Gabriel Lewis Galindo y el embajador de Estados Unidos en Panamá William J. Hughes, en septiembre de 1995 se inician conversaciones durante la visita del presidente Pérez Balladares a Washington. En clara violación de los acuerdos Carter-Torrijos, las negociaciones prosiguieron durante dos años, en el mayor de los secretos. A cambio de un alquiler anual y de su entrada al Acuerdo de libre intercambio de América del Norte (ALENA), el gobierno panameño está dispuesto a permitir que Estados Unidos conserve las bases de Howard, Sherman, Rodman y la isla Galeta. El 23 de diciembre de 1997, ambos gobiernos admiten que se suscribió un acuerdo y que sólo faltan las firmas. Para cubrir la operación, se implementó un Centro multilateral anti-droga (CMA), centro civil compuesto por 2000 militares, al cual tendrán acceso otros países latinoamericanos (México, Colombia, Brasil, Perú, etc.). Pese al interés que muestra por el operativo, Estados Unidos es tenaz en su rencor: después de años de presión panameña para forzarlas a retirarse, ni hablar de que las bases gringas paguen alquiler alguno en el futuro: la presencia del CMA es en sí un aporte económico más que suficiente.

"Por lo que se pudo saber, las conversaciones se suspendieron. Cualquier proceso de esta naturaleza implica esfuerzos de ambas partes y pareciera que tal voluntad no existía,"relata ahora John Evans, con la extrema circunspección de un director ejecutivo del ministerio panameño de Relaciones Internacionales. El presidente Balladares debe hacer frente a la virulenta oposición de quienes no renegaron de Torrijos. En el referendum organizado el 30 de agosto de 1998 para reformar la Constitución, que impide su reelección inmediata y un segundo mandato, sufrió una humillante derrota.

El montaje se derrumba definitivamente cuando se hace público el artículo A del tratado de negociación, que prevé el uso de las bases para combatir "los delitos conexos" . De hecho, se trata de poder llevar a cabo acciones de contra-insurgencia en la más pura tradición. "Eso no lo podíamos aceptar, ni nosotros, ni los demás países de la región. Se trataba de una base disfrazada.", espeta -a posteriori- Eduardo Morgan, ex-embajador de Panamá en Washington. Por otra parte, tal como lo confirma un observador bien informado, ni Washington ni Panamá recibieron nunca el apoyo de los países que supuestamente integran el CMA (salvo Perú). "Los mexicanos dijeron que ya habían sufrido demasiado por el intervencionismo de Estados Unidos; los brasileños, más o menos lo mismo; Colombia hubiese aceptado a condición de que también se controle el tráfico de armas…"El presidente William Clinton no insiste. No gana nada apareciendo como "el que cuestiona los tratados" . Legalmente, Estados Unidos debe respetar la palabra dada y la escena internacional ha cambiado lo suficiente como para que pueda renunciar a su presencia al sur de Río Grande sin correr demasiados riesgos9. Las negociaciones se interrumpieron en septiembre de 1998.

Planes y dudas para el futuro

Los "gringos" se van. Los panameños soñaban con un retroceso grandioso, con una reapropiación magnífica, con el pueblo afluyendo hacia la zona al fin suya. Asisten a su urgente privatización, bajo la férula de una entidad autónoma del Estado, la Autoridad de la región interoceánica (ARI). Sin embargo, en un primer tiempo, ¿quién se atrevería a manifestarse descontento? Aquí, a orillas del lago Gatún, en medio de un diluvio de martillazos y del chirrido de las hormigoneras, la tristemente célebre Escuela de las Américas -que formó a generaciones enteras de torturadores y a decenas de miles de oficiales latinoamericanos para la lucha antisubversiva- se transforma en un hotel (español) de 250 habitaciones, con tres restaurantes, varias piscinas y hasta un puerto náutico. Más allá, la demolición de Fort Amador habrá de darle paso al complejo hotelero de un consorcio estadounidense-coreano. En la antigua base de Albrook pronto se instalarán jubilados estadounidenses que han decidido pasar la tercera edad en los 146 departamentos adquiridos por la Comunidad de los jubilados del Canal por 6 millones de dólares… En septiembre de 1998, Nicolás Ardito Barletta, director del ARI (también ex vicepresidente del Banco Mundial y ex presidente de la República), estimaba que alrededor de 7.000 edificios y demás instalaciones, de un valor estimado en 4.000 millones de dólares, serían vendidos a intereses privados, en su mayoría extranjeros.

