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Falsas evidencias para justificar los fondos de pensión

Como en todo el mundo, la campaña sobre el futuro de las jubilaciones de reparto en Francia, cuyo pilar fundamental es el informe Charpin 1, se apoya en falsas evidencias: mientras la expectativa de vida aumenta, la "carga" de pasivos sobre los activos se vuelve insostenible. Sin embargo, el ritmo de crecimiento y aumento de la productividad de los últimos años desenmascaran al llamado "impacto demográfico" como un argumento engañoso. Que las instituciones financieras lo coloquen en primer lugar, no sorprenderá a nadie. Pero que los poderes públicos se presten a la estratagema es mucho más preocupante.

1945, comienza el baby-boom. Durante la siguiente mitad del siglo, la población francesa pasará de 41 a 58 millones de habitantes. Alfred Sauvy señaló entonces con acierto que cada nueva boca vendrá acompañada de dos brazos para abastecerla, sólo que se pondrá en movimiento más rápido que los brazos. Pero cuando el requerimiento de alimentos sea mayor, la población agrícola activa habrá decaído de 7,5 a 1,2 millones de individuos. En cincuenta años, la cantidad de personas a cargo de cada campesino pasará de 5,3 a 48,3. Aquí aparece una evidencia matemática: el país se encuentra al borde de la catástrofe alimenticia y será imperioso incentivar -como en 1940- un regreso al campo.

Se trata del mismo razonamiento que hoy se aplica a las jubilaciones. ¡Tragedia demográfica! Los franceses viven más tiempo. Según el informe Charpin, entre 1998 y el 2040, la franja de menores de veinte años y la población activa disminuirán en un millón cada una; el número de individuos de más de sesenta años se incrementará en 10 millones, incrementando así su proporción dentro de la población total: 20% en 1995 y 33% en el 2040. La relación de los pasivos respecto a los activos, "determinante desde la viabilidad financiera"2pasará de 4 a 7 cada 10 (un 75% más) y, paralelamente, los gastos del sistema jubilatorio francés pasarán del 12,1% al 15,8% del producto bruto interno (PBI).

Del aumento de la masa poblacional pasamos entonces a la cuestión de la capacidad de financiación. Los salarios evolucionarán al ritmo de la productividad del trabajo, de modo que si ésta crece -como sostiene el informe Charpin- a un promedio de 1,7% anual, la masa salarial de la población activa se habrá duplicado para el 2040. Pero "según las proyecciones estadísticas, los aportes jubilatorios se triplicarán hacia el 2040". La conclusión es entonces evidente: "sólo estableciendo una mayor edad para jubilarse" se podrá mantener la proporción actual de 4 cada 10 y, de esa manera, controlar la cuestión de la financiación. El rigor de las cifras, aplicado a las proyecciones demográficas, permite fijar la edad de jubilación a los 64 años y 6 meses en el 2020 y a los 69 años y 6 meses en el 2040. La duración del período activo, que otorga el derecho de obtener una jubilación ordinaria, se desplazaría progresivamente hasta los 42 años y 5 meses (a razón de un trimestre por año), correspondiéndose con el aumento de la expectativa de vida que se produce en Francia desde hace 25 años. De este modo, el traspaso de pasivos a activos sería de 420.000 personas en el 2010, 920.000 en el 2020 y 1.400.000 en el 2040.

Se trata de un argumento perfecto, tan irrefutable como aquella demostración según la cual Francia debería estar actualmente devastada por una hambruna sin precedentes desde la Edad Media. El argumento se basa esencialmente en la reducción de la relación pasivos/activos, presentada como "determinante". Desde esta óptica, sería más seguro fijar la cantidad de años de aportes según la expectativa de vida de un hombre de veinte años que está entrando en su período activo: cincuenta y cinco años de aportes y jubilación a los setenta y cinco, con revisión periódica a medida que aumenta la longevidad de los trabajadores… y ochenta y tres años para las mujeres que, hasta ahora, tienen el mal gusto de vivir más que los hombres ¿No será que las propuestas de los estadistas pecan de tímidas?

