Le Monde diplomatique ÍndicesBúsquedaEste cdAyuda  
Home

Israel paga el precio por su guerra de fronteras

La evacuación unilateral del sur del Líbano antes del 7 de julio plantea a Israel el dilema de renunciar a los ataques contra instalaciones y civiles libaneses o exponerse a las represalias de Hezbollah, que rechaza la intervención de una fuerza de paz de la ONU.

La intervención de los Estados árabes en la cuestión palestina no se explica solamente por la expresión de una solidaridad real con los palestinos, ni por la sola voluntad de adoptar una posición de vanguardia en la causa del nacionalismo árabe. Desde los años ´30 esos países se sintieron amenazados por las reivindicaciones territoriales sionistas sobre la Transjordania, el Golán y el sur del Líbano. Derrotados en la guerra de 1948-1949 a causa de su ostensible falta de preparación, durante las negociaciones de 1949 los gobiernos árabes se mostraron dispuestos a lograr un acuerdo fundado en el intercambio de tierra por paz: Israel debía renunciar a sus conquistas y volver al plan de reparto votado por las Naciones Unidas en noviembre de 1947. Pero la posición defendida por el gobierno de David Ben Gurion era "paz por paz". El futuro del programa de expansión sionista quedaba abierto.

La situación de ni guerra ni paz que siguió a los acuerdos de armisticio entre Israel y sus vecinos, firmados en Rhodas en 1949, se volvió rápidamente insostenible. Los arreglos habían sido concebidos como medidas temporarias de orden estrictamente militar y no creaban derechos pólíticos ni territoriales. Su prolongación forzada generó un conflicto de nuevo tipo: la guerra de fronteras.

En sus orígenes, esta guerra muestra dos componentes distintos. El primero, las acciones de los ejércitos regulares en torno a territorios cuyo estatuto no había sido definido por los acuerdos de armisticio; así es como, paradójicamente, las diferentes "zonas desmilitarizadas" se convierten en espacios de enfrentamientos entre militares israelíes y árabes. El segundo, la infiltración de refugiados palestinos que tratan de volver a sus hogares, recuperar sus bienes, o simplemente llegar desde la banda de Gaza hasta Cisjordania a través de las líneas de armisticio. El ejército israelí, encargado de mantener los hechos consumados generados en 1948-1949 y de impedir cualquier regreso de los refugiados, responde disparando indiscriminadamente o ejecutando a los infiltrados que captura. A partir de 1950-1951 esas infiltraciones se transforman en operaciones de comandos improvisados, los primeros fedayines que atacaban a la población civil israelí.

La frontera libanesa se mantiene por entonces tranquila y los únicos incidentes se deben a casos de contrabando. La frontera siria se torna en cambio particularmente candente, pero los combates sólo implican a los ejércitos regulares. En la frontera con Cisjordania, en cambio, se desarrollan tanto infiltraciones palestinas como choques frontales entre ejércitos regulares. Por último, en la banda de Gaza y a lo largo de la frontera egipcia, las actividades de los infiltrados predominan sobre las operaciones militares.

En esta guerra de fronteras, los Estados árabes no controlan las actividades de los primeros fedayines. Su influencia sobre la población es todavía demasiado débil, y más bien se ven obligados a dejar hacer, dado que les resulta política e ideológicamente dificil oponerse a las acciones de los comandos1. Sus intereses estatales se concentran en la defensa de las líneas de armisticio frente a las intrusiones israelíes2.

Del lado israelí encontramos una permanente ambigüedad: el rechazo árabe es interpretado como una negativa a aceptar la existencia del Estado judío y como una amenaza permanente sobre su seguridad y la de su población. Al mismo tiempo, el programa territorial sionista aún no está concluido y el gobierno israelí aprovecha la falta de claridad de los acuerdos de armisticio para imponer sobre el terreno hechos consumados.

Represalias y disuasión

Alrededor de 1952-1953, la guerra de fronteras se intensifica y el ejército israelí, que ocupaba posiciones demasiado estáticas, se halla en situación de inferioridad. Ben Gurion y sus subordinados, entre ellos Moshe Dayan (que en 1953 se convierte en jefe del Estado Mayor), establecen una nueva estrategia: dar prioridad a las tropas de choque, fundamentalmente a los comandos de paracaidistas, extremadamente móviles. En adelante, sus objetivos no serán tanto militares (ejércitos árabes o supuestas bases de fedayines) como civiles: se trata de asestar golpes muy duros a la infraestructura económica y de atacar a la población para forzar al Estado árabe a ocuparse de reprimir a los fedayines en lugar de los israelíes. Las palabras clave son: represalias y disuasión.

Los egipcios asimilan los resultados de esa estrategia. La mortífera incursión sobre Gaza, en febrero de 1955, hizo que el ejército egipcio tomara a su cargo a los fedayines y generó una intensificación de las operaciones sangrientas de los comandos palestinos, que llegan hasta las puertas de Tel Aviv. Al mismo tiempo, las represalias israelíes son el motor del rearme egipcio: en septiembre de 1955 Gamal Abdel Nasser anuncia la compra de armas checoslovacas, lo que marca la entrada en la escena de Medio-Oriente de la Unión Soviética y de sus aliados.

