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Altermundialistas todo terreno

El movimiento altermundialista ha arrojado luz sobre el carácter eminentemente político –no ineluctable– del proceso de mundialización neoliberal. Se plantea pues como movimiento político global para la instauración de un nuevo orden democrático. Para presentarse como alternativa real al orden vigente ha de ser capaz de ensamblar sus diversos niveles de acción: internacional, nacional, empresarial, individual...

Estos últimos años las cosas sucedieron bastante más rápidamente de lo que muchos pensaban. El sistema de mundialización neoliberal se resquebraja por todas partes, aunque no hay que creer que vaya a caerse como un fruto maduro. Entre tanto, se está formando un amplio movimiento altermundialista que sigue progresando a escala planetaria. ¿Cómo puede este movimiento franquear el decisivo umbral cuantitativo y cualitativo que muchos indicios muestran que está al alcance de la mano? Son numerosas las miradas de los que ya no soportan lo injusto y absurdo de este mundo y se vuelven hacia el altermundialismo en busca, justamente, de alternativas.

El movimiento altermundialista tiene el mérito histórico de haber iniciado una vasta labor de desvelamiento y desconstrucción de la ideología neoliberal, acompañada -sobre todo en los foros sociales- de una intensa producción de alternativas y una multitud de iniciativas. Esas actividades demuestran cada vez con más claridad que la mundialización es un proceso político, al que de ahora en más se le opone otro proceso político: el propio movimiento altermundialista. Emergiendo de la cortina de humo que durante mucho tiempo ocultó su naturaleza profunda, la mundialización aparece antes que nada como un sistema de dominación del Norte sobre el Sur, del capitalismo anglosajón sobre las otras formas de capitalismo, de los ricos sobre los pobres. Esta mundialización es la instauración concreta de la ideología neoliberal.

En efecto, no cayó del cielo; no es en absoluto una etapa necesaria en la evolución natural del sistema económico o de las tecnologías: es -aunque parezca imposible- la consecuencia directa de múltiples elecciones y decisiones, en primer lugar políticas. Incluso una elección estratégica, que se viene efectuando progresivamente desde 1968, que apunta a redisciplinar a los asalariados de los países occidentales mediante la desocupación y a las poblaciones de los países pobres mediante la deuda.

No obstante, sería en vano negar las evoluciones que se produjeron por efecto de la dinámica propia del capitalismo, en especial en el ámbito de la financiación y de las tecnologías. Pero las estrategias aplicadas por los defensores de la revolución conservadora iniciada por Ronald Reagan y Margaret Thatcher a comienzos de la década de 1980 recuperaron y orientaron esas transformaciones. Los inversores institucionales y las firmas multinacionales, junto con los gobiernos y las instancias multilaterales, tomaron decisiones que contribuyen a la expansión de la mundialización neoliberal.

Esas multinacionales comprendieron rápidamente que podían reorganizar el trabajo a escala planetaria para matar tres pájaros de un tiro: debilitar el movimiento sindical y las resistencias en los países occidentales, reduciendo el tamaño de las empresas y deslocalizándolas en busca de más competitividad; aumentar sus ganancias mediante la baja de la masa salarial y utilizando distintas exoneraciones fiscales y sociales, además de los paraísos fiscales; crear la impresión de que participan en el desarrollo del Sur mediante la implantación de fábricas.

La noción de alternativa

En efecto, hasta mediados de la década del '70 el capitalismo había perdido parte de su control sobre ciertos países (estrategias de equilibrio entre los dos bloques en el seno del Movimiento de Países No Alineados) y sobre algunas empresas de países europeos (consecuencia de mayo de 1968 y los años subsiguientes). La ganancia y la productividad disminuían, los salarios subían y las ideas anticapitalistas se desarrollaban en todas las categorías sociales, en especial en la juventud. Entonces los medios patronales y conservadores se organizaron para retomar las riendas -tanto en el plano ideológico como práctico- de las empresas, los medios de comunicación, las instituciones internacionales, algunos partidos políticos y los aparatos del Estado.

Frente a la mundialización neoliberal nadie puede seguir creyendo en la "impotencia de lo político", y de nada sirve hacer votos, todos los días y sin mayor convicción, para que la política "retome el control de la economía". En realidad nunca lo perdió. El consenso de Washington es un proyecto político concienzuda y sistemáticamente implementado.