Panamá tiene todas las cartas para transformarse en un gran centro de transbordo. Dispone de una clientela cautiva de 13.000 buques de gran tonelaje que atraviesan el Canal y permanecen un promedio de 24 horas en sus aguas. En el sector Atlántico, cerca de la zona libre de Colón y en las antiguas instalaciones de la US Navy en Coco Solo10, se inauguró la Manzanillo International Terminal (MIT). En agosto de 1996 la compañía de Hongkong Hutchison Port Holding (HPH) recibió en concesión los dos puertos más importantes, Cristóbal y Balboa, ubicados en cada extremo de la vía navegable. La terminal de contenedores de Colón, adjudicada a la compañia taiwanesa Evergreen y a un socio local, empezó a operar en octubre de 1997. El conjunto Balboa, Cristóbal, Manzanillo, antes bloqueado por la presencia de las bases marítimas estadounidenses, puede actualmente manejar más de un millón de contenedores por año y piensa duplicar esta cantidad para el año 2000. ¿Qué más se puede pretender?

"Existe una gran frustración" , responde indirectamente la señora Magaly Castillo, perteneciente a la organización Justicia y Paz, a la sombra (en sentido propio y figurado) de la Iglesia católica. "Aún no podemos pisar esta zona del Canal por la cual tanto luchamos. Vea el Cerro Ancón (en Balboa), se ha convertido en un enclave de diplomáticos, de extranjeros y de miembros de clases privilegiadas donde no se puede entrar. Nunca podrá instalarse allí ningun miembro de la clase media. Y ni hablar de los sectores populares…"El precio promedio de venta de las viviendas individuales oscila entre 30.000 y 35.000 dólares. Sólo la élite, preocupada por dejar la congestionada capital, ocupa este nuevo (y antiguo) barrio residencial. También miembros del gobierno, que mediante concesiones directas y no del todo legales, se han instalado en las residencias más hermosas.

En cuanto al modelo de desarrollo, nadie podría jurar que es viable11. Empezando por el turismo, que ocupa el primer lugar, junto a decenas de ambiciosos proyectos. Los más confiados demuestran su entusiasmo: "Por el Canal pasan decenas de cruceros que no se detienen. Es un turismo cautivo. Pueden hacer escala aquí. Se sabe quiénes son adeptos a este tipo de viajes: en un 90% estadounidenses que se atosigan todo el día con palomitas de maíz y helados, bajan a tierra y van a comprar remeras o jugar al casino. Existe un proyecto en Colón: podrán visitar la zona libre, hacer compras libres de impuestos, pasar una noche en el nuevo hotel ecológico, ir a ver a las aves…"Los escépticos, agobiados, se encogen de hombros: "¡En estos viajes traen todo con ellos, hasta el agua mineral! En la bahía de Panamá. hay 300.000 litros de residuos generados por seres humanos. ¿Quieren que esa gente se bañe en ese agua? No los veo bajar del buque para comprar artesanías de los indígenas. ¿Ecoturismo en Gamboa? A este público no le gusta dormir en hamacas y tocar animales. Y vaya usted a jugar un partido de golf de dieciocho hoyos con este calor…"

Con las mismas reservas tropieza la ambición de convertir a Panamá en un centro marítimo de importancia mundial y de apostarle todo al desarrollo de los intercambios y a la mundialización. Aun cuando no tuvo efectos dramáticos, la reciente crísis asiática generó desconcierto en Panamá. En primer lugar, en la Zona Libre de Colón: prosiguió la afluencia de productos made in Asia, pero el problema se planteó con la reexportación hacia grandes países como Colombia, Venezuela y Brasil, que redujeron drásticamente sus compras.

El tercer aspecto de la reconversión programada hace rechinar los dientes de quienes ven que los poderes públicos pretenden convertir al país en el Singapur de las Américas. Cuando se anuncia que los 20.000 empleos previstos a mediano plazo reemplazarán ampliamente a los que se perdieron por el cierre de las bases, la reflexión unánime es: "¿Qué salarios pagarán? ¡Si son maquiladoras, aumentarán la explotación y la pobreza!"12. En efecto, las que invirtieron en la antigua base de Davis son maquiladoras asiáticas. Se aguarda la llegada de una decena de empresa taiwanesas del mismo tipo para tres futuros parques industriales. Mientras tanto, el resto del país, definitivamente excluido de este vals de millones, sigue en el abandono.

