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Unión de izquierdas en Alemania

Con vistas a las elecciones regionales de 2004 en Alemania se está barajando una posible coalición entre el Partido de la Democracia Socialista y el Partido Social Demócrata, muy resistida por quienes, entre los comunistas, quieren mantener un perfil revolucionario. La alianza, alentada por el canciller Gerhard Schröder, revertiría una fractura dentro de la izquierda alemana que a partir del asesinato de Rosa Luxemburgo -y a lo largo de toda la guerra fría- no hizo más que acentuarse.

Un flamante puente de rutilantes ladrillos rojos y magníficas torrecillas puntiagudas une en lo sucesivo Friedrischain, una comuna popular del ex Berlín oriental, con Kreutzberg, cuna de la sublevación en Berlín occidental. Antaño separados por el muro y el Río Spree, los dos barrios fueron reunificados por la reforma que redujo las comunas de la capital alemana de veintitrés a doce. A partir del 1º de enero de 2001, el primer magistrado de la circunscripción unificada será la señora Barbel Grygier, electa por el Partido de la Democracia Socialista (PDS), sucesor del Partido Socialista Unificado (SED), que gobernaba a la ex República Democrática Alemana. Grygier debe su elección a los sufragios de los consejeros del Partido Social Demócrata (SPD).

Esta nueva coalición constituye "un test para el futuro", destaca el jefe de la bancada parlamentaria del PDS del Land de Berlín, Harald Wolf. En la perspectiva de las próximas elecciones regionales de 2004, una alianza entre el SPD y el PDS bien podría reemplazar a la "gran coalición" de los demócratas cristianos y de los socialdemócratas que gobierna a Berlín desde la reunificación y cuya responsabilidad recae sobre el SPD.

Desde el pasado verano, hasta se alude a Gregor Gysi como futuro alcalde de la capital alemana. Dirigente carismático, el jefe del grupo parlamentario del PDS en el Bundestag lideró conjuntamente con Lothar Bisky, presidente del partido, la metamorfosis del SED-PDS. Gysi es conocido por su humor y su combatividad, que lo convierten en un orador reputado en el Bundestag. "Es un rumor, una advertencia de los medios masivos berlineses de comunicación al SPD, que es incapaz de presentar un candidato creíble", especifica Harald Wolf. "No estamos en condiciones de imponer un alcalde."

En Berlín, en las últimas elecciones regionales de octubre de 1999, el SPD (22,4%) superó al PDS (17,7%), mientras la Unión Cristiano-Demócrata (CDU) lograba un 40,8% y los Verdes un 9,9%. Pero el SPD seguía en picada: en 1989, había logrado un 41,7% en Berlín occidental. Por el contrario, el PDS progresó: en Berlín oriental, pasó del 24,2% de los sufragios en 1990 a 40% en 1999 y hasta logró afirmarse por primera vez en el oeste de la ciudad, con el 4% de los votos, entre ellos un 8% en Kreutzberg. "La diferencia entre los dos partidos podría desaparecer", observa Harald Wolf. "Después de todo bastaría con que el PDS gane dos puntos más y el SPD pierda otros tantos".

Para el SPD, sacudido en Berlín por una incesante guerra de clanes en la que sus electores sólo atinan a hacer el recuento de golpes, una alianza con el PDS implica un riesgo. Porque ambos partidos codician el mismo electorado. Todas las corrientes del SPD berlinés parecen sin embargo convencidas de que sería más sensato aliarse con el PDS que persistir en un mano a mano fatal con la CDU.

Una municipalidad "roja" en Berlín le proporcionaría un trampolín al PDS, siempre prisionero de su condición de partido regional: reúne en promedio entre 1 y 2% de los electores en el Oeste de Alemania, contra 20 a 40% en el Este, y 85.000 de sus 90.000 adherentes residen en la ex República Democrática Alemana (RDA). De modo que difícilmente se reproduzca su incipiente arraigo en el oeste de la capital.

"Relación neurótica"

El electorado berlinés que responde al partido de Gregor Gysi reúne a todos los antiguos seguidores del SED, pequeños empresarios, electores de los sectores populares, los defraudados por el SPD y los Verdes, además de jóvenes rebeldes o reacios al sistema de los cuatro partidos establecidos, típico de la antigua República de Bonn. Harald Wolf acota que "es un fenómeno cultural, en una ciudad aún impregnada de historia obrera, donde la concentración anual en memoria de Rosa Luxemburgo y de Karl Liebknecht, en otros tiempos una ceremonia oficial del SED, sigue reuniendo a más de cien mil personas".

