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Mercedes Benz: veinticinco años de impunidad

Demandas simultáneas, realizadas en Argentina y Alemania, replantearon el caso de trece obreros de Mercedes Benz secuestrados en 1976 y la complicidad entre directivos empresarios y militares durante los años de represión. Una carta de la Comisión Interna de Daimler-Chrysler de la ciudad de Untertürkheim pregunta a la empresa: "¿sabían los gerentes de Daimler que los delegados sindicales de la planta de González Catán eran detenidos? ¿Contribuyeron y apoyaron la ola de detenciones dando los nombres de los sindicalistas activos? ¿Por qué el consorcio Daimler no protestó contra la detención de sus empleados?" 1.

Después de un cuarto de siglo de silencio, dos acciones jurídicas intentan probar la complicidad de la empresa Mercedez Benz con el secuestro de trece obreros de su planta durante la dictadura militar2. La primera tiene lugar en Alemania, la segunda en Argentina.

Basada en la investigación periodística expuesta en esta nota, la Asociación Republicana de Abogadas y Abogados (RAV) presentó en Alemania, en septiembre de 1999, una denuncia penal por asesinatos, secuestros y lesiones graves contra ex miembros de la Junta Militar, contra el entonces jefe de producción de la sucursal de Mercedes Benz en González Catán (provincia de Buenos Aires), Juan Tasselkraut, y contra otros responsables de Daimler-Chrysler en la empresa matriz en Untertürkheim, Alemania. La denuncia penal contra la casa central en Alemania no fue aceptada. En cambio la justicia alemana abrió la causa contra la sucursal de la empresa en González Catán y contra Tasselkraut, que actualmente se desempeña como gerente3.

En Argentina, en representación del Comité de Acción Jurídica (entidad adherida a la Central de Trabajadores Argentinos y a la Federación Internacional de Derechos Humanos), el abogado Juan Carlos Capurro presentó el caso en noviembre pasado a la Secretaría de Derechos Humanos. Los demandantes son ex trabajadores de la empresa, quienes desde hace algunos meses se reencuentran y discuten los hechos de aquella época4. Se proponen que sea indagado el proceder criminal en la poderosa fábrica alemana de automotores y que se pague una indemnización a los delegados sindicales sobrevivientes. El abogado destaca que la empresa siguió pagando hasta l986 a la mayoría de las esposas de los desaparecidos los sueldos de sus maridos. Luego les entregó una indemnización, como si hubieran trabajado hasta este momento. Nunca requirió -como indica la ley- certificados de defunción, reclamo hereditario o autorización judicial.

Este comportamiento es único en Argentina. La empresa Ford, por ejemplo, donde después del golpe los integrantes de la Comisión Interna fueron llevados en camiones de la fábrica a los campos de tortura, mandó inmediatamente telegramas, intimándolos para que se presentasen en el lugar de trabajo, so pena de ser despedidos. La empresa alemana, sin embargo, no mandó telegramas a los trabajadores que fueron llevados por las fuerzas represivas y continuó pagándoles los sueldos. En cambio, no adoptó la misma actitud con aquellas familias de trabajadores que tuvieron que dejar la fábrica para evitar la represión. "Uno se pregunta de qué fuente disponía la empresa para poder distinguir entre aquellos que no se presentaban al trabajo por haber sido detenidos y llevados a un centro de tortura, y quienes no fueron detenidos", dice el abogado demandante. ¿Esos pagos eran un acto de piedad o una inversión para silenciar denuncias y adormecer conciencias? El hecho es que la mayoría de los familiares no están hoy interesados en que se analicen estos pormenores. El caso Mercedes Benz ha estado rodeado por el silencio hasta hace poco. Algunos familiares tienen mala conciencia por haber recibido, con cierta vergüenza, esos pagos de una empresa a la que muchos consideran copartícipe de lo ocurrido con sus seres queridos.

