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¿Por qué escribo?

No soy dado a perderme en las viejas dudas que mortificaron e hicieron pensar a los antiguos filósofos, ni a experimentar otras dudas que no sean las necesarias para avanzar en el único camino que siento posible y que es el de la escritura, esa barricada a la que llegué cuando ya todas las otras habían estallado y llegué a pensar que ya no quedaba ningún lugar para la resistencia. De Guimarâes Rosa aprendí que "narrar es resistir" , y en esa barricada de la escritura resisto los embates de la mediocridad planetaria, esa monstruosa propuesta única de existencia y cultura que se cierne sobre el agonizante siglo XX y sobre el que recién se inicia.

Por eso escribo, por una necesidad de resistir frente al imperio de lo unidimensional, de la negación de los va-lores que han humanizado la vida y que se llaman fraternidad, solidaridad, sentido de justicia. Escribo para resistir a la impostura, al fraude de un modelo social en el que no creo, porque no es cierto que la llamada globalización nos acerque y permita que por fin todos los habitantes del planeta se conozcan, entiendan y comprendan.

Comparto plenamente la definición de nuestra época que hace José Saramago: el enfrentamiento entre la globalización y los derechos humanos, y escribo para resistir en nombre de esos derechos sagrados e inalienables, que no pueden ser manejados, administrados o mutilados por el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial.

Escribo porque creo en la fuerza militante de las palabras. Nunca fui ni seré un hombre de convicciones religiosas porque lesionaría mis convicciones morales, pero del cristianismo rescato la formidable aseveración que dice "primero fue el verbo" , verdad jamás teológica pero sí gramatical, porque la palabra es en sí un acto fundacional y las cosas existen a fuerza de nombrarlas.

Durante los negros años de la dictadura en Chile, los resistentes cantaban unos versos de Paul Eluard : "Escribo tu nombre en las paredes de mi ciudad" , y la Libertad existía más allá de la memoria inmediata, más allá del deseo ferviente de recuperarla, más allá del dolor provocado por la certeza de tanta muerte en su nombre. Existía con toda su esplendorosa vigencia porque cada vez que uno la nombraba la inventaba nuevamente.

Escribo por amor a las palabras que amo, y por la obsesión de nombrar las cosas desde una perspectiva ética heredada de una práctica social intensa. Escribo porque tengo memoria y la cultivo escribiendo sobre los míos, sobre los habitantes marginales de mis mundos marginales, sobre mis utopías escarnecidas, sobre mis gloriosos compañeros y compañeras derrotados en mil batallas, y que siguen preparando los próximos combates sin miedo a las derrotas.

Escribo porque amo mi idioma y en él reconozco la única patria posible, pues su territorio no conoce límites y su pulso es un constante acto de resistencia.

Escribo desde la solitaria barricada del creador de mundos y, como indicaba Osvaldo Soriano, "desde la responsable satisfacción del que se sabe invitado a habitar el corazón de las mejores gentes".

Autor/es Luis Sepúlveda
Publicado en Artículos locales de la edición Chile
Edición Noviembre 2000
Temas Mundialización (Cultura), Justicia Internacional
Países Chile