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Recuadros:

El compromiso incumplido de Camp David

El acuerdo de Oslo de 1993 fue una posibilidad abierta en 1988 por la reunión del Consejo Nacional Palestino en el exilio en Argel, donde se acordó la coexistencia de los Estados palestino e israelí, este último vuelto a sus fronteras de 1967. Para los representantes palestinos, la política israelí de asentamientos es la responsable de haber malogrado el proceso de paz surgido de Oslo.

Pese a la sublevación popular en los territorios palestinos ocupados, el gobierno israelí sigue proclamando que fue demasiado lejos en las concesiones a los palestinos durante la cumbre de Camp David. Sin embargo, sus propuestas no garantizaban las condiciones indispensables para la creación de un Estado palestino viable, no contemplaban nuestros derechos sobre Jerusalén ni ofrecían una respuesta adecuada a la tragedia de los refugiados palestinos.

La delegación israelí prefirió recurrir a una lógica de fuerza, afirmando que las colonias ilegales de los territorios ocupados le daban la posibilidad de modificar las fronteras del 4-6-1967, consagradas por las resoluciones 242 y 338 del Consejo de Seguridad. Este error de cálculo malogró el acuerdo forjado en Oslo en 1993.

Los palestinos no obtuvieron beneficios del proceso de Oslo, sino todo lo contrario. Desde 1993, nuevos territorios les fueron confiscados por las colonias y su economía fue devastada por los acordonamientos militares. Los mapas que reflejan los proyectos presentados en Camp David (ver mapa) confirman que esas dificultades no se hubieran podido resolver. Los territorios bajo control total palestino (zona A) son un collage de islas discontinuas, sin control sobre la ocupada Jerusalén Oriental ni sobre las fronteras con el resto del mundo árabe. En Camp David, Israel no trató de resolver estos problemas, sino de consolidar su propio control. Así, los mapas muestran que Cisjordania se dividiría en tres cantones, sin desmantelamiento de las colonias. En Jerusalén Oriental, tendríamos un inextricable rompecabezas de zonas controladas por los palestinos y de colonias israelíes. Un acuerdo como éste no podría asegurar la viabilidad económica ni las condiciones indispensables para un Estado políticamente independiente.

Sin embargo, durante estos últimos años se habían definido las bases para la solución del conflicto palestino-israelí. En 1988, el Consejo Nacional Palestino (CNP) en el exilio se reunió en Argel y votó a favor de una solución fundada en la coexistencia de dos Estados y en las resoluciones 242 y 338 del Consejo de Seguridad, que llaman a Israel a retirarse de todos los territorios ocupados durante la guerra de 1967. Esta decisión histórica no sólo reconocía el derecho a la existencia del Estado de Israel, sino también el ejercicio de ese derecho sobre el 78% del territorio histórico palestino. El CNP aceptaba un Estado palestino en Cisjordania y Gaza, incluida Jerusalén, es decir solamente un 22% de la antigua Palestina. Los palestinos, pueblo autóctono de Palestina, reconocían por ende a un Israel pacífico y seguro dentro de las fronteras del 4-6-1967.

Restaurar la confianza

La decisión del CNP abrió el camino a la conferencia de Madrid de 1991 y a las conversaciones que culminarían en el acuerdo de Oslo de 1993. De modo que las dos partes aceptaban la puesta en marcha de esas resoluciones de la ONU, así como el principio "la tierra a cambio de la paz". Finalmente, israelíes y palestinos tenían la oportunidad -al menos eso creímos- de cambiar el aspecto de la región y de transformar el odio y los baños de sangre en paz y cooperación.

A siete años de Oslo, los palestinos sólo controlan en forma parcial el 40% de Cisjordania y el 70% de la banda de Gaza. Israel sigue regateando en cuanto a la tercera retirada prevista por los acuerdos. En todos estos años, pero especialmente durante el gobierno de Barak, multiplicó los hechos consumados, acelerándose la construcción de colonias y la confiscación de tierras: más de 80 mil colonos se instalaron en Cisjordania desde los acuerdos de Oslo. La Ciudad Santa de Jerusalén sigue prohibiendo el ingreso a la mayoría de los palestinos, cuya posibilidad de viajar entre las ciudades de Cisjordania y entre Cisjordania y Gaza se encuentra sumamente restringida.

En Camp David, nos topamos con un socio mucho más poderoso que nosotros. Y Estados Unidos, en lugar de comportarse como un mediador desinteresado, se asoció con Israel para presionarnos y arrancarnos concesiones cuya amplitud no podía ser aceptada por el pueblo palestino ni por el mundo árabe y musulmán en lo que concierne a Jerusalén. De manera que la cumbre fracasó.

Sin embargo, fue un enorme paso para ambas partes, pues atravesamos múltiples obstáculos. Desgraciadamente, Barak estaba sumido en sus problemas de política interna y apenas regresó empezó a tomar decisiones de corto alcance con el fin de salvar su gobierno. La más trágica fue permitir el ingreso de Ariel Sharon -criminal de guerra con quien Barak pensaba crear un gobierno de coalición- a Haram al-Sharif, tercer lugar santo del islam. Las protestas que suscitó esta visita se transformaron rápidamente en una insurrección popular alimentada por años de frustración y humillaciones1.

En algún momento, palestinos e israelíes volverán a la mesa de negociaciones, pero no al proceso que existió a partir de los acuerdos de Oslo. El uso excesivo y brutal de la fuerza por parte de los israelíes demostró que los palestinos necesitan una fuerza internacional que garantice su seguridad. También hay que instaurar un mecanismo de control internacional que garantice que Israel cumpla los acuerdos que suscribe. Y el mundo debe reconocer que si los israelíes pueden construir colonias mientras negocian, los palestinos, mientras negocian, pueden hacer manifestaciones.

El nuevo mecanismo debe recuperar el espíritu de confianza que empezó en la conferencia de Madrid de 1991, fundado en la aplicación de las resoluciones internacionales. Si se instala este criterio, entonces existirá la posibilidad de avanzar. El proceso de paz reemplazará al proceso de guerra y la lógica de la razón reemplazará a la de la fuerza. Cuanto antes prevalezca la sensatez, más rápidamente podremos retomar el camino hacia una paz duradera.

  1. Ver dossier "La Ciudad Santa, clave de paz", en Le Monde diplomatique ed. Cono Sur, noviembre de 2000.

El proyecto de Israel

En la cumbre de Camp David del pasado mes de julio, la delegación israelí dio a conocer ciertas "concesiones territoriales" de Israel a los palestinos. Pero al igual que las demás, esta propuesta no fue registrada en ningún texto oficial, y menos aún asentada en un mapa. Por esta razón, el Grupo de Trabajo sobre Jerusalén de la Casa de Oriente confeccionó este mapa, sobre la base de la información proporcionada en la cumbre por la delegación israelí. El Estado palestino propuesto por Ehud Barak aparece como un territorio fraccionado en tres pedazos de Cisjordania, cada uno de los cuales está a su vez fragmentado por las rutas de circunvalación que pasan por las colonias judías, más la banda de Gaza.


Autor/es Faisal Husseini
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 18 - Diciembre 2000
Páginas:24, 25
Traducción Patricia Minarrieta
Temas Conflictos Armados, Geopolítica
Países Estados Unidos, Cisjordania (ver Autoridades Palestinas), Gaza (ver Autonomías Palestinas), Israel, Palestina