Hablemos en serio. Si la productividad del trabajo aumenta a razón de 1,7% anual, los diez activos que en el 2040 verían aumentada su carga en un 50% habrían duplicado al mismo tiempo su capacidad de producción. De manera tal que los 7 pasivos del 2040 le pesarían lo mismo que los 3,5 pasivos de 1998. Si esta noción de carga tiene sentido, sólo la población activa ocupada de manera efectiva puede ser considerada productiva y la carga que soportaría incluye toda la población desocupada: jubilados, niños, enfermos, desempleados, personas que quedan en la casa…

Tres ciegos y un elefante

Los mismos que en nombre de la famosa relación pasivos/activos se alarman por el futuro de las jubilaciones deberían explicarnos cómo pueden afirmar, al mismo tiempo, que hay que despedir trabajadores para mejorar el rendimiento de las empresas. De hecho, ya no estamos en la época de la manufactura, donde la producción variaba según la cantidad de trabajo, sino en la era de la computadora. Las fuerzas productivas residen hoy en lo inmaterial, en la inversión intelectual, las relaciones, la organización… Infinidad de factores ponen en juego a la sociedad toda: el saber es un bien común acumulado por generaciones; las redes comunican a los trabajadores entre sí y a éstos con los puestos en los que operan; la eficacia de sistemas educativos, de comunicación, de transporte, de salud, de administración se convierte en factor decisivo de la producción nacional. La producción -como la distribución- se transformó en un fenómeno globalizado. La capacidad de financiar un sistema como el jubilatorio se basa entonces, en última instancia, en el producto bruto interno (PBI). Ahora bien: según las proyecciones de la Dirección General del Plan, el PBI debería aumentar 9.600 billones de francos franceses (1.600 billones de dólares) entre 1998 y el 2040, lo que representa un aumento cinco veces superior a los aportes jubilatorios, estimados en 1.837,6 billones de francos franceses (306 billones de dólares).

Como el aumento de la longevidad acarrea una mayor proporción de individuos de edad avanzada en la población, la parte del producto nacional destinada a ellos debe por consiguiente acrecentarse. ¿Es para sorprenderse? Es absurdo aislar un problema para resolverlo, acotarlo a su aspecto contable, separarlo de sus interdepedencias en tiempo y espacio. Tres ciegos palpaban un objeto: el primero dijo que se trataba de una soga gruesa, el segundo de una manguera y el tercero de un árbol. Era un elefante. Uno palpaba la cola, otro la trompa y el último estaba cerca de una de las patas. Como estos ciegos, dos "expertos" estudiaban la cuestión del trabajo, uno desde el punto de vista del empleo y el otro, de las jubilaciones: "Para combatir la desocupación, dice el primero, hay que reducir el período de actividad de cada trabajador y multiplicar los retiros anticipados". "Para alivianar las cuentas, dice el segundo, hay que prolongar el período de actividad y diferir el límite de edad jubilatoria". Y los gobiernos hacían lo posible para seguir simultáneamente ambas prescripciones, cada una de ellas marcada por el sello de lo evidente. Sin embargo, el informe Charpin reconoce que "el cese definitivo de la actividad laboral comienza actualmente antes de la jubilación para muchas personas, ya sea por la desocupación, la jubilación anticipada o alguna otra forma de inactividad. (…) Del total de las personas jubiladas en 1996, solamente la mitad pasó de la actividad a la jubilación". En una situación como ésta, en la que la tasa de desempleo es superior al 11%, ¿cuál puede ser el efecto de prolongar el período de actividad, sino acrecentar el subempleo y sus cargas… o reducir el monto de las jubilaciones sin osar decretarlo abiertamente?

El reemplazo del trabajo por la máquina representa una tendencia de fondo que debemos tener en cuenta. De 1973 a 1994, el volumen de empleo pasó de 21 a 22 millones de trabajadores en Francia, y de 26,65 a 28 millones en Alemania, pero el número total de horas trabajadas en cada uno de estos dos países disminuyó de 40 a 35 mil millones en el primero y de 50 a 44 mil millones en el segundo. Sin reducir la jornada laboral, Francia habría tenido 3 millones de desocupados más que en 1994; Alemania, 4 millones. Es la reducción -y no la inversa- la que aparece como la llave maestra para lograr el equilibrio entre la población ocupada y la desocupada… siempre y cuando no se la desvíe de sus objetivos reales. El problema no es entonces la capacidad de financiar las jubilaciones, sino la posibilidad de hacerlo según las modalidades actuales: el peso del crecimiento de una población cuyas expectativas de vida aumentan, crea un serio problema de financiación con respecto a un presupuesto salarial en relativa regresión. Existen dos vías abiertas: el refuerzo del presupuesto actual con una política de empleo y de remuneraciones que acercaría la masa salarial y los aportes sociales al nivel anterior (69% de valor agregado en 1982 contra 60% en 1997), o la extensión del presupuesto de financiación al conjunto del PBI, único parámetro de medida de la capacidad contributiva de la nación.

