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El autismo del Imperio

El autor desarrolla nuevos y poderosos argumentos para demostrar la tesis que sostiene desde hace años, mucho antes de la última tropelía de Estados Unidos en Irak: que ese país actúa como un Estado terrorista en el exterior y además protege a numerosos terroristas, siempre que sirvan a sus intereses.

Contrariamente a lo que podría suponerse, la ocupación militar de un país, aun cuando sea obra de conquistadores brutales, puede tener éxito. Tomemos como caso la ocupación de Europa Occidental por parte de Hitler, o la ocupación de Europa del Este por parte de Rusia en la posguerra. En ambas ocasiones, los países ocupados estaban dirigidos por colaboradores que disponían de aparatos locales civiles y militares, y sólo apoyados por las tropas del conquistador. Una valiente resistencia se desarrolló contra Hitler, pero sin ayuda exterior hubiera sido liquidada. En Europa del Este (como en Rusia) Estados Unidos trató de apoyar a la resistencia antisoviética hasta comienzos de la década de 1950, sin éxito.

Observemos por contraste la invasión de Irak, que puso fin a dos regímenes monstruosos, de uno de los cuales podemos hablar, pero no del otro. El primero era el reino del tirano Saddam Hussein; el segundo, el de las sanciones impuestas por Estados Unidos y Gran Bretaña, que mataron a cientos de miles de personas, destruyeron la sociedad, reforzaron el poder del dictador y obligaron a la población a apoyarse en él para poder sobrevivir (gracias al racionamiento). De esa manera se impidió que Saddam Hussein corriera el mismo destino de otros dictadores sostenidos por diversos gobiernos estadounidenses, fundamentalmente por los miembros y amigos de la actual administración -Suharto, Marcos, Duvalier, Mobutu, etc.- que fueron derrocados desde el interior. Perspectiva que era plausible en Irak antes de la guerra.

No caben dudas de que la población recibió positivamente el fin de las sanciones y del régimen de Saddam Hussein, al igual que los opositores a la guerra contra Irak en todo el mundo, a pesar de que eso fue ocultado por la actual administración. Pero se hubiera podido suprimir el régimen de las sanciones sin llegar a un conflicto; por otra parte, si esas medidas hubieran sido abolidas, la población iraquí hubiera logrado deshacerse de la dictadura. La investigación del inspector David Kay, designado por el presidente Bush luego de la victoria, desmintió de manera clarísima la pretendida existencia de armas de destrucción masiva en Irak. Pero la investigación demostró además que en los años previos a la invasión estadounidense el poder de Saddam Hussein era muy frágil. Eso confirmó a posteriori las tesis de numerosos expertos que conocían bien la situación interna iraquí, como por ejemplo Denis Halliday y Hans van Sponeck 1, coordinadores de la ayuda humanitaria de la ONU. Ambos habían insistido en afirmar que si el embargo y las sanciones impuestas por Estados Unidos y el Reino Unido no hubieran afectado a la población, los propios iraquíes hubieran derrocado a Saddam Hussein.

Infamias

Todos sabemos que las intervenciones militares pueden tener efectos secundarios positivos: así, el bombardeo de Pearl Harbor por la aviación japonesa en diciembre de 1941 derivó en la expulsión de las potencias imperiales occidentales de Asia, salvando así millones de vidas que se hubieran perdido en guerras de liberación. ¿Pero eso justifica acaso el fascismo japonés y sus crímenes? Por supuesto que no. Estoy convencido de que la agresión japonesa contra Estados Unidos fue un crimen de guerra, el "crimen capital" según el tribunal de Nuremberg.

Arthur Schlessinger, el más respetado de los historiadores estadounidenses, recordó de manera oportuna ese precedente de Pearl Harbor cuando comenzó el bombardeo de Irak. El presidente Franklin D. Roosevelt -escribió Schlessinger- tenía razón al decir que el ataque japonés marcaría una fecha en la historia de la infamia. Y añadió que ahora los estadounidenses deberán vivir sabiendo que el ataque contra Bagdad fue una infamia comparable a la de la política imperial japonesa.

Con la desaparición de los dos regímenes, el de las sanciones y el de Saddam Hussein, Estados Unidos disponía de inmensos recursos para reconstruir Irak. La población se sentía aliviada y la resistencia no tenía prácticamente ningún apoyo exterior. Pero ésta comenzó a desarrollarse desde el interior, fundamentalmente como respuesta a la violencia y a la brutalidad de los invasores. Verdaderamente, se requería mucho talento para lograr semejante fracaso...