¡El "Tío Chang" reemplaza al "Tío Sam" ! ¡Y el Canal está en manos de los "rojos" ! ¿Acaso los dos importantes puertos de Cristóbal y Balboa no fueron adjudicados a una empresa de Hong Kong? ¿Acaso Hong Kong misma no volvió al seno de China? No hubo que esperar mucho para que los ultraconservadores estadounidenses volvieran a la ofensiva. ¡La Hutchison está vinculada con la China comunista y su ejército; Pekín intenta hacer con Panamá lo mismo que hizo la Unión Soviética con Cuba! Esta posición económica bien podría transformarse algún día en posición militar… ¿Relación de causa a efecto? Este año, algunas semanas después de la elección a la presidencia de la República de la candidata por la oposición, la señora Mireya Moscoso (el 2 de mayo de 1999)13, el general Charles Wilheilm, jefe del Southern Command, puso públicamente en tela de juicio la capacidad de Panamá para garantizar la seguridad del Canal (y con razón: ¡Estados Unidos disolvió el ejército después de la intervención de 1989!). El 22 de junio, en Washington, frente al Comité de Relaciones Exteriores del Senado, Wilheilm explicó que la fuerza pública panameña "no está ni equipada ni organizada"14 para enfrentar las incursiones de los "grupos de irregulares colombianos" (léase la guerrilla), que operan en la frontera y que el funcionamiento de la vía navegable corre el riesgo de verse afectado después de la partida de los últimos 3.000 soldados estadounidenses.

No hay dudas de que aún no se ha terminado de hablar de la presencia de bases de Estados Unidos en Panamá. Se habla menos del Tratado de neutralidad firmado entre ambos países al mismo tiempo que los acuerdos Carter-Torrijos: permite a Estados Unidos intervenir unilateralmente, después de fines de 1999, si estima que peligra la neutralidad del Canal. ¿Quién dijo que el 31 de diciembre de 1999 Panamá va a recobrar su soberanía?

  1. Graham Greene, A la rencontre du général, Robert Laffont, París, 1984.
  2. Las esclusas de Gatún permiten la elevación de los barcos a 26,5 metros por encima del nivel del mar. Las de Miraflores, del lado del Pacífico, permiten la elevación de los buques a más de 9 metros en 15 minutos.
  3. Actualmente, luego del pago anual de 109 millones de dólares al Estado panameño, los peajes recaudados (750 millones de dólares) aseguran el equilibrio del presupuesto del Canal. A partir del año venidero, Panamá se verá en libertad de administrar el presupuesto global como lo prefiera y de sacar provecho de las operatorias.
  4. En 1993, la base de Rodman recibió 70 proyectiles de uranio empobrecido para someterlos a una evaluación en clima tropical.
  5. Estas áreas comprenden polígonos de tiro (armas cortas y fusiles), campos de tiro (morteros y cañones) y zonas de bombardeo desde aviones.
  6. "Limpieza de las bases militares es un problema que necesita solución" El Panamá-América, Panamá, 10-1-95.
  7. Representante de los sectores populares, indígenas y ecologistas, fundado en 1995 por el cantante Rubén Blades.
  8. En 1998, las bases militares empleaban todavía a 2.000 panameños y sus compras de bienes y servicios representaban 140 millones de dólares. Si se toman en cuenta los efectos multiplicadores, el retiro estadounidense podría costar 350 millones de dólares, o sea un monto de entre el 3 y el 4 por ciento del producto bruto interno (Nord-Sud-Export, París, 29-5-99).
  9. El centro anti-drogas podría ser montado en Ecuador, en Honduras, en las islas caribeñas de Aruba o Curacao, en Guantanamo (Cuba) o en la base naval Roosevelt´s Road en Puerto Rico.
  10. El grupo estadounidense Stevedoring Services of the America (SSA) invirtió allí 210 millones de dólares.
  11. Un consorcio estadounidense-panameño, Intercarib S.A./Nathan Associates Inc., donde los intereses de Estados Unidos eran mayoritarios, llevó a cabo para el ARI el Plan general y el Plan regional de esta reconversión.
  12. Fábricas con subcontrataciones, que mediante incitaciones fiscales y una readecuación del derecho laboral se basan en la explotación intensiva (para no decir escandalosa) de la mano de obra. Ver "Les travailleurs centraméricains otages des maquilas" , Le Monde diplomatique, marzo de 1998.
  13. La señora Mireya Moscoso (Partido arnulfista) ganó las elecciones con el 44% de los votos, aventajando a Martín Torrijos, hijo del general (PRD), con el 38%, y al banquero Alberto Vallarino con el 17%.
  14. El Nuevo Herald, Miami, 24-6-99.
Autor/es Maurice Lemoine
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 2 - Agosto 1999
Páginas:16, 17, 18, 19
Traducción Dominique Guthmann
Temas Conflictos Armados, Militares, Deuda Externa, Derechos Humanos, Geopolítica, Políticas Locales
Países Estados Unidos, México, Brasil, Cuba, Aruba, Granada, Honduras, Panamá, Bolivia, Colombia, Ecuador, Perú, Venezuela, China, Singapur, Vietnam