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Televigilancia global

El 11 de agosto, una parte de Europa experimentará un eclipse solar total. Se apagará el cielo en pleno día. Fenómeno previsible, el ocultamiento de la gran luminaria cósmica siempre ha simbolizado una catástrofe mayor, como si la súbita extinción de la visión común profetizara un drama futuro… Pero la inversa, la sobreexposición de nuestro planeta al registro de los satélites que sobrevuelan océanos y continentes y lo ven todo, lo vigilan todo, lo controlan todo, ¿acaso no anuncia, también, otra forma de catástrofe?

El fenómeno histórico que conduce a la mundialización exige cada vez más luz, cada vez más iluminación. Es así como hoy en día se implementa una televigilancia global que no se deja perturbar por ningún prejuicio ético o diplomático. La actual globalización de las actividades internacionales torna indispensable a término una visión ciclópea o, más exactamente, una visión ciber-óptica.

Cuanto más se acrecienta la interactividad global, más se impone la exigencia de una visión panóptica y totalitaria. A la famosa "burbuja virtual" de la economía del mercado único le sucede esta burbuja visual donde la amplificación de las apariencias desempeñará muy pronto el mismo papel multiplicador que el de la especulación financiera. La óptica eléctrica se confunde esta vez con la luz de la velocidad de las ondas electromagnéticas.

A fines de 1996, junto a la National Security Agency (NSA), encargada, por medio del sistema Escalón, de la escucha de todas las comunicaciones -teléfono, fax, telex, etc.- a escala de nuestro planeta1, Estados Unidos inauguraba una nueva estación: la National Imagery and Mapping Agency (NIMA).

Esta agencia dependiente del Pentágono, que agrupa a casi 10.000 personas, debía concentrar el conjunto de las imágenes captadas por los satélites militares y trabajar en la elaboración de una central de tratamiento digital de estas imágenes, llamada NIFTS. Al permitir la transmisión de imágenes en tiempo real, esta central debía corresponder inicialmente sólo a los usuarios que dependen del departamento de defensa y de información, pero la importancia de la observación espacial y su racionalidad económica no escaparían por mucho tiempo a los teóricos de la guerra cibernética (info-war).

A partir de 1997, la NIMA decidió en consecuencia participar del programa "Global Information Dominance" , cuyo objetivo es controlar la explotación del caudal de imaginería comercial a nivel mundial. Con este fin, la Agencia otorga hasta cinco millones de dólares a las empresas, tanto a las estadounidenses como a las extranjeras, para hacer interoperativos sus sistemas de tratamiento de datos y comprometiéndose a respetar los muy cortos plazos de entrega de imágenes. Luego, la NIMA vuelve a difundir estos documentos para los militares de Estados Unidos, pero también para clientes civiles, estadounidenses o extranjeros. Convertirse de ese modo en el lugar de tránsito obligado de las imágenes comerciales, merced a una política de compra y distribución a gran escala, es la argucia hallada por el Pentágono y la Central Intelligence Agency (CIA) para obstaculizar la implementación de un mercado libre de la imaginería espacial.

Gracias a esta agencia de televigilancia global, Estados Unidos dispone de ahora en más de una estructura de control tan eficaz para las telecomunicaciones internacionales como las que había implementado para vigilar las comunicaciones de los países del Este, inmediatamente después de la segunda guerra mundial.

Observemos algunos acontecimientos panópticos recientes: el 12 de abril de 1999, la cadena ABC de televisión informaba a su público que el Pentágono disponía de imagénes satelitales que probaban la existencia de fosas comunes en Kosovo. "La cadena habla de un centenar de lugares donde la tierra fue removida"2. Sin embargo, ABC no mostró ninguna de estas imágenes, aunque la alta definición de las tomas satelitales es tal que la probabilidad de la existencia de este tipo de pruebas es muy real.

