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Recuadros:

Las relaciones turbulentas

A diferencia de lo que cualquier alumno que egresa de las escuelas argentinas cree a lo largo de su vida, la historia de las relaciones que desde la Independencia mantuvieron la Santa Sede y el Estado está plagada de conflictos -a veces violentos- que sólo se saldan por la prevalencia de intereses comunes y apoyo de políticas compartidas.

En ocasión de las guerras independentistas, la Santa Sede puso en marcha una violenta oposición a través de dos Encíclicas, emitidas en l8l6 y en l824. La primera fue expedida en el peor momento de las luchas de independencia, dando posiblemente por segura su derrota. En l8l6, cuando iba a reunirse el Congreso de Tucumán, acicateados sus miembros por San Martín y Belgrano en vistas a la formal declaración de independencia, la Santa Sede expide la citada Encíclica condenatoria. Entre otras consideraciones expresa: "Y como sea uno de los más hermosos y principales preceptos el que prescribe la sumisión a las autoridades superiores, no dudamos que en las conmociones de esos países que tan amargas han sido para nuestro corazón no habréis cesado de inspirar a vuestra grey el justo y firme odio con que debe mirarles". En esa línea de defensa del absolutismo y de la política de la Santa Alianza, el Papa llegó a otorgar ciertas rentas eclesiásticas para ayudar a equipar la escuadra que se aparejaba en Cádiz contra Buenos Aires.

La segunda Encíclica resultó francamente inoportuna, pues ya el triunfo de las nuevas naciones era irreversible y la batalla de Ayacucho lo consolidaba definitivamente: "Como que conocemos muy bien los graves perjuicios que resultan a la religión, cuando desgraciadamente se altera la tranquilidad de los pueblos. En consecuencia, no podemos menos de lamentarnos amargamente, ya observando la impunidad con que corre el desenfreno y la licencia de los malvados; ya al notar cómo se propaga y cunde el contagio de libros y folletos incendiarios, en los que se deprimen, menosprecian e intentan hacer odiosas ambas potestades, eclesiástica y civil, y ya por último viendo salir, a la manera de langostas devastadoras de un tenebroso pozo, esas Juntas que se forman en la lobreguez de las tinieblas, de las cuales no dudamos en afirmar con San León Papa, que se concretan en ellas como en una inmunda sentina, cuanto hay y ha habido de más sacrílego y blasfemo en todas las sectas heréticas". Posteriormente se trataría de no difundir esta Encíclica, pues de ahí en adelante pasó a ser relevante para la Santa Sede la preparación, en las mejores condiciones para la Iglesia, de las relaciones con los nuevos Estados, tarea que no resultó fácil. De hecho. la Iglesia argentina actuó como una Iglesia sin vínculos con Roma ni sujeciones a ella desde l8l0 hasta l834, aun cuando la población se consideraba naturalmente católica. Las negociaciones fueron arduas. En 1830 el Papa, sin reconocer el nuevo Estado, había nombrado obispo in partibus infidelium a Monseñor Mariano Medrano, por intermedio del Nuncio en Río de Janeiro. Obispo in partibus infidelium es el que toma título de país o territorio ocupado por los infieles, donde no reside. Un arduo acuerdo pondría fin a este desencuentro.

En l882 se reunió en Buenos Aires el Congreso Pedagógico con el fin de concretar la futura ley de Educación. El Congreso fue escenario de choques entre las dos tendencias que decidirían acerca de la educación nacional. Allí la Iglesia católica se valió de sus más prestigiosas figuras (Pedro Goyena, José M. Estrada, Navarro Viola, Van Gelderen, etc.) para quienes la educación debía ser "esencialmente católica". El resto del Congreso declaró que la ley tendría que establecer la enseñanza obligatoria, gratuita y laica, que se plasmaría en la ley l420. Los líderes católicos se retiraron del Congreso. Uno de los principales motivos de su desagrado fue el observar cómo las mujeres se atrevían a desprenderse de la tutela clerical. Las polémicas eran seguidas por los periódicos, donde bregaban por la nueva ley Domingo F. Sarmiento, Paul Groussac, Lucio V. López, Carlos Pellegrini, Roque Saenz Peña, Delfín Gallo, etc.