A nivel federal, el canciller Gerard Schröder rompió el tabú, el verano pasado, al integrar el PDS en las negociaciones que asocian a los partidos representados en el Bundestag a los proyectos de reformas del gobierno. A cambio, el 14 de julio pasado se vio beneficiado, en el Bundesrat ( la cámara de los Länder) con el voto de los representantes del PDS, que gobiernan el Land de Mecklemburg Pomerania, conjuntamente con el SPD. Un apoyo indispensable para hacer aprobar su proyecto de reforma impositiva. Desde entonces, el PDS también fue incorporado a las negociaciones sobre la reforma del sistema jubilatorio propuestas por el ministro de Trabajo, Walter Riester.

Por último, el 5 de octubre pasado el canciller recibió a Bisky, quien al término de la entrevista declaró: "Se rompió el silencio antinatural que mantenían ambos partidos". Un viraje en la historia de la izquierda alemana, severamente condenado por los demócrata cristianos y los liberales y criticado por Verdes, preocupados por la competencia del PDS.

En efecto, desde hace décadas prevalece entre los dos partidos, según la expresión de Klaus Wowereit, jefe del grupo parlamentario del SPD berlinés, una "relación neurótica", que hunde sus raíces en la historia. Se remonta a la represión de la revolución espartaquista y al asesinato de Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht, el 15 de enero de 1919, a manos de la soldadesca de un gobierno compuesto esencialmente por ministros social-demócratas. La fractura se acentuó en el período entre las dos guerras mundiales, cuando el permanente enfrentamiento entre el SPD y el Partido Comunista Alemán (KPD) paralizó a la izquierda, abriéndole paso a la toma del poder por los nazis. El abismo se profundizó aún más como consecuencia de la guerra fría y la división de Alemania.

Harald Wolf resume la situación: "El viraje actual nos brinda al menos la posibilidad de instaurar una relación de confrontación cooperativa entre los dos partidos de la izquierda, por primera vez desde la república de Weimar". Y subraya "la importancia que reviste el proceso en curso", aun cuando, tal como lo señala el periódico berlinés Der Tagesspiegel1, "la reaparición del fantasma del socialismo ya no espanta nadie".

A decir verdad, el canciller pretende antes que nada reafirmar su poder. Esboza una nueva alianza en vista de las próximas elecciones federales y se asegura una potencial mayoría en el Bundesrat. Su apertura hacia el PDS responde asimismo a las amenazas de la extrema derecha2. El dirigente socialdemócrata está decidido a hacer prohibir el Partido Nacional Demócrata alemán (PND), refugio de los activistas neonazis, al tiempo que rechaza la equivalencia entre la extrema izquierda y la extrema derecha, tan cara a los partidos conservadores. Es así como el pasado 9 de noviembre, 200.000 personas, convocadas por todos los partidos representados en el Bundestag, incluido el PDS, manifestaron en Berlín contra el racismo.

Schröder se propone por último estabilizar las alianzas de su propio partido en la ex RDA, aislando a la CDU. El PDS participa en el gobierno del ministro presidente social-demócrata Harald Rinstorff en Mecklemburg-Pomerania. En Sajonia-Anhalt, le garantiza al gobierno del ministro y presidente del partido social-demócrata Reinhard Höpner una mayoría en el Parlamento regional. Esta política de "tolerancia" debiera dar lugar en las próximas elecciones a una coalición clásica, con la participación de ministros del PDS.

En Sajonia y en Thuringe, dos Länder gobernados por la democracia cristiana, la alianza con el PDS podría favorecer el acceso del SPD al poder regional. Le proporcionaría por fin a Berlín una alternativa, pero también en el Brandeburg, donde participa sin mayor entusiasmo de los dos gobiernos regionales de "gran coalición". En cuanto al PDS, el acercamiento al SPD bien podría otorgarle un rol de actor reconocido dentro de un proceso de reunificación nunca acabado, políticamente rentable.

En cambio, a escala de la República Federal la actual apertura del SPD sigue siendo sumamente limitada. Franz Müntefering, secretario general del SPD, Peter Trück, jefe de la bancada parlamentaria socialdemócrata del Bundestag, o Wolfgang Clement, ministro presidente del Land de Renania Westfalia, tres "elefantes" de los bastiones occidentales del partido, repiten a quien quiera oírlos que "no existe fundamento alguno para una coalición PDS-SPD a nivel federal".

Las reticencias de la izquierda

En su despacho del edificio Karl Liebknecht, a dos pasos de la plaza Rosa Luxemburgo, Petra Pau lo ratifica: "No existe casi ninguna posibilidad de que el SPD y nuestro partido se alíen con vistas a las próximas elecciones federales, en 2002. Pero si surge, habrá que aprovecharla".

