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Guerra y diamantes en Sierra Leona

De la prolongada guerra civil en Sierra Leona, el mundo conoce apenas algo más que las espeluznantes imágenes de sus víctimas: campesinos, desde bebés hasta adultos, con las manos cortadas, niños que no pueden tenerse en pie por el hambre. Ese horror ininteligible empieza a cobrar forma cuando se analiza la feroz competencia entre empresas que se disputan las riquezas minerales de Sierra Leona armando batallones de mercenarios, donde quedaron atrapadas también las fuerzas de paz de la ONU.

Hace tiempo que lo sabemos: la economía criminal puede corroer Estados, y pueblos enteros. Pero los recientes sucesos de Sierra Leona proporcionaron la prueba de que también puede volcar en su favor toda una operación de mantenimiento de la paz dirigida por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y apoyada por las principales potencias extranjeras. La Misión de la ONU en Sierra Leona (Minusil), su mayor operación de mantenimiento de la paz en el mundo, con sus 9000 hombres, se suponía que debía poner fin a una horrible guerra civil que lleva ya diez años, enviar un mensaje de esperanza a toda África e iluminar la próxima misión al Congo Kinshasa1.

Porque no hay que equivocarse de protagonistas. Aun bárbaros, drogados o regimentados por los señores de la guerra, los jóvenes armados y aullantes no podían doblegar por sí solos a la Minusil. La ONU quedó entrampada en algo distinto, algo más nuevo y tentacular: el enfrentamiento entre dos redes rivales apoyadas por ciertos hombres de negocios que quieren apoderarse de los recursos mineros. En efecto, al rechazar el decreto de embargo sobre los diamantes sierraleonenses, o la declaración de una zona de exclusión económica, tal como solicitaban numerosos expertos, el Consejo de Seguridad y el secretario general de la ONU2 dejaron el terreno expedito para un enfrentamiento entre mafias que transformaron a los soldados del organismo internacional en sus propios peones.

De un lado, el campo rebelde, el Frente Revolucionario Unido (RUF), verdadero dueño del territorio, controla la mitad del país y consigue que la inseguridad reine en la otra mitad, haciendo imposible toda actividad de minería pesada como la que quisieran impulsar las pequeñas compañías ("juniors companies"). El RUF se asienta en la zona de influencia guerrera y comercial de Charles Taylor, hoy presidente de Liberia, también llamada "Taylorland"3. En Monrovia, base de retaguardia de este último, se negocia buena parte del diamante de contrabando de Sierra Leona, drenando alrededor de 200 millones de dólares por año "en conexi4ón con los mercados de armas, de drogas y del blanqueo de dinero en toda África"… y fuera de ella.

Las empresas rivales

La piedra preciosa procedente de Sierra Leona se vuelve automáticamente "liberiana". Ese sistema beneficia a compañías como De Beers o Lazare Kaplan international, pues la extracción artesanal que se realiza en la zona rebelde o de milicia sierra-leonesa, así como la venta por la vía del contrabando, permiten comprar a bajo precio piedras preciosas que se cuentan entre las más perfectas del mundo y que después se negocian a 270 dólares promedio por quilate, antes de la talla. Los operadores que tienen acceso a esas piedras pueden así retener un margen máximo de ganancia5.

Del otro lado, los "legitimistas" que rodean al presidente Ahmed Tejan Kabbah. Su gobierno comprende al poderoso vice ministro de defensa, Samuel Hinga Norman, jefe de la milicia Kamajor, y a Johnny Paul Koroma, ex golpista y torturador, y a su milicia. Hace quince años que el Estado no brinda ningún servicio a los ciudadanos. Sin embargo, sigue gozando del reconocimiento internacional que le permite firmar contratos con las compañías mineras canadienses, belgas, estadounidenses, británicas o sudafricanas. Metro cuadrado por metro cuadrado, toda la "Sierra Leona útil" fue hipotecada mediante concesiones de los diamantes, el rutilo, la bauxita y el oro, principalmente.

Cuatro compañías se disputan la parte del león: Global Exploration Corporation, Rex Mining Corporation, Diamond Works (Branch Energy y Branch Mining) y Sierra Rutile-Nord Ressources. Al menos dos de esas compañías, Rex y Diamond Works, hicieron valer sus concesiones en Sierra Leona para aumentar su capitalización bursátil en el Toronto Stock Exchange en 1999, cuando la paz todavía no había sido firmada, y no podían pisar esos suelos controlados por los rebeldes. Cada una de estas firmas detenta redes de "agentes" que les permiten mantener más o menos en buen estado sus instalaciones.

