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Blair divide al Partido Laborista

Las promesas de "tercera vía" y rejuvenecimiento del Labour Party han dado paso a una sucesión de reveses, capitalizados desde fuera del partido gobernante por un líder de la vieja guardia.

En un trabajo publicado poco antes de la elección legislativa de mayo de 1997, Anthony Blair insistía en la necesidad de descentralizar los poderes del Parlamento hacia las distintas regiones del reino: "Nuestro país se encuentra en la aurora de un gran cambio. No podemos seguir con este sistema de gobierno hipercentralizado, secreto y desacreditado que tenemos actualmente. Tenemos que cambiarlo, y confiar en la capacidad de los individuos de hacerse cargo de su destino"1.

Cambio de decorado. El 19 de enero de 2000, Blair invitó a varios miles de militantes de base londinenses de su partido a una sesión de preguntas y respuestas. La campaña para la nominación del candidato laborista a la alcaldía de Londres estaba en su apogeo. Blair fue fríamente recibido. Desde la primera pregunta, lo que debía ser un encuentro de familia se trocó en enfrentamiento.

Una enfermera, molesta ante la aplicación por parte del gobierno de los dogmas neoliberales de los conservadores, preguntó al primer ministro cuál era su idea acerca de la modernización de los servicios públicos de salud, transporte y educación, en franca decadencia. La sonrisa estudiada de Blair mutó en mal gesto. Sin lograr contener la cólera, replicó que las palabras de "esta dama" no eran más que "estupideces". Algo más tarde, la virulencia de sus ataques contra Kenneth Livingstone -uno de los principales candidatos al puesto de alcalde de Londres- terminó de consternar a un auditorio en su gran mayoría favorable al mismo Livingstone.

En todo el país, la base laborista deplora la ausencia de pluralismo en un partido autoritariamente rebautizado como "New" Labour por los amigos de Blair. En tres ocasiones consecutivas se acusó a Blair de adulteración de escrutinio y de imposición de candidatos: en la votación para elegir el Parlamento escocés, en la designación del dirigente laborista a la Asamblea galesa y, más recientemente, en la designación del candidato laborista a la alcaldía de Londres. En cada uno de los casos, los miembros del Partido Laborista le dieron una lección de democracia al "New" Labour.

Durante el año que siguió a la llegada al poder del Partido Laborista, el gobierno de Blair puso en marcha cuatro proyectos de descentralización. Escocia fue dotada de un parlamento2, Irlanda del Norte y el País de Gales fueron provistos de una Asamblea. Y se diseñó un proyecto que permitiría por primera vez elegir su alcalde, tanto a los londinenses como a los habitantes de las otras grandes ciudades. Blair, teórico y práctico de la desregulación económica, eligió así acompañar su neoliberalismo con una liberalización política de las relaciones entre un centro hipertrofiado y algunas regiones sin representación real. Se trataba de "acercar a los individuos al poder3". Se consideró esta tendencia como una de las pocas de izquierda de este gobierno.

Dos años después, el movimiento de descentralización está en marcha, pero no se desarrolla de acuerdo a lo imaginado por sus beneficiarios. En lugar de delegar el poder de decisión a las regiones, Blair se consagró a ubicar -o imponer- a ciertos miembros de su entorno en los puestos clave. En Escocia, cada candidato tuvo que rendir examen ante un jurado compuesto por algunos fieles al Primer Ministro que hicieron preguntas para evaluar su grado de proximidad con la política del poder central. Dennis Canavan, diputado de Falkirk West, fue juzgado inepto para competir en las elecciones, aunque ha sido reelecto por amplias mayorías desde 1974. Etiquetado como "Old" Labour por los "modernizadores" del partido, Canavan pareció demasiado comprometido en la defensa de una política económica socialdemócrata y, en consecuencia, alejado del "centrismo radical" del Primer Ministro. De todas maneras, Canavan se presentó a la elección como candidato independiente. Y triunfó con su reelección, venciendo al candidato del "New" Labour.

En el País de Gales, el control de la elección adoptó métodos aún más impactantes. El insulso tecnócrata Alun Michael fue "elegido" a la cabeza de la lista laborista en desmedro de Rhodri Morgan, socialdemócrata de principios firmes, ajeno al "modernismo" del "New" Labour. Si bien Morgan obtuvo la mayoría de los votos militantes, Michael ganó la partida gracias al voto en bloque de algunos dirigentes sindicales que, luego de negarse a consultar a sus afiliados, desplazaron la totalidad de sus voluntades hacia el candidato favorito del primer ministro.

La elección galesa de mayo de 1999 puso en evidencia el nivel de exasperación que tales métodos suscitaban. El Partido Laborista se derrumbó al conseguir tan sólo una mayoría relativa en la nueva Asamblea. Un importante sector del electorado de izquierda se abstuvo de votar o lo hizo por candidatos independentistas. El candidato que los galeses apodaron "la marioneta de Blair", sobrevivió pocos meses a tan incómoda situación. Amenazado por un voto de censura, Michael renunció en febrero de 2000. Y, para reemplazarlo, el campo "New" Labour debió esta vez aceptar a Morgan.

