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En busca del modelo perdido

El mismo día que fallecía en España el poeta republicano Rafael Alberti, en una vieja biblioteca de un barrio de Buenos Aires era hallada una botella, depositada bajo los cimientos en 1939, con un mensaje "de buen humor y esperanza para los vecinos de fin de siglo". Ese año acababa la guerra civil española y Alberti iniciaba un exilio que lo llevaría a vivir más de dos décadas en Argentina. El autor de Marinero en Tierra se habría emocionado, quizá escrito un postrer poema al civismo, de haber alcanzado a saber que el día de su muerte era destapada una botella arrojada el año más triste de su vida a la barrosa fundación de una biblioteca por unos mediterráneos navegantes del futuro.

Desde el código de Hamurabi, así han construido su grandeza las grandes civilizaciones o realizado sus gestas algunos pueblos. A veces una epopeya, como los peregrinos del Mayflower, Bolívar y San Martín; o una revuelta de la razón moral y política, como los revolucionarios franceses de 1789. Normalmente, múltiples pequeños esfuerzos cotidianos, como fundar una biblioteca. Pero siempre una apuesta generosa y una visión de futuro, un ambicioso objetivo común, una idea de sociedad, un modelo.

Refiriéndose a los modelos planetarios actuales, un analista1 ha distinguido tres principales: el estadounidense (libertad, individuo, lucha por la vida); el europeo (sociedad, Estado, compasión) y el japonés (tradición, corporación, trabajo). ¿En cual de estos se inscribe el de los países latinoamericanos? O mejor: ¿tienen modelo estos países -y de un modo más general, todos los países no desarrollados- o van a tientas? ¿deben inscribirse en algún modelo o generar el propio? ¿cómo podrían hacerlo?

Todo esto viene a cuento por las especulaciones sobre las posibilidades de América Latina ante la Ronda del Milenio de la Organización Mundial de Comercio (ver págs. 1 y 4 a 9), como si realmente se tratara de un cónclave democrático en el que cada cual tuviese posibilidades de hacer valer sus derechos, o al menos se escuchasen sus necesidades. Una serie de países, entre ellos varios latinoamericanos, reunidos en el Grupo Cairns, han decidido defender sus ventajas comparativas agropecuarias ante los subsidios de la Union Europea (UE) aliándose con otro gran subsidiador, Estados Unidos2, a pesar de que las posibilidades de obtener concesiones substanciales son mínimas o inexistentes y las de hacer el tonto, máximas: "difícilmente se pueda confiar en EE.UU. para convencer a la UE. Sus intereses globales tienen más puntos de coincidencia con las necesidades políticas de la UE que con los objetivos de los países del Grupo Cairns"3.

Los intereses de EE.UU., la sacrosanta regla que lleva a ese país a no respetar ninguna que no haya sido establecida por él mismo4, tal como ha sido la norma de todos los imperios de la historia, pasan en este caso por su competitiva oferta de alto valor agregado y generadora de empleo: los servicios y la alta tecnología, incluyendo las biotecnologías de aún no comprobada inocuidad para la salud humana y el medio ambiente, desarrolladas y controladas en todo el mundo por sus grandes empresas. De acuerdo con su concepción de las relaciones humanas y entre países, EE.UU. aspira a un mundo totalmente desregulado y unipolar. Europa, que dispone de la misma oferta, propone en cambio un planeta multipolar y más razonable. "Esas concepciones influyen sobre la visión que tienen EE.UU. y Europa de la Conferencia de Seattle. EE.UU. quiere una agenda concentrada en la agricultura y los servicios (…) Europa postula una negociación global, que vaya más allá del intercambio comercial e incluya las inversiones, la competencia, el comercio electrónico, las normas ambientales y sociales"5. Respecto a la agricultura, el primer ministro francés Lionel Jospin señaló: "Defendemos el modelo europeo de una agricultura multifuncional (…) habrá que tener en cuenta cuestiones no comerciales, como el medio ambiente o la seguridad y calidad de los alimentos"6. Por multifuncional se entiende en Europa una agricultura que no sólo genera riqueza, sino también fija la población al terruño evitando desequilibrios demográficos, preserva el medio ambiente, mantiene y enriquece tradiciones culturales, villorios y pequeñas ciudades… un modelo económico, social, cultural, en suma.

Noticia breve en un diario francés: "3.496.462 electores son convocados el 27-10-99 para elegir sus delegados ante las asambleas generales locales de las Cajas Mutuales Sociales Agrícolas. El cuerpo electoral se compone de tres colegios: arrendatarios y otros trabajadores independientes; asalariados, empleadores y organismos agrícolas…"7. Con matices, toda la Europa agropecuaria responde al mismo patrón productivo, cultural y social con base económica en los subsidios de Estado, porque de otro modo la tendencia a la baja de la rentabilidad y a la concentración ya habrían desmenuzado ese tejido que mantiene a la población razonablemente fijada al terreno, genera riqueza y evita disfunciones de todo tipo. ¿Por qué deberían los europeos renunciar a distribuir el ingreso (otra manera de denominar los subsidios) del modo que mejor conviene a sus sociedades?

Formulemos ahora la pregunta desde aquí. ¿Por qué América Latina, o al menos el Mercosur, no tiene un modelo definido, ni agropecuario, ni industrial, ni social, ni cultural? ¿Por qué sus dirigentes, sus sociedades, se resignan a esperar la propina de los comparsas, en el mejor de los casos? ¿Por qué cifran todas sus esperanzas en colocar productos primarios en países que ya los producen en exceso, sea EE.UU. o Europa? La ausencia o irrelevancia de reivindicaciones industriales o de servicios habla por sí misma de la renuncia e impotencia de América Latina. El "integrismo del libre comercio" como lo llama Bernard Cassen, ha conducido sus economías al rojo absoluto y a un crecimiento de espejismo durante esta década (ver artículo de Angel Jozami, en pág. 8). "Con una recesión estimada entre -1 y -2% de su PBI, América Latina se prepara para atravesar el peor año de la década", según estimaron en Caracas el Sistema Económico Latinoamericano (SELA) y la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL)8.

La "revolución pacífica" venezolana (ver pág. 1), la derrota del menemismo en Argentina y la victoria del Frente Amplio en la primera vuelta de las elecciones uruguayas indican, entre otros factores, que algo está empezando a cambiar en la percepción de la globalización y desregulación salvajes propuesta a los países atrasados por el mundo desarrollado, en particular por los EE.UU. América Latina deberá apresurarse a formular su propio mensaje para navegantes del futuro.

  1. Pedro de Silva, "El reciclaje de la basura intelectual", El País, Madrid, 2-11-99.
  2. Sebastián Campanario, "Para qué sirve la Ronda del Milenio?", Clarín, Buenos Aires, 31-10-99.
  3. Felipe Frydman, "La Ronda del Milenio", Clarín, Buenos Aires, 31-10-99.
  4. "EE.UU. da la espalda al mundo", El País, Madrid, 31-10-99.
  5. Babette Stern, "Deux conceptions du commerce mondial s´affrontent", Le Monde, París, 29-10-99.
  6. François Grosrichard, "OMC: Jospin met en garde Washington…", Le Monde, 29-10-99.
  7. Le Monde, 28-10-99.
  8. Agence France Presse (AFP), 27-10-99.
Autor/es Carlos Gabetta
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 5 - Noviembre 1999
Páginas:3
Temas Agricultura, Deuda Externa, Mundialización (Economía), Neoliberalismo, Estado (Política), Geopolítica, Mercosur y ALCA, Unión Europea
Países Estados Unidos, Argentina