El choque brutal de esas dos alianzas rivales quebró toda esperanza de paz y cambió la naturaleza de la Misión de la ONU, luego de haber propagado durante diez años una guerra cuya única víctima es la población civil, sobre todo los niños. Y como lo que está en juego es muy real y de envergadura -más de mil millones de dólares anuales de joyas, el segundo yacimiento de rutilo del mundo y depósitos de bauxita que pueden influir en las cotizaciones- Gran Bretaña, la ex potencia colonial, saca de entre bambalinas y despliega su fuerza militar para apoyar al Estado de Sierra Leona, sin necesidad de utilizar la cortina de humo de los mercenarios de Sandline International, como había hecho hasta ahora. Con la apuesta a la vista, y aunque se resista a reconocerlo, Charles Taylor se ve obligado a aceptar que se lo considere el responsable de facto de la seguridad de los cascos azules tomados como rehenes por los rebeldes del RUF en mayo de 2000.

"The kalashnikov is our business advantage" (La kalashnikov -un fusil ametralladora, Ndlr- es una ventaja para nuestros negocios)6 cantan los niños soldados del RUF. Cuando en el pasado mes de marzo esos chiquilines armados, doblemente golpeados por la guerra porque nacieron con la condena de vivir como verdugos y morir jóvenes, vieron a los cascos azules acercarse a las zonas diamantíferas, no vieron en ellos a los representantes de una comunidad internacional deseosa de supervisar su desarme y de ofrecerles buenamente educación, salud, seguridad social y trabajo. Por el contrario, los consideraron una facción más que quería apropiarse de su territorio para sacarles la fuente de su riqueza y de su vida, para privarlos de la excitante aventura comercial y guerrera que creen estar viviendo gracias al Taylorland.

En la mente de esos jóvenes7, los cascos azules que llevaban la sigla "UN" no eran distintos de los mercenarios Gurkhas Security Guards contratados en 1994 por las compañías privadas, ni de los hombres del Executive Outcomes (1996), ni de los de Sandline International (1997), o de los LifeGuards a quienes mantienen a distancia desde 1998. Por otra parte, la radio británica BBC les había anunciado en diciembre de 1999 que en los batallones indios de cascos azules había ghurkas, llamados a intervenir en las regiones diamantíferas. Se sabe también que en marzo de 1999 se realizó una reunión entre responsables de la ONU y dirigentes de varios ejércitos privados, entre ellos Executive Outcomes, Sandline International y el israelí Levdan, con el fin de estudiar fórmulas de trabajo conjunto8.

Todo acuerdo de paz estaba minado de raíz y de entrada por las operaciones de las compañías mineras. En un primer momento, entre febrero y junio de 1999, cuando el acuerdo de paz de Lomé entre el RUF y el gobierno estaba en el horizonte, las pequeñas compañías mineras se entregaron a una batalla arreglada con el gobierno de Freetown, para volver a comprar o revalidar las concesiones de diamantes ubicadas en territorios que, de hecho, siguen estando bajo control de los rebeldes.

Entre febrero y junio de 1999, cuando la sangre derramada en la batalla de enero en Freetown (6000 muertos en dos semanas) todavía no se había secado, el hotel de lujo de la capital volvió a llenarse de comerciantes en busca de lotes de diamantes para revenderlos en Anvers, Bombay, Tel-Aviv o isla Mauricio, y de representantes de las "juniors companies" en busca de sus concesiones allí donde, finalizada la estación de lluvias, se pueden sacar diamantes con poca infraestructura y con una mano de obra muy barata. El gobierno, que acababa de ser restaurado en marzo de 1998 por la Fuerza de paz de Africa occidental (Ecomog) y los mercenarios de Sandline International -suerte de sucursal "privatizada" de los servicios secretos de Su Majestad británica- se puso a atribuir y a revalidar concesiones a brazo partido.

Nueva acometida hacia el oro de las ávidas "juniors companies". Así, la sociedad belga Rex Mining protestó cuando el gobierno atribuyó su concesión de la región de Tongo (en el sur) a su competidora, Branch Energy (registrada en el paraíso de la isla de Man, pero propiedad en un 100% de la canadiense Diamond Works), orgánicamente vinculada con los mercenarios de Executive Outcomes. Otro fenómeno extraño: a partir de la hoguera sierra leonesa, germinaron ciertas formas de start up. Global Exploration Corp (GXC), del tailandés Rakesh Saxena (perseguido en su país por delitos financieros) afirmó, para sorpresa general, poseer concesiones en curso de explotación en los distritos de Kono (Este), Tongo y Comboya (Sur). Por su parte, el multimillonario minero Jean-Raymond Boulle, célebre sobre todo por haber firmado contratos de compra de diamantes con Laurent-Désiré Kabila antes incluso de que aquel fuese jefe de Estado, puso en movimiento sus intereses en el rutilo, a través de su empresa Sierra Rutile, aliada a Nord Ressources.

