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Los tres polos de la resistencia

Una parte de los grupos que conforman actualmente la resistencia timorense, nació en directa relación con la caída del dictador portugués Salazar y con la "Revolución de los claveles" de 19741. La primera formación decidida a jugar un papel político en el futuro de Timor Oriental, una vez liberado de la tutela portuguesa, fue la Unión Democrática Timoresa (UDT), partido formado mayoritariamente por intelectuales provenientes de la muy occidentalizada burguesía local. Los líderes de ese movimiento eran entonces Domingos de Oliveira, Joao Carrascalo y su hermano Mario, quien traicionaría la causa en 1981, al aceptar el puesto de "gobernador" de Timor Oriental bajo el régimen de los militares indonesios.

Frente a la UDT, nace el Frente Revolucionario para la Independencia de Timor (Fretelin), de inspiración marxista, teñido de maoísmo (por entonces, Pol Pot acababa de expulsar de Camboya a "la hidra estadounidense" ), que reunía una gran parte del pueblo maubere, originario de la isla. Uno de sus líderes fue Nicolau Lobato, que sería asesinado por los indonesios. Si bien la UDT y el Fretelin se oponían en el plano ideológico respecto del futuro de la isla y de las relaciones con Jakarta, ambos eran independentistas2, a diferencia de la Asociación Popular para la Democracia Timoresa (Apodeti), partidario de integrar el territorio a la República de Indonesia.

En octubre de 1976 debían realizarse elecciones generales. La ruptura de la alianza entre la UDT y el Fretelin degeneró en una guerra civil entre las dos tendencias independentistas, dañando seriamente las posibilidades de independencia de Timor Oriental. El golpe de mano organizado por la UDT el 11 de agosto de 1975 fracasó, y sus dirigentes fueron detenidos. El país quedó en manos del Fretelin, y desde entonces Portugal, que apoyaba a la UDT, se desinteresó de su suerte. El frente marxista, reforzado por su victoria, organizó entonces un referéndum sobre la independencia, que debía servir a la vez para avalar su toma del poder. Yakarta, por su parte, argumentando que el futuro estado libre podría convertirse en una nueva Cuba entre Australia e Indonesia, buscó la aprobación tácita de Estados Unidos para invadir el territorio oriental.

Fue en ese contexto de extrema tensión donde se inició el ascenso del futuro premio Nobel de la Paz, José Ramos-Horta3. Nacido en Dili en 1949, Ramos-Horta pertenecía a la clase intelectual y como tal no renegaba de su amistad con los miembros del UDT, movimiento al que había pertenecido antes de optar por el Fretelin. Durante la muy corta vida de la República independiente, este partido lo nombraría Canciller, siendo aún muy joven (tenía apenas 26 años) como la mayoría de los dirigentes de la isla. El carácter juvenil de la resistencia independentista se reitera hoy en día. Dado que la generación precedente fue prácticamente diezmada por los indonesios durante la invasión de 1975, hubo que esperar a que sus hijos crecieran, para verlos retomar el combate. Así, a partir de los años 90, comienza a producirse una reactivación de las manifestaciones y movimientos de lucha que desata una dura represión por parte de los indonesios, como lo prueban las golpizas, las torturas a niños y adolescentes, y la matanza de Santa Cruz en 19914. Antes que colaborar con los indonesios, los jóvenes prefieren pasar a la resistencia activa o exiliarse voluntariamente.

Muchos de ellos que estudian en Yakarta, arriesgan sus vidas para sortear los cordones de seguridad que rodean las embajadas occidentales y pedir asilo político. Esa es también una manera de llamar la atención de la prensa, de sensibilizar, y hasta de responsabilizar a los gobiernos occidentales. Por esa vía van a engrosar alguno de los polos de la diáspora: Portugal; Darwin (Australia); Mozambique o Angola (ex colonias portuguesas). En general sin recursos para llevar la misma vida que los jóvenes occidentales, son ayudados por los cuadros del Fretelin en exilio y se mantienen al margen de la comunidad que los recibe, como pequeñas islas, pequeños Timor, a la espera de un futuro radiante.

Todos esos jóvenes profesan un verdadero culto por Xanana Gusmão, al que reconocen como principal y único líder de la causa timorense. Poeta, hombre de fina cultura y de suave carácter, Gusmão aceptó un poco contra su voluntad el comando de la guerrilla cuando ya todos los otros jefes rebeldes habían perecido a manos de los indonesios. En 1983 retomó la resistencia, luego del fracaso de las negociaciones entre el Fretelin y las autoridades de Yakarta. Cuatro años más tarde Gusmão se convertiría en el jefe del Consejo Nacional de la Resistencia Maubere (CNRM), organización en la que, por primera vez, se reunían todos los partidos y tendencias independentistas de Timor Oriental. En ese aspecto, el CNRM simboliza la unión que la guerra civil de 1975 había quebrado.

El carisma de "Xanana" logró la adhesión de todos los sectores, tanto de los partidarios de la UDT, de quienes es afín, como de los del Fretelin, organización de la que era el jefe indiscutido. Además, contaba con la simpatía de los occidentales, que le agradecían haber moderado el carácter revolucionario de su partido.Gusmão es sobre todo un modelo para los jóvenes, pues encarna simultáneamente la justicia y la clemencia, a la vez que se empeña en reducir la acción armada a lo mínimo necesario. Todo ello explica que ese mito viviente, especie de Che Guevara timorense, estuviera permanentemente en la mira de los indonesios. En noviembre de 1992 logran finalmente capturarlo, y para no convertirlo en un mártir, en lugar de ejecutarlo lo condenan a 20 años de cárcel. En su celda recibirá a los principales opositores indonesios, sindicalistas (igualmente encarcelados) y hasta al flamante presidente sudafricano Nelson Mandela. Todo un símbolo.

