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Recuadros:

Peligra la soberanía alimentaria argentina

La semilla es para el agricultor la base de todo su sistema productivo. Ha formado parte de una necesidad y búsqueda de mejora, transmitida culturalmente por generaciones, en un sistema de intercambio entre los pueblos que persiste hasta nuestros días. La apropiación de parte de este conocimiento popular ha sido siempre un objetivo comercial de muchos empresarios, que de la mano de ciertas técnicas desarrolladas por ingeniería genética pueden poner en riesgo la seguridad alimentaria de las naciones.

"El pueblo que confía su subsistencia a un solo producto, se suicida".

José Martí

Históricamente, el proceso de selección y mejora de variedades agrícolas estuvo en manos del agricultor, quien recurrentemente guardaba e intercambiaba con otros productores distintas semillas para las siguientes estaciones. Pero el proceso de manejo de la propia semilla por parte del productor y los programas convencionales de mejora comienzan a revertirse en muchas regiones, a comienzos de este siglo, con la llegada de los nuevos conocimientos del "vigor híbrido".

Las semillas híbridas son la primera generación descendiente de dos líneas parentales distintas dentro de una misma especie. Su éxito estriba en que son muy pocos -los breeders y sus empresas- los que conocen estas líneas parentales que tienen en general un mayor rendimiento pero que, de querer reproducirse en generaciones sucesivas, segregan y pueden dar una nueva generación con plantas y rendimientos desuniformes. El agricultor se ve obligado entonces a comprar la semilla todos los años para asegurar su cosecha, trasladando parte de su renta a las manos de las compañías dueñas del manejo del material genético y sus cruzamientos.

Con esta práctica, las empresas de semillas comienzan a acumular un creciente desarrollo económico y manejo de la agricultura mundial. "Las corporaciones transnacionales vinculadas a la producción agropecuaria y la salud, han concentrado un enorme poder", y Argentina ha sido uno de los nichos mundiales donde este crecimiento se ha hecho más notable1.

El éxito en la hibridación comercial se ha dado en cultivos como el maíz, el girasol y el sorgo, pero aún no se ha podido ampliar al arroz, el trigo y la soja, especies que a diferencia de las anteriores -que se utilizan como alimento para el ganado- son la base alimentaria de una importante porción del mundo. En estas variedades los agricultores han pretendido continuar guardando sus semillas, lo que según las compañías atenta contra sus intereses comerciales, puesto que ven en esta ancestral práctica un riesgo y daño económico y una de las fuentes del atraso en que se encuentran vastas regiones de nuestro planeta.

La seguridad alimentaria mundial, o por lo menos de las regiones más pauperizadas del mundo, no puede dejarse al albedrío y juicio del interés privado. En el mundo desarrollado el sistema de protección de invenciones y patentes funciona por el propio flujo de la renta entre los distintos actores, pero en el subdesarrollado ejercer acciones no meditadas ni analizadas puede condenar a la inanición y al desamparo.

Semillas suicidas

Así como en el siglo pasado fueron los híbridos, en éste las nuevas vedettes de alta respuesta ofrecidas a los productores son las semillas transgénicas. Desarrolladas por poco menos de una decena de compañías de alta tecnología que detentan el 32% de la producción alimenticia mundial y el 85% del mercado global de agroquímicos, estas semillas están protegidas por el sistema de patentes, que pretende asegurar beneficios extraordinarios como premio a los planes de investigación y desarrollo. Pero para cuando las patentes, los fees a la investigación incorporados en el costo de las semillas y los sistemas de regalías extendidas o la propia estructura de control jurídico fallan (especialmente en los países subdesarrollados), las compañías han logrado crear un sistema que permite controlar de forma absoluta la producción y el abastecimiento: la tecnología Terminator. Esta es la principal aplicación de una patente genérica para el "control de la expresión de los genes de las plantas"2. Se trata básicamente de un mecanismo suicida, genéticamente diseñado para activarse por un estímulo exterior específico. Estas semillas se autodestruyen, y por lo tanto no es posible resembrarlas. Inclusive se están desarrollando en la actualidad semillas suicidas, cuyas características genotípicas pueden ser activadas o desactivadas mediante el uso de un inductor químico externo mezclado con los agroquímicos patentados por la misma compañía que las comercializa3.

La dependencia alimentaria

Para los países en vías de desarrollo, el riesgo -no ya ambiental ni comercial- sino para la propia seguridad alimentaria, es incalculable. Esto ha motivado que organismos del mundo desarrollado y agencias internacionales presionaran a las compañías multinacionales para que renuncien a este tipo de controlador biológico. Pero el conflicto no ha terminado y la intención de patentar una nueva generación de tecnologías Terminator con el mismo objetivo -el control final de los genes y su inviabilidad como semilla- sigue vigente y se refleja en más de veinte nuevas patentes, de las cuales siete fueron registradas en el Departamento de Agricultura de los EE.UU. durante 19994.