Ken "el rojo"

En febrero de 2000, el partido celebró su centésimo aniversario. Para la ocasión, la revista del partido reseñó la historia del movimiento laborista. En una sección titulada: "El Partido Laborista gana la confianza de la gente", se rindió homenaje al difunto líder John Smith, que "consiguió la adopción del principio "un seguidor, un voto", poniendo fin a la férrea opresión que el voto en bloque (de los sindicatos) ejerció sobre las decisiones del partido, y abriendo el camino para los cambios realizados por Tony Blair4". Cruel ironía: simultáneamente, en la designación del candidato laborista para el cargo de gobernador de Londres, el voto en bloque de un sindicato inclinó la balanza a favor de un candidato apoyado por el primer ministro.

Ese escrutinio despertó estupor en las filas laboristas. El "New" Labour fue rebautizado entonces como "partido adulterador de elecciones"5. Después de aprobar en insólitas condiciones el examen de las conversaciones en la sede del partido, Livingstone, social demócrata de izquierda, la ex actriz Glenda Jackson y Frank Dobson -candidato del aparato blairista- irían al desempate mediante el voto de los militantes, distribuidos en un colegio electoral complejo que comprende tres secciones: una compuesta por los diputados por Londres a la Cámara baja y al Parlamento europeo, otra por los miembros de sindicatos afiliados al partido y la última por los afiliados directos. Este colegio fue concebido para aumentar la incidencia del voto de los diputados: éste pesaba más de 450 veces más que el de un militante de base. Además, las dirigencias sindicales podían no consultar a sus miembros y otorgar la totalidad de sus votos a un candidato elegido de antemano por un pequeño grupo.

Seguido de muy cerca por el gabinete del Primer Ministro, como era de prever el Colegio de los diputados votó en masa por Dobson. Los sindicatos que consultaron a sus miembros votaron en amplia mayoría por Livingstone (74,6% contra 14,1% para Dobson). Pero en los que utilizaron el procedimiento de voto en bloque, Dobson se llevó el 80% de los sufragios. En cuanto a los afiliados directos, votaron a Livingstone (60% contra 40%). Si el principio "un miembro, un voto" se hubiese mantenido, Livingstone habría ganado por amplia mayoría la elección puesto que recibió alrededor de 700.000 votos contra tan sólo 200.000 votos de Dobson.

Al ver arrebatada su victoria, Livingstone anunció que se presentaría como candidato independiente en la elección del 4 de mayo de 2000. Fue expulsado de inmediato del partido en el que militó durante treinta y un años.

Blair explica que Livingstone significaría un regreso del Partido Laborista "a las horas más sombrías" de la militancia de izquierda de los años 80. Livingstone, "Ken el rojo", según la prensa del magnate mediático Rupert Murdoch, consagrado como "basura roja" por un volante de la campaña de Dobson, nada tiene, sin embargo, de agitador peligroso. Su socialismo lo habilitaría a circular cómodamente en el gobierno del primer ministro francés Lionel Jospin.

Entre 1981 y 1986, Livingstone fue el último líder del Gran Consejo de Londres (GLC), suerte de consejo municipal. Allí llevó adelante una política social y defendió tendencias progresistas en lo social. En esa línea, redujo el precio del transporte público (ómnibus y subterráneos), lo que contribuyó a reducir el congestionamiento automovilístico y la polución, trabó los primeros lazos con el Sinn Fein, ala política del IRA, defendió el principio de igualdad de los sexos y fue uno de los primeros que militó en el seno de su partido a favor del reconocimiento de los derechos de los homosexuales. También se preocupó por el acceso de los minusválidos a los medios de transporte público, subvencionó las artes y promovió una relación más directa entre la policía y los londinenses.

Igualitarismo en lo social, liberalismo en las costumbres, las posturas del candidato favorito de los sondeos no puede sino causar disgusto al liberal-paternalismo del "New" Labour. Dotado de un incisivo sentido del humor, Livingstone seduce a los londinenses pues su estilo corta con la retórica impersonal y superficial del "New" Labour. Este modernizador de izquierda, tan crítico del conservadurismo de las dirigencias sindicales como del tecnocratismo neoliberal del Primer Ministro, aumenta día a día su popularidad en los medios sindicales, artísticos e intelectuales6. Si resultara electo, podría reagrupar a los opositores al blairismo.

  1. Anthony Blair, New Britain. My vision of a young country, Fourth Estate, Londres, 1996, p.275.
  2. Cf. Philip Schlesinger, "L'Ecosse fait sa révolution tranquille", Le Monde diplomatique, París, 4-1998.
  3. Anthony Blair, op. cit., p. 270.
  4. Inside, vol. 1, nº 4, Londres, 2-2000, p. 15.
  5. The Times, Londres, 24-2-2000.
  6. John Carvel, Turn again Livingstone, Profile Books, Londres, 1999, p. 4.
Autor/es Philippe Marlière
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 11 - Mayo 2000
Páginas:14
Traducción Patricia Minarrieta
Temas Políticas Locales, Socialdemocracia
Países Escocia, Gales, Irlanda, Irlanda del Norte