El PDS se muestra satisfecho por el cambio de actitud del SPD, pero se encuentra en plena evolución, dividido entre una dirección que pretende transformarlo en un partido socialista de izquierda apto para gobernar, y un ala que quiere conservar un perfil revolucionario.

Roland Claus, nuevo jefe de la bancada parlamentaria del PDS en el Bundestag, afirmaba en el congreso del partido reunido en Cottbus el pasado octubre: "No veo ninguna posibilidad de imponer cambios sociales y democráticos en Alemania sin o contra la socialdemocracia y los sindicatos que ella domina". ¿Pero puede el PDS asumir un mano a mano con el partido del canciller y poner su impronta en la política del gobierno? Porque, tal como lo destaca Petra Pau, "quien pierde su identidad pierde a su electorado. Desde ese punto de vista, la experiencia de los Verdes resulta instructiva". Y agrega: "A partir de la reunificación, atravesamos una etapa de supervivencia y luego una etapa de consolidación, en 1944 y 1995. Fortalecidos por nuestros éxitos electorales, empezamos entonces a concebirnos a nosotros mismos en tanto partido socialista, el partido de la justicia que se esfuerza por responder a los problemas reales de la sociedad, a nivel de toda Alemania".

En el congreso de Cottbus, la dirección del partido luchó con éxito para conseguir la adhesión de los militantes a su política de reforma y de alianza con el SPD. Gysi y Bisky, quienes renunciaron a sus puestos respectivos de jefe de bancada parlamentaria y de presidente del partido, Gabi Zimmer, nueva presidenta del PDS y Roland Claus, abogaron al unísono en ese sentido.

Esta lógica no impide que el PDS rechace la actual política del gobierno SPD-Verde: a la salida de lo nuclear que "garantiza a las centrales una duración legal de funcionamiento de treinta años"; a la reforma impositiva, que "favorece a los de mayores ingresos", así como al proyecto de reforma del sistema jubilatorio, basado en una reducción de las jubilaciones mediante el reparto en provecho de un sistema privado. Asimismo, el partido luchó contra la nueva política de intervención militar, especialmente en Kosovo.

Todas estas reivindicaciones unen al PDS con el ala izquierda del SPD y una cantidad de sindicalistas, hasta el punto de que Peter Gloz, antiguo diputado y estratega del SPD, evocaba el nacimiento de una "tercera izquierda", un movimiento socialista, ecologista y popular, reunido en torno a Gregor Gysi y Oskar Lafontaine. "Nunca hay que decir nunca, pero los tiempos no están maduros para una mutación así de la izquierda, que recordaría la escisión de la SPD y la creación de la USPD (espartaquista), en enero de 1917, contra la política de guerra de la socialdemocracia", advirtió3.

En el seno del PDS la oposición contra la alianza con el SPD se sustenta en la "plataforma comunista", cuya vocera, Sahra Wagenknecht, electa para dirigir el partido en el congreso de Cottbus con el 61,6% de los votos, explica: "Si queremos aliarnos con el SPD, tendremos que sacrificar nuestro perfil político, no podremos entendernos con él en cuanto a la política social. Ni hablar de medidas anticapitalistas". Y propone en cambio que su partido desarrolle "iniciativas extraparlamentarias que permitan ganarse la confianza de los sindicalistas que critican a menudo con virulencia la política de Gerhard Schröder"4.

En el seno del PDS, el equilibrio sigue siendo frágil. En el congreso precedente, en Münster, en abril de 2000, la dirección del partido había sufrido una derrota inapelable: los delegados rechazaron, por 219 votos contra 126, una resolución a favor del apoyo, caso por caso, a las intervenciones militares garantizadas por la ONU. Este pacifismo absoluto parece por supuesto incompatible con el perfil de un partido que aspira a gobernar junto al SPD. El grupo parlamentario del PDS se dividió de hecho algunos meses más tarde, en el Bundestag, a propósito del problema de la intervención militar en el Timor Oriental.

¿Cuál de las dos líneas, la de Münster o la de Cottbus, prevalecerá de modo duradero en el seno del PDS? La respuesta a esta pregunta condiciona en gran medida la constitución de una "unión de la izquierda" a la alemana, que transformaría el paisaje político de la República Federal.

  1. Der Tagesspiegel, Berlín, 12-9-00.
  2. C. Semler y B. Patzöld, "La extrema derecha enAlemania", Le Monde diplomatique Edición Cono Sur,8-2000.
  3. Die Woche, Berlín, 2-6-2000.
  4. Entrevista en Junge Welt, Berlín,11-10-2000.
Autor/es Michel Verrier
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 18 - Diciembre 2000
Páginas:12, 13
Traducción Dominique Guthmann
Temas Historia, Políticas Locales, Socialdemocracia
Países Timor Oriental, Alemania (ex RDA y RFA), Luxemburgo