Le Monde diplomatique ÍndicesBúsquedaEste cdAyuda  
Home

Cómo garantizar las múltiples funciones de la tierra

Este es un problema esencial para un desarrollo sustentable y equilibrado que debemos examinar en el contexto de la realidad de América Latina.

Globalización, producción agrícola y marginación campesina.

En los dos últimos decenios el factor principal que ha moldeado la sociedad y la economía rural de América Latina ha sido el cambio en el modelo de desarrollo de uno basado en la substitución de importaciones y la indus- trialización interna a otro basado en la apertura externa, la promoción de exportaciones y la liberalización.

Esta globalización de las economías de la región ha incrementado las oportunidades de ingresos de aquellos países con ventajas comparativas y sectores exportadores bien incorporados a los mercados internacionales como ha sido el caso para ciertos vegetales y productos hortícolas en México, para las frutas de zona templada, el vino y los productos forestales en Chile, para la carne en Argentina, para la soya y el jugo de naranja en Brasil, para las flores y otros productos no tradicionales en Centroamérica, Colombia y Ecuador, etc. También se ha incrementado la producción de productos agrícolas destinados a la agroindustria y al procesamiento de alimentos para el mercado interno y externo. Pero han perdido importancia las producciones de alimentos más tradicionales para el mercado interno (cereales, tubérculos, productos pecuarios tradicionales) que no han podido competir con las importaciones provenientes de países con agriculturas más competitivas y a menudo subsidiadas.

Este cambio en los sistemas de producción ha modificado la estructura social del agro latinoamericano. Han sido fundamentalmente los agricultores capitalistas modernizados los que se han beneficiado de estas nuevas oportunidades puesto que contaban con el acceso a los recursos financieros, de tierra, de tecnología y de organización necesarios para estas producciones y las posibilidades de acceso a estos nuevos mercados. En cambio los productores familiares campesinos, en la mayor parte de los casos, disponían de recursos de baja calidad, dificultades de acceso al crédito y al seguro, escasez de tierras apropiadas, carencia de tecnologías adaptadas a su situación así como de información sobre los mercados, además de altos costos de transacción.

En relación al enorme sector de campesinos con y sin tierra que en América Latina representan hoy día una parte inmensamente mayoritaria de los habitantes rurales, la progresiva ausencia del papel de apoyo del Estado ha profundizado la brecha entre la agricultura campesina y la agricultura empresarial.

La falta de políticas crediticias adecuadas a las condiciones de producción de los pequeños agricultores, sistemas de asistencia técnica y de transferencia tecnológica incongruentes con las capacidades de absorción e implementación por parte de los campesinos minifundistas, legislaciones socio-organizacionales que van en desmedro de una real y efectiva capacidad asociativa de los campesinos, y finalmente, una falta total de referenciales tecnológicos que orienten patrones de producción campesina optimizados de acuerdo a las condiciones reales de producción de los sistemas y microregiones productivas han contribuido a esta distanciación.

Las políticas de liberalización que se han aplicado a la agricultura de América Latina en el contexto de la globalización suponían que la disminución del rol del Estado sería compensada por el dinamismo del sector privado y que este substituiría con sus inversiones las inversiones públicas en las áreas más críticas del desarrollo rural: infraestructura, servicios financieros, extensión agrícola, investigación, desarrollo de los servicios. Pero en la práctica el rol de estas inversiones privadas ha sido muy limitado y dirigido sobre todo a beneficiar a la agricultura capitalista y ha marginado en gran parte a la agricultura familiar campesina.

Pauperización creciente

Sólo algunos agricultores familiares con mayores y mejores recursos han tenido acceso mediante la agroindustria a la que han sido incorporados a las nuevas oportunidades para exportar o para el mercado interno destinado a los consumidores de alto nivel de ingreso. La integración de algunos sectores minoritarios de la agricultura familiar al complejo agroindustrial ha acentuado las diferenciaciones dentro de este sector. Mientras algunos han podido prosperar y capitalizar otros han quedado en la categoría de semi-proletarios disfrazados generando un ingreso similar al de los asalariados y otros han sido completamente proletarizados.