En lugar de esto, se nos conduce hacia la idea de una "creación de fondos de reserva (…) un ahorro que se destinará a los regímenes de jubilación cuando sean confrontados con el impacto de la vejez", preludiando la instalación de un sistema de capitalización. Sobre la financiación de dichas reservas, sólo se nos dice que se debería, al menos parcialmente, recurrir a las acciones, cuyo rendimiento financiero ha sido de 6,6% desde la guerra. Sin embargo, no se especifica cómo se podría conciliar tal rendimiento (casi cuatro veces superior a la tasa de crecimiento, retenida por el producto nacional), con la necesidad de alivianar el peso de las jubilaciones para las generaciones futuras. Porque fuera cual fuere la manera de financiarlo, es justamente con estas generaciones que los derechos de retención sobre el PBI, acumulados por los jubilados, entrarán en conflicto cuando cesen su actividad.

A decir verdad, es inevitable sospechar de toda la gestión: comienza despidiéndose del sistema de reparto, sugiriendo, sin decirlo, que ya cumplió su ciclo. Luego, se nos hace notar que el nivel de vida de los jubilados se equiparó con el de los activos, y que es mejor con respecto al de otros países de Europa (se sobrentiende que algunos sacrificios no serían ninguna tragedia). Luego de constatar que la edad de cese de actividad se transformó en un instrumento de la política de empleo, inferimos que "la única" manera de regularla es prolongar el período de actividad. Y luego de haber señalado puntualmente las limitaciones de otras soluciones, somos conducidos amablemente hasta los umbrales de la capitalización3¿No es precisamente adonde nos querían llevar? ¿Se seguirá hablando de jubilaciones en el 2040? ¿No se ve claramente que, contra viento y marea, se extiende en la sociedad un doble movimiento de reemplazo del hombre por la tecnología y la disparidad de los ingresos con respecto al trabajo? A pesar de que la cantidad de horas trabajadas en el país se sigue reduciendo, la porción de cargas sociales en los ingresos de los hogares pasa de menos del 22% en 1970 a casi 33% en 19964Esto es el resultado inexorable del carácter globalizado de la economía. Podríamos seguir inmersos en la incomprensión y acumulando medidas puntuales inútiles, como prolongar la vida activa, cuando en realidad habría que reducirla. Así es como el aumento del sub-empleo y de los subsidios correspondientes, traerá consecuentemente el reemplazo del hombre por la máquina y la socialización de los ingresos. Pero también se puede tratar de comprender las evoluciones y manejarlas. La reducción de la jornada laboral y la instauración progresiva de un ingreso "suficiente" garantizado serían la solución perfecta5De este modo, a lo largo de toda nuestra existencia, cada uno tendría la posibilidad de alternar períodos de trabajo, de esparcimiento, de enriquecimiento cultural, de formación, etc, y de elegir el momento, más o menos lejano, para poner fin a su actividad laboral. La cuestión de la edad para jubilarse dejaría de ser un problema. ¿Queremos construir el futuro en un marco de coherencia y armonía o preferimos soportarlo sumidos en el desorden y el absurdo de sacrificios inútiles?

  1. Salvo indicación contraria, las citas y las cifras utilizadas en este texto fueron extraídas del proyecto del informe sobre las jubilaciones elaborado por la Comisión de Acuerdos presidida por Jean-Michel Charpin, Director General del plan (25-3-99), Nos referimos a los argumentos centrales de este informe.
  2. La noción de población activa designa a la población en edad de trabajar, tenga empleo o no.
  3. Sobre este tema, leer La Finance contre les retraites, documento del Consejo Científico de Attac (http://attac.org), Les Retraites au péril du liberalisme (bajo la dirección de Pierre Khalfa et Pierre -Yves Chaunu), Syllepse, París, 1999, 192 pág, 8,5 dólares.
  4. Instituto Nacional de estadísticas y Estudios Económicos (Insee), ver tabla de la economía francesa (1997-1998), Insee, París, 1999.
  5. Cómo lo señala justamente André Gorz en Misères du présent, richesse du possible, Galilée, Paris, 1997.
Autor/es René Passet
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 6 - Diciembre 1999
Páginas:24, 25
Traducción Cecilia Lecot
Temas Neoliberalismo, Privatizaciones, Estado (Política), Políticas Locales
Países Alemania (ex RDA y RFA), Francia