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Mi estado mata a mi pueblo"

Ciudadanos árabes israelíes e israelíes reaccionan contra la política del Estado de Israel y tratan de reconstruir el tejido de paz afectado por los sangrientos sucesos de octubre pasado, en los que las fuerzas de seguridad de Israel obraron como detonador y protegieron o hicieron la vista gorda ante varios pogromos antiárabes. Del lado palestino también se cometieron actos de verdadero vandalismo.

"El precio sangriento que los ciudadanos árabes de Israel hemos pagado por manifestar nuestra solidaridad con nuestros hermanos de los territorios palestinos demostró de nuevo que a los ojos del establishment israelí y de parte de la sociedad judía de ese país que es también el nuestro, no somos ciudadanos plenos, sino extranjeros y peor aún, enemigos. La feroz represión de estos días fue todavía más terrible que la del 30-3-1976. Después de esta horrible experiencia, cada uno de nosotros puede volver a decir: Mi país, mi Estado mata a mi pueblo, me mata"1.

Así es como el poeta palestino Mohammed Harnzeth Ghanayem, ciudadano israelí y habitante de la ciudad árabe de Baka al-Garbiyeh, en el triángulo norte de Israel, describe los sangrientos episodios de la primera semana de octubre de 2000, que les costaron la vida a doce árabes israelíes. Cayeron bajo las balas disparadas por las fuerzas de seguridad israelíes, incluso por los matones judíos que organizaron un pogrom en Nazaret, durante la noche de Kippur, el 8 de octubre.

Todo empezó el 28 de septiembre, con la visita de Ariel Sharon, jefe del Likud, a la Explanada de las mezquitas. Los enfrentamientos entre manifestantes palestinos y soldados israelíes dejaron heridos, pero no muertos. En cambio al día siguiente resultaron muertos siete palestinos. El 30 de septiembre el alto comité árabe en Israel llamó a la población árabe del país a acatar una huelga general el domingo 1 de ocubre, a manifestar en las calles su solidaridad con sus hermanos, su furia ante la matanza del 19 y su decisión de preservar el carácter árabe de Jerusalén oriental y el carácter sagrado de Haram El Charuf.

La huelga resultó casi total y las manifestaciones combativas. No se registró ningún incidente donde no intervinieron las fuerzas de seguridad. Donde éstas desataron una represión feroz, sobre todo en las ciudades y aldeas bajo responsabilidad del jefe de policía del norte de Israel, Alik Ron, hubo tumultos y víctimas. De pronto, el alto comité árabe llama a seguir la huelga general y las manifestaciones, que se desarrollan durante los funerales de las primeras víctimas. Los días 1,2 y 3 de octubre se registran diez muertos y cientos de heridos.

El gobierno de Ehud Barak, especialmente los ministros Shlomo Ben Ami, responsable de la policía, y Haim Ramon, ministro del Interior, presentados como "palomas", avalan el comportamiento de las fuerzas de seguridad, con el pretexto de que los manifestantes en algunos lugares bloquearon rutas principales. Los tres participaron en los medios de una verdadera campaña antiárabe, perdiendo así toda credibilidad a los ojos de la población árabe en Israel y de algunos ciudadanos judíos.

"El gobierno de Israel nos declaró la guerra", asegura el doctor Hanna Sweid, miembro del secretariado del alto comité árabe y alcalde de la comuna de Eilabun (Galilea). "Lo atestigua esta cosecha sangrienta: el gobierno Barak ya no distingue entre las poblaciones palestinas de los dos lados de la línea verde. Es el responsable exclusivo de esta escalada. La reacción de los ciudadanos árabes de Israel es natural: quisimos manifestar nuestra identidad nacional palestina; no podemos permanecer indiferentes a la suerte de nuestros hermanos masacrados y no reaccionar a los intentos de tocar los lugares sagrados del islam en Jerusalén. Pero la huelga general y las manifestaciones también expresaron la acumulación de frustraciones y nuestra decepción ante el gobierno de Barak, por quien votamos, y que no ha hecho nada, ni en el terreno de la paz ni en el de la igualdad: vean el porcentaje de desocupación que tenemos".