Serán necesarias la guerra de Suez de 1956 y la invasión israelí para que se instale la disuasión buscada: a partir de 1957 una fuerza de las Naciones Unidas se despliega a lo largo de la frontera. Luego de la guerra de junio de 1967 y de la conquista del Sinaí, la nueva línea de alto el fuego, sobre el canal de Suez, es escenario de una agotadora guerra de desgaste (hasta agosto de 1970). La "sorpresa" de la guerra de octubre de 1973, en la que el ejército egipcio pasó el canal, muestra la imposibilidad de mantener la frontera en esa línea.

En Cisjordania, en los años ´50 y a comienzos de los ´60, el ejército jordano se encuentra atrapado entre las fuerzas israelíes y las operaciones de comandos, en un contexto en el cual la ola revolucionaria árabe alcanza al frágil reino del joven rey Hussein. Cada vez que el régimen monárquico cobra fuerza logra detener las operaciones de los fedayines, pero al precio de un cuestionamiento de su legitimidad nacional árabe, así como de la adhesión de los palestinos a la monarquía. Cada vez que el control del Estado disminuye, al modificarse la relación de fuerzas internas con los elementos nacionalistas revolucionarios, los fedayines incrementan sus operaciones. Los resultados de las acciones israelíes son ambivalentes: a partir de un cierto nivel, la monarquía se halla en la imposibilidad política de oponerse a la voluntad de venganza de la población. Luego de junio de 1967, el mismo fenómeno se reproduce en el espacio transjordano. Hay que esperar hasta septiembre de 1970 (el "septiembre negro"), la dura derrota de los fedayines y su posterior expulsión definitiva en 1971, para que la frontera con Israel vuelva en conjunto a la tranquilidad.

En Siria el problema no es con los fedayines sino con fuerzas regulares y hasta 1967 se producen cíclicos enfrentamientos, fundamentalmente por el control de las zonas desmilitarizadas que, de hecho, se distribuyen entre los dos países3. Luego de la ocupación israelí del Golán, en junio de 1967, los choques se vuelven más esporádicos4 y el espacio fronterizo recobrará una calma total luego del acuerdo de 1974, negociado bajo la égida estadounidense y escrupulosamente respetado desde entonces por Damasco.

En tres de sus fronteras -con Siria, Egipto y Jordania- el gobierno israelí logró lo que buscaba: hacer de los respectivos Estados árabes los garantes de su seguridad, obligándolos a impedir las acciones de los comandos. El precio que debieron pagar los pueblos involucrados es igualmente alto. En nombre de la razón de Estado, se impusieron por doquier regímenes militarizados, estrechamente dependientes de los servicios de espionaje, junto a gobiernos dictatoriales que, por su propia seguridad, buscaban alcanzar una paridad militar con Israel al precio de una agotadora carrera armamentista. La estrategia de la disuasión por medio de represalias contra los objetivos civiles llevó también a que se instalaran en las fronteras israelíes -a riesgo de su propia seguridad- fuerzas armadas árabes regulares. La sorpresa militar de octubre de 1973 traumatizó profundamente al Estado de Israel. De allí su estrategia para obtener la creación de zonas desmilitarizadas -o con escasa presencia militar árabe- a lo largo de sus fronteras. Ese objetivo fue alcanzado en 1978 con Egipto, como consecuencia de los acuerdos de Camp David. La frontera con Jordania tiene a su favor la presencia de obstáculos naturales en buena parte de su extensión, a la vez que el tratado de paz de octubre de 1994 prevé una cooperación permanente en materia de seguridad. Para completar esos logros, Israel debe alcanzar acuerdos de seguridad con Damasco: uno de los temas centrales de las negociaciones en curso.

El Líbano, que hasta 1968 prácticamente no se vio afectado por la guerra de fronteras, pudo conservar un régimen liberal y una sociedad abierta gracias a su escasa militarización. Por supuesto, no hay que olvidar la tentativa del presidente Fuad Chehab (1958-1964) de reforzar el Estado y el ejército luego de la guerra civil de 1958. Pero las elites políticas tradicionales se opusieron. Fue luego de la derrota árabe de junio de 1967 que el Líbano se vio arrastrado al conflicto: la resistencia palestina, en momentos en que su prestigio está en su apogeo, se instala en el Sur del país, donde se constituye con objetivos propios un Movimiento Nacional Libanés, aliado esencial de los palestinos.

