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Los granos a los barcos… ¿y los chacareros, adónde?

La actual situación del campo argentino, especialmente la de los pequeños y medianos productores no escapa al darwinismo económico ya generalizado en los otros rubros de la economía nacional, donde la absorción y desaparición de las PYMES por parte de grandes establecimientos o grupos económicos está impactando fuertemente sobre la estructura socioeconómica.

"No sigas las huellas de los antiguos, busca lo que ellos buscaron". 

Matsuo Bashoo 

Los productores agropecuarios, castigados y al borde de la bancarrota, ¿deben seguir indefectiblemente el camino propuesto por un modelo oportunista y externo que no les ofrece alternativas -y que tampoco los cuenta como empresarios independientes, sino como un eslabón más de una propia cadena comercial- o bien pueden optar por sendas, quizás más complejas en sus inicios, pero sustentables en el tiempo?

La producción agropecuaria argentina ha presentado en la última década un desarrollo tecnológico que le ha permitido posicionarse como un eficiente país proveedor de materias primas. Los años ´90 ha sido un periodo de transformación profundo que, aunque marcado por un fuerte aumento de la productividad y la producción, ha separado aguas entre ganadores y perdedores dentro del modelo neoliberal imperante. Una movilidad tecnológica profunda que permitió y necesitó de la expansión de la escala productiva para mantenerse competitiva en un mercado mundial que no premia la producción de materias primas, sino que marca una constante tendencia a la baja (en los últimos 50 años, el valor del trigo se redujo en promedio un 62% y el del maíz, casi un 68%). Este cambio en la escala de producción no ha tenido un efecto neutro (ver cuadros), sino que ha impactado directamente sobre los productores agropecuarios pequeños y medianos, que siguen desapareciendo y cuyos campos pasan a engrosar la escala de los grandes establecimientos. Obligados a liquidarlos, a aceptar trabajos cada vez más pauperizados o lisamente a emigrar, se ven forzados a sumarse a la creciente masa de indigentes -¡que no cesa de aumentar!- en un país que desborda de alimentos.

"La capacidad tecnológica, la riqueza mundial, los contactos internacionales, son ahora mayores que nunca, y sin embargo, la distribución de esas mejoras ha sido extraordinariamente desigual: el ingreso promedio en los veinte países más ricos es 37 veces mayor que el de las 20 naciones más pobres, hecho que se duplicó en los últimos 40 años"1. Desigualdad que se manifiesta también en Argentina: El 10 % más rico de la población recibió el 41,7 % del ingreso, el 60 % percibió el 51,1 % y el 30 % más pobre, apenas el 7,3 %. "Frente a estos datos, no parece una curiosidad histórica preguntarse por qué los padres del liberalismo político y económico creían que el mercado no resolvía las desigualdades, por qué John S. Mill, Alfred Marshall y Arthur C. Pigou pensaban que, si hay desigualdades de distribución de la propiedad y el ingreso, el mercado tenderá a reproducirlas o a empeorarlas"2.

Más de la mitad del mundo vive en la actualidad con menos de dos dólares por día, es decir por debajo de la línea de pobreza y unos 1.600 millones de personas están ya en condiciones de extrema pobreza. En América Latina y el Caribe, aproximadamente uno de cada tres individuos está viviendo en estas condiciones. Algunos hoy día siguen argumentando que el desarrollo -quizás mejor dicho, el "crecimiento" económico- es bueno para la pobreza. Pero el crecimiento, no distribuye. "Es muy difícil aceptar la conclusión de que el crecimiento económico es un argumento convincente para la reducción de la pobreza. El desarrollo, dirigido solamente por el mercado, se ha transformado visiblemente en insustentable, con un incremento irreversible de las condiciones de vida de los más pobres, quienes permanecen en un estado de "subdesarrollo sustentable"3.

En el campo, los efectos socioeconómicos y ambientales, tienen menos impacto mediático que en los centros urbanos, pero el proceso es lento, sistemático e irreversible. El llamado ajuste estructural y las políticas neoliberales, han tenido una diversidad de efectos directos en el medio rural. Entre las cuestiones socioeconómicas y ambientales que impactan directamente tenemos la contracción y segmentación del mercado, el incremento de la pauperización y la consiguiente pérdida de calidad de vida, la degradación de suelos, la expansión de la frontera agrícola, la homogeneización de los cultivos y el desmantelamiento de la producción destinada al mercado interno, el reordenamiento territorial, la pérdida del empleo rural, las migraciones internas y la concentración de bienes y riqueza.

Frente a esta presión sobre los recursos y la gente, y la apropiación cada vez más fuerte de beneficios, siguen vigentes las preguntas que Gutman se planteaba a principios de los noventa: "¿Cuál es la racionalidad y las consecuencias de un desarrollo ahorrativo de los elementos que son más abundantes, la tierra y el trabajo? ¿Cómo se distribuyen los beneficios del crecimiento de la producción y la productividad? ¿Los efectos ambientales de la tecnificación y la intensificación se concentran en algunos espacios o en algunos sectores sociales y con qué consecuencias para el ambiente natural y social?"4. Estas preguntas se suman a las de Morello en la actualidad: "¿Puede implementarse una estrategia sostenible en un agro dominado por el dinamismo mercantilista? ¿Tendrán una ética transgeneracional quienes no están seguros de poder transferir a sus hijos la propia tierra? ¿Aceptarán un manejo ecológico las grandes empresas de alta movilidad de capitales que invierten circunstancialmente en el campo? Nuestro pasado reciente indica que estamos avanzando por otro camino"5.