Argentina -segundo productor mundial y en superficie ocupada con cultivos transgénicos- ha tenido fallas en cuanto a un control eficiente del circuito comercial de las semillas. Una primera estrategia comercial fue reducir el fee tecnológico (que en los EE.UU. es de unos 13 dólares por hectárea de soja sembrada) y el precio del glifosato -el herbicida asociado al paquete tecnológico especialmente de la siembra directa- a un tercio que en el país del norte, permitiendo al productor una reducción importante de costos en su sistema de control de malezas5. Pero esta línea no podrá sostenerse en el tiempo y el desarrollo tecnológico se está viendo frenado por la acción de productores que guardan semilla, o por la circulación de semillas no fiscalizadas en la forma de bolsa blanca (ilegal o sin identificar). Agobiado por una situación fiscal e impositiva insostenible, la caída de rentabilidad, el deterioro de los precios de los commodities y una trama crediticia que no lo ayuda a salir del planteo convencional, el productor toma a mano cualquier alternativa -como guardar semilla para la campaña siguiente- que le permita disminuir sus costos. Esa reserva es a veces excesiva y favorece un mercado paralelo de semilla no fiscalizada. Actitud que en lugar de favorecer la diversidad de opciones -en este caso entre OGM y no OGM- fomenta por vía paralela la concentración de un solo tipo de producto y condiciona aún más a la Argentina como monoproductor de transgénicos.

No sería entonces extraño que a falta de reglamentaciones efectivas sobre patentes y una legislación estricta sobre condiciones de bioseguridad, se intente persuadir a los gobiernos de nuestros países de aceptar nuevas tecnologías de transferencia, control y expresión de genes (la tecnología Terminator), que permitan colocar nuevos productos de compra forzada.

Inducir a nuestras autoridades en este sentido, en la presunción de que se estaría manejando una tecnología segura y se permitiría fomentar los procesos de investigación y desarrollo, especialmente de la esfera privada, es someter la seguridad alimentaria nacional a un riesgo incalculable.

Argumentar que todos los aspectos científicos sobre la biotecnologia están controlados es un riesgo al que no debe exponerse ningún país (ver J. Testart, pág. 13). "La biotecnologia, en su versión más dura, consiste en la introducción de material genético de una especie en el de otra, utilizando los métodos del ADN recombinante. El ámbito de aplicación, éxito o fracaso, acaba aquí. No corresponde al biotecnólogo evaluar otros posibles factores o consecuencias de los organismos o los productos por él fabricados. No puede hacerlo, porque no entra en su ámbito de competencias, o de objetivos. No se le puede pedir, por ejemplo, que se responsabilice, científicamente, de las consecuencias medioambientales de los productos que ha fabricado, simplemente porque carece de las premisas científicas que le pueden llevar a tales conclusiones. Y por la misma razón que no se le puede pedir responsabilidad científica fuera de su ámbito de laboratorio, tampoco puede emitir una opinión científicamente autorizada (es decir, una conclusión) sobre la aparente inocuidad de las incidencias medioambientales de los productos biotecnológicos"6.

Terminar con Terminator

Una discusión amplia en el ámbito nacional y supranacional sobre los riesgos de estos sistemas de expresión y control biogenético en la agricultura podría conducir a recomendaciones sobre la eliminación definitiva de la tecnología Terminator y de cualquier alternativa que suponga reemplazarla. La búsqueda de opciones más inteligentes y de menor riesgo para los actores más desprotegidos y para el ambiente, que además aseguren a las empresas el retorno adecuado por sus patentes y a los agricultores pobres el desarrollo en su propio marco y criterio, debería surgir de esa discusión. También, por ejemplo, un sistema dual de patentes, en el cual a países ricos o a productores ricos de países pobres se les exija el pago correspondiente, mientras a los países o agricultores pobres se les permita la libre utilización y disposición de la semilla7. O el pago a las compañías de una retribución, a la manera de unfee, por su tarea in situ preservando la biodiversidad y rescatando y manteniendo las variedades locales.

Todo esto debería comenzar a tenerse en cuenta en un mundo que, aún en las previsiones más optimistas de FAO para los próximos 50 años, seguirá albergando a millones de personas que padecerán hambre y desnutrición crónica, incluso considerando la aplicación de estas nuevas alternativas biotecnológicas.