Sin embargo, esta recuperación y atribución frenética de licencias y contratos no contaban con la luz verde del dueño del territorio, el cabo Sankoh, por entonces gobernador del Taylorland en Sierra Leona. Los acuerdos de paz, firmados en Lomé a principios de julio de 1999, levantarán esta hipoteca: prevén el desarme de los beligerantes y la realización de elecciones. Implican también la amnistía de los crímenes de guerra cometidos por todos los bandos, incluidos los actos de extrema crueldad de los hombres de Foday Sankoh, mientras el RUF y el gobierno se reparten la torta minera.

La ONU lanza su operación de mantenimiento de la paz, con un progresivo despliegue de fuerzas, pero se abstiene de decretar un embargo sobre los diamantes. Foday Sankoh acepta instalarse en Freetown como vicepresidente y jefe de la pomposa Comisión para la gestión de los recursos estratégicos, la reconstrucción nacional y el desarrollo. A fines de julio de 1999, los cascos azules inician prudentemente su despliegue y, con la misma prudencia, comienza el retiro de las fuerzas de Nigeria. En visita a Freetown, Madeleine Albright, secretaria de Estado de Estados Unidos, promete 55 millones de dólares en créditos si se respetan los compromisos de paz.

Para sorpresa general, Sankoh toma en serio su puesto y exige una revisión efectiva de todas las licencias atribuidas y el control de las nuevas negociaciones con las compañías extranjeras. Claro que predica en el desierto que él mismo creó a su alrededor con las matanzas: ningún jerarca de Freetown da cuerpo a su comisión y la Minusil le es enteramente hostil. Al mismo tiempo, el consejo de seguridad decide aumentar los contingentes de cascos azules y enviar tres batallones para que tomen el control de la región de los diamantes. La fuerza ronda los 13.000 soldados. La escalada verbal que tendrá lugar a continuación entre Sankoh y Kofi Annan es de una virulencia que llama la atención en un secretario general de la ONU.

La situación se degrada rápidamente en el otoño de 1999. El jefe del RUF constata que su Comisión es una caparazón vacía, que ni siquiera se reúne. Tambien se da cuenta de que no puede controlar sus tropas desde Freetown. Otros hombres fuertes, como Norman, ganan poder. Cuando Sankoh constata que la Minusil va a desplegar realmente a los cascos azules en su feudo, prefiere romper el juego y volver a perderse en la selva. Pero el Taylorland sabe abandonar a sus "gobernadores" cuando ya no son útiles. Soldados del Reino Unido lo capturan. La crisis de los cascos azules tomados como rehenes, el despliegue británico y la captura teatral del jefe ex rebelde habrán servido de pantalla para ocultar otras realidades.

  1. Ver Elisabeth Blunt, "Paix fragile en Sierra Leone", Le Monde diplomatique, París, diciembre de 1999.
  2. Ver el informe The Heart of the Matter: Sierra Leone, Diamonds and Human Security, de Ian Smillie, Lansana Gberie y Ralph Hazleton para la organización Partnership Africa-Canadá. Lanzado por los obreros metalúrgicos canadienses y organizaciones de base cristianas, financiado en parte con fondos públicos, provocó la cólera de muchos dirigentes de las compañías mineras y la inquietud de los compradores que operan con piedras de Sierra Leona. Parcialmente disponible en Internet: http://www.web.net/pac/pacnet-1.
  3. Ver William Reno, Corruption and State Politics in Sierra Leone, Cambridge University Press, Cambridge, 1995.
  4. The Heart of the Matter. op. cit.
  5. Ver François Misser y Olivier Vallée, "Les nouveaux acteurs du secteur minier africain", Manière de Voir, Nº51, Afriques en renaissance, 5-6-00.
  6. William Reno, Warlord Politics and African States, Lyne Rienner Publishers, Londres, 1998.
  7. Leer Paul Richards, Fighting for the rain forest. War, youth and ressources in Sierra Leone, Heinemann/James Currey, Oxford, 1996.
  8. Sobre las milicias privadas, ver Laurence Mazure "Lucrative reconversion des mercenaires sud-africains", Le Monde diplomatique, París octubre de 1996.
Autor/es Andrés Pérez
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 12 - Junio 2000
Páginas:14, 15
Traducción Patricia Minarrieta
Temas Conflictos Armados, Corrupción, Deuda Externa, Narcotráfico, Neoliberalismo, Medioambiente
Países Canadá, Estados Unidos, Congo, Liberia, Islas Mauricio, Nigeria