La senda actual ha permitido desarrollar un exitoso modelo agroexportador de materias con escaso o nulo valor agregado, sin un proceso industrial que favorezca la producción y trabajo nacional, beneficiando a un sector cada vez más pequeño de la cadena productiva, de la cual el chacarero -entiéndase el pequeño y mediano productor, el campesino- es por supuesto el eslabón más débil.

Más producción, más desempleo

Analizando con un prisma más amplio, en América Latina los guarismos indican que los campesinos conforman el 80% del total de productores rurales, producen el 51% de la cosecha de maíz y en siete países (Brasil, Chile, Colombia, El Salvador, Guatemala, México y Paraguay), son los responsables principales de la seguridad alimentaria. En Argentina, las PYMES agropecuarias representan aún el 49% de la superficie en explotación y que sigan así o desaparezcan dependerá no sólo de sus propias capacidades, sino de políticas de Estado que permitan el desarrollo de un modelo alternativo que las incluya. En un país que desde la década pasada no puede volver a tasas de desempleo de un dígito (7,1% en 1989, 15,4% en el 2000), es imprescindible ayudar a sostener el trabajo y los recursos que generan riqueza allí donde los hay y el caso de los chacareros es paradigmático. Muchos países de América Latina tienen mercados domésticos importantes y en crecimiento que funcionan perfectamente sin incursionar en el modelo de la globalización -en México casi un 40% del PBI es aportado por este tipo de producciones6- y para el mercado interno argentino funcionar en parte en este sentido podría ser una alternativa viable para la supervivencia. En Argentina, los modelos de autoproducción de alimentos diseñados para familias en condiciones de riesgo en las áreas periurbanas y rurales -como el exitoso PROHUERTA impulsado desde hace años por el INTA, que llega a más de 3.000.000 de argentinos- podrían ser otra alternativa productiva, a la cual se podría agregar una salida de venta o intercambio de excedentes en el mercado local. El país también cuenta con Mercados Sociales7 que favorecen el flujo de bienes, recursos y trabajo sin intercambio monetario y reconstruyen el tejido socioeconómico deteriorado. El cooperativismo y el asociativismo de los productores deberían ser fortalecidos, si se pretendiera ingresar a un modelo de economía más humano. "El crédito solidario será también otro medio para mantener el trabajo independiente en una escala reducida… siendo que la producción familiar puede alcanzar perfectamente dimensión masiva"8.

Pero estos y otros recursos disponibles, socialmente apropiables y que favorecen una verdadera "multifuncionalidad de la agricultura", necesitan de un Estado fuerte con una cartera agrícola responsable en cuanto al desarrollo verdaderamente sustentable de la base de recursos -naturales y humanos- y no ocupada tan sólo en el incremento de la producción. Lamentablemente, con lo escasamente logrado -sólo un 0,74% del presupuesto 2001- seguramente sus funciones estarán aún más restringidas, pasando a ser una mera área de gestión de la producción. "El hambre está relacionada no sólo con la producción de alimentos y la expansión de la agricultura, sino también con el funcionamiento de toda la economía e -incluso en términos más generales- con el funcionamiento de las instituciones políticas y sociales que pueden influir directa o indirectamente en la capacidad de los individuos para adquirir alimentos y para gozar de salud y alimentarse"9.

Este año, probablemente Argentina alcance su segundo récord histórico en la producción granaria: 64 millones de toneladas en cereales y oleaginosas, y la futura siembra y cosecha de soja más grande de la historia, 23 millones de toneladas y casi 10 millones de hectáreas sembradas. También, según los últimos guarismos, superará la cifra de desempleo -urbano y rural- junto con la cantidad de nuevos pobres estructurales: 2.000.000 de argentinos que viven con menos de 1 peso por día, de los cuales 720.000 son niños.

La equidad y el desarrollo sustentable son las claras asignaturas pendientes del modelo de libre mercado "a la argentina" que se impone desde hace más de una década y que ya claramente golpea con dureza a los productores que viven de sus recursos y trabajo.

  1. N. Lustig et al. Informe Lucha contra la pobreza, Banco Mundial, Washington, septiembre 2000.
  2. D. Aspiazu et al. El desarrollo ausente, Flacso, Editorial Tesis Norma, 1994.
  3. C. Cavalcanti, Poverty and the environment: some lessons from the brazilian experience-A political ecological economist"s perspective, ISEE, Canberra, 2000.
  4. P. Gutman, Desarrollo rural y medio ambiente en América Latina, Centro Editor de América Latina, Buenos Aires,1998.
  5. P. Morello, "Cambios, indeterminaciones y agricultura sustentable en la llanura chaco-pampeana", en Argentina, granero del mundo, Buenos Aires, 1997.
  6. David Barkin, comunicaciónpersonal.
  7. C. Lowy, "Los mercados sociales: una posibilidad de integración social, cultural y económica", Realidad económica, Nº 174, Buenos Aires, 2000.
  8. M. Yunus, Hacia un mundo sin pobreza, Ed. Andrés Bello, Barcelona, enero 2000.
  9. Amartya Sen, Desarrollo y libertad, Planeta, Buenos Aires, 2000.
Autor/es Walter Alberto Pengue
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 18 - Diciembre 2000
Páginas:6, 7
Temas Agricultura, Deuda Externa, Neoliberalismo, Políticas Locales
Países México, Argentina, Brasil, Guatemala, Chile, Colombia, Paraguay, Islas Marshall