Contra el apartheid

Si el doctor Hanna Schweid es cristiano, el cheikh Raed Salah dirige el ala radical del movimiento islámico. Alcalde de Um el-Fahem, acusa también a las autoridades, que "al enviar contra nosotros fuerzas masivas, quisieron introducir el miedo y el terror en nuestros corazones, amenazar la vida de nuestros hijos e hijas. Su mensaje era claro: mientras reivindiquen la construcción de escuelas, no hay problema; pero si exigen respeto por la mezquita al-Aksa o los derechos de los árabes a la ciudad vieja de Jerusalén, se convierten en extremistas y ponen en peligro la seguridad del Estado".

Portavoz del alto comité árabe, Abed Anabtawi precisa: "Manifestamos nuestro total rechazo a la política del gobierno israelí, pero nuestra protesta no se dirige contra los judíos de Israel". Líder de la Unión Nacional y Democrática, el diputado Azmi Bishara define estos enfrentamientos como una "intifada": se trata de "una sublevación contra todos los intentos de israelización de las masas árabes palestinas que viven en Israel y por la salvaguarda de su identidad nacional. Más que nunca, quieren ser reconocidas como una minoría nacional en el seno del Estado"2. Para Bishara la política y la práctica del gobierno de Barak "llevan directamente a un régimen de apartheid".

A partir del 4 de octubre, la situación en las aglomeraciones árabes de Israel se calma gradualmente. La lección de los acontecimientos es entre otras que ninguna fuerza política árabe pudo imponer su autoridad, especialmente sobre los jóvenes. Algunos elementos dudosos se infiltraron en las manifestaciones, aprovechando la furia suscitada por la represión, para cometer actos vandálicos. En Nazaret, por ejemplo, incendiaron un banco, destruyeron un restaurante y saquearon una farmacia, acciones todas condenadas por los voceros de la alcaldía de Nazaret y por el órgano del ala radical del movimiento islámico3.

Poco a poco, la población volvió a su vida normal, sin dejar de llorar a sus muertos y de preguntarse por el futuro. "Estos episodios sangrientos nos hicieron retroceder medio siglo", deplora Salam Habibi, hijo del gran escritor y político Emile Habibi. "La clase dirigente y un sector de la sociedad israelí nos hicieron comprender que no nos consideran ciudadanos plenos: 52 años después de la creación del estado de Israel, seguimos siendo enemigos que hay que destruir".

Ciudad judía reciente, Nazaret-llit domina la vieja ciudad árabe de Nazaret. De allí salió el 7 de octubre un fuerte grupo de matones judíos para atacar a los habitantes árabes del barrio oriental, el más pobre de la ciudad. Al día siguiente por la noche, a pesar del ayuno de Kippur, el día más sagrado de la religión judía, que prohibe toda actividad física, cientos de bribones llegados de Nazaret-llit pero también de Tiberiades atacaron el barrio a sangre y fuego. Mientras trataban de defenderse, los habitantes esperaban la llegada de la policía.

Ilusión. Según el testimonio del alcalde de la ciudad más grande de Israel, Ramez Jerayssi, miembro del Frente Democrático, los responsables del pogromo gozaron al menos por un tiempo de la protección de las fuerzas de seguridad que dispararon contra los habitantes árabes, primero granadas lacrimógenas, pero después balas de plástico y plomo. Esa noche hubo dos muertos y muchos heridos graves árabes. En dos oportunidades el alcalde llamó por teléfono al ministro responsable de la policía, pidiéndole que diera a las fuerzas de seguridad la orden de que dejaran de tirar. Pero Ben Ami se negó a admitir que sus hombres estuvieran disparando. "Los informes médicos dicen que nuestros muertos fueron víctimas de balas de plomo. En cambio con los matones judíos la policía usó guantes de terciopelo", informó Jerayssi.

