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El Estado colonial: un doble Estado de excepción

El general Paul Aussaresses, 82 años, resistente antinazi durante la II Guerra Mundial y después gaullista, jefe del servicio de Informaciones en Argelia en 1957, acaba de publicar en ediciones Perrin un libro de memorias: Servicios especiales: Argelia 1955-57. Aparte del carácter rutinario de las torturas y ejecuciones que él mismo ordenaba, sus revelaciones más espectaculares se refieren a que ni el jefe del Frente de Liberación Nacional de Argelia Larbi Ben M'Hidi ni el abogado independentista Ali Boumendjei se suicidaron, como quiere la historia oficial, sino que murieron depués de ser torturados por orden de Aussaresses. Las confesiones de este general, un hombre de acción, poco dado a hacerse preguntas, pero sumamente cultivado y que no se retracta, volvieron a encender en Francia el cíclico debate sobre la guerra independentista de Argelia, cuyas razones se remontan a la invasión por Francia del norte de África en 1830, avalada y teorizada por Alexis de Tocqueville. La tortura inscripta en la guerra de conquista y colonización, no solamente de Argelia sino de todas las que fueron colonias francesas, con picos en Indochina y Madagascar, hacen de Francia, cuna de la revolución moderna con la consigna de Libertad, Igualdad, Fraternidad y de la Declaración de los Derechos del Hombre y el Ciudadano, el emblema de la paradoja de la modernidad: "El Otro -oriental, africano, amerindio- de la Ilustración europea es su fundamento mismo, así como la relación productiva con los "continentes oscuros" es el fundamento económico de los Estados-nación europeos" 1.

La guerra de Argelia tiene una larga historia. Comienza el 31 de enero de 1830, cuando Charles X decide apoderarse de Argel. Oficialmente, se trata de vengar una ofensa hecha al cónsul de Francia por el rey Hussein y de acabar con la piratería, que hace estragos en la región. Oficiosamente, el objetivo es tratar de restaurar el prestigio de un reino desesperado y de instalarse en el norte de África para bloquear la presencia inglesa en el Mediterráneo.

La "aventura" cuesta cara, pues moviliza importantes efectivos militares y rinde poco. Se levantan entonces en la Asamblea múltiples voces para exigir la retirada de las tropas francesas, mientras otras se pronuncian por la permanencia y una ocupación limitada y otras, por último, preconizan la dominación, la colonización y la guerra a ultranza. Guerra que consideran indispensable para destruir el poder de Abd el-Kader y a las tribus que lo apoyan. A fines de 1840 se imponen los partidarios de esta política.

El 29 de diciembre llega a Argelia el general Thomas Bugeaud, flamante gobernador de esa colonia. La verdadera conquista comienza entonces y los medios empleados son atroces: masacres, deportaciones masivas de la población, secuestro de mujeres y de niños utilizados como rehenes, saqueo de cosechas y de animales, destrucción de los cultivos, etc. Louis-Philippe primero, y Louis-Bonaparte después, recompensan a los oficiales con prestigiosas promociones: varios son nombrados mariscales, uno llega a ministro de Guerra; las montañas de cadáveres de cabileños y de argelinos permiten hacer brillantes carreras a los generales del ejército en África2.

" Muchas veces escuché en Francia a hombres que respeto pero que no apruebo, considerar malo que se quemaran las cosechas, que se vaciaran los silos y se tomaran prisioneros a hombres desarmados, mujeres y niños. En mi opinión, ésas son necesidades enojosas, a las que deberá someterse sin embargo cualquier pueblo que quiera entrar en guerra con los árabes", escribe Alexis de Tocqueville. Y agrega: "Creo que el derecho de guerra nos autoriza a devastar un país, y que debemos hacerlo, ya sea destruyendo las cosechas en la época de recolección, ya sea en cualquier momento por medio de esas incursiones rápidas llamadas razzias y que tienen por objetivo apoderarse de los hombres y de los rebaños"3.

Así se expresa el autor de La Democracia en América cuando en octubre de 1841, luego de haber pasado un tiempo en Argelia, redacta su Trabajo sobre Argelia. La colonización en general y la de Argelia en particular, le interesan mucho. Dos cartas, varios discursos sobre las relaciones exteriores francesas, dos viajes, dos informes oficiales presentados en marzo de 1847 en la Cámara de Diputados en nombre de una comisión ad hoc, a lo que hay que agregar muchas observaciones y análisis diseminados en su voluminosa correspondencia. Tocqueville lee, investiga y teoriza la expansión francesa en África del Norte.

Fiel a su método, reúne una importante documentación, pues planea redactar un libro sobre la India y la colonización inglesa, para compararla con la desarrollada por los franceses en la Regencia de Argel, como se la llamaba entonces. Por último, estudia el Corán, y al cabo de sus lecturas, el Montesquieu del siglo XIX concluye secamente que la religión de Mahoma es "la principal causa de la decadencia (…) del mundo musulmán".