Ocurre que la invasión desató un círculo de violencia que, a su vez, generó mayor violencia, como prueban los terribles combates de Faluja, cuyas primeras víctimas son los civiles iraquíes. Las vinculaciones entre el pasado régimen iraquí y la red terrorista Al-Qaeda jamás existieron; en cambio, es evidente que luego de la ocupación Irak se convirtió en un "santuario de terroristas". Esto fue particularmente puesto en evidencia por Jessica Stern, especialista en terrorismo de la Universidad de Harvard, en un estudio publicado por The New York Times 2 luego de la destrucción de la sede de la Organización de Naciones Unidas (ONU) en Bagdad.

La guerra contra Irak tuvo lugar a pesar de la oposición de la opinión pública internacional, que temía que esa agresión llevara a una diseminación del terrorismo. La administración Bush consideró ese riesgo como despreciable, comparado con la perspectiva de tomar el control de Irak y de sus riquezas (Warde, pág. 15), de lanzar la primera "guerra preventiva" y de reforzar su dominio sobre la escena interior estadounidense.

Por otra parte, la "guerra contra el terrorismo" resultó un fracaso: cada vez hay más atentados mortíferos en todo el mundo. Para desgracia de sus habitantes, el número de ciudades víctimas de actos terroristas luego del 11 de septiembre de 2001 no deja de crecer, especialmente desde que se desató la guerra contra Irak. Actualmente, esa nómina incluye a Bagdad, Casablanca, Estambul, Yakarta, Jerusalén, Haifa, Ashdod, Mombasa, Moscú, Ryad y Madrid. A este ritmo, es posible que tarde o temprano terrorismo y armas de destrucción masiva acaben juntándose en el seno de una misma organización violenta, cuyos ataques podrían ser verdaderamente aterradores.

El concepto de "guerra preventiva" que defiende Bush reveló su verdadera esencia: se trata de un simple eufemismo para poder agredir libremente a quien se desea. Fue el carácter arbitrario, peligroso y regresivo de esa doctrina, y no sólo su aplicación en Irak, lo que generó en febrero de 2003 las grandes manifestaciones contra la invasión. Ese rechazo no cesó de aumentar con el tiempo, fundamentalmente porque Washington no pudo probar que Saddam Hussein poseía armas de destrucción masiva, acusación que en realidad fue una gran mentira de Estado.

Ya en abril de 2003 las encuestas revelaban que los ciudadanos estadounidenses querían que la ONU ejerciese la principal responsabilidad en la reconstrucción política y económica de Irak en la posguerra. El fracaso de la ocupación resulta sorprendente, dado el poderío militar y los recursos con que cuenta Estados Unidos. Es a raíz de ese fracaso que la administración Bush tuvo que dar marcha atrás y resignarse a pedir ayuda a Naciones Unidas, que quiere saber si Irak puede ser otra cosa que un Estado subordinado a Washington. Actualmente Estados Unidos construye en Bagdad su nueva misión diplomática, que será la más grande del mundo, con más de 3.000 funcionarios, lo que significa que la transferencia de soberanía prevista para el 30 de junio de 2004 será muy limitada.

"Combatientes de la libertad"

Esa idea se ve reforzada por el reclamo estadounidense para mantener en Irak importantes bases militares y una considerable presencia de sus fuerzas armadas. Esa voluntad de poner a Irak en una situación de vasallaje se confirma con las órdenes dadas por Paul Bremer, el procónsul de Washington, para que la economía local siga estando abierta y controlada por los extranjeros. La pérdida de control de la economía reduce radicalmente la soberanía política al igual que las perspectivas de un desarrollo sano. Esa es una de las más diáfanas lecciones que nos dejó la historia: ningún país colonizado pudo desarrollarse mientras su política económica estuvo dominada por la potencia ocupante.