Los pogromos

Mudos debido al Kippur, los medios israelíes sólo informaron sobre el pogromo a la noche del 11 de octubre. Pero el Primer ministro y su ministro de la policía avalaron a los pogromistas judíos. En cambio, el presidente de la Comisión de ministros a cargo de la población arabe, el ex general Matan Vilnai, dijo crudamente: "Vándalos judíos atacaron a los árabes de Nazaret, como en otro tiempo los antisemitas atacaban a los judíos en Europa". El comentario del cronista judío del diario Yediot Aharonot Moshe Negbi fue: "Los pogromos de esta semana consolidaron la sensación de que nuestra policía se ha convertido en una policía racista, comprometida solamente en la defensa de los judíos, que sólo dispara para matar a los amotinados árabes"4.

Nazaret no es un caso aislado. Antes, durante o después de la fiesta de Kippur, judíos amotinados, según cuenta la prensa regional5 atacaron a árabes en diferentes ciudades, incendiando coches y saqueando comercios. Después de los tumultos en Bat-Yam (suburbio sur de Tel Aviv) en el curso de los cuales peatones árabes fueron apuñalados y vehículos policiales saqueados, el semanario local tituló: "Pogromo"6. Asimismo en Jaffa, después de enfrentamientos violentos entre judíos y árabes, la prensa local evaluó la situación como "explosiva"7.

Aquí nadie cree en el carácter espontáneo de esos tumultos. Al presentar a las ciudades y aldeas árabes como el quinto frente, los dirigentes de los partidos de derecha arrojaron aceite al fuego. Al condenar oficialmente los pogromos, sus voceros los justificaron al mismo tiempo calificándolos en televisión, los días 10 y 11 de octubre, como "comprensible reacción de judíos inquietos ante los tumultos árabes en Israel en solidaridad con los palestinos de Cisjordania y Gaza". Para Sharon y sus amigos, el objetivo era forzar la mano de Barak para entrar en su gobierno y destruir el proceso de paz.

Ante el riesgo de que el conflicto palestino-israelí se convierta en guerra de religiones, algunos se movilizaron, tal como se vio después del saqueo de la tumba de José en Naplus. Dos organizaciones islámicas en Israel lo condenaron como un acto de vandalismo, añadiendo que allí está enterrado un cheikh musulmán, Yussef Dwiqat. El diputado Bishara exhortó a la Autoridad palestina a reconstruir la tumba y a autorizar a los rabinos judíos para que visiten el lugar. La tumba de José no representa una excepción. Otros lugares sagrados fueron saqueados e incendiados: musulmanes en Israel y judíos en Cisjordania.

El pogromo de Nazaret también despertó las conciencias. Desde entonces, una cantidad creciente de solicitadas publicadas en la prensa condenan a las fuerzas de seguridad y a las corrientes racistas y fascistas. Individualmente o en grupo, judíos de diferentes aglomeraciones visitan a las familias de las doce víctimas árabes isrelíes, a los heridos, a las alcaldías atacadas, se organizan. En ocasión de la fiesta de los tabernáculos, en cuyo curso las familias judías religiosas construyen cabañas, hubo judíos que las construyeron en ciudades árabes, para expresar su solidaridad. Gestos que se esfuerzan por empezar a reparar el tejido social de las relaciones entre judíos y árabes, desgarrado por los sangrientos acontecimientos de octubre de 2000.

  1. Las citas están extraídas de entrevistas hechas por el autor para Le Monde diplomatique o para el diario Haaretz.
  2. Fasl al-Maqal, Nazaret, 13-10-00.
  3. Saut al-Haq wa al-Huriya. Um al-Fahem,13-10-00.
  4. 13-10-00.
  5. Hed Haqrayot, Kiryat-Ata, 13-10-00.
  6. Bat-Yam, 13-10-00.
  7. Tel-Aviv, 13-10-00.
Autor/es Joseph Algazy
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 17 - Noviembre 2000
Páginas:9, 10
Temas Conflictos Armados, Minorías, Geopolítica
Países Cisjordania (ver Autoridades Palestinas), Israel