La globalización en síntesis ha traído los siguientes cambios al mundo rural de América Latina:

a) El incremento de las exportaciones de la agricultura no tradicional que se ha constituido en el sector más dinámico de crecimiento del sector agrícola.

b) La pérdida de importancia de los cultivos de subsistencia producidos fundamentalmente por la agricultura familiar campesina.

c) El incremento del consumo interno de productos alimenticios elaborados por la agroindustria (aceites vegetales, pastas, arroz, pollos, cecinas, productos lácteos, frutas y vegetales) a menudo con alto contenido de materia prima importada.

d) Predominio de los agricultores capitalistas (agricultura empresarial).

e) Cambios en la composición de la fuerza de trabajo rural. Los antiguos trabajadores fijos de las haciendas han sido substituidos por asalariados. Dentro de estos predominan los estacionales sobre los fijos. Se ha producido una feminización importante de la fuerza de trabajo y parte de esta fuerza de trabajo se ha urbanizado. A menudo esta fuerza de trabajo urbanizada depende de intermediarios o contratistas y no tiene una relación laboral estable con la empresa agrícola en que trabaja.

f) La creciente urbanización en la ma-yoría de los países de la región en los últimos decenios, así como la orientación exportadora del actual modelo de desa-rrollo, han incrementado de manera importante la demanda de alimentos en los centros urbanos. Tal situación ha exigido la disponibilidad abundante y oportuna de alimentos básicos lo que constituye una prioridad sobre su abaratamiento, con lo cual se impone a los campesinos requisitos de una producción eficiente y competitiva con la producción internacional de cereales.

g) Sin embargo, la economía campesina ha subsistido desempeñando un rol residual en el modelo de desarrollo existente. En efecto, la explotación del trabajo agrícola en los países de la región, sustentada en empleos temporales, bajos salarios, jornadas prolongadas, carencia de prestaciones sociales, utilización de mujeres y de niños con sueldos reducidos, requieren un proceso estructural que permita completar la reproducción de dicha fuerza de trabajo, absorberla en tiempos de desempleo y generar nueva mano de obra. Este papel residual lo cumple la actual economía campesina.

i) Numerosos estudios identifican un proceso conocido como "desagrarización" según el cual la producción agrícola ya no constituye el ingreso principal de muchos campesinos. De acuerdo con estos estudios sus ingresos principales son extra-agrícolas y las actividades fuera de la parcela sostienen la producción agrícola en dicha parcela y un nivel mínimo de vida.

II. Pobreza Rural

Todos estos cambios no han disminuido sino por el contrario aumentado la pobreza rural tradicional en América Latina.

Esta pobreza como lo han demostrado los recientes estudios del FIDA "Hacia una región sin pobres rurales", Santiago, Noviembre de 2.000. es un fenómeno social y económico multifacético caracterizado por:

1) Exclusión socio-económica y discriminación basada en razones étnicas o de género.

2) Carencia o acceso limitado a los servicios básicos (salud, educación, vivienda).

3) Nivel de ingreso por debajo de la canasta de bienes y servicios básicos, incluyendo alimentación.

Esta pobreza rural puede ser estructural o transicional. La estructural se caracteriza por la no existencia o por muy bajos niveles educativos, la falta de recursos productivos, la falta de trabajo o de capacidades productivas, la falta de acceso a los servicios rurales.

La pobreza transicional incluye a los pequeños agricultores familiares o a los trabajadores sin tierra particularmente vulnerables a los cambios producidos por los procesos de reforma estructural, crisis cíclicas de origen interno o externo e inestabilidad política.

Para estimar la magnitud de esta pobreza tenemos que partir de las cifras de la población rural de la región. Esta habría disminuido en términos absolutos de 122 millones de personas en 1980 a 111 millones en 1997, entre las cuales 26 millones pueden ser consideradas indígenas bilingües y 46 millones de origen indígena pero hablando sólo español.

Según la CEPAL en 1997, 78 millones de estos 111 millones (un 70%) vivía bajo la línea de pobreza y 47 millones (un 42%) incluidos entre los anteriores, bajo la línea de extrema pobreza.