Dos días antes, el 10 de abril, el Pentágono había hecho públicas fotos satelitales que mostraban a grupos de kosovares acampando en las colinas, después de haber huido de sus aldeas. Esto sin precisar cuál era la posible correlación entre esta fuga y atrocidades previas.

Después del ojo de Dios persiguiendo a Caín hasta dentro de su tumba, ahora es el ojo de la humanidad sobrevolando los continentes. Así se adivina mejor la dimensión ética y política del programa de control visual orbital "Global Information Dominance" , y la legítima preocupación de Europa en materia de televigilancia, tal como lo atestiguara recientemente en Bruselas la agencia Eucosat, al enterarse de la inauguración de la NIMA.

Después de las grandes orejas de la red Escalón de la National Security Agency, se abren pues los temibles grandes ojos de la National Imagery and Mapping Agency, ilustrando a la perfección la declaración del jefe de estado mayor de la US Air Force, en 1997, frente a la Cámara de Representantes en Washington: "En el primer trimestre del siglo XXI, seremos capaces de encontrar, seguir y apuntar, casi en tiempo real, a cualquier elemento importante en movimiento sobre la superficie de la tierra"3.

¡El viejo proyecto de la guerra fria, Open Sky (Cielo Abierto) se lleva a cabo aún más allá de los objetivos previstos!¡La desregulación del transporte aéreo se extiende ahora a la de la transmisión en todas partes de las imágenes captadas por satélite! De pronto, el cielo-atmósfera se disipa y le cede su luminosidad a la pantalla, a la espera de que el lanzamiento de los primeros satélites de reverberación de la luz solar disipe a su vez la oscuridad de la noche… De hecho, la velocidad de la luz en el vacío nunca sirvió para desplazarse, para avanzar, sino sólo para ver, para pre-ver. La velocidad límite de la luz no es más que el otro nombre de la iluminación, o más bien del iluminismo político-estratégico del tiempo presente. Ese tiempo real que domina de ahora en más el espacio real de los continentes.

La luz indirecta de la velocidad de las ondas ya no tiene nada que ver -valga la redundancia- con la luz directa del asoleo estacional, la de la alternancia diurna/nocturna, ni tampoco, por otra parte, con la del día astronómico y su eclipse del 11 de agosto de 1999. No, lo que se eclipsa ahora es el horizonte terrestre, esa línea que organizaba el campo de percepción y que de ahora en más le cede su lugar a la pantalla. Lo que se cierra no es sólo la imagen o el sonido de la televisión, sino la realidad de las apariencias sensibles. A la antigua representación del cuadro o de la fotografía, le sucede la intempestiva presentación de lo que ocurre ahora, pero allá, en las antípodas del planeta.

De esta manera, el antiguo límite entre el cielo y la Tierra que ponía balizas a nuestros sucesivos posicionamientos se ha eclipsado, y sólo subsiste el horizonte mental de nuestras infieles memorias4

El arte del cielo tiene una muy larga historia, como si el firmamento fuese el primero de los espectáculos de masas. Por lo demás, en la década del 30 se utilizó a menudo la proyección de películas en un techo de nubes. Asimismo, las salas oscuras de los primeros cines sonoros solían tener un techo corredizo que permitía observar la noche estrellada cuando llegaba el buen tiempo. En Estados Unidos, los drive-in ni se molestan en tener salas, ya que apenas cae el sol se ilumina la pantalla de las noches blancas.

Resulta extraño observar la repetición, infructuosa hasta ahora, de la puesta en órbita, ya no de satélites de transmisión de telecomunicaciones, sino de satélites de reverberación de la luz solar destinados a desempeñar el papel de "lunas artificiales" que alumbrarían a giorno el espacio nocturno de nuestras metrópolis, al mejor estilo de esas esferas relucientes que suelen iluminar las discotecas5.