De la comprensión de la naturaleza exacta del fenómeno de mundialización dependerá la pertinencia de las alternativas que puedan oponérsele y las vías para lograrlo, es decir la construcción del movimiento altermundialista como proceso político y cultural de emancipación humana. Este movimiento no debe limitarse a provocar escozor a las instancias multilaterales, a los gobiernos y a los responsables políticos electos. Por cierto, el altermundialismo no sería inútil aunque se limitase al registro "compasivo", pero se vería privado de perspectiva histórica si siguiese adherido al presente. Al adoptar la consigna "Otro mundo es posible", expresó claramente su ambición: instaurar un nuevo orden social, económico, político y democrático mundial. Por lo tanto, el contenido de las alternativas -que aún no fueron profundizadas- es inseparable de los medios para darles cuerpo.

En ese contexto hay que precisar la noción de alternativa. Un examen superficial podría hacer creer que sólo retoma, aunque con otro nombre, lo que los partidos políticos denominan programa y los sindicatos reivindicación. En realidad es radicalmente distinta, en la medida en que las alternativas propuestas tienen un carácter sistémico: en efecto, son a la vez mundiales, antiliberales y globales. Únicamente la esfera altermundialista sitúa desde el principio su reflexión y acción a escala planetaria, como lo testimonian los foros sociales mundiales. Sólo ella se fija objetivos auténticamente antiliberales en busca de una coherencia capaz de oponerla a la ideología neoliberal. Por último, sólo ella intenta desarrollar un enfoque global, es decir un combate contra el neoliberalismo que va desde los comportamientos individuales a las políticas de las instancias multilaterales, pasando por las estrategias empresariales.

Al respecto podemos adelantar otro concepto: el de matriz sistémica de las alternativas, para identificar los lugares de poder que producen y reproducen la mundialización neoliberal, y que por lo tanto se convierten en blancos del movimiento. El objetivo es modificar las decisiones que se toman, eliminar poco a poco la lógica neoliberal para reemplazarla por alternativas formuladas por la esfera altermundialista. La mayoría de ellas, como por ejemplo la supresión de los paraísos fiscales, por lo general pueden implementarse en seis niveles pertinentes: internacional, continental, nacional, infranacional, individual y empresarial.

A veces el nivel internacional no está exento de ambigüedades. Así, afirmar que las decisiones más importantes se toman a nivel planetario dejando sólo migajas a los Estados y que esta situación es irreversible conduce a una trampa que debemos evitar. A escala mundial, los pueblos tienen una capacidad muy limitada de intervención: la democracia representativa, en especial el principio de "una persona, un voto" para las elecciones (en los escrutinios regionales franceses de marzo de 2004 se probó su eficacia) no se puede ejercer a esa escala.

El sistema resulta ideal para los poseedores, puesto que la transferencia de decisiones a un nivel fuera del alcance del pueblo permite establecer las bases para un dominio no compartido. Sin embargo, no es razón para dejar de presionar sobre las instancias multilaterales y de exigir a los gobiernos representados que ocupen posiciones políticas de apoyo a las alternativas del movimiento altermundialista. Si retomamos el ejemplo de los paraísos fiscales, la ONU, la Organización Mundial del Comercio (OMC), el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial (BM), la Organización de Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE), cada cual en su función, pueden actuar para eliminarlos.

El bilateralismo, es decir el conjunto de relaciones entre dos países, es una forma particular de lo internacional. Tiene mala prensa porque por principio se lo asimila a una relación necesariamente asimétrica entre dos países, en la que el más grande dominará al más pequeño. Entonces sería preferible el multilateralismo, sistema en el que cada país tendría un solo voto. Pero sabemos que tanto en la OMC como en el FMI o el BM todo eso es ilusorio. Una modernización del bilateralismo sobre bases altermundialistas constituye una perspectiva muy interesante, en la medida en que dos países puedan establecer relaciones mutuas y se emancipen, hasta cierto punto, de la tutela de los dogmas neoliberales.

En el nivel continental, la construcción europea cristaliza cualquiera de las cuestiones abordadas anteriormente con sus directivas de inspiración neoliberal que, una vez traspuestas al derecho nacional, se encastran en la legislación de los países involucrados. ¿Pero se trata de un fenómeno económico, tecnológico o financiero? Más bien de una elección política y sólo política. Y lo hecho por lo político, lo político puede deshacerlo, o hacerlo de manera diferente. ¿Será necesario crear las condiciones para reconsiderar la totalidad de los valores y objetivos de la Unión Europea (UE), por ejemplo mediante una nueva política de la "silla vacía", para refundar Europa? Si retomamos el caso de los paraísos fiscales, evidentemente la UE puede decidir declararlos fuera de la ley en su territorio.

El nivel nacional plantea un problema particular dado que, al convenirse que las principales decisiones se tomen a escala mundial, los Estados se encontrarían atados de pies y manos. Por lo tanto no serviría de nada que los habitantes de un país votasen candidatos a quienes confiar un mandato para conducir políticas alternativas. Si la mundialización neoliberal es un marco imposible de superar, entonces ya no estamos en democracia dado que, cualesquiera fuesen los elegidos, sólo podrán llevar a cabo políticas idénticas o con pocos matices.

