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No a la dolarización

En un clima político de extrema tensión -que afecta incluso a la Alianza en el gobierno- y ante los rumores y presiones que apuntan a una dolarización de la economía, el autor argumenta y se pronuncia abiertamente contra esa medida, que además de afectar la soberanía del país, tendría resultados negativos para amplios sectores sociales.

El desarrollo económico de la Argentina enfrenta desafíos importantes. Uno de ellos es la gran dependencia de la entrada de capitales extranjeros, que se pone en evidencia por varios hechos. El primero es la necesidad de financiar básicamente con endeudamiento externo tanto el déficit fiscal (nacional y provincial), que llega por lo menos a 7.200 millones de dólares, como el déficit en la cuenta corriente de la balanza de pagos, que es de casi 14.000 millones de dólares. A su vez, la deuda externa pública y privada alcanza al 50% del PBI, lo cual implica un elevado riesgo país que, como es natural, preocupa a los acreedores externos.

En este contexto, parece haberse desencadenado una verdadera campaña que preconiza la dolarización, con olvido de la soberanía y de la necesidad de realizar políticas monetarias. Al frente de las mismas se encuentra, desgraciadamente, el ex Presidente de la Nación, Dr. Carlos Menem.

Hay dos vías por las que se puede llegar a la dolarización. La primera es por una decisión unilateral del gobierno y tiene a su vez dos variantes, según cuente o no con un improbable apoyo financiero contingente de Estados Unidos. La segunda, sería la consecuencia de un ataque especulativo, es decir, una corrida sobre el peso que llevaría a vender todos los dólares que tiene el Banco Central. Cualquiera sea el camino, el resultado es el mismo, es decir, el peso argentino deja de circular y en su lugar lo hace el dólar. En la actualidad, de acuerdo a las reservas del Banco Central, se está en condiciones de substituir por dólares la totalidad de los pesos en circulación. Pero además, habría que convertir en dólares los depósitos en los bancos en pesos y los préstamos en pesos a dólares. No estoy seguro si los dos rubros suman lo mismo. Si la dolarización se produce en el marco de una corrida cambiaria, podría haber pérdida de depósitos, particularmente en los bancos nacionales. En ese caso, los dólares en el Banco Central no alcanzarían para pagar a todos.

Todo este análisis se hizo sobre la base de cambiar un peso por un dólar. Es posible concebir una alternativa que implique devaluar y dolarizar al mismo tiempo. En otros términos, que se cambien todos los pesos por dólares, pero a un tipo de cambio distinto, por ejemplo 1,50 pesos por 1 dólar. En ese caso, el Banco Central mantendría reservas cercanas a los 9.000 millones de dólares.

Los efectos adicionales serían los siguientes: 1) caerían los salarios en el monto de la devaluación; 2) se beneficiarían los que tienen préstamos en pesos y depósitos en dólares al mismo tiempo que se perjudicarían los que tienen deudas en dólares y depósitos en pesos; 3) crearía tensiones con las empresas públicas privatizadas que quieran indexar sus precios con la devaluación; 4) aumentaría el déficit fiscal; y 5) generaría un efecto recesivo inicial, aunque podría generar un aumento de la competitividad de la economía. Es verdad que algunas de las consecuencias negativas podrían neutralizarse medianamente utilizando el remanente de la Caja del Banco Central.

Quienes apoyan la dolarización aducen cuatro motivos: 1) eliminar la posibilidad de otra devaluación y acotar la inflación; 2) se elimina el riesgo moneda reduciendo la tasa de interés promedio de la economía. Al forzar a tener una mayor disciplina fiscal y financiera, se supone que se reduce el riesgo país, lo que resulta sumamente dudoso; 3) como todo el financiamiento es en dólares, otorga mayor control sobre las políticas económicas y financieras a los acreedores externos; y 4) fuerza al sector productivo a un ajuste brutal para ser competitivo internacionalmente si la dolarización es 1 a 1. Por supuesto, si es 1,50 a 1 desaparece la tensión de competitividad, porque se habrán ajustado hacia abajo los salarios con la devaluación del 50%.

Estados Unidos parece encaminado -según versiones- a establecer regímenes de dolarización en su área de influencia más cercana. La posibilidad de dolarizar la economía argentina constituiría un caso piloto aplicable a países de mayor envergadura y significado que, por ejemplo, Panamá o Ecuador.

La dolarizacion avanza en el camino trazado por la convertibilidad. Ya renunciamos a la politica monetaria y cambiaria. Ahora se trataría de abandonar definitivamente esos instrumentos. En terminos concretos significa atarse a los designios monetarios y cambiarios de Estados Unidos. Por ejemplo, en la actualidad su preocupación es que su economía está recalentada y por lo tanto tiene una política monetaria restrictiva aumentando la tasa de interés para "enfriarla". Al mismo tiempo, Argentina enfrenta una recesión, por lo que no es aconsejable seguir esa política. Es decir, tenemos en este momento ciclos económicos inversos.

Con la dolarización, el Banco Central no podría cumplir con su función de prestamista de última instancia, con la consecuencia de una mayor extranjerización de los bancos. Ello determina que sólo tendrían credibilidad los bancos con prestigio internacional. Por supuesto, en este caso los bancos estarían más dispuestos a seguir con sus préstamos a las empresas internacionales con las que están vinculadas a nivel de sus casas matrices.

Perderíamos los intereses por las reservas internacionales que ahora tenemos, lo que significaría una disminución de ingresos del orden de los mil quinientos millones de dólares anuales.

Se generarían dificultades insuperables en el Mercosur y nos acercaríamos al ALCA, posible instrumento que es necesario estudiar con suficiente profundidad, para no decir expresiones más definitivas.

Tal vez el riesgo inmediato mayor que provocaría la dolarización es el temor a un default que surgiría en los mercados. Esto nos lleva al punto de partida de estas reflexiones, cuando mencionamos el déficit fiscal y la deuda externa. En efecto, correríamos el riesgo de no poder cerrar con financiamiento la brecha fiscal y la externa y a su vez el refinanciamiento de las amortizaciones de la deuda vigente. Por lo tanto, la dolarización sin ajuste drástico del déficit fiscal y la baja de salarios en dólares para mejorar la competitividad internacional, puede crear la tesis del default provocando un aumento del riesgo país y una caída en el nivel de actividad interna. De tal modo, las decisiones de los acreedores externos acerca de financiar o no a la Argentina, serían determinantes para inducir las políticas de ajuste fiscal necesarias para asegurar el cumplimiento de las obligaciones externas.

Autor/es Raúl Alfonsín
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 12 - Junio 2000
Páginas:8
Temas Deuda Externa, Mundialización (Economía), Neoliberalismo
Países Estados Unidos, Panamá, Ecuador