Pero el último intento de llevar a la práctica la confusión del firmamento y del arte de las imágenes en movimiento, es el proyecto de cibercine implementado en los estudios de Babelsberg, en Berlín, por el equipo de Peter Fleischmann. Tal como lo explicaba un especialista francés motivado por el desarrollo de este cine cibernético: "La mitad del territorio europeo se encuentra a más de treinta minutos de cualquier lugar de proyección. Es mucho" .6

Esta voluntad de difundir el cine por satélite en las zonas aisladas, privadas de salas de cine, no sólo se justifica por los problemas de distribución de las peliculas, sino que está indirectamente vinculada con la inminente proliferación de ese cine portátil, del cual los video-anteojos de Sony -los Glasstron- sólo son un oneroso prototipo. El viaje virtual del "séptimo arte" apenas comienza.

En el siglo XXI, habrá que contar entonces con que la difusión de la imaginería digital a partir de satélites inunde el planeta entero, llegando así a cada uno de sus habitantes. "¡Convertirse en film" , tal habrá de ser el destino del "ser en el mundo" , puesto que el casco visual brinda la sensación ya no de asistir a un espectáculo "externo" , sino de estar dentro de la pelicula!

Visión de porvenir de la ciber-óptica, donde ya no se puede discernir entre lo virtual y lo real, dado que la ilusión de la proyección suplanta a la realidad de la iluminación. En el futuro, la proyección de la realidad virtual de un traslado podrá suplir la realidad actual del viaje, de todos los viajes. Así, cuando se observan las últimas proezas del recorrido circumterrestre de estos seudosatélites que son los globos estratosféricos, (como el Breiting Orbiter III, que concluyó en menos de tres semanas la primera vuelta al mundo, dejándose llevar por el jet-stream, esa corriente de aire que rodea al planeta de Oeste a Este), ¿no se trata ya de un sustituto de la navegación? Especie de surf, no muy distinto del de esos internautas adeptos de los Webcam, quienes también llevan a cabo el sobrevuelo virtual de los continentes en sus pantallas…Encerrados durante veinte días en una minúscula cabina presurizada, los dos astronautas pudieron escrutar los océanos, la Tierra y sus continentes, a través de diminutas ventanillas no muy distintas de la pantalla de una computadora…

Por otra parte, para ilustrar aún mejor esta superación de la navegación real por la navegación virtual, señalemos que uno de los aeronautas, el psiquiatra suizo Bertrand Picard, es un adepto de la hipnosis para aliviar el estrés y el cansancio nervioso de este tipo de viaje que según él se relaciona con una psicoterapia: afirma que "En un globo, para modificar su dirección, hay que cambiar de altura. Del mismo modo, el ser humano debe aprender a elevarse en el plano espiritual para encontrar otra dirección que le permita volver a ser dueño de su propia existencia"7.

La central de la NASA -transformada en un control de video en el verano de 1998- y sus informáticos, en nada se diferenciaban de la multitud de telespectadores que habían asistido, en julio de 1969, al alunizage de la misión Apolo XI. De hecho, es el fin del brillante porvenir de la astronáutica: ya no se explora realmente el espacio cósmico, sino que de ahora en más simplemente se lo mide por medio de sondas automáticas.

En esto también el viajero intersideral le cede su lugar al teleespectador y al teleoperador de la NASA. Como explica Edward Stone, director del Centro a cargo del manejo de las sondas espaciales en Estados Unidos al iniciarse los programas Voyager I y II, hace veinte años: "Estas naves automáticas son una proeza superior al envío del hombre al espacio o a la conquista de la luna. Estos dos robots nos enseñaron mucho más sobre el sistema solar que todos los astronautas, desde Ptolomeo, dado que llegaron hasta donde ningún instrumento fabricado por el hombre fue nunca a hacer mediciones".