Márgenes de maniobra

Sin embargo, hay que combatir tabúes tan arraigados. Tema por tema, pragmáticamente, es preciso identificar los reales márgenes de maniobra de los gobiernos que de verdad quieren liberarse del corset neoliberal. Con respecto a los paraísos fiscales, tanto el gobierno francés como todos los otros poseen los medios necesarios para tomar medidas, por ejemplo contra los bancos y empresas que los utilizan para concertar negocios públicos.

En el nivel infranacional (para Francia se trata de regiones, departamentos y comunas) las políticas neoliberales llevaron a organizar la competencia entre colectividades locales y a reducir sus medios. Muchos representantes electos se encerraron en lógicas de supervivencia local, permitiendo que la simple gestión administrativa de la colectividad se impusiese por sobre la profundización de la democracia. No obstante, esa reducción de su actividad comienza a ser cuestionada mediante el desarrollo de iniciativas propiamente políticas, como los presupuestos participativos o el compromiso de las colectividades de luchar contra el Acuerdo General sobre el Comercio de los Servicios (AGCS) o los Organismos Genéticamente Modificados (OGM). Las colectividades locales y sus funcionarios pueden intervenir política y eficazmente incluso sobre temas que no competen en forma directa a sus prerrogativas legales. Por ejemplo en el caso de los paraísos fiscales: los consejos regionales, generales y municipales pueden romper relaciones con los bancos que los utilizan e incitar a los ciudadanos a que hagan lo mismo.

En el nivel individual, ciertos componentes del movimiento altermundialista convocan a mujeres y hombres a ser coherentes con sus convicciones. Es así como se desarrollan muchas iniciativas en torno a las opciones de consumo, de utilización de software "libre" o incluso de ahorro. Sin embargo, para que no quede en una simple suma de individuos y se transforme en acción colectiva de masa, esta estrategia tiene que evitar algunos obstáculos. No puede presentarse aleccionando a los ciudadanos, y debe proceder a distinguir claramente entre culpabilización y responsabilización. Tampoco puede centrarse todo en los comportamientos individuales, desconociendo las estrategias globales de la mundialización neoliberal. Sin embargo, y siguiendo con el mismo ejemplo, el boicot organizado a los bancos que utilizan paraísos fiscales podría acelerar su desmantelamiento.

En el nivel empresarial, es probable que la primera en comprenderlo haya sido la Unión de Industrias Metalúrgicas y Mineras (UIMM), organización patronal francesa. En efecto, estima que "el movimiento de protesta contra la mundialización [...] parece encontrar un gran eco y provoca, fuera del mundo empresarial, formas de acción radicalmente nuevas pero que al final repercutirán sin ninguna duda sobre las empresas". La UIMM agrega que el movimiento altermundialista debe "ser tomado en serio. [...] Este movimiento se desenvuelve por afuera de las empresas, pero son ellas las que en el corto plazo sufrirán fatalmente las consecuencias, y no parecen estar preparadas para hacerles frente 1".

Al respecto, la creciente participación del movimiento sindical en los foros sociales y en la dinámica que suscitaron constituye un avance decisivo. El altermundialismo no puede pretender hacer tabla rasa del pasado y borrar cerca de dos siglos de luchas sindicales de las que tienen mucho que aprender. Recíprocamente, el movimiento obrero puede encontrar nuevas fuentes en el movimiento altermundialista. Así, siempre hablando de los paraísos fiscales, es un objetivo realista que los asalariados y sus sindicatos actúen contra su empresa si ésta opera con dichos paraísos.

La esfera altermundialista tiene que mantener un diálogo de trabajo con los responsables políticos electos. Primero, porque no todos son secuaces del neoliberalismo y muchos se sienten mayormente desamparados. Esperan ideas y propuestas concretas, aplicables aquí y ahora. En segundo lugar, en sentido inverso, porque la esfera altermundialista -exactamente como el movimiento obrero- tiene mucho que aprender de ellos, dado que disponen del conocimiento de mecanismos institucionales y dossiers que les permiten sumergirse en realidades a las que no todos tienen acceso. Pero si bien el diálogo e incluso la colaboración son necesarios, llegado el caso también puede serlo el conflicto. Retomando la fórmula de Raymond Aron: "Guerra imposible, paz improbable". 

  1. Actualité. Le mensuel de l'activité économique et sociale, París, septiembre de 2000.
Autor/es Jacques Nikonoff
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 59 - Mayo 2004
Páginas:29,30,31
Traducción Teresa Garufi
Temas Movimientos de Liberación, Mundialización (Economía), Neoliberalismo