Expulsión del Nuncio Apostólico

La sanción de la ley en 1884 marcaría el comienzo de una rebelión preparada por la Iglesia católica. No sólo los periódicos católicos aconsejaban que se desconociera la ley; la misma orden salía de los templos en sermones dictados por los eclesiásticos y en pastorales dirigidas a los creyentes. En Córdoba, en ocasión de inaugurarse la Escuela Normal, el canónigo Jerónimo Clara, vicario a cargo de la diócesis, publicó una pastoral prohibiendo a los católicos enviar sus hijos a esa escuela. El Nuncio papal Monseñor Mattera, apoya a Clara y se traslada a Córdoba incitando al desacato. Ningún otro embajador extranjero ha llegado a estos extremos. También el obispo de Salta, Monseñor Buenaventura Risso Patrón, publicó una pastoral oponiéndose a la ley; adhirieron los vicarios foráneos de Santiago del Estero y de Jujuy.

El gobierno argentino reaccionó separando de su cargo al obispo Clara por rebeldía contra las leyes de la Nación. El obispo de Salta fue suspendido en sus funciones. La directora de la Escuela Normal de Córdoba, de religión protestante, presionada por el Nuncio, fue intimidada hasta el punto de que le pidió que levantara el anatema que el obispo Clara se había permitido imponer a la escuela. En esta entrevista, el Nuncio condicionó el levantamiento del anatema al envío de una nota al Ministro de Instrucción Pública declarando que no se proponía propagar la religión protestante; que permitiría la enseñanza del catecismo católico; que permitiría que el Obispo visitara la escuela cuando lo creyera conveniente.

La respuesta del Ministro decía: "He recibido su nota en la que avisa haber estado usted a solicitar del señor Mattera levante el anatema que pesa sobre esta escuela y que este señor le ha contestado que lo hará en caso que el Ministro de Instrucción Pública acceda a las tres pretensiones siguientes (…) Ha hecho Ud. mal en acercarse al señor Mattera en solicitud de cosa alguna. El señor Mattera nada tiene que ver con las escuelas de la Republica Argentina. Hace usted igualmente mal en admitir que pesa anatema alguno sobre esa escuela…. El Ministro de Instrucción Pública de la Nación Argentina no tiene declaración alguna que hacer ante el representante de la Silla Apostólica… Por lo tanto prohibo terminantemente que inicie o lleve a cabo gestión alguna del género de la que su nota expresa y le ordeno continúe dando en esa escuela la enseñanza que el plan de estudios marca con el número de alumnas que asista".

Algunos periódicos se hicieron eco del episodio recalcando que ni el obispo Clara ni el "decrépito Risso" se hubieran atrevido a tanto de no contar con el apoyo de Mattera. Dándose por ofendido, Mattera pidió explicaciones al gobierno, que a su vez se las pidió a él. Rematando su sucesión de torpezas, Mattera le escribió al presidente Julio Roca, recordándole que le había hecho un servicio en l88l cuando sus enemigos proyectaron un funeral que probablemente hubiera terminado a tiros en la Iglesia, y agregaba: "V.E. que si no tiene manchada la frente de sangre humana derramada dentro de las paredes de un lugar sagrado, lo debe exclusivamente a mí". ¿Se insinuaba que ése era el precio de su impunidad?

El 18 de octubre de 1884 el gobierno argentino entregó sus pasaportes al Nuncio, dándole veinticuatro horas de plazo para abandonar el país. La ruptura diplomática se mantuvo hasta el año l900, cuando el mismo Roca -que nunca fue enemigo de la Iglesia católica e incluso ayudó ampliamente a ciertas congregaciones- restableció las relaciones. La enseñanza pública ya era corriente en Argentina1.

  1. Gustavo Martínez Zuviría, Argentina Salesiana, septiembre 1951

Artículos anteriores

Dossier Iglesia católica,

(Nº 7, Enero de 2000):

El poder del Opus Dei,

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La Obra de Dios en la Argentina,

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¿La vida? ¿Cuál vida?

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(Nº 14, agosto de 2000):

La República en peligro,

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Gritos en la Iglesia, susurros en el gobierno,

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Autor/es Mercedes Balech
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 19 - Enero 2001
Páginas:6
Temas Historia, Políticas Locales, Iglesia Católica
Países Argentina