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El doble lenguaje de los ex comunistas rumanos

Los ex comunistas reciclados como socialdemócratas, que se impusieron en las elecciones legislativas y presidenciales de 2000 en Rumania, tienen como principal competidor al partido de derecha Gran Rumania, liderado por Corneliu Tudor, que ocupó un sorpresivo segundo lugar. El nuevo gobierno cabalga entre las exigencias procedentes de la Unión Europea y las entidades crediticias internacionales y las demandas de los obreros de las minas y la siderurgia, que se inclinan por Tudor.

La victoria del Partido para la Democracia Social de Rumania (PDSR) y de su dirigente, Ion Iliescu, en las elecciones legislativas y presidenciales del 26-11 y del 10-12-00, no sorprendió a nadie. Ese triunfo sancionó el fracaso de cuatro años de un gobierno de coalición de centro-derecha1 en torno de la Convención Democrática Rumana (CDR). La sorpresa, en cambio, fue el espectacular resultado logrado por la formación extremista Romania Mare (Gran Rumania) y su dirigente, Corneliu Vadim Tudor, cuyo segundo lugar en la primera vuelta de las presidenciales causó una gran conmoción.

Tres meses después de su formación, el gobierno minoritario de Adrian Nastase sólo cuenta con una mayoría relativa en el Parlamento2. Pero el margen de acción de los "ex-comunistas" -como continúan llamándolos la mayor parte de los observadores, pese a que desde 1993 se reivindican como socialdemócratas- no parece tan estrecho como la gravedad de la situación social permitiría imaginar.

Las relaciones de Rumania con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y con el Banco Mundial (BM) nunca fueron muy armoniosas, aunque los tres últimos gobiernos, dirigidos por la CDR, dieron muestras de mucha flexibilidad durante las negociaciones3. Actualmente Bucarest desea obtener un nuevo acuerdo stand-by de doce o dieciocho meses, una vez suspendido el precedente, bajo el gobierno de Isarescu, debido al "ritmo demasiado lento de las privatizaciones". Interesado en aprovechar la tímida reactivación económica heredada de sus antecesores (un crecimiento de 1,5% luego de tres años de recesión), el nuevo gobierno espera limitar el déficit presupuestario a un 5% y la inflación a un 20% (contra más de 40% en 2000).

Aprobados por el BM

Habiéndose ocupado de designar ministro de Economía a un alto funcionario que había sido representante rumano ante el Banco Mundial, las nuevas autoridades no tienen que temer demasiado el ostracismo de las instituciones internacionales, aliviadas por no tener que vérselas más con la cacofonía precedente. Y si bien las negociaciones podrían ser más difíciles que con sus antecesores, los negociadores estadounidenses no tienen interés en mostrarse inflexibles, dado que los "socialdemócratas" son la única fuerza política capaz de contener el extremismo de Romania Mare.

El éxito de una emisión de obligaciones lanzada por Rumania el 16 de enero pasado en los mercados financieros internacionales muestra la escasa desconfianza que "el regreso de los ex-comunistas" despierta en esos ámbitos. Bucarest tiene la intención de reunir al menos 800 millones de euros desde ahora hasta fin de año. Por su parte, el Banco Mundial dijo estar dispuesto a conceder créditos por 1.500 millones de dólares a cuatro años, a condición de que se cumpla el actual programa de privatizaciones de grandes empresas.

Las negociaciones para adherir a la Unión Europea (UE), que el gobierno Nastase desea continuar a ritmo sostenido -a pesar de las reticencias de Bruselas- constituyen la otra cara de esa coacción exterior. En enero de 2001, sobre los 31 capítulos de los logros comunitarios que Rumania debe integrar (del mismo modo que los otros nueve Estados-candidatos), sólo seis estaban concluidos. Ese "programa nacional de adopción de los logros", que Rumania debe cumplir en el período 2000-2003 con el apoyo de consecuentes ayudas financieras4, ejerce una presión determinante sobre la política económica. Al mismo tiempo, hay que garantizar el mantenimiento de los grandes equilibrios macro-económicos, financieros y monetarios.

Esa presión exterior lleva a los nuevos dirigentes a criticar abiertamente las "exigencias" europeas. Esto puede obedecer a una distribución de funciones entre un Presidente que debe manejar las susceptibilidades nacionales y un gobierno ocupado en llevar adelante las reformas.