El final de partida de la aventura interplanetaria es el descrédito anunciado del hombre que trabaja, aquel "navegante de vuelos habitados" que no se conformaba con medir, sino que le daba toda su dimensión a la realidad del mundo terrestre tanto como a la del espacio exterior. Escuchemos el relato de los pasajeros de la quinta misión del transbordador espacial Discovery: "El primer día mirábamos a nuestro país. El tercero o el cuarto, nos señalabamos los continentes. El quinto día, todos habíamos entendido que sólo existe la Tierra".

Pero con esta expansión del campo visual, luego de varias semanas o varios meses pasados en la estación Mir -hoy amenazada por el naufragio- sólo queda la contemplación de la noche eterna, el silencio de esos espacios infinitos donde las distancias no tienen ningún sentido, porque la duración del viaje sobrepasa las posibilidades biológicas de la vida. Salvo que se considere la posibilidad de clonar a la tripulación (del mismo modo que se inventó el cohete con niveles), habría que practicar la resurrección por duplicación, para esperar poder viajar decenas de años a la velocidad de escape (40.000 kilómetros por hora y más…), hacia las fronteras de las galaxias. ¡A menos que se subvierta a su vez la velocidad de la luz y la teletranslación suceda al transporte de pasajeros!

¿Pero acaso no sucede lo mismo con la dirección a distancia de operativos lejanos, tales como los del robot Sojourner de la misión Pathfinder? De ahí surge este súbito desdoblamiento del acto de un sujeto -el teleoperador- a partir de ahora menos implicado por su gestualidad que simplemente duplicado por su presencia a distancia, es decir, su presencia en el mundo8. Escuchemos, por ejemplo, el relato de un científico francés, a propósito del envío de imágenes por la sonda Voyager II, al llegar cerca del planeta Neptuno, en 1989: "Tengo la impresión de estar en el castillo de proa de la carabela de Cristóbal Colón, llegando a las costas de América, en 1492. "

Así es como a la realidad del espacio-tiempo de nuestros desplazamientos físicos y a la perspectiva que organizaba, desde hace más de cinco siglos, nuestra visión del mundo, viene a sustituírsele una suerte de estéreo-realidad. Una realidad actual (inmediata) en la cual se desplaza nuestro cuerpo, y una realidad virtual (multimediática) en la cual se inserta cada vez más a menudo nuestra relación con el mundo y con quienes están lejos, en otros continentes, en los antípodas.

Con este predominio del punto de vista orbital, la puesta en órbita de una infinidad de satélites de observación tiende a favorecer la visión globalizada. Para "manejar" la propia vida, ya no se trata de observar lo que ocurre frente a sí sino lo que ocurre por encima de sí. La dimensión cenital prevalece de lejos -o más bien desde lo alto- sobre la dimensión horizontal, lo que no es poca cosa, ya que este "punto de vista de Sirius" elimina entonces toda perspectiva.

  1. Ver Philippe Rivière, "Le système Echelon" , Manière de voir, Nº46, julio-agosto de 1999.
  2. Le Monde, 13-4-99.
  3. Libération, 20-4-99.
  4. Cf.sobre este tema, el sistema de posicionamiento por satélite, llamado Global Positioning System (GPS).
  5. El proyecto Znamia, es decir la experiencia "nueva luz" , lanzada por la estación Mir, el espejo espacial, fracasó por segunda vez, en el invierno 1998-1999.
  6. Le Monde, 28-11-98.
  7. L´ Evénement, 25-3-99.
  8. Preocupados por conseguirse un "santo patrón" , ciertos adeptos de Internet acaban de adoptar a San Pedro Regalado como "santo de los internautas" , por su capacidad mística de estar en dos lugares a la vez al mismo tiempo. Denominación de esta proeza: la bi-localización.
Autor/es Paul Virilio
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 2 - Agosto 1999
Páginas:28, 29
Traducción Dominique Guthmann
Temas Mundialización (Cultura), Tecnologías, Armamentismo, Mundialización (Economía), Derechos Humanos, Seguridad
Países Estados Unidos