Por lo tanto -sus contemporáneos no se equivocaron al respecto- hay que considerar a Tocqueville como una importante figura de la colonización moderna, a la cual consagró mucho tiempo y energía entre 1837 y 1847. Sus textos, sus responsabilidades y sus tomas de posición como parlamentario así lo prueban.

¿Qué dicen sobre el tema los especialistas franceses? Poca cosa. O fingen ignorar ese abundante corpus, o eufemizan sutilmente sobre las posiciones de su ídolo para no dañar su imagen de liberal y de demócrata4. Es cierto que la lectura asidua de La Democracia en América y El Antiguo Régimen y la Revolució;n es más propicia a las canonizaciones académicas que el análisis preciso de los textos sobre Argelia. A pesar de que están todos publicados, esos textos no obsesionan a los miembros de la honorable República de las Letras que exploran el pensamiento de Tocqueville y se maravillan de la sutileza de sus análisis. Sin embargo, se aprende mucho en ellos sobre algunas de sus concepciones y en general sobre los primeros años de la conquista, sobre los orígenes y la organización del Estado colonial. Allí se descubre al Tocqueville apóstol de la "dominación total" de Argelia y de la "devastación del país"5.

El fin dicta los medios

La importancia que Tocqueville otorga a la conquista de Argelia se funda por una parte en el análisis de la coyuntura internacional y el lugar de Francia en el mundo; por otra, en la evolución de las costumbres nacionales. El escritor no siente más que desprecio por la monarquía de Louis-Philippe, que bajo su pluma aparece mediocre y pusilánime. Nefasto para los asuntos internos del país, ese régimen lo es aún más para las relaciones exteriores en un período donde la crisis en el Imperio Otomano, en África y el Cercano Oriente fundamentalmente, modifica por completo la situación en las regiones en cuestión y crea nuevas ocasiones para las potencias europeas. Pero para aprovecharlas, hay que dar muestras de audacia y no temer a Inglaterra.

Poner fin a la decadencia de Francia, restaurar su prestigio y su poder, tal es la obsesión de Tocqueville, convencido de que a falta de una vigorosa política de conquistas, el país será rápidamente relegado a un segundo plano y la monarquía amenazada en su propia existencia. En ese contexto, retirarse de Argelia sería irresponsable. Hay que permanecer, y el gobierno debe estimular a los franceses a instalarse allí para dominar el país y controlar además el Mediterráneo central por medio de la construcción de dos grandes puertos militares y comerciales: uno en Argel y el otro en Mers El-Kébir.

La realización de esos proyectos permitirá restaurar el orgullo nacional, afectado -según él- por "la relajación gradual de las costumbres" de una clase media cuyo gusto por los "placeres materiales" se difunde en todo el cuerpo social, dándole "el ejemplo de la debilidad y del egoísmo"6. La guerra y la colonización se presentan por lo tanto como un remedio a los males sociales y políticos que afectan a Francia. Es por eso que Tocqueville se pronuncia por medidas radicales que permitan apoderarse fácilmente de Argelia y romper con diez años de aplazamientos.

Dominar para colonizar y colonizar para garantizar la duración de la dominación, tales son las orientaciones que nunca dejó de defender. En cuanto a los medios, los dictan los fines: Abd el-Kadder se mueve permanentemente por todo el país, apoyándose en las muchas tribus que le suministran hombres, armas y alimentos. Hay que perseguirlo sin descanso y, sobre todo, aniquilar las estructuras económicas y sociales que lo apoyan para llegar a la base del poder del jefe y destruir su prestigio.

Luego de haberse pronunciado por la prohibición del comercio a la población local, Tocqueville agrega: "Las grandes expediciones me parecen cada vez más necesarias: 1º Para seguir mostrando a los árabes y a nuestros soldados que en ese país no hay obstáculos que puedan detenernos; 2º Para destruir todo lo que se parezca a una agrupación permanente de población, o en otros términos, a una ciudad. Considero de la mayor importancia impedir que subsista o que se levante ninguna ciudad en los dominios de Abd el-Kader"7.

Por lo tanto, el autor de La Democracia en América aprueba sin reservas y defiende públicamente en varias ocasiones los métodos de Bugeaud. Consisten en saquear el país, en apoderarse de todo lo que pueda ser útil para el mantenimiento del ejército, "haciendo vivir así a la guerra de la guerra", como afirma el general Lamoricière, y en alejar cada vez más a la población autóctona a fin de garantizar el total control de los territorios conquistados. Una vez logrados esos objetivos por medio del terror masivo, permitirán la implantación y el desarrollo de numerosas colonias de población, las que harán imposible el regreso de las antiguas tribus.