En diciembre de 2003 una encuesta de PIPA/Knowledge Networks mostró que incluso la propia población estadounidense apoyaba con muy poco entusiasmo la decisión de la administración Bush de mantener una fuerte presencia militar en Irak de manera permanente. Esa inquietud popular se debe a que la gente no cree que se trate de una causa justa. Si eso se tradujera en las urnas en noviembre próximo podría darse un cambio político de gran importancia, aun teniendo en cuenta que en Estados Unidos la oferta electoral es muy reducida y que la gente sabe que las elecciones son generalmente compradas. El candidato demócrata John Kerry es a menudo descripto como un "Bush de bajas calorías". Sin embargo, ocurre a veces que las dos facciones de lo que se da en llamar el "partido de los patrones" tienen políticas diferentes. Pequeñas diferencias iniciales entre ambos candidatos pueden tener al final efectos gigantescos y muy distintos, según el elegido sea Bush o Kerry. Y será tan cierto en noviembre próximo como lo fue en 2000, cuando se enfrentaron Bush y Gore.

Bush formula su doctrina en los siguientes términos: "liberar al mundo del mal del terrorismo". Luego del 11 de septiembre de 2001 ya había afirmado que "declarar la guerra al terrorismo significa también declarar la guerra a todo Estado que brinde refugio a los terroristas. Pues un Estado que acoge en su territorio a terroristas es un Estado terrorista, y por lo tanto debe ser tratado como tal". En nombre de esa doctrina, Bush lanzó la guerra de Afganistán en 2001 y la de Irak en 2003. Y ahora amenaza a otros países, como Siria. Pero cabe preguntarse si Bush es verdaderamente coherente, pues hay muchos otros Estados que albergan terroristas, que los protegen y que no son ni bombardeados ni invadidos. Comenzando... por el propio Estados Unidos.

Es sabido que desde 1959 Estados Unidos patrocinó ataques terroristas contra Cuba: la invasión de Bahía de los Cochinos en 1961, ametrallamientos aéreos contra civiles, bombas en lugares públicos en La Habana y en otros sitios, asesinatos de funcionarios, destrucción en vuelo de un avión de línea cubano en 1976 que causó más de ochenta muertos, además de decenas de conspiraciones para asesinar a Fidel Castro. Uno de los terroristas anti-castristas más notorios, acusado de ser el cerebro del atentado contra el avión civil en 1976, es Orlando Bosch. En 1989 George Bush padre anuló la decisión del Ministerio de Justicia, que rechazaba un pedido de asilo presentado por Bosch. Es así que hoy en día el hombre vive tranquilamente en Estados Unidos, donde continúa con sus actividades anticastristas.

La lista de terroristas que hallaron refugio en Estados Unidos incluye también a Emmanuel Constant, de Haití, conocido como "Toto", un ex líder paramilitar de la época de Duvalier. "Toto" es el fundador del Frente Revolucionario para el Avance y el Progreso de Haití (FRAHP), grupo paramilitar que -a las órdenes de la Junta que había derrocado al presidente Aristide- aterrorizó a la población entre 1990 y 1994. Según informaciones recientes "Toto" vive en el distrito de Queens, en Nueva York, pero Washington rechazó el pedido de extradición presentado por Haití. ¿Por qué? Por que "Toto" podría revelar las vinculaciones entre Estados Unidos y la Junta, responsable de haber hecho asesinar -por hombres del FRAHP- entre 4.000 y 5.000 haitianos... Hay que agregar que entre los gangsters que participaron -junto a fuerzas estadounidenses- en el reciente golpe de Estado contra el presidente Aristide figuran varios ex dirigentes de la organización terrorista FRAHP...

Washington nunca entrega a quienes le prestaron servicio, aun tratándose de terroristas. Así, en febrero de 2003 Venezuela pidió la extradición de dos oficiales que habían participado en el golpe de Estado del 11 de abril de 2002 contra el presidente Hugo Chávez. Esos hombres, luego de organizar un atentado en Caracas, habían huido a Miami, donde hallaron refugio. Por supuesto, Washington se negó a conceder la extradición.

Porque no todos los terroristas son iguales. Y los que colaboran con los intereses de Estados Unidos no pueden ser calificados con el oprobioso adjetivo de "terroristas". Son los nuevos "combatientes de la libertad", como los medios de comunicación calificaban antaño al mismo Osama Ben Laden, en la época en que se ocupaba de aterrorizar a los soviéticos por cuenta de Estados Unidos.

  1. Denis Halliday, "Des sanctions qui tuent", Le Monde diplomatique, París, enero de 1999.
  2. Jessica Stern, "How America Created a Terrorist Haven", The New York Times, 20-8-03.
Autor/es Noam Chomsky
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 59 - Mayo 2004
Páginas:28,29
Traducción Carlos Alberto Zito
Temas Conflictos Armados, Terrorismo, Estado (Política)
Países Estados Unidos, Irak