Siete tipos de campesinos se observan en América Latina y El Caribe hoy día entre los que viven en la pobreza.

1) Los ganaderos

2) Los productores sub-familiares

3) Los campesinos de subsistencia y sin tierra

4) Los asalariados rurales

5) Las comunidades indígenas campesinas

6) Los indios nativos de la Amazonía y de las florestas húmedas y

7) Los pescadores artesanales

III. Consecuencias negativas para el medio ambiente del actual modelo de desarrollo agrícola.

El actual modelo de desarrollo agrícola imperante en América Latina, además de agravar las condiciones de pobreza y marginación de la mayoría de la población rural, produce también efectos muy negativos en el medio ambiente.

El aumento de la oferta exportable de productos agropecuarios, forestales y pesqueros que se logró en las décadas de los 80 y de los 90, debe ser entendido como una exportación creciente de la base de recursos naturales, lo que ha tenido como consecuencia el empobrecimiento del patrimonio natural de los recursos productivos. La ausencia de principios de sustentabilidad ecológica en los sistemas de producción predominantes se refleja en la deforestación, en la erosión, en la desertificación y en la salinización, procesos extraordinariamente graves en muchos países. Por otra parte los recursos pesqueros han sido sometidos a una sobreexplotación y a una degradación de algunas poblaciones o especies acuáticas.

Los terrenos boscosos han sido considerados como bancos de tierras para la expansión de la frontera agrícola: entre 1980 y 1990 se desmontaron en promedio 8 mi-llones de hectáreas anuales para estos fines y este ritmo ha seguido en los años poste-riores. La erosión de los suelos y la desertificación avanza rápidamente en muchos lugares. En base a los antecedentes disponibles se estima que el 15% del territorio de América Latina se encuentra en peligro de desertificación. Casi el 50% de las tierras de México se encuentra afectadas por un proceso de erosión acelerada. En Chile la erosión avanza sobre el territorio y las tie-rras agrícolas afectando actualmente el 62% del territorio nacional y más de la mitad de las escasas tierras agrícolas del país. En las tierras andinas de América Latina la degradación del suelo constituye el principal limitante para el crecimiento sustentable de la agricultura y en las tierras amazónicas de la región la destrucción de los suelos por deforestaciones inconsideradas es gravísima.

En síntesis la continuación de las tendencias existentes de deterioro de los recursos naturales terrestres y marítimos no sólo es económicamente nociva, sino alarmante para el futuro. La persistencia de estos fenómenos condenará a muchas áreas productoras actuales al estancamiento y a la disminución de los niveles actuales de producción y de productividad. Todo esto afecta gravemente las posibilidades del desarrollo rural.

Los ideólogos del modelo neo-liberal llegan a sostener que el desarrollo de los espacios rurales es prescindible, dado que con una economía de altas tasas de cre-cimiento en base a exportaciones a los mercados internacionales será posible contar de un modo permanente con capacidad para importar los alimentos y materias primas necesarias para la población y para la industria, en condiciones de calidad y precios favorables. Esta es una visión de corto plazo que no considera en lo más mínimo ni la actual depredación de los recursos naturales que puede afectar gravemente las posibilidades exportadoras, ni las consecuencias sociales del modelo productivo sobre la ma-yoría de la población rural. Esto tampoco considera los devastadores efectos que tendría sobre el sistema urbano de la región, la repetición de una urbanización acelerada por expulsión de las poblaciones rurales hacia las grandes ciudades.

IV. La Multifuncionalidad de la tierra

Es en este doble contexto social y medioambiental que se plantea hoy el problema de garantizar la multifuncionalidad de la tierra. ¿Qué hacer para ello?

Nos parece que las políticas a desa-rrollar se pueden articular en torno a los ocho objetivos que señalamos a continuación:

1) Revalorizar el rol de las políticas públicas.

No habrá superación de la pobreza ni desarrollo rural equilibrado sin una reva-lorización del rol del Estado. El mercado por si solo como la experiencia de América Latina lo ha demostrado no sólo no disminuye sino que agrava la pobreza y la he-terogeneidad de esta pobreza. Además el sector privado no compensa algunas funciones básicas del Estado en materia de inversiones públicas, investigación, extensión y servicios a los sectores más desposeídos del mundo rural, así como una política de desarrollo regional equilibrada.