El crimen como norma

Tocqueville no cuenta únicamente con el poder del sable; se propone cubrir y extender esas usurpaciones recurriendo a la fuerza del derecho. Por lo tanto prevé la instauración de tribunales especiales, que a través de procedimientos que él mismo califica de "sumarios", efectuarán expropiaciones masivas en beneficio de los franceses y de los europeos en general. Así, éstos podrán adquirir tierras a bajo precio y dar vida a los poblados que la administración colonial habrá provisto de fortificaciones, de una escuela, de una iglesia y hasta de una fuente, precisa el diputado de Valognes, preocupado por el bienestar material y moral de los colonos. Agrupados en milicias armadas dirigidas por un oficial, los mismos colonos garantizarán la defensa y la seguridad de sus personas y de sus bienes, a la vez que la red formada por esos poblados permitirá mantener eficazmente las regiones conquistadas. En cuanto a la población local, alejada por las armas y luego despojada de sus tierras por los jueces, disminuirá incesantemente, afirma Tocqueville.

Tal como él lo concibe, y tal como fue estructurado, el Estado colonial se presenta de entrada como un doble Estado de excepción respecto del régimen vigente en la metrópoli, pues se asienta sobre dos sistemas político-jurídicos de índole diferente que, en el fondo, se organizan sobre bases raciales, culturales y religiosas. El que se aplica a los colonos les permite gozar en exclusividad de la propiedad y de la posibilidad de ir y venir, pero de ninguna libertad política, pues todas ellas deben estar suspendidas en Argelia según Tocqueville. "En África debe haber, por lo tanto, dos legislaciones bien diferentes, ya que existen dos sociedades muy separadas. Nada impide, de ninguna manera, tratar a los europeos como si estuvieran solos, ya que las reglas que se hacen para ellos sólo deben aplicarse a ellos"8.

Es claro, preciso y conciso. Los hombres llegados de esa Europa gloriosa e iluminada, tienen derecho a los derechos; los otros, los " bárbaros", no gozarán de los placeres de la igualdad, la libertad y la universalidad de la Ley. Ni hoy ni mañana, pues Tocqueville no fija ningún término a esa situación. Asimismo, no resulta sorprendente que el segundo sistema, el que se aplica a los cabileños y a los árabes, resulte en un estado de guerra permanente destinado a mantenerlos bajo el yugo brutal de los colonos y de una administración dotada de poderes exorbitantes.

En 1847, luego de varios años de conflictos despiadados, Tocqueville escribe con énfasis: "La experiencia no nos mostró solamente dónde estaba el escenario natural de la guerra; nos enseñó a desarrollarla. Nos mostró los puntos fuertes y los puntos débiles de nuestros adversarios. Nos enseñó los medios para vencerlos, y para una vez vencidos seguir siendo sus dueños. Hoy cabe decir que la guerra de África es una ciencia cuyas reglas conoce todo el mundo, y que cada uno puede aplicar casi con toda certeza. Uno de los mayores servicios que el señor Mariscal Bugeaud hizo a su país, es el de haber extendido, perfeccionado y puesto al alcance de todos esta nueva ciencia"9.

¿Los crímenes del ejército y del Estado francés en Argelia, y la discriminación erigida como principio e inscripta en la ley, son acaso excepciones? Se trata, en realidad, de una larga historia.

  1. M. Hardt y A. Negri, Empire, Harvard University Press, Massachussetts, 2000.
  2. En un libro apologético Pierre Montagnon escribe respecto de las víctimas: "¿500.000? ¿Un millón? La verdad debe situarse entre ambas cifras. Disminuir sería reducir una terrible realidad". La conquête de l"Algérie, París, Pygmalion, 1986. Si se comparan esas cifras con el total de habitantes, que según la historiadora Denise Bouche se calculaba en "cerca de tres millones de habitantes" en 1830, se entiende mejor la amplitud de las masacres. D. Bouche, Histoire de la colonisation française, tomo 2, París, Fayard, 1998.
  3. A. de Tocqueville, "Travail sur l"Algérie", Œuvres complètes, París, Gallimard, Biblioteca de la Pléiade, 1991.
  4. Con la notable excepción de Tzvetan Todorov, que presentó varios textos de Tocqueville sobre Argelia. Cf. De la colonie en Algérie, Complexe, Bruselas 1988; y del mismo autor, Nous et les Autres, Seuil, París, 1989.
  5. A. de Tocqueville, " Travail sur l"Algérie. ", op. cit.
  6. A. de Tocqueville, "Lettre à J. S. Mill", 18-3-1841; Œuvres complètes, Correspondencia inglesa, tomo VI, 1, Gallimard, París, 1954.
  7. A. de Tocqueville, " Travail sur l"Algérie ", op. cit.
  8. Idem.
  9. A. de Tocqueville, "Rapports sur l"Algérie", Œuvres complètes, op cit.
Autor/es Olivier Le Cour Grandmaison
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 24 - Junio 2001
Páginas:10, 11
Traducción Carlos Alberto Zito
Temas Historia, Colonialismo, Minorías, Derechos Humanos, Estado (Política)
Países Argelia, Madagascar, India, Francia, Inglaterra