Enredada en disputas internas, la coalición saliente no supo aprovechar en el plano interno la decisión, adoptada en diciembre de 1999 por el Consejo Europeo de Helsinki, de abrir en febrero de 2000 las negociaciones de adhesión con Rumania, hasta entonces relegada a una "segunda tanda". Se trataba así de recompensar la actitud muy conciliadora del gobierno rumano respecto de los ataques aéreos contra Yugoslavia, posición criticada por una gran parte de la opinión pública y por el PDSR, por entonces en la oposición.

Aunque la perspectiva del ingreso de Rumania a la UE a mediano plazo ya no es sólo una conjetura (algunos se arriesgan a evocar la fecha de 2010), la hipótesis de que los rumanos, de modo similar a sus vecinos búlgaros, sean eximidos de visa europea en un futuro más cercano, beneficiaría la imagen del gobierno. Como en el caso del crecimiento económico, éste recogería así algunos frutos de la herencia de sus predecesores.

Tan aceptables ahora para la comunidad internacional como sus homólogos polacos, de opciones reformistas más consolidadas, los "socialdemócratas" rumanos gozan además de un entorno regional menos explosivo que en 1992 o que en 1996, gracias a las posibilidades que ofrece el Pacto de estabilidad para el Sudeste de Europa. Sin retractarse de su aspiración a ingresar en la Alianza Atlántica, Bucarest quiere practicar una política exterior totalmente abierta, mientras que la coalición saliente, por su tropismo euroatlántico y su visceral desconfianza respecto de sus vecinos del Este, había impuesto a su diplomacia un perfil más bien bajo. En el marco de la presidencia de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa, que tendrá a su cargo durante 2001, Rumania afirma querer contribuir a la solución de los grandes temas, empezando por el conflicto de Chechenia.

Nacional-comunismo

Si bien las negociaciones con los Quince sobre la seguridad de la frontera con Moldavia y la instauración de visas para los "hermanos moldavos" pueden disgustar a unos cuantos, es también responsabilidad de Bruselas no mostrarse demasiado intransigente. El resultado electoral de Romania Mare sirve de advertencia a una comunidad internacional poco consciente de los efectos perversos de su asistencia, cuyas condiciones y modalidades aparecen a veces poco adaptadas a las realidades locales.

En el plano interno, el nuevo equipo tiene una relativa libertad de acción. Compuesto de tres grandes polos (izquierda, derecha extremista y liberal-demócrata), el mosaico político rumano todavía no terminó de recomponerse. Por supuesto que no hay que tomar a la ligera la presencia en la arena legislativa de 84 diputados y 37 senadores de Romania Mare5, aun cuando ya se verifican deserciones, provocadas tanto por el oportunismo como por la engorrosa personalidad de Tudor.

Xenófobo, antisemita, tan anti-magiar como anti-gitano, el núcleo duro de esta formación cuenta, lo mismo que la del PDSR, con antiguos agentes de la ex-Securitate. Romania Mare supo muy bien sacar partido tanto de la complacencia de los medios, como de la mediocridad e inconsistencia de sus rivales. Cabalgando briosamente sobre un profundo descontento social, un creciente desprestigio de la clase política y un difuso resentimiento respecto de Occidente -que se empeña en seguir dando lecciones6- Tudor cristalizó, sobre el terreno peligrosamente fértil de cuarenta y cinco años de nacional-comunismo, las frustraciones de diez años de una "transición" de costo social enorme.

La responsabilidad de las fuerzas que componen la oposición llamada democrática es evidente: conducida por una formación ocupada en arreglar sus cuentas con el pasado, sin dirigentes competentes, carcomida por la práctica del clientelismo que nutre redes de corrupción ya bien instaladas, la CDR está muerta. Ahora, los demócratas de Petre Roman, tanto como los liberales de Quintus Ionescu, o incluso los nacional-campesinos eliminados de la arena parlamentaria, tratan de recomponer fuerzas que el PDSR no dejará también de picotear. Sin nada que temer a corto plazo de esa oposición, con una parte de la cual ya firmó en enero un pacto de neutralidad de un año, el PDSR no tendrá problemas para presentarse como partido de unión, líder de un polo social-demócrata de contornos difusos.

Sin embargo el partido del presidente no escapa al desinterés del electorado por la política, ilustrado por los importantes porcentajes de abstención de las presidenciales. Esa crisis de confianza respecto de una clase política corrompida e ineficaz, no sería tan preocupante si no encerrara el riesgo de una desilusión respecto de los valores democráticos: el PDSR sin dudas estuvo bien inspirado, tanto en su programa electoral como luego en el de gobierno, al insistir más en la necesidad de justicia y de equidad sociales que en la sed de democracia, un término peligrosamente desvalorizado.