Revalorizar el rol del Estado es entonces imprescindible en varios aspectos: orientación del desarrollo sectorial, regulación y racionalización del uso de los recursos na-turales, corrección de las distorsiones en la estructura del mercado, corrección de los desequilibrios sociales y de las tendencias regresivas en la distribución de los ingresos.

2) Facilitar el acceso a los recursos productivos básicos por parte de la agricultura familiar. Las mayores dificultades de los pequeños productores familiares para mejorar su productividad y su ingreso son: a) la baja calidad de sus recursos básicos, b) las fallas del mercado para que puedan acceder a la tierra, el crédito y a los seguros, c) el acceso muy limitado a nuevas tecnologías a menudo no adaptadas a su situación, d) sus altos costos de transacción en los mercados por su falta de organización, e) su bajo nivel cultural y su falta de acceso a una buena y amplia información.

En todos estos campos las políticas públicas tienen también una amplia responsabilidad además de lo que corresponde a las organizaciones de la sociedad civil.

3) Fomentar la organización social de los pequeños productores y asalariados

Sin organizaciones fuertes de tipo cooperativo, sindical, regional y local es casi imposible que los campesinos y pequeños productores hagan valer sus derechos, y sus aspiraciones. En este aspecto una legislación adecuada y el fomento de las organizaciones es fundamental, así como la educación de líderes.

4) Desarrollar tecnologías adaptadas a la situación de la pequeña agricultura.

Esto incluye desde los tipos de producciones a investigar hasta los sistemas de aplicación de las tecnologías y su relación con los recursos necesarios para aplicarlas. Además estas tecnologías no deben ser caras y riesgosas lo que va en contra de la búsqueda de seguridad de los pequeños productores familiares.

5) Restablecer como prioridades de la política agraria la seguridad alimentaria y la capacidad de creación de nuevos empleos.

En las economías hoy día libera-lizadas la racionalidad de invertir en la producción de alimentos no es más la seguridad alimentaria o la capacidad de crear empleos, sino las ventajas competitivas. La pequeña agricultura familiar sólo cuenta cuando por condiciones específicas (micro-climáticas u otras) puede producir productos tradicionales a un costo menor que la gran agricultura capitalista o los productores extranjeros. Esto debe cambiar a través de políticas públicas que incentiven la seguridad alimentaria y la creación de empleos.

6) Desarrollar una política de reva-lorización del espacio rural con actividades extra-agrícolas.

Una parte creciente del trabajo rural está siendo absorbido por actividades no directamente relacionadas con la producción agrícola o pecuaria. Las actividades de transformación artesanal, de manufacturas y de servicios son indispensables para superar la pobreza rural y diversificar el medio. Desarrollo rural no es sólo desa-rrollo agrícola sino que debe ser repensado en un contexto más general para revalorizar los espacios rurales como áreas de equilibrio regional, producción industrial, tu-rismo, esparcimiento, etc.

7) Apoyo a las comunidades étnicas.

Las comunidades campesinas indígenas constituyen un 30% del sector rural de América Latina. Dado su nivel de pobreza actual y su toma de conciencia de su situación deben, a través de políticas diversas, constituir un sector fundamental en la superación de la pobreza rural.

8) Políticas de rejuvenecimiento de la agricultura familiar campesina.

En América Latina un 11% de la población activa agrícola es mayor de 60 años contra un 4% de la no-agrícola. La proporción de responsables de predios de 60 años es aún mayor, pues fluctúa entre 20 a 35% según los países. Esta proporción tenderá a aumentar en los próximos años lo que constituye un handicap negativo para el dinamismo de esta agricultura. Esto afecta también el nivel educacional de estos productores. Ello exige una política que a través de pensiones y jubilaciones y faci-lidades para la instalación de agricultores jóvenes permitan un rejuvenecimiento de este estrato, condición de su mayor dinamismo al cambio y al progreso.

Autor/es Jacques Chonchol
Publicado en Artículos locales de la edición Chile
Edición Mayo 2001
Países México, Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador