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El planeta al alcance de Estados Unidos

El objetivo declarado de la campaña de bombardeos aéreos lanzada el 24 de marzo de 1998 era la destrucción de las capacidades coercitivas de las fuerzas del presidente Slobodan Milosevic en Kosovo. Sin embargo se supo enseguida que el primer ataque contra las fuerzas blindadas tuvo lugar recién dos semanas después; que los pilotos volaban demasiado alto como para poder distinguir qué pasaba en tierra y que la intervención de los helicópteros antitanque se aplazaba día tras día. Por otra parte, la negativa a prestar ayuda y armamentos a los guerrilleros del Ejército de Liberación de Kosovo (ELK), que combatían en las montañas de su país, no respondía a ninguna lógica militar ni moral.

En cambio la OTAN llevó adelante en Serbia una campaña de destrucción sistemática de la infraestructura civil que no figuraba entre los objetivos anunciados. Por lo tanto, bajo la dirección de Estados Unidos, se desarrollaron dos acciones paralelas: a) un bombardeo táctico-militar de las fuerzas serbias en Kosovo, en cámara lenta ; b) una demostración estratégico-política de poderío, que constituyó la finalidad del esfuerzo principal. Como si Washington le hubiera encargado a su aviación que mostrara claramente, igual que antes en Alemania, en Japón, en Vietnam o en Irak, lo que puede sucederle a quienquiera que se niegue a plegarse a su orden mundial.

La novedad esta vez es que EE.UU. utilizó medios militares que ningún otro país posee, de acuerdo con una doctrina nacida en 1921 en la mente del general italiano Douhet y que Washington es el último en poner en práctica. La doctrina en cuestión, que designa a la fuerza aérea como la herramienta por excelencia para la solución de conflictos, cosechó desde su nacimiento la adhesión entusiasta de algunos aviadores, que vieron en ella el medio de ocupar el lugar protagónico. Los primeros en aplicarla fueron los alemanes: durante la guerra civil española en Guernica; luego en Coventry, Inglaterra. Siguieron luego los británicos y sobre todo los estadounidenses, con los ya clásicos bombardeos masivos de las ciudades de Alemania y Japón, que sin embargo no produjeron resultados decisivos.

En agosto de 1945, con medios incomparablemente más poderosos y al mismo tiempo más fáciles de utilizar, se inauguró la era nuclear en Hiroshima y Nagasaki. En la medida en que Japón ya estaba buscando la paz, tampoco esta vez los resultados fueron convincentes. Cincuenta años más tarde, las armas nucleares siguen siendo el fundamento "estratégico" de un puñado de países, protegidos de todo riesgo de agresión mediante el "equlibrio del terror" . Pero el corolario es poco satisfactorio para EE.UU., ya que se encuentra en una situación de relativa igualdad con los demás miembros del "Club nuclear" , cuyo número va en aumento. En el artículo VI del Tratado de No Proliferación de 1970, renovado en 1995, los signatarios se comprometieron a eliminar las armas nucleares bajo control internacional. Aunque su aplicación ni siquiera haya sido iniciada, este punto inauguró un viraje en EE.UU., que comenzó a desarrollar en 1972 lo que fue el misil Cruise en tiempos de los euromisiles y se transformó luego en el Tomahawk, utilizado por primera vez en Irak y luego -con espectaculares progresos de precisión y fiabilidad- en Yugoslavia. No es descabellado ver allí por parte del Pentágono un intento de verificación de la aptitud de esas armas convencionales para imponer la voluntad de Washington a todo posible perturbador, si fuera necesario por medio de la fuerza, después de la era nuclear.

El maestro de los estadounidenses en materia estratégica no es Clausewitz, cuyas reflexiones se circunscribían a las enseñanzas de las guerras europeas terrestres de la época napoleónica, sino el almirante estadounidense Mahan, quien codificó a fines del siglo XIX la vieja práctica británica de imperio sobre el mundo a través del dominio de los océanos, que ocupan el 70% de la superficie del planeta, rodean todas las tierras emergentes y sobre los cuales está permitido circular y permanecer con total libertad, según el derecho internacional. Desde hace cincuenta años, ese "Sea Power" ha sido patrimonio de la flota estadounidense de portaaviones, sin rival en el mundo. Las reducidas dimensiones del Tomahawk le permitieron ahora colocar miles de ellos sobre 76 submarinos y 77 buques de superficie de la marina estadounidense, menos costosos. El alcance de los Tomahawk (2.800 kilómetros; 3.600 a partir de los aviones B-52, cuyo radio de acción es de 16.000 km), les permite cubrir prácticamente todos los países del mundo.

Para concluir, algunas observaciones. Primera: si para lograr que los kosovares regresaran a sus hogares era necesario y conforme a la moral forzar la evacuación de las tropas y milicias serbias de Kosovo, el tratamiento infligido al pueblo serbio es más discutible. Segunda: por primera vez en la historia de la humanidad, el planeta entero queda, sin escapatoria, al alcance de un solo país, en función de intereses que sólo ese país decide, con todos los desbordes hegemónicos que pueden resultar. Correspondía entonces a los dirigentes de los países más ricos -y técnicamente más avanzados- el restablecimiento del único contra-poder legítimo en términos jurídicos: el de las Naciones Unidas. Y es lo que se hizo.

En cuanto a la "imprevista" peripecia de la llegada de un puñado de rusos a Prístina, conviene desmitificarla. Si se hubiera querido impedirla, era fácil bloquear el convoy en el momento de su partida desde el sector estadounidense de Bosnia, o en algún punto de su recorrido. La OTAN prefirió simular sorpresa, al tiempo que retrasaba el ingreso programado de sus tropas en Kosovo, enmascarando apenas la connivencia con un Kremlin ahora sometido a Washington a través de la economía. Esta connivencia tiene tres sentidos posibles: corroborar la ficción de un Boris Yeltsin dominante a la cabeza de una gran potencia; mantener en Kosovo bajo uniforme ruso la presencia militar serbia que reclama Milosevic; reavivar en los europeos, para restaurar su sometimiento, la antigua psicosis respecto del Este, que empezaba a desvanecerse.

Autor/es Antoine Sanguinetti
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 1 - Julio 1999
Páginas:6, 7
Traducción Patricia Minarrieta
Temas Armamentismo, Conflictos Armados, Militares, Movimientos de Liberación, Minorías, Geopolítica
Países Estados Unidos, Irak, Serbia (ver Yugoslavia), Japón, Vietnam, Alemania (ex RDA y RFA), Inglaterra, Yugoslavia