Israel reaccionó en base a sus dos principios: represalia y disuasión. Pero, en lugar de conseguir controlar a los fedayines (los intentos del ejército libanés en tal sentido son infructuosos) Israel paga el precio de la formación de un Estado libanés fuerte, provoca la caída de ese Estado en la violencia confesional, transformada en guerra civil en 1975. La hora de la verdad llega en 1976: el ejército sirio interviene contra los palestinos y sus aliados del Movimiento Nacional, y amenaza con instalarse en el sur del Líbano, modificando así la situación estratégica y las relaciones de fuerza. Al fijar "líneas rojas" a las tropas de Damasco y al prohibirle el acceso al sur del Líbano, el Estado hebreo salva de la destrucción… a la OLP (Organización para la Liberación de Palestina). Permite así la ulterior reanudación de la guerra civil, e impide la formación de un Estado sirio-libanés fuerte. Esa opción decisiva significa la continuación de la guerra de las fronteras.

Carta de triunfo para Siria

A partir de allí, el precio a pagar por Israel se va a volver cada vez más alto: intervención militar hasta el río Litani en marzo de 1978, seguida de la instauración de una zona de seguridad que no soluciona nada; guerra del Líbano en 1982, que concluirá en la considerable extensión de la zona de guerrilla y luego con una retirada humillante del ejército israelí, jalonada de masacres confesionales. La permanente intromisión de los israelíes en el Líbano provoca la marginalización de los palestinos y la creciente participación de la comunidad chiíta en la resistencia armada. Mientras que Israel no logra hacerse reconocer como actor legítimo en el escenario libanés, Siria acumula los éxitos.

Luego de los acuerdos de Taïf de 1989 y de la reconstrucción del Estado libanés bajo tutela siria, Israel se ve confrontado a un nuevo dilema: dejar que el Líbano restablezca su soberanía sobre la región Sur -lo que significaba la aceptación, sin contrapartida, de la victoria siria - o mantener las líneas rojas impuestas a los ejércitos sirio y libanés. Al elegir la segunda opción, Israel permite la persistencia de Hezbollah como única milicia libanesa combatiente. La guerra de las fronteras continúa. Además, como ya lo había hecho la OLP en 1981-1982, Hezbollah se permite copiarle a los israelíes la fórmula "represalia-disuasión". Al infligir a los israelíes pérdidas civiles cada vez que éstos atacan a los civiles libaneses, Hezbollah fuerza al ejército de Israel a una lucha puramente militar, en la cual las tropas de ocupación llevan siempre las de perder ante una guerrilla5. Los sucesivos gobiernos israelíes han intentado salir de esa situación tratando de aterrorizar a la población civil libanesa por medio de operaciones militares de grandes dimensiones ("Ajuste de cuentas" en 1993, "Viñas de ira" en 1996), pero sólo obtuvieron el resultado inverso: el acuerdo de la primavera de 1996 legitima la resistencia de Hezbollah contra las fuerzas de ocupación.

El gobierno de Ehud Barak anunció su intención de evacuar el sur del Líbano, aun sin que exista un acuerdo, antes de julio de 2000. Sin embargo, siguen pendientes algunas cuestiones. ¿Estarán las fuerzas israelíes menos expuestas a las acciones del Hezbollah una vez de regreso a las fronteras internacionales? Y si así fuera ¿tendrán lugar operaciones aún más devastadoras contra las instalaciones y la población civil del Líbano? A falta de un acuerdo, ¿mantendrá Israel las "líneas rojas" que impiden a los ejércitos libanés y sirio tomar posiciones cerca de la frontera internacional? En ese caso, ¿no estaría adoptando el Estado hebreo una posición contradictoria, al exigir a la vez el desarme del Hezbollah y la desmilitarización del sur del Líbano? De todas formas, y aun en caso de evacuación, el sur del Líbano continuará pesando en las negociaciones israelo-sirias y en los acuerdos de seguridad. Seguirá siendo una importante carta de triunfo para Damasco, que tiene pocas.

  1. Es característico que del lado egipcio los fedayines se encuentren entonces estrechamente vinculados con los Hermanos Musulmanes, fuerza política más bien en disidencia respecto del poder central.
  2. Al leer los informes de los observadores de la ONU de los años ´50, sorprende el gran número de casos en que los israelíes son considerados responsables de los incidentes, generalmente en un contexto propiamente territorial.
  3. Los mapas de la evolución de las fronteras y de las zonas desmilitarizadas pueden consultarse en Le Monde diplomatique, París, febrero de 2000.
  4. Los sirios participan poco en la guerra de desgaste llevada a cabo por el Egipto de Nasser.
  5. Walid Charara y Marina Da Silva, "Obstinada resistencia en el sur del Líbano", Le Monde diplomatique, Ed. Cono Sur, noviembre de 1999.
Autor/es Henry Laurens
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 11 - Mayo 2000
Páginas:20, 21
Traducción Carlos Alberto Zito
Temas Conflictos Armados, Movimientos de Liberación, Terrorismo, Estado (Política), Geopolítica, Políticas Locales
Países Egipto, Francia, Cisjordania (ver Autoridades Palestinas), Gaza (ver Autonomías Palestinas), Israel, Jordania, Líbano, Palestina, Siria