Puesto en libertad vigilada el 10 de febrero de 1999, liberado luego por el presidente Habibie, Gusmão participó desde Yakarta en la preparación del reciente referendum, y hasta lanzó -en vano- un llamado a la pacificación, garantizando la amnistía a todos los indonesios implicados en los crímenes cometidos por las milicias. En ese sentido, "Xanana" se vio superado por los acontecimientos: mientras era víctima de su buena fe ante las instancias internacionales y se mostraba deseoso de evitar un conflicto armado oficial con Indonesia, las matanzas se multiplicaban.

Después de veinticinco años de lucha y de indiferencia general, la resistencia fue tomada por sorpresa por la aceleración de los acontecimientos. Xanana Gusmão y José Ramos-Horta forman su principal polo político, en el marco del CNRM. Desde su partida en 1975, Ramos-Horta no volvió a pisar nunca suelo timorense. Establecido primero en Estados Unidos para mantenerse cerca de las Naciones Unidas, instalado luego en Lisboa y más tarde en Sydney, en el último cuarto de siglo Ramos-Horta no ha dejado de visitar todos los centros de poder, de armar redes de contactos en todos lados, de establecer relaciones con las organizaciones no-gubernamentales, trabajando en general solo y más habituado a las cenas en los subsuelos de restaurantes que en los hoteles de lujo.

Reconocido a nivel internacional, redactor del plan de paz de 1992, que expuso ante las Naciones Unidas y el Canciller indonesio Ali Alatas, Ramos-Horta es sin embargo un personaje secundario para los timorenses y para la diáspora.

No puede decirse lo mismo del tercer hombre de la resistencia… Luego de la obtención de su premio Nobel, la recepción de Monseñor Carlos Filipe Ximenes Belo en Dili fue triunfal: un tercio de la población de Timor Oriental se había volcado a las calles para darle la bienvenida, en medio de una dura represión de las fuerzas indonesias.

Un obispo muy popular

Proveniente de un medio pobre, Ximenes Belo no despreció ninguno de los medios de ascenso social que ofrecía la iglesia colonial portuguesa. En momentos de la invasión indonesia de Timor Oriental estaba en Portugal, y regresaría a su país como sacerdote católico en marzo de 1981. Desde ese momento no dejará de intervenir en la defensa de la identidad maubere, contra la política de colonización cultural y de integración forzada practicada por los indonesios, gracias a la formidable red de sus iglesias, verdaderas bases contra la ocupación. Esa actividad no fue sin riesgos: varias veces escapó milagrosamente con vida de ataques y atentados. Sin embargo, el nuevo obispo, ordenado en 1988, nunca trató de integrarse a los movimientos independentistas, los que por su parte no lo reconocen como uno de los suyos. En Timor Oriental, en cambio el obispo es una verdadera institución.

Sin duda, su peso en la historia de Timor ha sido considerable. En primer lugar, como símbolo de liberación, la Iglesia acogió numerosas conversiones de timoreses, en general animistas. Esto fue visto como una afrenta por el poder indonesio, musulmán, en el mismo momento en que se verifica, tanto en la población como en el ejército, una efervescencia integrista tal que cabría interpretar el genocidio timorense (y las recientes masacres de religiosos de Caritas) como una nueva guerra de religión.

Además, monseñor Belo trabajó para lograr la visita del Papa en 1989. A pesar de que decepcionó a la población -ya que Juan Pablo II se limitó a exhortar a los timoreses a vivir en paz con sus enemigos- contribuyó a romper el manto de silencio que pesaba sobre la isla. Por último, el obispo fue uno de los primeros en ir a negociar con el presidente Habibie y con Ali Alatas luego de la caída del general Suharto. Habiendo escapado por muy poco de las matanzas de las últimas semanas, obligado a exilarse, fue recibido triunfalmente en Portugal, cuyo gobierno parece decidido a implicarse más abiertamente en el destino de su ex colonia.

  1. El nuevo gobierno portugués reconoció de entrada el derecho a la autodeterminación de los habitantes de Timor Oriental.
  2. En enero de 1975 ambos firmaron un acuerdo de coalición para la independencia nacional.
  3. El premio Nobel de la Paz 1996 fue atribuido simultáneamente a José Ramos-Horta y a monseñor Carlos Belo, obispo de Dili.
  4. A raíz de una manifestación para denunciar el asesinato de un joven resistente, el ejército disparó sobre la multitud que se hallaba en el cementerio de Santa Cruz, causando 271 muertos, 382 heridos y más de 250 desaparecidos. Ver: Jean-Pierre Catry, "Le combat oublié du Timor-Oriental" , Le Monde diplomatique, diciembre de 1996.
Autor/es Sylvain Desmille
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 4 - Octubre 1999
Páginas:32, 33
Traducción Carlos Zito
Temas Conflictos Armados, Movimientos de Liberación, Minorías, Derechos Humanos, Estado (Justicia), Geopolítica, Movimientos Sociales, Políticas Locales, Iglesia Católica
Países Estados Unidos, Cuba, Australia, Angola, Mozambique, Camboya, Indonesia, Timor Oriental, Portugal