Otros cómplices

En la filial de Mercedes Benz en González Catán se creó a partir de 1974 una Comisión Sindical, independiente del SMATA, el sindicato oficial. Juan Martín era el secretario de la Comisión. Con el consentimiento del SMATA, en 1975 la empresa despidió definitivamente y sin previo aviso a Martín y a otros 115 trabajadores. Luego del secuestro del jefe de producción Heinrich Metz por parte de la organización peronista Montoneros, los despedidos fueron reincorporados. Pero la situación cambió cuando se produjo el golpe de Estado. Ya no hubo seguridad para nadie y quien, como Martín, seguía luchando por los derechos de los trabajadores, se exponía a duras represalias. Narra Martín: "Exigimos que los trabajadores integrasen las correspondientes escalas salariales, según sus tareas. En áreas de trabajo insalubre no debe sobrepasarse una determinada cantidad de horas diarias. Pero la empresa no quería saber nada de eso e ignoraba el pago suplementario por el trabajo nocturno. En consecuencia, resolvimos negarnos a hacer horas extras".

Luego del golpe de Estado fueron prohibidas las huelgas y negarse a hacer horas extra equivalía a una abierta rebelión, detrás de la cual los militares veían una organización dirigida por el comunismo internacional. Frente a las fábricas de automóviles se apostaron soldados armados con fusiles y provistos con listas de nombres de los sindicalistas. En la empresa Ford los militares maltrataron a los delegados sindicales, llevándolos más tarde en vehículos de la empresa a centros de torturas. Pero en tanto los delegados secuestrados de la Ford sobrevivieron a las torturas y a la prisión, casi todos los delegados de Mercedes fueron asesinados.

Cinco semanas después del golpe de Estado, Martín fue detenido en su lugar de trabajo. En la comisaría de San Justo fue sometido a un interrogatorio: "Me preguntaron por qué les creaba problemas a mis superiores, por qué luchaba por los derechos de los trabajadores y si conocía a terroristas. Para muchos interrogantes no tenía respuestas, pero respondía a sus preguntas respecto de la situación en la empresa Mercedes. Me torturaron con la picana eléctrica. Sentí que mi cerebro volaba. Quería reconocer todo con tal de que eso terminara. Pero yo no conocía a ningún terrorista. ¿Qué podía hacer?"

Entre tanto los trabajadores se movilizaron, concentrándose ante el cuartel de La Tablada, en el cual suponían que se encontraba Martín, y exigieron su liberación. Con esta acción, en plena dictadura, arriesgaron sus vidas. La resistencia masiva no fue registrada por la prensa. Dos largos días se mantuvo el campamento frente al cuartel y con esta valiente actitud salvaron la vida de Martín, puesto en libertad, sin explicación alguna, luego de diecinueve días de prisión. "Cuando volví a la fábrica todos los compañeros salieron a la calle para saludarme. ¡Cuatro mil trabajadores! Los ojos se me llenaron de lágrimas".

Martín no quiso seguir en la fábrica y solicitó una indemnización. El jefe de personal le dijo que no había ningún problema para que él continuara trabajando en la empresa, pues de acuerdo a lo que pudieron averiguar, él era el "obrero más limpio" de toda la empresa. No aclaró cuál fue su fuente de información. Martín sufrió las consecuencias de las torturas, perdiendo la capacidad de concentración. Finalmente, la empresa accedió a su retiro y le pagó una pequeña indemnización.

Esteban Reimer y Hugo Ventura seguían a Martín en la Comisión Interna, en el "grupo de los nueve" , como era llamado. Reimer y Ventura fueron citados para comparecer el 4 de enero de 1977 en la central de la empresa en Buenos Aires, en la avenida Libertador, informa María Luján Reimer. Llevaron consigo una larga lista de reivindicaciones: "De noche me contó mi marido que las conversaciones con los ejecutivos habían tenido un carácter armónico. Todas las reivindicaciones fueron aceptadas. Eso es sospechoso, dijo. ¿Por qué luego de luchas tan enconadas, conceden de repente, sin resistencia, las demandas de los trabajadores?"

Esteban Reimer llevó a su hija de un año a la cama, mientras su esposa, embarazada de cinco meses, lavaba la vajilla. A la una de la madrugada golpearon a la ventana. Apenas abrieron la puerta, nueve hombres armados se precipitaron a la vivienda. "Venimos en nombre del primer Cuerpo del Ejército", dijeron.

La señora Reimer buscó a su marido en las comisarías de las inmediaciones. Pero nadie admitió haberlo visto. A la mañana siguiente fue a la parada del ómnibus, donde esperaban sus compañeros de trabajo. En este día se había convocado una asamblea para informar acerca de las conversaciones sobre los sueldos, que tuvieron lugar en la víspera. "No quisieron ir a la fábrica", dijo la señora Reimer, "porque ya habían sido detenidos varios trabajadores, de los cuales no hubo más señales de vida. La dirección de la empresa se comprometió a preocuparse acerca del destino de mi marido y del otro integrante de la Comisión Interna, Víctor Hugo Ventura, que también había sido secuestrado durante la noche."

La hermana de Ventura confirmó esta versión de los hechos. Relata María Ester Ventura que los militares quisieron detener a su hermano primero en una casa vecina, porque ésa era la dirección que él había comunicado a la dirección de personal. Además, los militares preguntaron por Víctor Hugo, pero sus amigos lo llamaban Hugo. Sólo la empresa lo conocía como Víctor Hugo. Luego del secuestro de su hermano ella fue a la dirección de la empresa, en la avenida Libertador. Allí, encontró a las mismas personas que el día anterior habían negociado con su hermano acerca de sueldos y turnos. En lugar de ocuparse de la suerte de los trabajadores secuestrados le preguntaron acerca de contactos de su hermano con organizaciones políticas.

En los meses siguientes fueron asesinados trece delegados sindicales. No fueron detenidos en la empresa, sino de noche, en sus casas, evitando de esta manera el tumulto y la resistencia de los trabajadores en la fábrica. Sólo Héctor Ratto pudo evitar la detención nocturna, por haberse casado recientemente y desconocer la empresa su nueva dirección. Ratto supone que esta circunstancia le salvó la vida.

La Policía trató de detenerlo el 12 de agosto de 1977 en la puerta de la fábrica. Pero en lugar de a Héctor Ratto detuvieron a Juan José Ratto, a quien encapucharon y esposaron en el Puesto de Seguridad a la entrada de la empresa. Cuando se dieron cuenta del error, Héctor Ratto ya había ingresado a su lugar de trabajo. El Servicio de Vigilancia y el jefe de producción Juan Tasselkraut trataron de que saliera de la planta, comunicándole que su esposa había tenido un accidente y lo esperaban en su casa. Ratto se dio cuenta de la trampa, dado que la noche anterior habían secuestrado a su colega Fernando Del Connte en su domicilio. Ratto declaró más tarde en el juicio contra los comandantes de la Junta que la Policía obtuvo a través de Tasselkraut la dirección del obrero Diego Núñez, que en la noche siguiente fue detenido en su casa para ser llevado al centro de torturas de Campo de Mayo, donde fue asesinado.

A Héctor Ratto lo retiraron de la empresa en la tarde del 12 de agosto, con dos camiones del Ejército. La resistencia de los trabajadores ya se había debilitado bastante por las desapariciones anteriores; su empuje había disminuido. Lo llevaron al cuartel de Campo de Mayo, donde reconoció las voces de sus colegas Alberto Gigena, Fernando Del Connte, Juan Mosquera y Jorge Leichner. Ratto recobró su libertad, un año y medio después de su detención. El, junto con Martín, son testigos de la fiscalía alemana de Nüremberg en la investigación contra Mercedes Benz.

Ricardo Hoffmann, en aquella época enlace del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) en la empresa Mercedes, dijo que "ninguno de los desaparecidos de la Mercedes perteneció a la guerrilla. Eran sólo sindicalistas". Cuando Hoffmann no se presentó el 18 de mayo de 1977 en su lugar de trabajo, la empresa lo despidió por "abandono no autorizado", como indican las leyes laborales argentinas. Obviamente, la empresa distinguía exactamente entre quienes estaban detenidos en campos de concentración y quienes pasaron a la clandestinidad. Los que se ocultaron fueron despedidos y a los desaparecidos les siguieron pagando los sueldos durante diez años.

En Berlín, el Dipló entrevistó a Klaus Oertel, entonces director de la fábrica enviado desde Alemania, quien recordaba perfectamente las desaparaciones. Entiende que los secuestradores de su colega Heinrich Metz o quienes les facilitaron la información eran trabajadores de la empresa: "no me cabe ninguna duda", dice. La empresa y Tasselkraut niegan su colaboración con las fuerzas represivas. Tasselkraut sigue trabajando en Daimler-Chrysler Buenos Aires. Oertel se fue de Argentina a fines del año 1977; se jubiló y vive en Estados Unidos.

El sindicato amigo

Por su parte el SMATA no hizo nada para proteger a los integrantes del "grupo de los nueve", considerados opositores a la línea oficialista del sindicato. Al inicio de esta investigación periodística se preguntó al SMATA, en el partido de La Matanza, sobre el caso de los desaparecidos de Mercedes Benz. Recordaron inmediatamente el suceso pero no accedieron a hacer declaración alguna. Recomendaron dirigirse a la empresa misma, "donde está toda la documentación". En la central del SMATA, en la calle Belgrano, luce una gran placa en el hall de entrada, recordando a Dirk Kloostermann, asesinado por Montoneros. En el Departamento de Prensa preguntamos si existía alguna otra placa, recordatoria de los que fueron asesinados por su actividad gremial. "Había subversión en aquella época; los desaparecidos no fueron asesinados por ser militantes de SMATA", fue la respuesta.

La Comisión Interna de Mercedes en González Catán sigue siendo controlada hasta hoy por el SMATA. Ya no hay resistencia contra ellos. "¿Cómo podía haber? No solamente asesinaron a los delegados izquierdistas, también nombraron a un represor como jefe de seguridad; nadie más abrió la boca", reflexiona Ramón Segovia, con casi veinte años de trabajo en Mercedes. Se refiere a Rubén Luis Lavallén, hoy de 64 años. Tenía a su cargo el comando de la Brigada de Investigaciones en San Justo, adonde fueron llevados trabajadores detenidos de la Mercedes Benz.

Este campo de torturas clandestino fue disuelto en junio de 1978. Los últimos presos eran Claudio y Mónica Logares y su hija Paula. Claudio y Mónica están desaparecidos. El comisario Lavallén se llevó a Paula, de apenas 23 meses. Con documentación falsa la registró como hija suya. Y se puso en busca de una nueva ocupación. El 1º de julio le encargaron la seguridad y vigilancia de la fábrica Mercedes Benz. Era un puesto muy bien remunerado. El director Elías explicó más adelante abiertamente que: "Lo contratamos porque nos pareció un policía activo, eficiente y decente".

Lavallén fue el primer represor investigado por secuestro de menores y los periodistas empezaron a aparecer en las puertas de la fábrica. Mercedes disolvió el acuerdo laboral mediante una generosa indemnización y un certificado laboral, fechado el 5 de abril de 1984, que reza: "…fue merecedor de un concepto laboral óptimo". Mas tarde Lavallén fue condenado a cuatro años de reclusión, de los cuales cumplió veinte meses.

Daimler-Chrysler, el mayor complejo industrial europeo, hoy prefiere no hablar sobre aquellos acontecimientos. "Pasaron muchos años", explica el Director del departamento Corporate Communication. Podían haber hecho una investigación interna sobre los hechos. No la hicieron. Se podían haber disculpado por el hecho de que bajo su techo sucedieron crímenes terribles. Tampoco lo hicieron. Apostaron a que la prensa no iba a hablar mal de su poderoso cliente para no perder los avisos. Al menos entonces, no se equivocaron.

  1. "Piden por 13 desaparecidos", Clarín, Buenos Aires, 28-11-00
  2. Los obreros secuestrados son: Caddeo, Ruben Oscar, desaparecido 5-4-76; Grieco, Miguel, el 14-12-76; Vizzini, José, el14-12-76; Reimer, Esteban, el 5-1- 77; Ventura, Victor Hugo, el 5-1-77; GrossiCharles del Carmen, el 5-8-77; Del Connte, Fernando Omar, el 12-8-77; Belmonte, Hector el 15-8-77; Núñez, Diego Eustaquio, el 13-8-77; Gigena Alberto, el 13-8-77; Mosquera, Juan José el 17-8-77; Arenas Alberto Francisco el 19-8-77; Leichner Jorge Alberto, el 14-8-77.
  3. Número de la causa, Fiscalía Nürenberg 407Js 41063/98
  4. Están preparando un sitio en internet: http://www.losnueve.com.ar o http://www.losnueve.org
Autor/es Gabriela Weber
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 18 - Diciembre 2000
Páginas:8, 9
Temas Historia, Militares, Neoliberalismo, Derechos Humanos, Estado (Justicia), Justicia Internacional, Estado (Política), Clase obrera
Países Estados Unidos, Argentina, Alemania (ex RDA y RFA)