Ante una población que no está dispuesta a nuevos sacrificios, el PDSR deberá apoyarse sobre todo en un aparato siempre bien implantado localmente y en parte rejuvenecido. Cabe preguntarse en qué medida esa fuerza heterogénea, heredera de un pasado comunista que aún prima en las estructuras industriales y en las mentalidades, podrá asumir la legitimidad democrática de que la invistieron claramente las pasadas elecciones.

Votar por Ion Iliescu en la segunda vuelta, "para impedir la llegada de la dictadura", fue una violencia para ciertos electores, comenzando por los intelectuales de Bucarest. ¿No será eso, al fin de cuentas, un comienzo de realismo político en ese electorado desconectado del país?

Magiares y gitanos

¿Cómo podrá el aparato del PDSR, atravesado por sus propias tensiones, servir los intereses de un electorado muy inestable, dividido grosso modo entre partidarios de un retorno magnificado a "los logros sociales del pasado", y defensores de reformas hoy y siempre socialmente dolorosas? Dotado de un arte consumado del doble lenguaje, el PDSR, consciente de que deberá ofrecer al exterior garantías de su determinación reformadora, sin por ello afectar a un electorado obrero en gran parte desesperado7, afronta una dura competencia de Romania Mare en bastiones como los centros mineros y siderúrgicos8.

Sospechadas de generar una sorda oposición entre el presidente y su Primer ministro, esas inevitables tensiones corren el riesgo evidente de manifestarse en el seno de un poder ejecutivo que, sobre veintiséis ministros, "sólo" cuenta con seis miembros de los equipos gubernamentales de 1990-1996. Las relaciones que el nuevo gobierno parece dispuesto a mantener con la Unión Democrática de los Magiares, única formación que conservó un caudal electoral constante, parecen por ahora desprovistas de toda animosidad: la rápida adopción de la ley de la administración local -empantanada durante tres años y violentamente denunciada por Romania Mare- puede ser el augurio de un cambio radical en la actitud del PDSR, debido a la decisiva participación magiar en el gobierno entre 1996 y 2000.

Si bien el "efecto Tudor" no debe dejar de preocupar, dado que ninguno de los ingredientes sociales que favorecieron su avance desaparecerá rápidamente, cabe en cambio alegrarse de que "la cuestión magiar" haya dejado de ser una amenaza. Pero el resentimiento social puede traducirse en una creciente hostilidad contra otro chivo emisario: los gitanos. La actitud de las autoridades respecto de esa minoría (estimada en más de un millón de personas), en momentos en que la UE incita con mayor o menor éxito a los Estados candidatos a desarrollar programas de integración económica a favor de esa comunidad, podría ser uno de los próximos test de su verdadera determinación para consolidar los logros democráticos, que algunos se apresuraron a considerar irreversibles.

  1. Esa coalición reunía al Partido Nacional Campesino Demócrata Cristiano (PNTCD) y al Partido Nacional Liberal (PNL), aliados al Partido Demócrata de Petre Roman y al representante de laminoría húngara, la Unión Democrática de los Magiares deRumania (UDMR).
  2. Cuenta con el 37,17% de las bancas en el Senado: 65 sobre 140; y con el 36,68% de las bancas en la Cámara de Diputados: 155 sobre 327.
  3. Edith Lhomel "De la sueur, de la peine et de l'austérité", Le Monde diplomatique, París, junio de 1997.
  4. Además de las financiaciones Phare, Rumania goza entre 2000 y 2006 del programa Sapard (agricultura y desarrollo rural) por mil millones de euros, y del programa ISPA (infraestructuras y medio ambiente) con un compromiso anual de 250 millones de euros.
  5. Sobre esta formación, ver Antoine Roger, "Les partis anti-système dans la Roumanie post-communiste", Revue d'études comparatives Est-Ouest, vol. 31, nº2, junio de 2000.
  6. Esto no contradice el hecho de que, según el Eurobarómetro de noviembre de 2000, los rumanos son, entre todos los candidatos a entrar en la UE, los más favorables a su integración en ella (71,9%).
  7. La tasa promedio de desempleo a nivel nacional es del 10,5%, pero supera el 25% en ciertas regiones industriales.
  8. Damien Roustel, "Amère victoire pour les mineurs roumains", Le Monde diplomatique, París, febrero de 1999.
Autor/es Edith Lhomel
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 21 - Marzo 2001
Páginas:22, 23
Traducción Carlos Alberto Zito
Temas Minorías, Deuda Externa, Mundialización (Economía), Neoliberalismo, Políticas Locales, Socialdemocracia, Unión Europea, Clase obrera
Países Moldavia, Rumania, Yugoslavia