  1. J. Morello y S. Matteucci, "Ambiente y Territorio.La Argentina agredida". Realidad Económica, Nº 169, IADE.Buenos Aires, 2-00.
  2. R. Steinbucher y P. Mooney, "Tecnología Terminator: Una amenaza para la seguridad alimentaria mundial", The Ecologist, Vol 28, Nº 5, sep/oct 1998, versión española, Madrid, mayo 1999.
  3. RAFI. Tecnologias Traitor: Nuevas implicaciones deTerminator. En RAFI: http://www.rafi.org.
  4. Patentes nº 5,925,808; 5,977,441; 5,880,333;5,859,341; 5,859,328; WO 9907211; y WO 9911807.
  5. W. A. Pengue, "Commercial release of transgenic crops in Argentina. The case of RR soybean and Bt corn". Conferencia Sustainable Agriculture in the New Millennium. The impact of biotechnology ondeveloping countries. Bruselas, mayo 2000.
  6. A. Moya en J. Riechmann et al. "Argumentos recombinantes. Sobre cultivos y alimentos transgénicos". CC.OO. fundación 1º de Mayo. Madrid, 1999.
  7. Justin Gillis, "A gift from Monsanto: geneticallyaltered rice", International Herald Tribune, 5/6-8-00.

"La política la hacemos todos"

"No hay vientos favorables para el que no sabe cuál es el rumbo" 

Séneca

En la opinión pública se abre un debate sobre los alimentos transgénicos, en el marco de una desinformación que potencia miedos y desconfianzas. En forma elemental, la ingeniería genética -que es una parte de la biotecnología- consiste en insertar genes de una especie en otra introduciendo caracteres o cualidades especiales.

Según las autoridades, la normativa argentina es de las más avanzadas del mundo y garantiza la inocuidad de los productos sobre el ambiente y la salud. Pero la población desconfía. Las últimas campañas de difusión sobre los OGM por parte de las organizaciones ambientalistas, confrontadas a las de quienes venden la técnica, han creado en la sociedad más preocupación que información. Entre ambos grupos antagónicos, los productores y consumidores se encuentran desorientados.

Por este motivo, el debate sobre todas las aristas del tema debe plantearse ya. La obligación del Estado es incuestionable. No se puede ni debe descargar en la esfera privada, o las ONG, o en los medios, la difusión y discusión de una cuestión que para el país es relevante y marcará su destino futuro. Según el subsecretario de Agricultura de la Nación, "la política la hacemos todos"1. Es entonces necesario ampliar la difusión de los beneficios y probables riesgos en todos los ámbitos y todos los científicos deberán expedirse cabalmente frente al conjunto social.

La ingeniería genética producirá transformaciones profundas en el mundo, muchísimo más trascendentes que la informática. De hecho, se trabaja y manipula sobre la vida misma.

En Argentina el tema es manejado por una Comisión Asesora de la Secretaría de Agricultura (CONABIA), que regula la liberación de los organismos recombinantes. Las otras agencias gubernamentales -Medio Ambiente, Salud, Gabinete, Consumidor- no han tenido hasta ahora una participación acorde a sus competencias.

La actual privatización de la ciencia y la tecnología y el impulso que se le estaría dando a su adopción, implican prisa ante decisiones que requieren reflexión. Para desarrollarse, el país debe considerar qué recursos asignará a la biotecnología y a la cadena de ciencia y tecnología vinculada y cuál será su agenda propia de investigación agrícola, evitando que ésta resulte dominada exclusivamente por los intereses comerciales de un sector2. Debe determinar qué líneas de investigación fomentar en función de los intereses nacionales y regionales, ayudando a sus organizaciones y científicos a lograr patentes y proteger sus invenciones, distribuyendo de la forma más acelerada y amplia posible tales beneficios entre toda la sociedad3. Esto, por supuesto, se logra con la búsqueda adecuada de los correctos instrumentos económicos y políticas necesarias para el desarrollo sustentable que, aunque más complejos en su instrumentación, están de todas formas disponibles y seguramente en conocimiento de los decisores políticos. Siendo que la realidad enfrenta al manejo de formas de vida nuevas, los objetivos sobre su usufructo actual y futuro son entonces una Política de Estado. Refiriéndose a otro recurso no renovable -el petróleo- el vicepresidente argentino, Carlos Alvarez, ha manifestado: "Los gobernantes tenemos la obligación de mirar siempre más allá de la coyuntura, protegiendo los intereses del país a largo plazo"4. Este discursos debería traducirse en hechos concretos y abarcar todos los asuntos estratégicos.

  1. Seminario Oportunidades y Desafíos de la Biotecnología para la Agricultura del Mercosur, AAPRESID-DRCLAS, Mar del Plata, 8-2000.
  2. E. Giai, "El descubrimiento de los transgénicos", Realidad Económica Nº 173, Buenos Aires, 8-2000.
  3. W. A. Pengue, Cultivos transgénicos en Argentina: Tendencias del Mercado, Medio Ambiente Agrícola e Implicaciones para el Futuro. Seminario Biotecnología, Mar del Plata, Ibídem.
  4. Clarín, Buenos Aires, 5-8-00.


Autor/es Walter Alberto Pengue
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 15 - Septiembre 2000
Páginas:26, 27
Temas Transgénicos, Agricultura, Deuda Externa, Medioambiente
Países Argentina