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Los ex terroristas toman la palabra

El proceso en Francfort al ex terrorista Hans Joachim Klein, que la derecha alemana aprovecha para impugnar al actual ministro Joschka Fischer y al diputado europeo Daniel Cohn Bendit, compañeros de Klein antes de que éste optara por la violencia política, es sólo una muestra de la controversia que suscita en Alemania un pasado aún no procesado.

Decididamente, el pasado alemán no cesa de resurgir: primero fue el pasado nazi; ahora la rebelión de los jóvenes de 1968 contra el silencio de los crímenes de los padres. Leyendo la autobiografía de dos ex terroristas mujeres se comprende mejor el significado de aquellos "años de plomo" y el hecho de que dos ministros en ejercicio, Joschka Fischer y Jürgen Trittin, tengan que responder de su pasado izquierdista ante el Bundestag.

Una de ellas, Inge Viett -cuya vida inspiró el último film de Volker Scholëndorff "Las tres vidas de Rita Vogt" - fue figura emblemática del Movimiento del 2 de junio, la rama "proletaria" de la RAF, fracción del Ejército Rojo1. La otra, Margrit Schiller, alojó en su departamento de Heilderberg a la "banda Baader" (Ulrike Meinhof, Andreas Baader, Gudrun Ensslin y Jan-Carl Raspe), antes de ser hospedada a su vez, cuando se encontraba prófuga en 1973, por el actual ministro de Relaciones Exteriores Joschka Fischer y por Daniel Cohn-Bendit, que vivía entonces en una comuna de jóvenes izquierdistas en Frankfurt2.

Inge Viett, detenida por haber atracado dos bancos y secuestrado al responsable democristiano Peter Lorenz, logró escapar dos veces de prisión. Margrit Schiller, por su parte, cayó tontamente en las redes de la policía cuando acompañaba a Ulrike Meinhof en una cabina de teléfonos.

Después de cumplir dos años de prisión, vuelve a ser detenida en 1974 con una pistola en el bolso, que nunca había usado. Hace varias huelgas de hambre en solidaridad con sus camaradas de la RAF para protestar por las condiciones de detención en régimen de aislamiento absoluto, la llamada "tortura blanca".

Una es una dirigente de la lucha armada en Berlín que detesta los interminables debates de los "intelectuales pequeño-burgueses" de la RAF. La otra se deja arrastrar más bien a la ilegalidad y la clandestinidad, y casi a su pesar se convierte en testigo de las discusiones políticas entre Ulrike Meinhof -cabeza pensante de la RAF- y Andreas Baader sobre la concepción de la guerrilla urbana y el recurso a la violencia. Una es huérfana, educada por campesinos rústicos que sólo piensan en explotarla. La otra proviene de la burguesía conservadora.

Las dos mujeres tienen en común el odio a su ambiente de origen. Ambas sufren la densa atmósfera de suspicacias y encubrimientos de la Alemania de posguerra, preocupada principalmente por el bienestar material. Inge Viett observa que en la región del Schleswig-Holstein, en el norte de Alemania, donde pasó su adolescencia, hasta entrados los años cincuenta los aldeanos se saludan todavía con el "Heil Hitler" . Cuando un día, en un camino solitario, es violada por un campesino de las cercanías, él le da un marco para que no diga nada. Siempre la preocupación por el qué dirán y la apuesta por el dinero. Advierte asimismo que en la escuela los cursos de historia se detienen en la era de Bismarck.

Margrit Schiller, que creció en Bonn, capital provincial de la joven República Federal, detesta tanto como Inge Viett su medio familiar y escolar y se rebela contra una educación autoritaria y católica. Su derrotero la llevará de la anti-psiquiatría al compromiso en el movimiento estudiantil y después a prisión, de donde sale en 1979. A los cincuenta y dos años, vive ahora en Uruguay con sus dos hijos.

Inge Viett abjuró de la lucha armada en 1982, cuando la República Democrática Alemana aceptó esconderla en su territorio junto con otros once terroristas de la RAF. Bajo diferentes identidades inventadas por la Seguridad del Estado (la Stasi), se convirtió en una empleada modelo. Cuando cayó el muro de Berlín, su pasado volvió a atraparla: en 1996 la detuvo la policía de la Alemania unificada. Escribió su autobiografía mientras estuvo presa. Puesta en libertad en 1996, a la edad de cincuenta años, vive cerca de Berlín en una comuna de mujeres. Se declara próxima al PDS, el partido neocomunista, y apoya al pueblo cubano.

  1. Inge Viett, "Nie war ich furhtloser" , Rowohit, Reinbek bei Hamburg, 1999.
  2. Margrit Schiller, "Es war ein harter Kampf um meine Erinnerung. Ein Lebesbericht aus der RAF" , Konkret Literatur Verlag, Hamburgo, 2000.
Autor/es Brigitte Patzöld
Publicado en Artículos especiales para eldiplo.org
Número de ediciónNúmero 21 - Marzo 2001
Temas Filosofía, Movimientos de Liberación, Movimientos Sociales
Países Uruguay, Alemania (ex RDA y RFA)